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López Obrador propone abrir 100 universidades, ¿es factible, acabaría con la inequidad?
Hasta el ciclo 2016, la tasa de escolaridad en educación media superior fue de 32.1%; es decir, sólo 3 de cada 10 jóvenes en edad de estudiar la universidad lo está haciendo.
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23 de julio, 2018
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Una de las propuestas anunciadas por el ganador de la elección presidencial Andrés Manuel López Obrador en materia educativa es crear 100 universidades públicas en el país durante su mandato. Aunque no se ha detallado la estrategia, en ningún país en Latinoamérica se ha logrado algo parecido.

Durante los 14 años de mandato de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, se crearon 14 universidades federales; en Argentina hubieron 20 más y en Venezuela 30 planteles entre 1999 y 2016. Tal vez sólo en la India podría pensarse un crecimiento así, y sería “a un costo altísimo”, asegura Alma Maldonado, doctora en Educación Superior e investigadora del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV).

De hecho, la idea de crear más universidades es algo que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ha buscado en los últimos años, a través del Programa de Escuelas Universitarias. En febrero de 2016 arrancaron operaciones ocho planteles en el país, y en marzo pasado fueron inauguradas cuatro escuelas más en Veracruz.

Su sostenimiento, según han reportado Raquel Sosa, coordinadora de proyecto de Morena, es a través de las donaciones de integrantes del partido. Pero hasta el momento no ha habido una evaluación de su funcionamiento.

El ingreso a la educación superior ha sido un reto permanente en el país, pues hasta 2016 sólo 17% de las personas de entre 25 a 64 años de edad en México había cursado la educación superior, la proporción más baja entre los países de la OCDE.

Hasta el ciclo 2016, la tasa de escolaridad en educación superior fue de 32.1%, de acuerdo con el quinto informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Es decir, sólo 3 de cada 10 jóvenes en edad de estudiar la universidad lo está haciendo.

Esto es menor a la cobertura registrada en Cuba, donde hasta 2015 la cobertura ascendía a 95%; Puerto Rico, 86%; Venezuela, 78%; o Argentina con 71%, de acuerdo con la investigación “La educación superior en México”, del Instituto Belisario Domínguez (IBD) del Senado de la República.

Para Alma Maldonado, sin embargo, el problema no se soluciona sólo con más planteles, sino con replantearse la forma de ingreso, porque el modelo actual le da mayores oportunidades a quienes han tenido mejores condiciones económicas y sociales, y rezaga a quienes de por sí se encuentran en situaciones vulnerables.

“No estás solucionando los problemas de equidad creando solamente más instituciones porque tenemos una saturación de la demanda de la educación superior en ciertas universidades. Es decir, la UNAM, y el porcentaje de acceso y rechazados es un escándalo. Sí se han creado otro tipo de instituciones (tecnológicas, politécnicas), pero cuyo acceso no ha generado el interés de los estudiantes”, advierte Maldonado.

Para afrontar el problema de la cobertura en educación superior, insiste la investigadora, se debe discutir primero la inequidad que existe en el propio sistema, porque al sólo incrementar el número de planteles se está “estratificando más el mismo sistema”.

Por eso es que, dice, un estudiante de clase media que egresó de una preparatoria privada, bilingüe, que vive en un contexto familiar con incentivos intelectuales y sociales, “tiene todas las ventajas para entrar a la UNAM, o al IPN o a la UAM, frente a un chico que venga de una condición exactamente opuesta”.

Por ejemplo, de acuerdo con estadísticas sobre el perfil socioeconómico de los estudiantes que ingresaron a alguna carrera de la UNAM en 2016, sólo 2.17% de hijos de campesinos lograron un espacio. Los hijos de directivos o funcionarios sumaron 2.37%, y el grueso de estudiantes son hijos de empleados, con 28.8%.

“Este punto no se está discutiendo y tendría que ser el punto esencial en un gobierno de izquierda”, dice Maldonado, quien también es profesora de la UNAM.

Lo que debería revisarse es el proceso de selección. La opción del sorteo quita la carga al estudiante, de que si no logra un lugar se sienta fracasado, pero el debate está en por qué descartar el mérito académico.

Una alternativa podría ser “poner a competir a iguales con iguales. Es decir, tener sistema de cuotas socioeconómicas donde, por ejemplo, estudiantes indígenas tendrán equis número de lugares, y ellos van a competir entre ellos y entrarán los mejores. Pero no se puede poner a competir a un estudiante mixe con estudiantes de preparatorias privadas de Coyoacán”.

