Trabajar de lunes a sábado como propone AMLO podría tener consecuencias negativas, dicen especialistas
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Trabajar de lunes a sábado como propone AMLO podría tener consecuencias negativas, dicen especialistas

Alargar hasta el sábado la semana laboral de trabajadores de confianza, como propuso López Obrador, tendría resultados sociales negativos, no aumentaría la productividad, y contraviene recomendaciones de organismos internacionales, según especialistas consultados.
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30 de julio, 2018
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La propuesta de Andrés Manuel López Obrador de aumentar la jornada laboral hasta los sábados para los empleados de gobierno contraviene las recomendaciones de organizaciones que sugieren la reducción de jornadas, horarios escalonados y licencias de maternidad y paternidad, para que el desarrollo profesional sea compatible con el bienestar de las familias.

Además, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), más horas de trabajo no se traducen en mayor productividad en el país, toda vez que un empleado mexicano trabaja más horas al año con respecto a los de 35 países integrantes, pero la productividad en México está estancada.

El ganador de la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador, anunció 50 puntos para combatir la corrupción y lograr austeridad en su administración. El punto 27 indica que “los trabajadores de confianza laborarán de lunes a sábado y, cuando menos, 8 horas diarias”. 

Sin embargo, esta medida no tiene relación ni con el combate a la corrupción, ni con la austeridad en la administración pública, en cambio, tendría repercusiones sociales negativas, coinciden especialistas consultados por Animal Político.

Este punto está enfocado a los trabajadores de “confianza”, quienes son clasificados así de acuerdo a las funciones desempeñadas. Éstas pueden ser “de dirección, inspección, vigilancia y fiscalización, cuando tengan carácter general, y las que se relacionen con trabajos personales del patrón”, según la Ley Federal del Trabajo. 

Sin embargo, el esquema laboral actual “no hace compatible la vida laboral con la vida personal más allá de tener o no hijos, y con esta propuesta sería todavía peor”, afirma Regina Tamés, directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

Agrega que el gobierno de izquierda que asumirá el próximo 1 de diciembre debería tomar en cuenta que ese tipo de medidas impacta en las familias, que se supone son prioridad de la nueva administración.

“Estas largas horas de trabajo no aumentan productividad y, en cambio, sí tiene consecuencias graves, que van desde afectaciones a la salud mental y física, hasta que los niños asuman tareas de adultos, que no sean bien cuidados y hasta el aumento del embarazo adolescente”.

El informe “Horas hábiles. Corresponsabilidad en la vida laboral y personal”, realizado por GIRE, explica que si bien el desarrollo laboral es importante, en las últimas décadas se ha olvidado que el ser humano necesita tener una vida privada, tiempo suficiente para el descanso y el esparcimiento, convivir con su pareja o hijos, y hacerse cargo de las responsabilidades del hogar.

Por eso es que se comienza a hablar del concepto de “conciliación” entre la vida laboral y personal, que busca “una relación armoniosa entre dos ámbitos que al día de hoy se encuentran completamente fragmentados y que generan conflicto”.

La medida propuesta por López Obrador está en la ruta opuesta y, además, afectaría “de manera desproporcionada a las mujeres”, advierte Regina Tamés. Las responsabilidades de los hijos y la casa siguen recayendo en mayor medida entre las mujeres. Con horarios aún más extendidos se haría aún más complicado conciliar la vida productiva con profesional.

La agenda, en cambio, debería ir en dirección a mejorar las condiciones de vida. Sin embargo, ni siquiera se ha podido lograr la ampliación de licencias de maternidad, actualmente calculadas en 12 semanas, ni siquiera se compara con la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo, que establece 18 semanas, y mucho menos con las 32.2 semanas establecidas entre los países de la OCDE.

Otra de las propuestas respecto a las políticas públicas para lograr esa conciliación, advierte la necesidad de que el Legislativo reforme la leyes laborales para reducir la jornada de trabajo, por ejemplo; también recomienda hacer un análisis tanto a nivel macroeconómico como de las unidades productivas sobre los costos y beneficios de “conciliar” ambos ámbitos.

