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Foto: Margarito Pérez Retana /Cuartoscuro.com

Partidos hablan de desigualdad, pero no la entienden ni la atienden

Para los partidos en campaña, la desigualdad es un problema central que tienen que ver "con la pobreza y la falta de desarrollo económico", sin considerar los enfoques que incorporan otras dimensiones como las desigualdades de género o territoriales, advierte El Colegio de México.
Foto: Margarito Pérez Retana /Cuartoscuro.com
5 de junio, 2018
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Los partidos que participan en la elección presidencial de 2018 reconocen la desigualdad como uno de los problemas centrales del país, pero sus propuestas de política pública están desarticuladas y no son lo suficientemente específicas para evaluar su pertinencia y factilidad, considera el informe Desigualdades en México 2018, de El Colegio de México.

Tras analizar las plataformas políticas de las coaliciones de los partidos en campaña, El Colmex advierte que algunos partidos asocian de manera predominante la desigualdad “con la pobreza y la falta de desarrollo económico”, sin considerar los enfoques que incorporan otras dimensiones como las desigualdades de género o territoriales.

De acuerdo con El Colmex, la acumulación de desigualdades más allá de la pobreza hace que México cuente con una de las tasas de movilidad más bajas en el mundo, lo que impide que el 98 % de las personas que nace en condiciones de pobreza y desigualdad escale socialmente. Apenas el 2 % que nace en los hogares más pobres tiene la posibilidad de ascender al grupo con mayor acceso a bienes y servicios.

“El concepto de desigualdad va más allá de la inequidad en el ingreso. Es un problema mucho más amplio, por eso nosotros hablamos de ella en plural, porque tiene varias dimensiones: en educación, en ingreso, en el trabajo, de género, entre regiones”, explica María Fernanda Somuano, profesora investigadora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y experta en participación política electoral y no electoral.

Si se piensa en la desigualdad solo como inequidad en el ingreso, prosigue, “se acota un problema mucho más grande, porque las desigualdades se interrelacionan entre sí: la de género está relacionada con la de ingreso y a su vez con la territorial, porque hay zonas mucho más marginadas. Si cierras desigualdad a hablar solo de pobreza o falta de desarrollo económico, dejas de ver todas esas otras dimensiones y piensas en políticas públicas limitadas”.

Lo segundo que encontraron los investigadores de El Colmex es que predomina el enfoque del partido dominante.

“Como en este proceso electoral las coaliciones agrupan a partidos que en el pasado han manifestado posiciones políticas distantes, esta convergencia indica que, por lo menos en el tema de las desigualdades, las diferencias ideológicas entre las ofertas políticas son mucho menos claras”, indica el informe.

Y tercero, el reconocimiento de la problemática “no se traduce necesariamente en propuestas integrales o definidas para atender las distintas dimensiones” de la desigualdad.

“Cuando llegas a la parte de propuestas sobre cómo atacar el problema de las desigualdades, la verdad es que son muy vagas. Dicen muy poco sobre los cómo y no explican qué tipo de políticas públicas específicas hay que implementar para revertirlas. Esto pasa porque los partidos no tienen claro toda esta gama de ámbitos que toca la desigualdad y como se van acumulando en la vida de las personas”, afirma Somuano.

Qué tanto la mencionan

Un primer indicador de la atención a la discrepancia de oportunidades en las plataformas es el número de referencias al tema que se encuentran en el texto, aunque su sola mención no implica que se entienda y se vaya a abordar el problema, considera el estudio.

Para generar este indicador, el informe de El Colmex tomó como muestra el número de menciones de la palabra desigualdad como porcentaje del total en las plataformas de los partidos políticos y las coaliciones. En general, la frecuencia es baja, pero hay diferencias.

Figura 6.1. Menciones de la palabra “desigualdad” como porcentaje del total de palabras en las plataformas electorales de 2018

Fuente: Elaboración propia a partir de los textos de las plataformas electorales de los partidos políticos y coaliciones contendientes en la elección federal de 2018. Informe Desigualdades en México 2018. Colegio de México.

En la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC) contrasta la proporción de menciones del PRD (0.14 %, el porcentaje más alto entre todos los partidos) con el bajo porcentaje en el texto del PAN (0.04 %). La proporción en la plataforma de la coalición (0.05 %) corresponde más al peso que le otorga este último partido.

