Dos años del nuevo sistema penal: mejoran los juicios, pero no el trabajo de policías y fiscalías
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Dos años del nuevo sistema penal: mejoran los juicios, pero no el trabajo de policías y fiscalías

Un estudio identificó que con el nuevo sistema penal lo juicios se resuelven, en promedio, 4 veces más rápido; sin embargo persisten las investigaciones sustentadas en confesiones.
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18 de junio, 2018
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El nuevo sistema penal acusatorio cumplió dos años desde su puesta en marcha obligatoria en todo el país, con resultados contrastantes. Por un lado, los juicios muestran un avance: son más rápidos, transparentes y con sentencias claras. Pero por el otro las policías y las fiscalías mantiene los mismos vicios: detenciones prolongadas, maltratos a sospechosos e investigaciones recargadas en confesiones, y no en otras pruebas.

Estos son los resultados de un análisis hecho por la organización World Justice Project, el cual advierte además de los riesgos que existen de una contrarreforma que modifique las reglas del nuevo sistema y genere retrocesos, en vez de trabajar en una mejor implementación de lo que ya existe.

El estudio destaca el impacto positivo de la reforma, comprobado a través de la percepción que los reos tienen de sus procesos, y que fue reportada en la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad practicada por INEGI.

Los resultados muestran que, tras la implementación del nuevo sistema penal (que entre otras cosas transformó los juicios escritos en públicos y orales), el 61% de los procesados considera que la sentencia que se le dictó fue clara, mientras que antes solo el 31% decía no tener dudas de su condena.

Con el nuevo sistema penal, el 70% de los detenidos señala que el juez estuvo presente en su juicio, mientras que antes solo 24% señalaba que vio al juez en su caso. De la misma manera, el 69% de los procesados consideró que el juez sí prestó atención a su caso con el nuevo sistema, muy distinto al 23% que respondía afirmativamente a esta situación antes.

“En el Nuevo Sistema de Justicia Penal, el juez está presente en las audiencias la mayoría de las veces. Antes de la reforma, esto casi no ocurría. No sólo están presentes los jueces, sino los intervinientes en el proceso: los litigantes, testigos y el acusado, y lo más importante, hay cada vez mayor acceso para el público interesado, con lo cual tenemos una justicia más democrática, que opera dando la cara a la gente”, señala el estudio.

Con el nuevo sistema penal, añade el análisis, hay mayor claridad y transparencia en las pruebas que siempre tienen que mostrarse, tanto al juez como a las contrapartes. Con ello se evita entregar pruebas escritas, práctica que era común,  lo que le implicaba al juez tener que trabajar con expedientes gruesos y muchas veces desorganizados.

“Además, en el sistema antiguo, el método de registro de lo sucedido en las audiencias dependía de la pericia del mecanógrafo o del personal de apoyo del juez. Los expedientes eran frecuentemente manipulados, a veces de forma tal que lo ahí apuntado presumía la culpabilidad del imputado”, indica.

Otro aspecto positivo que se comienza a reflejar la entrada en vigor del nuevo sistema son los tiempos más cortos de los procesos. A partir de las respuestas de los reos encuestados el análisis muestra que, por ejemplo, un proceso de homicidio se redujo de 16 meses en el viejo sistema a 12 meses en el actual; un caso de secuestro pasó de 22 a 18 meses; y uno de robo se redujo de 8 a 7 meses en promedio.

“Los casos que se procesan con el nuevo sistema se resuelven, en promedio, cuatro meses más rápido que bajo el anterior. Esto beneficia a víctimas, imputados, y libera recursos para procesar los casos más complicados”, indica el análisis.

El vaso medio vacío

El estudio de World Justice Project reconoce que, contrario a los indicadores positivos que se aprecian en la parte judicial con el nuevo sistema, no se advierte ninguna mejor sustancial en cuanto al trabajo de policías y fiscalías.

Un ejemplo es el retraso en que incurren dichas autoridades para presentar a una persona detenida ante el juez, y que por ley no debe ser mayor de 48 horas. Sin embargo más del 40% de los detenidos fue retenido por un tiempo mayor a ese plazo antes de ser entregado al juez, como revelan los resultados de la encuesta de INEGI.

Con el viejo sistema el 63% de los detenidos dijo haber sufrido algún tipo de maltrato durante el arresto. Con el nuevo sistema esta situación puede ser motivo de que un caso se anule, pero aun así, luego de su puesta en marcha el 59% de los detenidos dijo que fue maltratado tras su captura. Es un progreso marginal.

