Niños separados de padres supera los 2 mil casos; Cancillería, se pronuncia 4 días después
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Niños separados de padres supera los 2 mil casos; Cancillería, se pronuncia 4 días después

Entre abril y mayo pasados, más de 2 mil 300 niñas y niños fueron separados de sus padres como parte de la política migratoria de “cero tolerancia” dictada por el presidente Donald Trump, que de acuerdo con especialistas está basada en un principio de xenofobia y pone en riesgo a los menores.
Cuartoscuro
Por Erendira Aquino
19 de junio, 2018
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Entre abril y mayo pasados, casi 2,300 niñas y niños migrantes, según cifras de ProPública, la mayoría centroamericanos y también mexicanos, fueron separados de sus padres mientras intentaban llegar a Estados Unidos. Cuatro días después de que se diera a conocer que el gobierno de Donald Trump separaba a los niños migrantes de sus padres, la Cancillería mexicana se pronunció al respecto.

Este martes, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, condenó la política migratoria de separar a los niños de sus familias en la frontera de Estados Unidos, hecho que calificó como una acción  cruel e inhumana.

Las detenciones de menores son parte de la política migratoria de “cero tolerancia” dictada por el presidente Donald Trump.

De acuerdo con el mandatario estadounidense, las medidas de separación forman parte de las acciones que el gobierno de los Estados Unidos implementa como parte de la política de combate al crimen organizado.

La justificación que ha dado la Casa Blanca sobre la decisión del presidente, es que menores, familias y contrabandistas de personas se han aprovechado del fenómeno de la inmigración ilegal, que alienta a organizaciones criminales a cooptar a menores para instruirlos en actividades delictivas, lo que alimenta a “bandas brutales como la MS-13 (Mara Salvatrucha)”.

Sin embargo, especialistas advierten que se trata de una persecución contra los menores y sus familias por motivos xenófobos, y “violenta los derechos de niñas, niños y adolescentes al colocar en situaciones de crisis y discriminación a quienes ya padecieron la violencia en sus países y tuvieron que renunciar a todo por la búsqueda de mejor educación y seguridad”.

Para los menores, las consecuencias derivan en un trauma que, según los defensores de los derechos de la infancia, puede marcarlos de por vida y generar obstáculos para su desarrollo.

Separación, “inhumana y discriminatoria”

“Aquí tenemos una orquesta”, dice la voz de un hombre en un video (obtenido por ProPublica), respecto al llanto de menores que se escucha dentro de un centro de Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos. A lo lejos, la voz de otra persona, presumiblemente un guardia fronterizo, pide a los niños que guarden silencio, mientras una adolescente dice que no quiere separarse de su papá.

Escucha a los niños que acaban de ser separados de sus padres en la frontera

Cifras de la UNICEF señalan que, solo entre 2015 y 2016, un total de 139 mil 386 niños y niñas, en su mayoría de salvadoreños y hondureños, fueron sujetos a medidas de repatriación en la frontera norte de México.

Cada año alrededor de 40 mil menores que migran son repatriados desde los Estados Unidos a México, y de estos 18 mil viajan solos.

Desde el inicio de su administración, el gobierno de Donald Trump ha expresado la consideración de tomar medidas severas para desalentar a las personas con intenciones de migrar ilegalmente a Estados Unidos.

En marzo de 2017, el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense señaló a la agencia Reuters que con la separación de familias, el gobierno “explora las opciones que pueden desanimar a los migrantes desde el comienzo del viaje”.

Para Juan Martín Pérez, secretario ejecutivo de la Red Latinoamericana y Caribeña por la Defensa de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redlamyc), las acciones del gobierno estadounidense son “inhumanas y discriminatorias”, pues “las familias (migrantes) huyen de sus países por la violencia, amenazas y por miedo a ser secuestrados, maltratados o, incluso, asesinados”, por lo que estas medidas los colocan en mayor riesgo.

De acuerdo con el especialista, las medidas de separación dejan en evidencia la violación al derecho a vivir en familia y a las garantías judiciales, ya que las autoridades dejan a los padres en la incertidumbre de si volverán a reunirse o no con sus hijos, que son enviados a hogares sustitutos, y a los niños les genera una condición de trauma y estrés.

También destacó que las autoridades de Estados Unidos no actúan de acuerdo con lo dictado por el Comité del Derecho del Niño de la ONU, que señala la importancia de evitar la institucionalización de menores, porque afecta la integridad de su desarrollo y los deteriora emocionalmente.

“Esta expresión violenta de las autoridades norteamericanas rompe la noción de seguridad y de certeza que les da una familia, al romperla y colocarlos en instituciones, están dejando en ellos una huella profunda que puede afectar su proyecto de vida, su integridad, su seguridad. Los niños y niñas no son delincuentes, son víctimas que necesitan protección internacional”, señaló.

Juan Martín Pérez recordó que en los últimos tres meses de 2017, el Departamento de Salud y Servicios Sociales estadounidense (HSS por sus siglas en inglés) perdió el rastro de mil 475 niñas y niños que cruzaron la frontera desde México, y fueron puestos bajo el cuidado de “padrinos”, sin que haya certeza del estado en la que se encuentran.

Sistemas de protección para atender a menores

En entrevista con Animal Político, el secretario ejecutivo de la Redlamyc anunció que ya trabajan en coordinación con las autoridades mexicanas en la construcción de un sistema de protección integral que permita que los niños y niñas no sean atendidos por personal de migración, sino por mecanismos que prioricen su seguridad y cuidado.

“Este mecanismo transnacional de protección a niñez migrante podría ir teniendo cada vez un rol de mayor protagonismo para atender, recibir y canalizar, protegiendo internacionalmente a niños migrantes, y no autoridades migratorias, para que no haya deportación, sino priorización de la infancia sobre temas administrativos”, dijo.

Juan Martín Pérez también adelantó que en las próximas semanas, a través de las 26 redes nacionales que tiene la Redlamyc en 19 países, enviarán cartas a las embajadas de Estados Unidos para que se exija al presidente Trump el cese de esta política que violenta contra niños y niñas migrantes.

“El derecho a vivir en familia y a la reunificación familiar no puede estar por debajo de ningún hecho administrativo, es decir, no tener una visa o un pasaporte, o permiso de residencia. Eso no es motivo para violentar el derecho humano a vivir en familia”, concluyó.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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