En el caso de la coalición Todos por México (PRI-PVEM-PANAL), el PVEM destaca como el partido con menos menciones en su plataforma individual (casi 0.01 %, el porcentaje más bajo entre todos los institutos políticos evaluados). El PANAL tiene un porcentaje de menciones (0.02 %) menor al del PRI (0.04 %). De nuevo, la frecuencia de alusiones en la plataforma de la coalición (0.03 %) refleja, sobre todo, la posición del partido dominante en este caso, el PRI.

La coalición Juntos Haremos Historia incluye, por un lado, a Morena (0.08 %) y al PT (0.06 %) y por otro, al PES, que da un peso menor al tema en términos de menciones (0.04 %). El indicador total de la coalición es (0.06 %).

La perspectiva de la desigualdad en quienes buscan el voto ciudadano

Aunque la plataforma de la coalición Por México al Frente reconoce que la desigualdad es un problema central, las propuestas para combatirla no ocupan un lugar prioritario y la discusión del tema tiende a ser superficial. De los tres partidos que integran la coalición, el PRD y MC son los que le dan más importancia.

Las menciones de esta alianza al tema de la inequidad se relacionan, en general, con factores económicos (en particular, ingresos) y de género, indica el informe. Esto no difiere tanto del enfoque de los tres partidos de manera individual, que dan mayor peso a la económica.

No obstante, PRD y MC tienen una visión más amplia de la discordancia de oportunidades y la problematizan de manera detallada refiriéndose a varios tipos: de género, de salarios y educación entre distintas regiones del país, en la impartición de justicia y entre distintos sectores de la población, como los jóvenes. A pesar de esa consideración más amplia, las dimensiones se analizan de manera separada y no hay un reconocimiento de cómo se acumulan y afectan entre sí.

Para completar el análisis, el informe de El Colmex explora cuáles otros temas trata esta coalición. La palabra desarrollo destaca como la más común en su plataforma, seguida de seguridad, gobierno y derechos; desigualdad aparece de manera mucho menos frecuente.

Figura 6.2. Frecuencia de palabras en la plataforma de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC)

Fuente: Elaboración propia a partir del texto de la plataforma electoral de la coalición. Informe Desigualdades en México 2018. Colegio de México.

Respecto a la coalición Todos por México, su planteamiento se divide en cinco ejes de acción a los que agregan tres transversales, uno es igualdad de género. Además, la plataforma discute explícitamente varios tipos de desigualdades: económicas, educativas, sociales, étnicas, de género, de personas con discapacidades y entre regiones.

También considera como dimensiones interdependientes la discrepancia en salud, educativa y de ingreso, entre otras. Su posicionamiento afirma que no basta con combatir la pobreza, sino impulsar políticas concretas para romper los nudos de la inequidad en todos los ámbitos. Esta coalición menciona que el ejercicio de los derechos sociales es crucial para tener un acceso efectivo a oportunidades y explora cómo la desigualdad afecta a distintos grupos poblacionales.

Sobre los posicionamientos de los partidos que la integran, el PANAL incluye un tipo de desigualdad que ningún otro considera, en el acceso a las telecomunicaciones y la invitación a debatir la brecha digital.

El PVEM resulta el factor disonante en esta coalición, pues aun cuando reconoce en su plataforma individual que la desigualdad es uno de los principales problemas del país, no lo trata a profundidad, solo menciona brevemente la de género en términos de diferencias salariales.

El PRI, el partido dominante de esta alianza, trata la divergencia de oportunidades en su plataforma desde dos perspectivas: vinculada al desarrollo económico, en cuanto a niveles de ingreso por familia o de acuerdo con diferencias regionales, y en relación con aspectos sociales como la perspectiva de género, el acceso a oportunidades, la educación, la salud, el usufructo de recursos naturales y la impartición de justicia.

Sin embargo, en la plataforma de Todos Por México, la palabra “gobierno” es la más frecuente, luego están “desarrollo” y “educación”. Las alusiones a la igualdad, equidad e inclusión son menos constantes.

Figura 6.3. Frecuencia de palabras en la plataforma de la coalición Todos por México (PRI-PVEM-PANAL)

Fuente: Elaboración propia a partir del texto de la plataforma electoral de la coalición. Informe Desigualdades en México 2018. Colegio de México.