El estudio muestra que el 83% de casos se resuelven con confesiones voluntarias, cuestión que en teoría es positiva, pues acorta los tiempos de un proceso, pero también exhibe que la mayoría de las investigaciones siguen sin sustentarse en evidencia técnica y científica.

“Es necesario que la policía y el Ministerio Público presenten pruebas sólidas y que las detenciones se apeguen a la ley. Esto exige mayores capacidades de investigación y actuación por parte de ambos actores clave. Nuestro análisis muestra mejoras muy marginales asociadas al desempaño de estas instituciones. Reformar ambos eslabones es una tarea inaplazable para mejorar la calidad de la justicia y la capacidad del sistema para reducir la impunidad”, indica el estudio.

Contrarreforma, un riesgo

El estudio destaca que diversos gobernadores agrupados en la Conferencia Nacional de Gobernadores, así como varios funcionarios federales y estatales, han emprendido desde el año pasado una campaña encaminada a reformar algunos aspectos de las leyes en que se sustenta el nuevo sistema penal.

El argumento de los actores que promueven esta reforma es que se ha facilitado la liberación de posibles delincuentes lo que, supuestamente, ha repercutido en el incremento de la violencia. Por ello pretenden que se amplíe el número de delitos que ameritan prisión automática, y que se reduzca la exigencia en torno a la calidad de algunas pruebas.

Sin embargo, el análisis advierte que no hay evidencia que demuestre una relación entre el incremento de violencia y la entrada en funcionamiento del nuevo sistema penal, y que lo que se sugiere puede representar un retroceso hacia prácticas antiguas.

“Reinstalar el sistema antiguo de proceso penal no es recomendable. A solo dos años de la entrada en vigor del NSJP en todo el país es necesario dejar que la reforma madure. Una involución procesal, no solo obstaculizaría la obtención de los beneficios que aquí mostramos con el nuevo sistema, también nos distraería de la formulación de políticas públicas urgentes(…) Por tanto, conviene fortalecer nuestras instituciones de seguridad y justicia antes de desconocer lo ganado y emprender un camino de regreso”, concluye el análisis.

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COVID-19: lo que se sabe de la abrupta caída de casos en Sudamérica

Luego de haber sido el epicentro mundial de la pandemia, los países de América del Sur han registrado un fuerte descenso en los casos de COVID-19.
14 de septiembre, 2021
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A mediados de junio, mientras el resto del mundo experimentaba bajos números de infecciones por el nuevo coronavirus, América del Sur estaba convertida en el epicentro de la pandemia.

Siete de las 10 naciones del mundo con más muertes diarias per cápita estaban en la región: la tasa de Brasil era siete veces la de India, mientras que Colombia y Argentina sumaban una cifra que equivalía a tres veces la registrada en todo el continente africano.

Con apenas 5% de la población mundial, Sudamérica registraba una tasa de muertes per cápita que era equivalente a ocho veces la cifra mundial.

Pero eso ya es cosa del pasado.

A finales de junio, la cifra de contagios comenzó a descender de forma consistente hasta convertir a la región en una de las zonas del mundo donde la pandemia parece estar mejor controlada.

Así, mientras para este lunes el promedio semanal de casos confirmados por cada 100.000 habitantes era de 52 en Reino Unido y de 43 en Estados Unidos, Brasil solamente llegaba a 8, Argentina a 6 y Colombia a 3, de acuerdo con cifras de Our World in Data.

Países como Uruguay, que a inicios de junio llegó a tener 100 casos por cada 100.000 habitantes, ahora solamente tienen 4; mientras que Paraguay que registró hasta 40 casos ahora no llega ni a 1 por cada 100.000 habitantes.

Evolución de casos de covid-19 en Sudamérica. Número de contagios promedio diarios por cada 100.000 habitantes. Evolución de los casos confirmados de covid-19 en Sudamerica entre junio y septiembre de 2021. .

Esta disminución de contagios ha sido clave para que Sudamérica sea en la actualidad una de las regiones del mundo que está registrando menos casos de covid-19.

Pero ¿cómo se explica esta abrupta caída de los contagios en Sudamérica?

Entre la inmunidad y otras incógnitas

“Lo primero que le diría es que creo que no lo tenemos del todo claro“, responde Andrés Vecino, investigador en sistemas de salud del Departamento de Salud Internacional de la Escuela de Salud Pública John Hopkins (Estados Unidos).

El investigador recuerda que esta no es la primera vez que ocurre un descenso de casos que parece anunciar que se acerca el final de la pandemia y luego se produce otra ola de contagios que demuestra que no era así.