Sobre el tema, los investigadores Emilio Blanco, Patricio Solís, Héctor Robles escribieron el libro Caminos desiguales. Trayectorias educativas y laborales de los jóvenes de la Ciudad de México, donde confirmaron que el acceso a la educación superior es restringida y el estrato económico tiene incidencia.

“Tan solo 9.5% de los jóvenes provenientes del estrato muy bajo lograron acceder a los estudios superiores, fracción que se incrementa a 24.4% en el estrato bajo, 36.3% en el medio, y 57.9% en el alto. Estas brechas reflejan en parte las desventajas acumuladas hasta antes del ingreso a la educación media superior”, advierten los investigadores.

Incluso, esta desigualdad comienza desde la educación media superior, donde el futuro a la universidad puede estar determinado por el plantel en el que el estudiante fue aceptado.

Muchos jóvenes de estratos socioeconómicos medios y bajos que aspiran a realizar estudios universitarios en la Ciudad de México ya saben: “el examen de ingreso al bachillerato es un punto de quiebre en sus aspiraciones, que pone en juego no solo a qué tipo de escuela se ingresa, sino también las oportunidades de aspirar a la universidad y de asistir a una universidad pública como la UNAM”.

Por eso, dice el investigador Emilio Blanco en sus conclusiones, que “la transición a la educación media superior, con sus mecanismos institucionalizados de ingreso y su segmentación institucional es un caso que ilustra de manera idónea el modo en que las brechas socioeconómicas y el diseño institucional interactúan para exacerbar la desigualdad social en las trayectorias educativas”.

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¿Realmente te espía (y para qué) el micrófono de tu teléfono?
Las empresas recaban nuestros datos con propósitos comerciales, pero al almacenarlos ponen en peligro nuestra privacidad. Son los hackers quienes están al acecho.
15 de abril, 2019
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¿Has sentido alguna vez que tu ‘smartphone’ o tu tableta recoge tus conversaciones? ¿Has recibido anuncios de viajes a Rio de Janeiro justo después de hablar con tu mejor amigo de ese destino para las vacaciones?

Leyenda urbana o realidad: ¿realmente me escucha mi teléfono?

La proliferación de micrófonos en nuestros celulares y los altavoces inteligentes -como el sistema Siri de Apple o Alexa, creado por Amazon- hace pensar que cualquiera puede escucharnos y que nuestra privacidad está en jaque.

Zoe Kleinman, corresponsal de tecnología de la BBC, contó esta semana en el programa Bussines Daily una experiencia espeluznante que tuvo cuando su teléfono parecía escuchar una de sus conversaciones y cómo esto la llevó a descubrir lo fácil que es hackear el micrófono de alguien y espiarle.

“Hace unos años estaba hablando con mi madre en su cocina y me contó que un amigo de la familia había muerto en un accidente de tráfico en el extranjero. Recuerdo que mi teléfono estaba a mi lado”.

Teléfono

Getty Images
La periodista Zoe Kleinman empezó a indagar si es posible que nos escuchen.

“Fue un accidente dramático, así que busqué si algún medio de comunicación había escrito algo de eso. Empecé a escribir en el buscador el apellido de la familia, mientras veía que el texto predictivo me sugería correctamente el nombre”.

“¿Cómo era posible que el buscador me ofreciera esa posibilidad cuando, en realidad, ningún medio había escrito nada sobre el accidente?”.

¿Coincidencia?

Puede ser, pero Kleinman empezó a investigar si realmente era posible que nuestros dispositivos estuvieran recogiendo nuestra voz.

Para ello, llamó a un experto y le desafío a crear una aplicación que enlazara el micrófono de su smartphone con una laptop.

“Lo que me pareció más alarmante de todo es que fue capaz de desarrollar esa aplicación en un par de días”.

Imagen de recurso

Getty Images
Hay programas muy accesibles que permiten convertir en texto cualquier audio de nuestro teléfono.

Lo probaron y el sistema fue capaz de hacer que al ordenador llegara texto que reproducía la conversación escuchada por el teléfono.

Si ellos podían hacerlo, ¿qué no conseguirán las grandes tecnológicas?

“En realidad es un gran riesgo para ellas. Espiar es ilegal. No puedes recabar datos de la gente sin haberles pedido permiso explícitamente”, afirma.

Pero Kleinman quiso recalcar durante la entrevista que ella y el especialista pudieron demostrar que grabar del micrófono era fácil, pero no pudieron demostrar que eso estuviera pasando realmente.

“La conclusión a la que llegamos es que si es posible, es probable que haya gente intentando activar el control por voz. Nos hemos rodeado de estos dispositivos y nos están escuchando a la espera de palabras de control que los activen”, dice.

“Todas las compañías niegan absolutamente que usen los datos recabados por voz y niegan que compartan esos datos con terceros”, apunta la periodista de la BBC.