Respecto a la coalición Juntos Haremos Historia, como en los otros dos casos, reconoce a la desigualdad como un problema importante para México. En general, se plantea generar políticas públicas que permitan al país romper las inercias de bajo crecimiento económico, incremento de la disparidad social y económica, y pérdida de bienestar para las familias.

En el apartado de “Legalidad y erradicación de la corrupción” sostiene que no hacen falta nuevas leyes sino voluntad para cumplirlas. De acuerdo a esta plataforma, la corrupción incrementa la disparidad de oportunidades, la violencia, la desintegración, la decadencia moral y en última instancia, el mal desempeño económico.

Además, aunque no se refiere explícitamente a la desigualdad, en el apartado de “Combate a la pobreza” se establece una relación causal entre la precariedad material con el incremento de la inseguridad, la violencia, la migración forzada, la descomposición política e institucional y la mediocridad del desempeño económico en general. También el apartado de Equidad de Género trata el tema de la diferencia de oportunidades, ahí se establecen objetivos muy amplios, pero con pocos mecanismos o políticas específicas para lograrlos.

Esta coalición reconoce a la desigualdad como un problema apremiante y también sus variantes diversas: ingreso, trabajo, educación. Pero no deja claro el enfoque respecto a la interdependencia entre estas dimensiones.

Morena, el partido dominante, tiene preeminencia en el enfoque de la alianza, tanto en términos de los tipos de discordancias que se incluyen, como por la manera en que se tratan y se relacionan con otros temas, como la corrupción. Por su parte, el PT menciona varios tipos de discordancia como la social, la productiva, la sectorial, la regional y la de género, pero no profundiza en estas dimensiones y, en cambio, adopta una visión limitada a desigualdad de ingresos. El PES también trata a la desigualdad desde una perspectiva económica y la asocia con la pobreza.

En cuanto a las palabras predominantes en la plataforma de Juntos Haremos Historia, corrupción es la más frecuente, otras como desarrollo, proyectos, gobierno y educación se repiten también en el texto. Pero hay más menciones a la palabra pobreza que a desigualdad.

Figura 6.4. Frencuencia de palabras en la plataforma de la coalición Juntos Haremos Historia (MORENA, PT- PES)

Fuente: Elaboración propia a partir del texto de la plataforma electoral de la coalición. Informe Desigualdades en México 2018. Colegio de México.

Propuestas para atender las desigualdades en México

El informe de El Colmex también evalúa los planteamientos concretos de cada alianza y partido en las elecciones de julio próximo. La coalición Por México al Frente formula una serie de propuestas que reflejan objetivos generales, más que compromisos para impulsar políticas y programas específicos. La plataforma plantea disminuir las desigualdades, los rezagos del sur del país y las brechas de género, pero hay poca discusión respecto a los esquemas concretos de política pública que podrían implementarse con este fin, indica el estudio.

A su vez, la coalición Todos por México contiene un conjunto numeroso de objetivos que se agrupan en cinco dimensiones relacionadas con la desigualdad: económica, social, educativa, de género y territorial. Sin embargo, estas metas no se aterrizan en propuestas claras y definidas de política pública.

Su formulación tiende a ser general, por ejemplo “consolidar la educación pública como fuente de movilidad y justicia social” o “cerrar la brecha en niveles de bienestar entre comunidades indígenas y el resto de los mexicanos”. En el caso de las propuestas más específicas, se propone un esquema de continuidad de las políticas sociales y educativas actuales, aunque no se mencionan los logros derivados de su implementación.

En la plataforma de la coalición Juntos Haremos Historia, al igual que en los documentos de los partidos que la componen, la mayoría de los puntos refieren a un diagnóstico y visión crítica de las políticas actuales, no a propuestas concretas para cambiar el rumbo.

En general, concluye el informe, las plataformas de las coaliciones en cuanto a desigualdad se refieren más a diagnósticos con objetivos imprecisos que a propuestas que planteen mecanismos sustantivos para hacer frente a las desigualdades.

“Pero cómo van a proponer grandes políticas si no tienen claro qué cubre el concepto de desigualdad. Además, quizá no quieren comprometerse en estas plataformas con decir vamos a hacer esto en específico para que luego no se les pida rendir cuentas de lo que no cumplieron. Pero es realmente decepcionante buscar qué están proponiendo para un tema tan importante y que no se encuentren propuestas claras”, concluye Somuano.

