Los cinco puntos en los que Trump se equivoca sobre la pandilla MS-13
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Los cinco puntos en los que Trump se equivoca sobre la pandilla MS-13

La pandilla no está invadiendo el país. No se hacen pasar por familias falsas. No están creciendo. Para detenerlos, el gobierno necesita entenderlos.
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Por Hannah Dreier
26 de junio, 2018
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Este texto se reproduce íntegro, con premiso de ProPublica. Aquí se pueden leer las versiones originales en inglés y español.

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Hay algo con lo que todos pueden estar de acuerdo con Donald Trump respecto a MS-13: la especialidad de la pandilla es la violencia espectacular. Sus miembros atacan en grupos, en el bosque, por la noche, atrayendo adolescentes a la muerte con promesas sobre chicas o hierba. Un chico de Long Island me dijo que ya no va a fiestas porque le preocupa que cualquier invitación pueda ser una trampa. El padre de una víctima me mostró un certificado de defunción que decía que la cabeza de su hijo había sido golpeada, tras lo cual bajó la voz y agregó que los huesos del niño se habían abollado con barras de machete, pero que no quería que la madre lo supiera. Un adolescente que dejó la pandilla me dijo que ya se considera muerto, y que solo está tratando de asegurarse de que MS-13 no mate a su familia.

Voy a pasar este año informando sobre los miembros de MS-13 y sus asociados. He estado revisando sus mensajes de texto. Estoy hablando con los detectives a cargo de casos contra asesinos que aún no tienen la edad suficiente para comprar cigarrillos. Y he pasado largas noches con las víctimas de la pandilla, que a menudo comienzan a llorar tan pronto como comienzan a hablar sobre la violencia que ha arruinado sus vidas. Todos están de acuerdo con que la pandilla está sedienta de sangre. La mayoría del resto de afirmaciones sobre MS-13 que he escuchado de la administración Trump este año casi no tienen conexión con lo que estoy viendo en el terreno.

1. MS-13 no se está organizando para frustrar la Ley de Inmigración

Trump a menudo habla de cómo MS-13 ha llevado a cabo una serie de asesinatos en los suburbios en las afueras de Nueva York. Una de las primeras cosas que hice cuando comencé a documentarme fue hablar con la exnovia del líder de la banda, acusado de ordenar seis de estos asesinatos en 2016 y 2017. La niña se sentó en un Panera Bread de un centro comercial de Long Island y me contó cómo la había secuestrado poco después de cumplir 15 años, cómo amenazó a su familia y la obligó a tatuarse su nombre en el brazo. Mientras hablaba con ella, me imaginaba a un hombre como los que había visto en los informes de MS-13: mentón sobresaliente, brazos fuertes de levantar pesas y tatuajes góticos con las letras ‘M’ y ’S’ en su cara y su pecho. Me sorprendió cuando eventualmente vi a este líder de la pandilla en la corte: era un niño de 19 años con cara de bebé que se sonrojó cuando las chicas lo saludaron desde la galería. La acusación contra él presentaba asesinatos que habían sido ordenados en respuesta a disputas entre adolescentes.

El Fiscal General Jeff Sessions ha llamado a MS-13 la más brutal de las pandillas que manejan el tráfico de drogas, y prometió perseguir al grupo como el gobierno persiguió al jefe mafioso Al Capone. Sin embargo, los expertos han descubierto que la pandilla apenas tiene un papel en el tráfico internacional de drogas. El Servicio de Investigación del Congreso dijo que podría ser engañoso denominar a la MS-13 una organización criminal transnacional, porque no tiene un líder central ni ambiciones globales. La pandilla se compone de camarillas que a veces compiten, a menudo dirigidas por adolescentes más interesados ​​en ejercer poder sobre otros jóvenes en sus círculos inmediatos.

En Long Island, un detective me dijo que los agentes de policía llaman a los miembros de la MS-13 “chiquillos poderosos”, porque a menudo aún no han dado el estirón y tienden a cometer sus crímenes en grupos grandes. Se reúnen por la noche porque, mientras que otras organizaciones delictivas tienen flujos masivos de ingresos internacionales, estos muchachos, incluso los líderes, tienen que trabajar en trabajos de baja categoría y, a veces, ir a la escuela durante el día. Cada camarilla tiene su propio encargado y su propio enfoque hiperlocal. En Long Island, el enfoque de la pandilla a menudo ha sido controlar los pasillos de una sola escuela secundaria.

2. MS-13 no se presenta como familias falsas en la frontera

Al justificar la política de separación de niños la semana pasada, la secretaria de Seguridad Nacional Kirstjen Nielsen dijo: “Los niños están siendo utilizados como peones por traficantes de personas y traficante. Esos son traficantes y esos son contrabandistas y eso es MS-13”. La teoría es que los líderes de pandillas centroamericanas están apareciendo en la frontera afirmando falsamente ser los padres de los niños, y también están instruyendo a menores no acompañados a entrar en Estados Unidos y reclamar territorio.

