Escucha a los niños que acaban de ser separados de sus padres en la frontera
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US CUSTOMS AND BORDER PROTECTION / AFP

Escucha a los niños que acaban de ser separados de sus padres en la frontera

ProPublica obtuvo una grabación en audio del interior de una instalación de la Patrulla Fronteriza en la que se escucha a los niños llorar mientras un agente bromea: “Aquí tenemos una orquesta”.
US CUSTOMS AND BORDER PROTECTION / AFP
Por Ginger Thompson / ProPublica
18 de junio, 2018
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Este texto se reproduce íntegro, con premiso de ProPublica. Aquí se pueden leer las versiones originales en inglés y español.

***

El desesperado llanto de diez niños centroamericanos, separados de sus padres un día de la semana pasada por las autoridades de inmigración en la frontera, es una escucha atroz. Muchos de ellos suenan como si estuvieran llorando tan fuerte que apenas pueden respirar. Gritan “mami” y “papá” una y otra vez, como si esas fueran las únicas palabras que conocen.

La voz de barítono de un agente de la Patrulla Fronteriza retumba por encima del llanto. “Bueno, aquí tenemos una orquesta,” bromea. “Faltaba el maestro”.

Entonces, una angustiada niña salvadoreña de seis años suplica repetidamente que alguien llame a su tía. Solo una llamada, ruega a cualquiera que la escuche. Dice que ha memorizado el número de teléfono y, en un momento dado, se lo recita de un tirón a un representante consular. “Y mi mami después que me venga a traer mi tía va a venir lo más pronto posible para irme con ella”, gimotea.

Una grabación en audio obtenida por ProPublica pone sonido al sufrimiento real de un polémico debate político en el que hasta ahora no han participado quienes tienen más en juego: los niños inmigrantes. Más de 2,300 de ellos han sido separados de sus padres desde abril, cuando la administración Trump lanzó su política migratoria de tolerancia cero, que exige procesar a todas las personas que intenten ingresar de forma ilegal en el país y llevarse a los niños que trajeron consigo. Más de 100 de esos niños son menores de cuatro años. Los niños se encuentran inicialmente en almacenes, tiendas de campaña o grandes almacenes que se han convertido en centros de detención de la Patrulla Fronteriza.

Las condenas a esta política han sido rápidas y agudas, incluso por parte de algunos de los partidarios más fiables de la administración. Ha unido conservadores religiosos y a activistas por los derechos de los inmigrantes, que han dicho que la tolerancia cero equivale a “cero humanidad”. Miembros demócratas y republicanos del Congreso se pronunciaron contra los esfuerzos de la administración durante el fin de semana. La ex primera dama Laura Bush describió las prácticas de la administración como “crueles” e “inmorales” y comparó las imágenes de los niños inmigrantes detenidos en perreras con las de los campos de internamiento japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Y la American Association of Pediatricians (Asociación Estadounidense de Pediatras, en español) ha dicho que la práctica de separar a los niños de sus padres puede causarles un “daño irreparable”.

Aún así, la administración ha respaldado su política. El presidente Trump culpa a los demócratas y dice que su gobierno solo está aplicando leyes ya existentes, aunque eso no es verdad. No hay ninguna ley que obligue a separar a los niños de sus padres, o que exija el enjuiciamiento criminal de todos los individuos que cruzan la frontera sin documentos. Esas prácticas fueron establecidas por la administración Trump.

El Fiscal General Jeff Sessions ha citado pasajes de la Biblia en un intento de establecer una justificación religiosa de esta política. El lunes la defendió de nuevo diciendo que era una cuestión de estado de derecho. “No podemos y no incitaremos a la gente a traer niños dándoles inmunidad general de nuestras leyes”. Un portavoz de la Patrulla Fronteriza se hizo eco de ese razonamiento en una declaración escrita.

En los últimos días, las autoridades en la frontera han comenzado a permitir recorridos estrechamente controlados por las instalaciones con el objetivo de poner un rostro humano a esta política, pero las cámaras están fuertemente restringidas. Y los niños retenidos no pueden hablar con periodistas.