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#YoSoyAnimal
Foto: Cortesía José Reyes

Las razones por las que muchos latinos no hablan español en EU

Muchos estadounidenses de origen mexicano que crecieron en EU durante la década de 1960 fueron discriminados e incluso castigados por hablar español en las aulas de clase, lo que hizo que muchos abandonaran el idioma para siempre. José Reyes vivió uno de estos traumas pero decidió luchar por ser bilingüe.
Foto: Cortesía José Reyes
4 de noviembre, 2019
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El español ha tenido una fuerte presencia en Estados Unidos desde hace siglos, pero no siempre ha sido bienvenido.

Pese a que el país norteamericano no tiene designado el inglés como idioma oficial, este ha dominado en las escuelas públicas, instituciones y demás ámbitos de la sociedad.

Y aunque el español es el segundo idioma más hablado en el país, en diferentes épocas su uso ha sido marginado y sus hablantes discriminados por su acento y apariencia.

En el caso de José Reyes, incluso llegó a ser castigado en el aula de clases.

Reyes vivió una serie de traumas en torno a su idioma nativo en la década de 1960 y decidió transformarlas en experiencias constructivas que lo llevaron a convertirse en profesor bilingüe.

Esta es su historia.


La foto escolar

Cortesia Jose Reyes
Reyes, el primer niño en la segunda fila de izquierda a derecha, no sabía inglés cuando entró a la escuela primaria.

Nací en Estados Unidos en julio de 1959, en un pequeño pueblo llamado Ysleta, en la frontera con México.

Mi madre es de Jalisco y mi padre de Parral, Chihuahua. Por alguna fortuna se conocieron en Ciudad Juárez en 1956 y mi padre, siendo persistente, la conquistó.

Inmediatamente después de nacer nos mudamos a Juárez de nuevo y viví allí hasta los 3 años. Cuando mi padre perdió a su madre, decidieron volver a Estados Unidos y como en 1962 llegamos de nuevo aquí.

Alquilamos y nos movimos entre casas de parientes hasta finalmente tener nuestra propia casa en El Paso.

El Paso era un lugar amigable, donde la frontera no nos separaba ni nos marcaba.

Creo que el ambiente era más tolerante porque el que hablaba español o venía de México venía a trabajar, a servir. Mi abuela cuidaba una casa y mi padre hacía trabajos en una cocina.

Mi madre se quedaba en casa cuidando de mí y mis otros cinco hermanos.

Mapa de Ysleta, El Paso, Texas

BBC
Reyes se crió en Ysleta, en la ciudad tejana de El Paso.

A los 5 años, alguien le puso a mi mamá en la cabeza que yo ya necesitaba ir a la escuela así que me inscribieron en un programa especial de verano.

Fue una experiencia muy positiva. Mi abuela materna iba por mí, me compraba mi soda y mi helado, íbamos a su casa y luego ya me regresaban a mi casa.

En el otoño del 65, entré en primer grado en la escuela Houston. Me tocó una maestra muy bonita llamada Ms. Love.

Mis padres me decían que tenía que ser obediente y respetarla mucho.

Pero pronto aprendí que el lenguaje no era el mío y no me sentía muy a gusto. Batallaba mucho porque el inglés era un idioma que no conocía.

En esa época, no había tolerancia con el español.

En el aula teníamos grupos de lectura y a los que sabían leer les llamaban los yellowbirds y bluebirds (azulejos).

Los que no sabíamos leer íbamos al grupo de los blackbirds, es decir, los buitres.

Nos dijeron en la escuela que no podíamos hablar español. No Spanish, repetían.

La boleta escolar de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes obtuvo la calificación de “insatisfactorio” en su boleta de notas del primer grado.

Y nos advirtieron que si nos pillaban hablando español, habría consecuencias.

A muchos de los estudiantes incluso les ponían a escribir planas con la frase I will not speak Spanish (“No hablaré español”).

A otros compañeros los castigaban poniéndolos aparte.

Una vez el castigo me tocó a mí después de que hablé español.