De hecho, este año ha habido menos de 200 casos de falsos reclamos familiares, un 1% del número total de familias detenidas en la frontera, y no hay indicios de que en ninguno de esos casos la pandilla esté involucrada. De los cientos de miles de menores no acompañados que han llegado a Estados Unidos desde 2012, la Patrulla Fronteriza dice que solo 56 eran sospechosos de tener vínculos con MS-13.

La pandilla está tratando de encontrar nuevos miembros, pero para ello no es necesario pisarle los pies a las pandillas mexicanas que controlan el contrabando de personas. Los adolescentes de Long Island me cuentan que, cuando llegan a la escuela, los pandilleros se sientan a su lado en el almuerzo y les piden que se unan. Muchos, cansados ​​de la soledad, el aburrimiento y la amenaza de la violencia si intentan negarse, aceptan la invitación.

Los expertos que estudian la MS-13 concuerdan que cuando los pandilleros jóvenes viajan desde El Salvador a Estados Unidos impulsados ​​por las mismas razones económicas que impulsan a otros inmigrantes centroamericanos. Incluso el líder de 19 años acusado de los seis asesinatos en Long Island le dijo a su ex novia que él no era miembro de la pandilla cuando llegó a Estados Unidos desde El Salvador: no fue hasta más tarde, en los suburbios de Nueva York, cuando fue reclutado.

Y algunos miembros de MS-13 nacen aquí. El Departamento de Policía del condado de Suffolk examinó una muestra de miembros activos de MS-13 y descubrió que solo una cuarta parte había llegado a Estados Unidos como menores no acompañados. La conclusión natural: este no es un problema fronterizo. Es un problema de reclutamiento.

3. MS-13 se mantiene, pero no está creciendo

Trump habla sobre la pandilla como si de repente estuviera tomando el poder. “Las débiles políticas de inmigración ilegal de la administración Obama permitieron que se formaran las malvadas pandillas de MS 13 en las ciudades de los Estados Unidos”, tuiteó.

MS-13 ha sido obstinadamente persistente, pero sigue siendo una organización criminal boutique, que representa solo una pequeña porción de los 1,4 millones de miembros de pandillas en todo el país. El Departamento de Justicia de Trump dice que hay alrededor de 10,000 miembros de MS-13 en Estados Unidos, el mismo número que hace diez años. Tampoco hay nada nuevo sobre el alarmismo MS-13. En 2005, Newsweek publicó una historia de portada sobre la pandilla, citando a sus 10,000 miembros, con el titular ‘La pandilla más peligrosa de Estados Unidos’.

En Long Island, el asesinato que se cita más a menudo cuando se habla de la brutalidad de MS-13 es la muerte de un niño de dos añosy su madre en 2010. Pero la historia de la pandilla se remonta a mucho antes: el FBI estableció un grupo de trabajo en Long Island para reprimir a la pandilla en 2003. Y MS-13 no ha invadido Estados Unidos en absoluto. Se fundó en Los Ángeles en la década de 1980, se mezcló con la cultura de pandillas presidiarias de California y se exportó a El Salvador.

El grupo sigue siendo significativamente más pequeño que los Crips, los Bloods y los Latin Kings. También es más pequeño que varias pandillas de las que probablemente nunca hayas oído hablar, como los Gangster Disciples de Chicago. Incluso el Center for Immigration Studies (Centro de Estudios de Inmigración, en español), que ha sido etiquetado como un grupo extremista por su ideología antiinmigrante, no ha podido presentar más de un promedio de 35 asesinatos por año que puedan ser atribuidos a MS-13, mucho menos que esa pandilla de Chicago que no sabías que existía.

MS-13 no es la pandilla más grande ni la más violenta ni la que crece más deprisa, pero es la que más fuertemente está ligada a Centroamérica, región de la cual proceden la mayoría de los adolescentes que solicitan asilo. Así, se ha convertido el punto focal idóneo para el mensaje de Trump de fronteras cerradas.

4. MS-13 se está aprovechando de una comunidad específica, no del país en general

Cuando le pusieron el audio de los niños separados de sus padres, obtenido por ProPublica la semana pasada, la consejera de Comunicaciones de la Casa Blanca, Mercedes Schlapp, dijo: “Lo que es desgarrador es ver a los estadounidenses que han perdido a sus hijos a causa de los miembros de la pandilla MS-13”. Pero la gran mayoría de las víctimas de MS-13 son inmigrantes jóvenes, muchos de ellos indocumentados.