El audio obtenido por ProPublica rompe ese silencio. Fue grabado la semana pasada dentro de un centro de detención de la Patrulla Fronteriza. La persona que realizó la grabación solicitó no ser identificada por temor a represalias. Esa persona proporcionó el audio a Jennifer Harbury, una conocida abogada de derechos civiles que ha vivido y trabajado durante cuatro décadas en el Valle del Río Grande, a lo largo de la frontera de Texas con México. A su vez, Harbury facilitó el audio a ProPublica. Dijo que la persona que lo grabó era una clienta que “escuchó los llantos y los lloros de los niños y que quedó devastada”.

Esta persona estimó que los niños de la grabación tienen entre cuatro y diez años. Parecía que habían estado en el centro de detención menos de 24 horas, por lo que su angustia por haber sido separados de sus padres todavía estaba a flor de piel. Los funcionarios del consulado trataron de tranquilizarlos con bocadillos y juguetes, pero los niños eran inconsolables.

La niña que más destacó fue la salvadoreña de seis años que tenía un número de teléfono metido en la cabeza. Al final del audio, un funcionario consular ofrece llamar a la tía de la niña. ProPublica marcó el número que la menor recitó en el audio y habló con la tía sobre la llamada.

“Fue el momento más difícil de mi vida”, dijo. “Imagínese recibir una llamada de su sobrina de seis años. Está llorando y me ruega que vaya a buscarla. Ella dice: ‘Prometo que me comportaré, pero por favor sácame de aquí. Estoy completamente sola’”.

La tía dijo que lo que hizo que la llamada fuera aún más dolorosa es que no había nada que ella pudiera hacer. Ella y su hija de nueve años buscan asilo en los Estados Unidos después de emigrar hace dos años por los mismos motivos y siguiendo la misma ruta que su hermana y su sobrina. Son procedentes de un pequeño pueblo llamado Armenia, a una hora en coche al noroeste de San Salvador, pero al alcance de sus olas de crímenes paralizantes de la capital salvadoreña. La tía dijo que las pandillas estaban en todas partes en El Salvador: “Están en los autobuses. Están en los bancos. Están en las escuelas. Están en la policía. No hay ningún lugar donde la gente normal se sienta segura”.

Dijo que su sobrina y su hermana partieron hacia Estados Unidos hace más de un mes. Pagaron a un traficante de personas 7,000 dólares para que las guiara a través de Guatemala y México y cruzaron la frontera hacia los Estados Unidos. Ahora, añadió, todo el riesgo y la inversión parecen perdidos.

La tía dijo que le preocupaba que cualquier intento de intervenir en la situación de su sobrina pusiera en riesgo la suya y el asilo de su hija, sobre todo después de que la administración Trump haya anulado las protecciones de asilo para las víctimas de las pandillas y de la violencia doméstica. Ella dijo que logró hablar con su hermana, que fue trasladada a un centro de detención de inmigrantes cerca de Port Isabel, en Texas. Y se mantiene en contacto con su sobrina, Alison Jimena Valencia Madrid, por teléfono. Madre e hija, sin embargo, no han podido comunicarse.

La tía dijo que Alison había sido trasladada de las instalaciones de la Patrulla Fronteriza a un refugio donde tiene una cama real. Pero dijo que las autoridades del refugio advirtieron a la niña de que su madre, Cindy Madrid, de 29 años, podría ser deportada sin ella.

“Sé que no es ciudadana estadounidense”, dijo la tía sobre su sobrina. “Pero es un ser humano. Es una niña. ¿Cómo pueden tratarla de esta manera?”

Puedes contactar con Ginger Thompson por teléfono 917-512-0229 o por e-mail: [email protected].

¿Han separado a tu familia en la frontera de los Estados Unidos y México? ¿Eres un trabajador en un centro de detención o ayudas a familias que han sido afectadas? Cuéntanos más en [email protected] o 347-244-2134.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.

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