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Archivo El Heraldo de México - Gutiérrez Vivó, de la Universidad Iberoamericana

1968: Con inusual brutalidad, granaderos y judiciales reprimen durante cuatro horas a estudiantes

Estudiantes universitarios y politécnicos que intentaban llegar al Zócalo fueron reprimidos por granaderos. Hay cientos de detenidos. La situación continúa tensa, los estudiantes que se refugiaron en las preparatorias permanecieron atrincherados en los planteles.
Archivo El Heraldo de México - Gutiérrez Vivó, de la Universidad Iberoamericana
Por Viétnika Batres
27 de julio, 2018
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Nota del editor: A partir de este 23 de julio, Animal Político presentará materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publicará en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.
 
Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.
 
Lo que es cierto es que el 68 es mucho más que la masacre del 2 de octubre.
Hubo un contexto que lo explica. Y eso es lo que les presentamos aquí.

Ciudad de México, 26 de julio de 1968.- Con una brutalidad fuera de lo habitual, cientos de granaderos y policías judiciales reprimieron intermitentemente durante cuatro horas a estudiantes politécnicos y universitarios que intentaban concluir sus respectivas marchas en el Zócalo.

Con el permiso de las autoridades del Departamento del Distrito Federal (DDF), las marchas habían comenzado en diferentes puntos de la ciudad, a distinta hora y con motivos diversos, pero concluyeron de igual manera: dispersadas violentamente a macanazos, golpes y atacadas con gases lacrimógenos por integrantes de las fuerzas policiacas uniformadas y civiles, que tendieron emboscadas a los estudiantes en distintos puntos del Centro de la ciudad.

Los hechos de violencia comenzaron cerca de las 8 de la noche, luego de que estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) coincidieron en avenida Juárez, a la altura de la Alameda Central, y decidieron marchar a la “zona prohibida” del país: el Zócalo, plaza en la que solo se permiten marchas oficiales.

De acuerdo con múltiples estudiantes que participaron en las marchas, grupos de la policía secreta y de la judicial, en aparente coordinación, cometieron actos de vandalismo contra comercios y joyerías de la zona, hechos que provocaron la represión policiaca.

La señal de arranque ocurrió cuando jóvenes que no eran integrantes de las marchas recogieron piedras (algunos testimonios dicen que las rocas se encontraban en los botes de basura distribuidos en la calle) y rompieron los aparados de comercios en avenida Juárez. A partir de ahí, la violencia se extendió en el tiempo y el espacio.

La agresión policiaca provocó violentos enfrentamientos con los manifestantes en una amplia zona del Centro, que abarcó desde el Hemiciclo a Juárez hasta los alrededores del Palacio Nacional.

La agencia de noticias AFP reportó un saldo de 500 heridos, entre ellos el subjefe de la Policía Preventiva, Raúl Mendiolea Cerecero, y el jefe del Servicio Secreto (SS), Raúl Estrada, quienes resultaron con heridas en la cara.

La manifestación de los politécnicos fue convocada para protestar por la persecución y golpiza de granaderos a estudiantes de las vocacionales 2 y 5 y de la preparatoria Isaac Ochoterena en la Plaza del Ciudadela ocurrida el pasado martes 23: la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) –de carácter oficialista–, llamó a marchar a las cuatro de la tarde de ayer 26 de julio de la Plaza de la Ciudadela al Casco de Santo Tomás.

Por su parte, la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) –junto con otras organizaciones políticas, como el Partido Comunista Mexicano– había llamado a participar, a las cinco de la tarde, en una manifestación para conmemorar el 15 aniversario del asalto al cuartel Moncada, que marca el inicio de la Revolución Cubana. El recorrido sería de Salto del Agua al Hemiciclo a Juárez.

A las 4 de la tarde, en punto, la marcha politécnica partió de la Ciudadela. Se calcula que alrededor de 8 mil personas convocadas por la FNET partieron con rumbo al Casco de Santo Tomás. Las mantas y pancartas que llevaban exigían la renuncia de los comandantes policiacos: “Fuera Cueto y Mendiolea”: el primero –Luis Cueto Ramírez–, jefe de la policía capitalina, y el segundo, Raúl Mendiolea Cerecero, al mando del cuerpo de granaderos.