Ms. Love me llevó al lavabo, abrió la llave, tomó una toalla de papel y la embarró con un jabón muy áspero que se llamaba Borax.

Empezó a lavarme la boca.

Creo que pensó que, simbólicamente, así borraría el español de mí.

De ahí en adelante me convertí en un estudiante muy silencioso y avergonzado. Tenía unos 6 o 7 años.

La familia Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes (abajo a la izq) junto a sus hermanos.

Les platicaron a mis padres del incidente y ellos me dijeron que debía acatar.

Me sentí defraudado, fuera de lugar. Lo bueno es que mi abuela y mi tía me invitaban a leer con ellas en español y vivía momentos muy tiernos a su lado.

Durante el segundo año de la escuela, nos tocó una maestra nueva llamada Ms. Justice que nos tenía bien disciplinados.

Nos tenía sentenciados en cuanto al uso del español y exigía que fuésemos eficaces con el inglés.

Mi relación positiva con el inglés vino a través de lo que veía en la televisión. Caricaturas, el programa de Johnny Carson… lo que pudiese consumir.

También aterrizamos en la biblioteca de la escuela con un compañero y entre él y yo empezamos a descubrir la literatura infantil en inglés.

Ya en el cuarto grado, cuando tenía unos 11 años, me tocó una maestra hispana por primera vez, la señora De la Torre.

Ella era inclusiva y nos ayudaba, nos enseñaba en inglés y en español.

El profesor José Reyes

Cortesia Jose Reyes
José Reyes ha sido maestro bilingüe en Texas y Nuevo México durante décadas.

Teníamos un libro de texto llamado “Paco en el Perú” y leyéndolo me fui dando cuenta de cómo mis amigos americanos empezaban a jugar con el idioma.

“Hola, Paco, qué tal are you?”, decían.

Me fascinaba que si ellos podían manipular el español, entonces yo podía hacer lo mismo con el inglés.

El gran dilema de nuestro tiempo es que había un gran anhelo por parte de los padres de que los niños dominaran el inglés.

Mi padre me tenía como su intérprete; muchas veces me ponía a traducirle el correo y eso me daba gran frustración.

Ni de aquí ni de allá

Luego vino el trauma de recibir el apodo de “pocho” que usan para llamar a los que no somos ni de aquí ni de allá, los semilingües, los que mezclan idiomas.

Nuestros familiares en Juárez se burlaban de mi forma de hablar y eso hizo que quisiera dejar de ir.

La experiencia me hizo pensar en mi identidad como algo que siempre estaba en proceso.

Pasaron los años y llegué al high school, donde me tocó un gran maestro de español, un cura que nos pidió que rezáramos el Padre Nuestro.

Ponía a la derecha a los que no sabían español y pensé que me pondría en el lado opuesto.

Graduación de la universidad de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes se graduó como profesor bilingüe en 1981.

Pues no. Al ver que recitaba un Padre Nuestro obsoleto que me enseñó mi abuela, se dio cuenta de que era pocho.

Nos dijo que hablábamos español pero no leíamos ni escribíamos, entonces quería desarrollar nuestro conocimiento de gramática y sintaxis.

De ahí empecé a forjar la idea de convertirme en maestro.

Me enteré que se habían firmado las leyes de derechos civiles y aprendí que como estudiante tenía algunos derechos. Y que en la universidad existía una certificación de maestro bilingüe.

Me gradué de la universidad en 1981 y de ahí empecé a trabajar como maestro de inglés como segundo idioma y luego como maestro bilingüe en Nuevo México.

Después di clases de noche durante 29 años en El Paso. Decidí enseñar de noche por justicia a mi padre, que asistió a escuelas de inglés para adultos y luchó por aprender.

Mi historia no es para causar pena. De hecho, todavía aprecio mucho a Ms. Love y Ms. Justice.

El que se sintió oprimido por un sistema puede reconciliarse con la idea de que mucho de eso se hizo por ignorancia.

En la actualidad, seguimos peleando un idioma sobre otro y no nos preguntamos por qué no podemos tener dos o más o por qué nos limitamos solo a uno.

Como maestro, lucho con algunos padres que vienen a inscribir a sus hijos y ya vienen con una idea preconcebida de que el inglés es mejor que el español.

Pero el español tiene su lugar en Estados Unidos, ¿por qué no celebrarlo?


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


*Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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