A menudo pienso sobre esto cuando estoy reporteando. Este año, me comuniqué con miembros actuales de las pandillas y los agregué como amigos en Facebook. He visitado las casas de personas que están en la lista de objetivos de la clica local, y he escuchado el zumbido de los botones de pánico proporcionados por la policía desde debajo de sus mesas y detrás de sus puertas. He explorado las áreas boscosas que la policía de Long Island llama “los campos de asesinatos”, donde se han hallado los cadáveres. Me siento segura haciendo esto porque MS-13 raramente persigue a personas ajenas a su mundo, a personas que no son amigas de ningún miembro de una pandilla o un potencial reclutamiento. Lo más cercano que he encontrado a una víctima fortuita en Long Island fue un trabajador centroamericano de una tienda de delicatesen que resultó herido cuando una bala atravesó la cabeza de una víctima específica.

La Casa Blanca emitió un comunicado el mes pasado que describe los recientes asesinatos cometidos por “animales de MS-13”. Perdido en medio de la controversia sobre si estaba bien llamar animales a pandilleros estaba el hecho de que, de las seis víctimas identificadas, cinco eran inmigrantes y el sexto era hijo de inmigrantes.

5. Las redadas y las deportaciones solo son útiles hasta cierto punto

La secretaria Nielsen dijo la semana pasada que la presencia de MS-13 en Estados Unidos es “el producto exclusivo de las lagunas en nuestras leyes federales de inmigración”. Las lagunas de las que habla son en realidad protecciones específicas contenidas en las convenciones de las Naciones Unidas sobre refugiados y tortura, que Estados Unidos ratificó. El país está obligado a permitir que los inmigrantes centroamericanos permanezcan en su territorio mientras se procesan sus solicitudes de asilo, proceso que puede llevar años. Si la persona que solicita el asilo es menor de edad, se supone que deben ser entregados a sus familiares.

Pero si los funcionarios de Estados Unidos determinan que un adolescente es miembro de una pandilla, este permanece bajo custodia. Y los oficiales de inmigración también pueden volver a detener a los adolescentes que son reclutados por MS-13 una vez que llegan aquí. Decenas de adolescentes de Long Island fueron retenidos el año pasado bajo sospecha de tener vínculos con las pandillas. El problema es que puede llegar a ser difícil saber quién está verdaderamente en la pandilla y quién está adoptando el estilo de la misma. MS-13 tiene su propia música y su estética, ligada al orgullo centroamericano. En Long Island, algunos adolescentes inmigrantes usan signos de MS-13 como una declaración estética, de la misma manera que los chicos estadounidenses alguna vez pudieron haber usado los pañuelos azules asociados con los Crips porque les gustaba Snoop Dogg.

Me presenté en una audiencia para un joven de 17 años de Long Island que había estado detenido durante medio año después de escribir el código de teléfono de El Salvador (503) en un cuaderno de la escuela. Se había pasado parte de ese tiempo en un centro de detención que ahora está bajo investigación por incidentes de abuso infantil. En la audiencia, un juez de inmigración ordenó la liberación del adolescente y se burló abiertamente de los cargos de la pandilla. “Tomo nota de que ‘503’ es un código de área”, dijo la juez. “Puede haber tenido el número de teléfono de su abuela escrito en su cuaderno. No lo sabemos. Pero creo que esta es evidencia escasa, escasa, sobre la cual basar la detención continua de un niño no acompañado”.

Eso no quiere decir que todos los adolescentes inmigrantes acusados ​​de estar afiliados a una pandilla sean inocentes. Pero el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) ha arrestado a unos 8,000 presuntos miembros de MS-13 en la última década. Si la deportación fuera todo lo que hace falta, la pandilla ya habría desaparecido.

¿Y entonces?

Todo esto importa porque la pandilla realmente está aterrorizando a una parte de la población: jóvenes inmigrantes latinos en un puñado de comunidades específicas.

El mes pasado, acompañé a un evento de Trump en Long Island a la madre de un estudiante de primer año de escuela secundaria asesinado por MS-13. Dentro de un edificio del gobierno, el presidente despotricó contra la pandilla. “Mataron a un policía para hacer una declaración. Querían hacer una declaración, así que mataron a un policía”, dijo (pero no mataron a ningún policía)

Fuera, la madre se movía entre una manifestación pro-Trump y una contraprotesta. Tomó pastillas tranquilizantes para poder enfrentarse a los periodistas locales, y luego les dijo que no estaba segura de si Trump se preocupaba realmente por víctimas como ella. Dijo que esperaba que la fijación del presidente con MS-13 pudiera provocar cambios que evitaran que otros niños fueran atacados y reclutados por la pandilla.

