La disputa por Valle de Bravo, Edomex, en medio de acusaciones y guerra sucia
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La disputa por Valle de Bravo, Edomex, en medio de acusaciones y guerra sucia

Los partidos opositores en Valle de Bravo reclaman que se investigue el presunto uso de programas sociales y entrega de despensas a favor del candidato priista. 
Por Eduardo Alonso
27 de junio, 2018
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La disputa electoral por la presidencia municipal de Valle de Bravo, Estado de México, ha transcurrido en medio de denuncias y acusaciones públicas entre los seis candidatos locales.

Los candidatos han intercambiado señalamientos, que van desde la exigencia de indagar el origen de recursos económicos empleados en la campaña del candidato y empresario de la tortilla Héctor Soto, del partido local Vía Radical, hasta el uso de programas sociales y entrega de despensas para favorecer al alcalde priista con licencia, Mauricio Osorio Domínguez.

Además, se registró una campaña de ataques en una página de Facebook atribuida al partido local Vía Radical Valle Bravo, contra la candidata de Morena, la doctora Michelle Núñez Ponce.

Esa situación, el pasado 10 de junio, ameritó la intervención del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), instancia que ordenó al representante legal de Facebook México retirar de su plataforma, como medida precautoria, un video difundido en la página donde  se “difamaba” a la candidata.

En dicha página se colocó un video donde se asegura que la candidata de Morena es “una delincuente sujeta a proceso por homicidio”, acusación que es falsa, de acuerdo con reportes de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México.

La representación de Vía Radical respondió al IEEM diciendo que la página de Facebook no era administrada por ellos, pese a que en sus espacios se difunden todos los días eventos de su candidato a la presidencia municipal, Héctor Soto.

Para el candidato Noé Rebollar Rocha del Panal, los integrantes del Partido Vía Radical además de hacer este tipo de campañas han intimidado a miembros de su equipo cuando éstos asistentes a determinadas comunidades, y dice tener fotografías y videos que lo demuestran.

“Se ha dado seguimiento e intimidación a nuestros compañeros cuando realizamos caminatas o actos en algunos lugares”, precisó Robellar.

El candidato, que tiene 15 años de trayectoria en el sector público municipal y federal, señaló que otra presunta irregularidad durante el proceso electoral consiste en la utilización de recursos económicos de procedencia inexplicable en las campañas.

“No puedo asegurar que haya recursos ilícitos… porque no tengo los elementos, pero sí hay una gran inversión. Sería bueno que la autoridad electoral, los organismos electorales, pongan mucha atención en ello porque sí hay un exceso de lonas, un exceso de vehículos de alto costo (camionetas lujosas) que están siendo utilizados en la campaña ¿de dónde viene eso? Lo desconozco. No sé si sean temas de donaciones, temas de presupuestación de partido pero sí es importante que la autoridad electoral ponga atención en ello”, consideró.

Dijo que el Panal tiene perfectamente identificado cómo el PRI y supuesto personal de la estructura gubernamental municipal están realizando entregas de todo tipo de materiales de construcción, en comunidades como Godínez y Tehuastepec.

“Tenemos fotos de la movilización de tinacos, de cemento. La gente nos lo dice. ¿Ustedes qué nos van a dar? El PRI es el que está dando más artículos de construcción para ganarse la confianza de la gente”.

Por lo anterior el candidato solicitó a funcionarios del INE y IEEM activar de inmediato los mecanismos necesarios para detectar a detalle lo que consideró un gasto excesivo de campaña en Valle de Bravo.

La candidata de Morena, Michelle Núñez, aseguró que en Valle de Bravo la contienda electoral se gana a ras de piso, calle por calle y colonia por colonia, y lamentó que el candidato oficial, el priista Mauricio Osorio, eche mano de las estructuras gubernamentales y de la entrega de todo tipo de artículos para tratar de convencer a los ciudadanos de que lo reelijan.

Recordó que el pasado 18 de junio, a las 14:30 horas, en la calle de Parra de la comunidad de Avándaro, miembros de su equipo de campaña que se encontraba volanteando atestiguaron cómo un grupo de cuatro personas, un hombre y tres mujeres, se trasladaban en una lujosa camioneta entregando despensas a nombre del candidato priista. La acción  generó un altercado entre ambos equipos de campaña y posteriormente una queja ante el IEEM.

El priista Mauricio Osorio Domínguez, alcalde con licencia en Valle de Bravo y que busca reelegirse en el cargo, expresó que la estructura del gobierno municipal no está operando en la campaña y negó que su equipo esté entregando despensas para convencer a la población, a fin de que nuevamente voten por él.

“Totalmente descartado… que se investigue todo lo que se tenga que investigar y lo que digo, la gente lo sabe, yo estoy haciendo una campaña de propuestas, de proyecto”, dijo tras sostener que desea seguir los pasos de su padre, que en dos ocasiones fue presidente municipal de Valle de Bravo.

Osorio Domínguez dijo que cada actor político está en su derecho de denunciar lo que considere como una situación irregular, y serán las autoridades competentes (IEEM, INE y Tribunal Electoral) las que determinen si hay algún tipo de situación irregular. Insistió que no se meterá en controversias, ni en ningún tipo de conflictos con los otros candidatos.

Por su parte el candidato Héctor Soto, de Vía Radical, quien negó los señalamientos en su contra, dijo que su decisión de ingresar a la política es para apoyar verdaderamente a la población, y aunque asumió que desconoce el funcionamiento de la administración pública, promete que cuando llegue a la silla de la presidencia municipal hará todo lo posible para que las “empresas de fuera” contraten mano de obra de Valle de Bravo, y así exista trabajo para todos.

Dueño de prácticamente todas las tortillerías de Valle de Bravo, aseguró que gobernará el municipio como lo hará Andrés Manuel López Obrador en la presidencia del país a quien, dijo, otorgará su voto el próximo primero de julio.

Animal Político buscó en más de cuatro de ocasiones a los candidatos Roberto Reyes Velázquez y Bertha Guzmán Carbajal del Partido Verde (PVEM) y del PAN, PRD y MC, respectivamente, pero no accedieron a ser entrevistados.

Valle de Bravo cuenta con 50 mil 54 potenciales electores y, de acuerdo con indicadores de la Secretaría de Desarrollo Social federal en el presente año 61.2% de los 66 mil 258 habitantes vive en pobreza, y 5 mil 325 en pobreza extrema.

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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