Software por US$5

Pero si hay alguien que demostró lo fácil que es hackear el micrófono de alguien fue el cineasta holandés Anthony van der Meer cuando dejó que su teléfono fuera robado a propósito para poder usarlo en secreto grabando al ladrón.

Instaló una aplicación muy sencilla que le permitía hacer todo lo que hace con su teléfono normalmente, pero de forma remota.

Tablet

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El coste de las aplicaciones que nos permiten usar nuestro celular en remoto suele ser bajo.

Esa aplicación iba a funcionar siempre, incluso aunque el ladrón reiniciara el smartphone.

“Podía ver los contactos, los mensajes, grabar audio, video, tomar fotos”, dice. En definitiva, tenía acceso a todo.

“Me di cuenta de todo lo que compartimos con nuestros teléfonos y de que es el dispositivo perfecto para espiar porque la gente lo lleva todo el tiempo consigo. Tiene micrófono, cámara e incluso GPS que te permite saber dónde está la gente. No nos damos cuenta del daño que puede hacer”, afirma van der Meer.

Por ejemplo, el cineasta supo de su ladrón tras mirar los registros del GPS que frecuentaba albergues para gente sin techo.

Además grababa 30 segundos de conversación dos veces al día. Si le parecía interesante, grababa más tiempo.

La aplicación que había descargado en el teléfono que fue robado le permitía incluso ver cuándo el celular estaba online y le mandaba un texto de las conversaciones grabadas a su mail.

Ojo y reflejo de www

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Si las empresas vigilan nuestros pasos en la red, ¿qué podemos hacer al respecto?

“Es una aplicación muy útil y fácil de manejar”, asegura.

Además es un software legal y no muy caro. “Creo recordar que me costó unos US$5 la suscripción de por vida”.

Otra de las cosas que destaca Van der Meer es el poder del micrófono.

“Incluso aunque lo llevara metido en el bolsillo, las conversaciones eran bastante claras y nítidas”.

“En realidad, asusta mucho saber que incluso para una persona como yo, con unas habilidades tecnológicas limitadas, es muy fácil”.

Y cuando es tan fácil hacerse con tus datos, la extorsión o el chantaje están a solo un paso.

“La aplicación puede hacer streaming, es decir, grabar en directo lo que esté haciendo la persona en ese momento, ya sea en vídeo o audio”, cuenta el cineasta.

El teléfono, al microondas

“Si estoy una conversación delicada, dejo el teléfono en el microondas. Y si quiero estar completamente segura de que no me escuchan, lo enciendo durante 30 segundos”, dice la experta en seguridad Lisa Forte, bromeando sobre destruir tu smartphone como una medida para proteger tu intimidad.

Amazon

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Al usar tiendas online como Amazon, proporcionas un registro de hábitos de compra.

Porque si algo tiene claro esta experta es que, en efecto, nuestros teléfonos nos escuchan.

Pero ¿qué pasa con la información que nuestros dispositivos recogen a través de los micrófonos?

El problema para ella empieza cuando descargamos aplicaciones.

Recuerda, sin decir nombres, una aplicación que en su letra pequeña decía “no almacenaremos ningún audio en nuestros servidores”.

“Para mí, es una cosa muy rara de decir, porque si no estuvieran acumulando ninguno de los datos que recogen sobre nosotros, dirían eso mismo: “ningún dato será recabado”. Creo que podrían estar transcribiendo el audio y eso es lo que almacenan: un texto sobre nuestro audio”, explica Forte.

Todo esta recogida de datos se usa, en este caso, con un objetivo comercial, pero si las compañías almacenan nuestros datos entonces los hackers pueden robarlos y usarlos contra nosotros.

¿Cómo protegerse?

Entonces ¿qué puede hacer la gente para protegerse?

“Nunca tengo una conversación importante cerca de mi teléfono, pero lo que es importante con los smartphones es tener actualizado el sistema operativo. Cada vez que salga uno nuevo, actualiza tu teléfono inmediatamente”, recomienda la experta.

Si existiera alguna sospecha o brecha sobre el sistema fabricado para el teléfono, el nuevo sistema arreglaría eso.

Y por último, hay que tener mucha cautela con las aplicaciones que descargamos y con los permisos que les damos.

¿Es realmente necesario que ese juego que tanto nos gusta tenga acceso a nuestra cámara? ¿Para qué?

“Otra cosa que hay que tener en cuenta es que hay aplicaciones que activan el micrófono y esto nos consume datos y batería”, recuerda Kleinman.


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https://www.youtube.com/watch?v=E5DFeVSv5FU

https://www.youtube.com/watch?v=gYz4XUuO_rk

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