Sin embargo, para que cualquier política funcione, tiene que estar estar enraizada en la realidad.

Traducido por María Sánchez Díez

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Qué dice el documento sobre la investigación del 11-S recién desclasificado por el FBI

El memorando enumera algunos contactos entre varios ciudadanos sauditas y los secuestradores de los aviones, pero no implica directamente al gobierno de Riad.
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12 de septiembre, 2021
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En el vigésimo aniversario del atentado más mortífero en suelo estadounidense, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) publicó un documento que analiza las posibles conexiones entre varios ciudadanos sauditas en Estados Unidos y dos de los atacantes del 11 de septiembre de 2001.

Los familiares de las víctimas de los ataques de las Torres Gemelas llevaban años solicitando la divulgación de estos archivos clasificados, argumentando que los funcionarios sauditas habrían tenido conocimiento previo del atentado pero que no intentaron detenerlo.

15 de los 19 secuestradores de los aviones eran ciudadanos sauditas.

Sin embargo, el documento —el primero de varios que se espera que sean hechos públicos— no proporciona ninguna evidencia de que el gobierno saudita hubiera estado vinculado o tuviera conocimiento del complot contra las Torres Gemelas.

Antes de la desclasificación, la embajada saudita en Washington se mostró a favor de que los archivos se sacaran a la luz, y una vez más negó cualquier vínculo entre su país y los secuestradores, señalando que tales afirmaciones son “falsas y maliciosas”.

¿Qué dice el documento?

El documento del FBI de 16 páginas se basa en entrevistas con una fuente cuya identidad está clasificada (nombrada como PII) y describe los contactos entre varios ciudadanos sauditas y dos de los secuestradores, Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Midhar.

Ambos se hicieron pasar por estudiantes para ingresar a Estados Unidos en el año 2000.

El memorando del FBI dice que luego recibieron un apoyo logístico significativo de Omar al-Bayoumi, quien, según testigos, era un visitante frecuente del Consulado de Arabia Saudita en Los Ángeles a pesar de que su estatus oficial en ese momento era el de estudiante.

Según la fuente del FBI, Bayoumi tenía “un estatus muy alto” en el consulado.

“La asistencia de Bayoumi a Hamzi y Midhar incluyó traducción, viajes, alojamiento y financiación”, dice el documento.

Ataque torres gemelas

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Por otra parte, el archivo del FBI también asegura que hubo vínculos entre los dos secuestradores y Fahad al-Thumairy, un imán (líder musulmán) de la mezquita del rey Fahad en Los Ángeles, a quien las fuentes citadas describen como “de creencias extremistas”.

Tanto Bayoumi como Thumairy abandonaron Estados Unidos semanas antes de los ataques del 11 de septiembre, según la agencia de noticias AP.

La agencia también citó a Jim Kreindler, un abogado de los familiares de las víctimas del 11 de septiembre, diciendo que el documento publicado “valida los argumentos que presentados en el litigio sobre la responsabilidad del gobierno saudí en los ataques del 11 de septiembre”.

El mes pasado, una demanda iniciada por familiares llevó a que varios altos exfuncionarios sauditas fueran interrogados bajo juramento.

Joe Biden en el Pentágono

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Las familias de algunas víctimas llevaban tiempo presionando al presidente Joe Biden para que desclasificara los documentos.

Las administraciones precedentes, las de George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump,se negaron a desclasificar los documentos, citando como argumento la seguridad nacional.

Pero el actual presidente Joe Biden ordenó la semana pasada una revisión de los documentos y les pidió a los funcionarios que publicaran lo que pudieran durante los próximos seis meses.

Durante mucho tiempo se ha especulado sobre vínculos oficiales sauditas con el atentado, dado el número de ciudadanos de ese país involucrados y los antecedentes del líder de al Qaeda, Osama bin Laden.

El líder de al Qaeda, Osama Bin Laden.

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El líder de al Qaeda, Osama Bin Laden.

Estados Unidos y Arabia Saudita han sido aliados durante mucho tiempo, aunque a veces la relación ha sido compleja.

El anterior presidente estadounidense, Donald Trump, fortaleció los lazos entre su país y la monarquía absoluta.

Pero Biden calificó a Arabia Saudita de “paria” después de que en febrero de este año un informe de inteligencia de Estados Unidos implica al príncipe heredero, Mohammed bin Salman, en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, ocurrido en 2018. Bin Salman niega haber ordenado el asesinato, que tuvo lugar en el consulado saudita en Estambul.

El corresponsal de seguridad de la BBC, Frank Gardner, afirma que desde entonces Biden ha suavizado su postura hacia el que es el hombre más poderoso de Arabia Saudita, reflejando la importancia de la alianza entre ambos países.


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