A las 6:30 de la tarde, según un registro de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS), miles de estudiantes –de 3 mil a 5 mil–, gritando “Zócalo, Zócalo” y “¡Que vengan los granaderos, chingue a su madre la policía!”, emprendieron una ruta improvisada por las calles de Instituto Técnico Industrial.

Una hora después, llegaron hasta San Juan de Letrán –Eje Central– a bordo de camiones del servicio urbano, y más tarde se siguieron por 5 de Mayo, reportó la Dirección Federal de Seguridad (DFS).

A las 7:30 de la noche, los politécnicos se toparon con los manifestantes –principalmente universitarios– que realizaban el mitin en el Hemiciclo a Juárez, y continuaron avanzando por Madero con la intención de llegar al Zócalo .

Según informes de la Procuraduría General de la República (PGR), en el acto por la Revolución Cubana había porros ligados a la FNET que se infiltraron en el grupo de oradores e incitaron y convencieron a los presentes de marchar al Zócalo.

La DFS les atribuyó, en sus reportes, haber sido los instigadores de que la multitud se trasladara al Zócalo, aun cuando sabían que era tabú para cualquier tipo de protesta.

De acuerdo con testigos, en las calles de Palma y Madero ocurrió el primer choque con los granaderos, quienes habían permanecido “escondidos en las calles perpendiculares”. Ahí, los estudiantes fueron acorralados y repelidos por los elementos policiacos con macanas y gases lacrimógenos.

Muchos de los politécnicos se concentraron de nuevo en el Hemiciclo, donde aún estaba el grupo que conmemoraba la Revolución Cubana. Una parte de éstos se les sumaron para tratar de llegar al Zócalo, pero con un nuevo embate de los granaderos, los enfrentamientos se generalizaron en el primer cuadro de la ciudad.

Los granaderos atacaron también a estudiantes de la preparatoria 2, que secuestraron camiones, para usarlos de barricadas, y se recluyeron en su escuela.

Numerosos estudiantes, transeúntes y granaderos resultaron heridos. Hay cientos de detenidos. La situación continúa tensa, pues después del repliegue de granaderos los estudiantes que se refugiaron en las preparatorias permanecieron atrincherados en los planteles. La Policía Preventiva informó posteriormente que intervino a petición de la FNET. El operativo fue coordinado por Mendiolea Cerecero.

Cuatro largas horas

En las calles del Centro, el episodio de violencia más grave se vivió aproximadamente a las 8 de la noche en Madero, de San Juan de Letrán a Palma, y se extendió hasta Balderas. Los uniformados agredieron a alumnos de las preparatorias 2 y 3 en las calles Justo Sierra, El Carmen, Argentina, Guatemala, Primo Verdad y Moneda, a menos de 300 metros del Palacio Nacional.

Luis González de Alba, estudiante de Filosofía y Letras que acudió a la marcha y el mitin por la Revolución Cubana, aseguró que había piedras en los basureros del centro de la ciudad. Su versión coincide con la del escritor Carlos Monsiváis, quien acababa de salir de un concierto en Bellas Artes y presenció cómo “cinco o seis núcleos de atención, jóvenes de aspecto profesionalmente fiero (no les tengo la suficiente confianza como para llamarlos porros), y hombres con apariencia cuantiosa de agentes judiciales” lanzaban piedras contra los aparadores de avenida Juárez, insultaban a los paseantes y perseguían a los jóvenes.

Además, vio que en la avenida San Juan de Letrán habían instalado retenes policiacos.

Las huellas de la batalla campal entre estudiantes y granaderos: autobuses incendiados en las inmediaciones del Centro Histórico. Foto: Archivo El Heraldo de México – Gutiérrez Vivó, de la Universidad Iberoamericana.