Tampoco se ha logrado que las jornadas de trabajo sean flexibles o incluso que los horarios sean escalonados, lo que incluso ayudaría en la movilidad. Esto, dice Tamés, es por “falta de voluntad política” y el nuevo gobierno debería tomar en cuenta todas las posibles implicaciones para una medida de esta naturaleza.

Más horas no generan mayor productividad

Manuel Molano, director general adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), advierte que más horas de trabajo no implica conseguir mayor productividad en el país.

“La productividad no implica trabajar más horas”, sostiene. Aunque es una buena oportunidad para “la reinvención de la administración pública, tratando de ponerla en la modernidad”.

Tener a los empleados más horas en la oficina no significaría mejorar su desempeño. En cambio sí podrían haber otras medidas que impactarían directamente, como hacer que las juntas de trabajo empiecen y terminen a tiempo, usar las tecnologías, darles una buena conexión para videoconferencia, infraestructura compartida. Un auto no necesariamente los haría más productivos, pero tal vez un “coworking para burócratas” sí. “Habría que cambiar la lógica”, dice el especialista.

De hecho, no existe relación entre las horas de trabajo y la productividad en México. Los empleados mexicanos trabajan más que los alemanes, japoneses o españoles, y el resto de naciones de la OCDE.

Pero según el Índice Global de Productividad Laboral de la Economía (IGPLE), la productividad laboral de México está estancada, pues se mantuvo sin cambios en el cuatro trimestre de 2017 respecto al anterior, y en comparación con el cuarto trimestre de 2016 decreció un 0.1 % anual.

Esto se debe, además, a otros factores como la disparidad en la productividad laboral, sostiene la organización México, ¿cómo vamos?

“La productividad laboral en la Ciudad de México es 4.5 veces superior a la que se observa en Oaxaca y Chiapas, por lo que a nivel agregado, el dinamismo en los estados del norte y Bajío es contrarrestado por aquellos localizados principalmente en el sur, donde la productividad no solo es baja, sino que se mantiene constante e incluso decrece”, advierte la organización.

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Los desconocidos casos de bebés y niños secuestrados durante el régimen militar de Brasil

A diferencia de países vecinos como Argentina, donde las causas judiciales por apropiación de niños durante los gobiernos militares llevan años, Brasil aún no parece haber explorado esta parte de su pasado.
4 de mayo, 2022
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Desde hace al menos una década, Rosângela Serra Paraná busca a sus padres biológicos.

Es víctima de un crimen de Estado poco conocido: el secuestro de bebés y niños de activistas que se opusieron al régimen militar en las décadas de 1960, 1970 y 1980 en Brasil.

Rosângela fue apropiada ilegalmente por una familia militar en la década de 1960 y solo descubrió su condición mucho después, durante una discusión con miembros de la familia.

Once de los 19 casos conocidos de secuestros de niños durante el régimen militar están vinculados a miembros de Araguaia, un movimiento guerrillero de oposición que se desarrolló entre fines de la década de 1960 y 1974 en la región amazónica, en la confluencia de los estados de Pará y el actual Tocantins.

Estas 11 víctimas son hijos de guerrilleros y campesinos que dieron cobijo al movimiento.

Los secuestros de niños ocurrieron en la primera mitad de la década de 1970, durante los gobiernos de los generales-presidentes Emílio Garrastazu Médici y Ernesto Geisel.

Los 19 casos están enumerados en el libro de reportajes Cativeiro sem fim (“Cautiverio sin fin”), escrito por mí.

Contactados en el momento de la escritura del libro, el Ministerio de Defensa y los comandos del Ejército y Fuerza Aérea no respondieron a la solicitud de información.

En una entrevista en un libro publicado el año pasado, el general Eduardo Villas Bôas dijo que los informes sobre los secuestros de bebés durante el régimen militar “carecen de verosimilitud“.

