Jiménez Espriú reconoce vínculo con empresa ligada a Odebrecht, pero niega haber incurrido en corrupción
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Jiménez Espriú reconoce vínculo con empresa ligada a Odebrecht, pero niega haber incurrido en corrupción

El colaborador de Andrés Manuel López Obrador confirmó que es miembro suplente del Consejo Administrativo de Idesa, compañía asociada con una filial de Odebrecht en el completo Etileno XXI.
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Por Agustín Salgado
14 de junio, 2018
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Javier Jiménez Espriú estuvo al tanto del acuerdo firmado entre Pemex y las empresas Braskem –filial de Odebrecht- e Idesa, que le ha significado un quebranto a la empresa petrolera por más de mil 900 millones de pesos, pero aseguró que no conocía los términos del contrato firmado.

El colaborador de Andrés Manuel López Obrador, propuesto como posible secretario de Comunicaciones y Transportes por el tabasqueño, era –según su versión- miembro suplente del Consejo de Administración de Idesa, de la que es socia su esposa, y por eso supo del contrato que obliga a Pemex a vender materia prima barata a estas empresas, asociadas en el proyecto Etileno XXI.

Jiménez Espriú contó que es miembro suplente del Consejo de Administración del grupo Idesa, recibe una remuneración económica por ello, y asiste “tres o cuatro veces al año” a las sesiones del corporativo empresarial, propiedad de su familia política.

Idesa se asoció con Braskem, filial de Odebrecht, en el complejo petroquímico Etileno XXI, que de acuerdo con la Cuenta Pública de 2016 de la Auditoria Superior de la Federación (ASF) ha provocado una pérdida de mil 900 millones de pesos a Petróleos Mexicanos.

En entrevista con Animal Político argumentó que, como consejero suplente de Idesa, no conoció los términos establecidos en el acuerdo: “En Idesa dijeron ‘nos vamos asociar’ y nosotros, los integrantes del Consejo de Administración, únicamente autorizamos que se participara con una parte de la inversión que es mínima. Todas las condiciones del contrato ya las vieron el consejo Braskem-Idesa, del cual no formo parte”. 

Dijo que si Pemex firmó un contrato desventajoso, que representa una pérdida a su patrimonio, sería una “situación muy grave”.

El exdirector de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México advirtió que su currículum vitae siempre ha sido público, y que nunca ha desconocido a su familia. Negó haber fungido como director de Idesa, y explicó que la invitación a formar parte del consejo administrativo provino de sus cuñados. 

“Cuando muere mi suegro (Pascual Gutiérrez Roldán, fundador de grupo Idesa) las acciones de la empresa son heredadas a sus cuatro hijos, y mi mujer es una de ellas. Después, los hermanos de mi esposa me invitaron al consejo de administración, como miembro suplente”.

El colaborador del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador sostuvo que su participación dentro del equipo de campaña se ha dirigido al área de comunicaciones y transportes, y no al sector energético, para evitar algún conflicto de interés con las empresas de su familia política.

Adelantó, que en caso de que López Obrador ganara la Presidencia, renunciará a su puesto en el consejo de administración. “Si es electo, yo me voy a dedicar tiempo completo a las responsabilidades que se me asignen. Ya no tendría tiempo de nada. Me retiro de donde estoy y comienzo a trabajar en el proyecto”.

En torno al monto que percibe como consejero de Idesa, refirió que “no es mucho” y que, en su momento, dará a conocer sus percepciones.

Al preguntarle sobre el porcentaje de acciones que tiene su esposa en Idesa, dijo: “Realmente no lo sé con exactitud, pero no tengo ningún empacho en decirlo, porque además si soy designado Secretario de Comunicaciones y Transportes pues estaré obligado a declarar. Me van a criticar que yo no tengo nada y que mi señora es dueña de todo, pero así es esto. Creo que mi señora tiene 5 o 6% de Idesa”.

El también expresidente de la Academia Mexicana de Ingeniería señaló que Idesa no tiene nada que ver con los escándalos de soborno en los que está involucrado Odebrecht, no sólo en México sino en varios países de América Latina.

“Braskem Idesa no tiene nada que ver con el escándalo de Odebrecth, en el que está vinculado Emilio Lozoya, quien presuntamente recibió más de 10 millones de dólares a cambio de contratos. La gente de Braskem-Idesa ya se ha manifestado al respecto, y ha asegurado que no tiene nada que ver con ello”.

De acuerdo con la compañía Bloomberg L.P, Javier Jiménez Espriú es uno de los 16 miembros propietarios del consejo de Idesa, sin embargo, el colaborador de López Obrador dio una versión distinta, pues aseguró que tan sólo es uno “de los 15 o 20 miembros suplentes” de dicho órgano. 

Jiménez Espriú confirmó que participó en la sesión de consejo en la cual se autorizó que Idesa invirtiera en el complejo Etileno XXI, ubicado en el estado de Veracruz. El 75% de la inversión la realizó Braskem y el 25% restante Idesa.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.

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