“Es importante decir que no sabemos exactamente qué es esto y que el hecho de que estén bajando los casos ahora no quiere decir que vaya a pasar en el futuro. Quiero recordar lo que pasó en India, donde había un conteo de casos relativamente bajo para su población y después vimos el gran incremento de casos con la variante delta”, advierte el experto a BBC Mundo.

Una mujer prepara una vacuna en Argentina.

Getty Images
En los últimos meses, los países de Sudamérica han avanzado en las vacunaciones.

La doctora Carla Domingues, que dirigió el programa de inmunización de Brasil hasta 2019, hizo recientemente una advertencia similar. “Es un fenómeno que no sabemos cómo explicar”, dijo esta epidemióloga al diario The New York Times.

No obstante, los especialistas dan algunas claves: entre ellas, la vacunación. Los países sudamericanos han acelerado el ritmo de las inoculaciones en los últimos tiempos, algo que según numerosos expertos podría haber contribuido a frenar los contagios.

Vecino coincide, pero no apunta solamente hacia las vacunas sino, de forma más amplia, a la inmunidad adquirida por parte de la población de la región tanto por vía de las inyecciones como de los contagios.

“Creo que hay más o menos consenso en que es posible que la reducción de casos en Sudamérica puede estar relacionada con algún grado de inmunidad de la población”, destaca.

El experto explica que las diferentes vacunas que se han estado aplicando en los países de la región son un elemento importante a considerar, como también lo es la inmunidad alcanzada por quienes ya tuvieron la infección.

“Muchas personas en algunos de esos países se han infectado. Un estudio reciente que hicieron en 12 ciudades de Colombia muestra que el 89% de las personas de esas localidades ya se infectaron. Con eso uno empieza a pensar que es posible que en algunos sitios haya unos niveles de infección tan altos que ya empezamos a ver una reducción de la enfermedad”, indica el experto.

Vecino advierte que, dado que la población no es homogénea, este dato no puede interpretarse como que 9 de cada 10 personas que uno encuentre en las calles de esas ciudades ya tuvo covid-19, por lo que no hay que confiarse.

“Los individuos se relacionan en grupos, entonces es posible que haya grupos de personas que todavía, por ejemplo, no se hayan infectado ni hayan sido vacunadas y esos grupos de personas pueden tener brotes si llega, por ejemplo, una variante altamente transmisible como la omega, como la delta o como la gama -las 3 que ya están en Latinoamérica-, por lo que pueden obviamente causar un incremento en casos y muertes”, explica.

“Habiendo dicho eso, es posible que el nivel de inmunidad adquirido por las vacunas y por la infección previa sea una de las razones por las cuales estamos viendo menor transmisión hoy”, agrega.

Aplicando las medidas correctas

Ciro Ugarte, director de Emergencias en Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), confirma por su parte que hubo una disminución de los casos y las muertes en casi todos los países de Sudamérica, con excepción de Venezuela.

Ugarte explica que la OPS está trabajando con los ministerios de Salud y con los expertos de la región para estudiar estas tendencias, así como las razones por las cuales se ha mantenido este descenso, y apunta al endurecimiento de las medidas de control luego del incremento significativo de los casos en la región entre finales de 2020 y los primeros meses de 2021.

Los países implementaron medidas mucho más estrictas respecto al distanciamiento físico, al movimiento de personas, al uso mandatario de mascarillas, iniciaron la vacunación y la ampliaron a otros grupos, principalmente a aquellos que estaban en mayor riesgo. Todo esto puede explicar en parte esta tendencia”, incide Ugarte en respuesta a una consulta de BBC Mundo.

El director, sin embargo, previno a la región en contra de caer en la complacencia.

“Hemos visto que cuando los casos disminuyen es porque estamos haciendo bien las cosas. Es decir, estamos implementando las medidas de salud pública que se ha probado una y otra vez que siguen sirviendo”, destaca.

“Lo peor que nos podría ocurrir y que podría ocurrir con los países de América del Sur es que ahora que están con menos casos relajen las medidas porque eso es una gran oportunidad para el virus para transmitirse de persona a persona”, alerta.

Personas usando mascarillas en el metro de Medellín.

Getty Images
La OPS insta a que los países de la región mantengan las medidas de precacución para evitar los contagios.

Así, aunque el número de casos sea bajo en estos momentos, Ugarte considera que lo procedente es no bajar la guardia:

“Nuestra recomendación a toda la población de América del Sur que está viendo que la transmisión es cada vez menor es tomar en cuenta que estamos en esa fase porque se han tomado las medidas adecuadas. No las relajemos”.


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