En busca de padres biológicos

“Vivo en una pesadilla todos los días, pensando que mi madre podría estar viva, necesitándome”, dice Rosângela Serra Paraná.

“Hoy vivo con la angustia de no saber quién soy, cuántos años tengo y ni siquiera saber quiénes fueron mis padres”, agrega.

La mujer fue apropiada por Odyr de Paiva Paraná, miembro de una familia militar en Río de Janeiro.

La familia dice que la bebé fue adoptada en 1963.

Un acta de nacimiento da como fecha de nacimiento el 1 de octubre de 1963. Pero la inscripción se hizo en el registro civil el 22 de septiembre de 1967.

En el documento elaborado en el Registro Civil de Catete, Rio de Janeiro, consta que Rosângela es hija ilegítima de Odyr y Nilza.

El documento no proporciona el nombre de los padres biológicos. Nilza, según su familia, no podía tener hijos.

Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Archivo personal
Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Odyr es conductor de profesión.

Según Rosângela, su padre adoptivo trabajaba como chofer del general Ernesto Geisel.

“Tenía un gran auto negro que siempre estaba limpiando”, recuerda.

El acta de nacimiento de Rosângela da como lugar de nacimiento una propiedad en Rua Marquês de Abrantes, 160, Flamengo, Rio de Janeiro.

La propiedad pertenece a Rio Previdência, una entidad de empleados estatales, que la compró en 1958, según consta en el certificado de propiedad.

La misma partida de nacimiento tiene dos testigos. Uno de ellos es Alcindo Quintino Ribeiro, propietario de un inmueble donde vivía la familia Serra Paraná.

El otro es Paulo Cardoso de Oliveira, chofer de profesión, como Odyr. La dirección de residencia del testigo, sin embargo, no existe.

El padre de Odyr, Arcy Paraná, estaba en el ejército. Según el Boletín Oficial, alcanzó el grado de sargento. En la década del 50 fue ascendido y comenzó a trabajar en el sector administrativo de las fuerzas militares.

Los casos de Juracy y Miracy

En la región guerrillera de Araguaia, a principios de la década de 1970, los militares secuestraron a dos niños de una misma familia.

El primero, Juracy Bezerra de Oliveira, fue un error de las fuerzas militares.

El objetivo era Giovani, hijo de uno de los líderes guerrilleros, Osvaldo Orlando da Costa, alias Osvaldão, con una mujer llamada María.

En 1972 o 1973, Juracy tenía unos 7 años. Los militares pensaron que era el verdadero hijo del guerrillero Osvaldão con Maria Viana da Conceição. Pero la madre de Juracy era Maria Bezerra de Oliveira y su padre, Raimundo Mourão de Lira.

La confusión en el secuestro se habría dado porque los militares buscaban a un niño moreno, de entre 6 y 8 años, hijo de una mujer blanca, de cuerpo grande y ojos claros, de nombre María.

José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Eduardo Reina/BBC
José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Encontraron a la madre de Juracy con las mismas características y se llevaron al niño.

Terminó siendo apropiado por el teniente del Ejército Antônio Essílio Azevedo Costa, quien lo inscribió en una notaría como si fuera su hijo legítimo y vivió con la familia del militar durante muchos años.

“Un día llegaron y me llevaron. Mi madre ni me acuerdo qué hizo. Yo era un niño cuando me llevó el Ejército. Estuve 15 días en el bosque”, contó.

El secuestrado quedó con una mano deformada debido a las quemaduras que sufrió. Dice que los soldados decidieron castigarlo por pensar que su padre había matado a un militar.

Más tarde, en la ciudad de Fortaleza, Juracy fue criado por la madre del teniente Antônio Essílio.

A principios de la década de 2000, decidió regresar a la región de Araguaia, todavía pensando que era el hijo de Osvaldão.

Al llegar, conoció a Antônio Viana da Conceição y descubrió su verdadera historia.

Se reencontró con su madre biológica, Maria Bezerra de Oliveira, cuando descubrió que su hermano, Miracy, también había sido secuestrado por militares.

Hoy vive en una isla en medio del río Araguaia.

Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

Archivo personal
Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

El hermano de Juracy, Miracy, tenía piel clara y ojos claros, a diferencia de su hermano.

Fue llevado por el sargento João Lima Filho a la ciudad de Natal, en Rio Grande do Norte, también en 1972 o 1973.

Años después, Juracy y su madre, Maria Bezerra de Oliveira, fueron a buscar a Miracy. Pero no encontraron rastro del sargento que se lo llevó; tampoco obtuvieron información en el cuartel del ejército en Natal sobre el paradero del militar.

Otros secuestros

Después del secuestro por error de Juracy, los militares encontraron a Giovani, hijo de Osvaldão y Maria Viana da Conceição.

El niño tenía entre 4 y 5 años cuando fue secuestrado, según otro de los hijos de Maria, Antônio Viana da Conceição.

El secuestro ocurrió en 1973, en la ciudad de Araguaína, actual Tocantins.

La existencia de este hijo de guerrillero en Araguaia también es revelada por Sebastião Rodrigues de Moura, Mayor Curió, ahora militar retirado y responsable de la cacería de guerrilleros a partir de 1973 en Araguaia.

Se desconoce el paradero de Giovani.

También en Araguaia fue secuestrada Lia Cecília da Silva Martins, hija del guerrillero Antônio Teodoro de Castro, conocido como Raúl.

Lia fue llevada a un orfanato que pertenecía a un teniente de la Fuerza Aérea en Belém do Pará. Fue adoptada por una pareja que trabajaba en la entidad.

Seis niños campesinos también fueron separados de sus familias biológicas y llevados a cuarteles del ejército, de donde luego fueron liberados: José Vieira; Antônio José da Silva, Antoninho; José Wilson de Brito Feitosa, Zé Wilson; José de Ribamar, Zé Ribamar; Osniel Ferreira da Cruz, Osnil; y Sebastião de Santana, Sebastiãozinho.

Solo se localizó a José Vieira. Es hijo de Luiz Vieira, agricultor de subsistencia y residente de la región de São Domingos do Araguaia. Luiz fue asesinado por las fuerzas militares.

Gente caminando en São Paulo

Getty Images
Se desconoce el número de bebés que fue secuestrado.

También hubo casos de secuestro de bebés y niños en Paraná, Pernambuco y Mato Grosso.

Las respuestas de los militares

Cuando investigaba en 2018 para mi libro, el Ministerio de Defensa, el Ejército y la Fuerza Aérea no respondieron a las preguntas enviadas.

El Ministerio de Defensa sugirió que se enviaran nuevas solicitudes a dichas instituciones, alegando que la información solicitada debía estar custodiada bajo el mando de estos cuerpos militares.

El Ejército respondió: “La Institución aclara que no tiene nada que informar al respecto”.

La Fuerza Aérea afirmó que “el 16 de noviembre de 2009, la Procuraduría General de Justicia Militar manifestó interés en analizar los documentos producidos y acumulados por el Comando de la Fuerza Aérea, desde 1964 hasta 1985”.

“En ese sentido, el 3 de febrero de 2010, la colección, que contiene 212 cajas con 49.867 documentos, fue recolectada de la Coordinación Regional del Archivo Nacional del Distrito Federal (COREG), donde se encuentran en dominio público”, agregó.

El año pasado, en una entrevista publicada en el libro “General Villas Bôas-Conversación con el Comandante”, de Celso Castro, de la Fundação Getúlio Vargas, el militar cuestionó que realmente ocurrieran secuestros de niños durante la dictadura.

“Recientemente alguien vinculado a los derechos humanos trajo un tema que yo nunca había escuchado, que un centenar de niños habían sido secuestrados y arrebatados a sus padres”, afirmó Villas Bôas.

“Esta y otras narrativas, como una supuesta masacre de indígenas, en la apertura de la carretera que une Manaus con Boa Vista, carecen de verosimilitud y contribuyen a la falta de exención en la conclusión de las investigaciones”, agregó.


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