Monsiváis contó que pudo cruzar los puestos de control hasta llegar a la calle de Madero y se encontró con otro escenario de pesadilla: “Comercios y joyerías asaltados, golpizas, agentes que se ríen como festejando una proeza, la de probar con sus instrumentos de trabajo la fragilidad de los cuerpos ajenos”. Ello, entre las aturdidoras sirenas de las ambulancias, los gritos de heridos y vapuleados, las amenazas policiacas.

En 5 de Mayo la situación era peor. Sobre esa calle, a la altura de Palma, los estudiantes cayeron en una emboscada de los granaderos. “Hubo un choque violento y la represión se generalizó en pocas horas a todo el primer cuadro de la ciudad, cuando los estudiantes se refugiaron en las preparatorias 1 y 2, para atrincherarse con apoyo de los preparatorianos”.

La violencia policiaca se extendió. A los alumnos de las preparatorias 2 y 3, que salían de un festival realizado en el barrio universitario, también se les sometió a la furia de las fuerzas policiacas.

Se les hizo retroceder a los edificios universitarios, y los estudiantes, para protegerse, improvisaron barricadas con camiones a los que prendieron fuego. Desde las azoteas lanzaron una lluvia de ladrillos y bombas molotov.

La policía atacaba y retrocedía. Solo para volver a la carga.

En total, los enfrentamientos duraron cerca de cuatro horas.

Las barricadas fueron rápidamente erigidas, indicó el cronista Carlos Monsiváis. Los camiones quemados y volteados, “esas piedras y esos cocteles Molotov”, mostraron una realidad “de angustia, desesperación, candor, ira, afán suicida, ingenuidad, desesperanza, mas de lo que no habla es de espíritu predatorio”, denunció.

Testigos percibieron una brutalidad policiaca “bárbara”

De acuerdo con testimonios recogidos entre los participantes en las marchas de este viernes, la brutalidad policiaca fue “mayor a la habitual”.

Según el escritor Carlos Monsiváis, “si eran mil personas, eran muchos” los manifestantes que recordaban el aniversario del asalto al cuartel Moncada en el Hemiciclo. Lo que sí era notoria, era la “legión de agentes judiciales” en el lugar.

Los politécnicos estaban en avenida Hidalgo y “los recordatorios del 26 de julio en avenida Juárez”, se mezclaron y fueron confluyendo hacia el Zócalo por 5 de Mayo y por Madero, describió. Hicieron un bloqueo ahí, otro en San Juan de Letrán, y empezó la represión, que fue “bárbara”.

Las huellas de la batalla campal entre estudiantes y granaderos: autobuses incendiados en las inmediaciones del Centro Histórico. Foto: Archivo El Heraldo de México – Gutiérrez Vivó, de la Universidad Iberoamericana.

“En ese momento recuerdo que había encendido la estufa y me voy a mi casa. Pero lo que sí es que me toca ver el principio en Juárez, y eran realmente represivos”. Eran “judiciales, policías y además quién sabe qué parapolicías o paramilitares”.

Se fueron los estudiantes al Zócalo y ahí salieron los de la preparatoria nocturna y se creó “algo que todavía no me explico: una decisión de que no nos van a reprimir. Y de pronto están las piedras que empiezan a tirarle a los granaderos”. Monsiváis no vio muertos ni heridos graves, “pero sí contusiones” y quema de camiones.

Otro de los presentes, Arturo Martínez Nateras, militante y dirigente de la Juventud Comunista de México, relató: “la marcha del Poli sale entre tres y cuatro de la tarde de la Ciudadela. Va al Casco. La marcha nuestra sale como a las seis de la tarde, de Comunicaciones, la explanada esa muy grande”.

Cuando avanzaban por la avenida Niño Perdido –el Eje Central– y Salto del Agua, “un grupo de compañeros de la UNAM, de Ciencias Políticas, plantean ir al Zócalo, pero la mayoría nos vamos hasta el Hemiciclo. Estamos en el mitin y aquello se hace un clamor: ¿Qué ocurre? Que se desprenden, se vienen, secuestran camiones, se vienen corriendo del Casco para el Centro, muy inconformes, muy enardecidos, muy agitados”.

Luego de que les avisan que están llegando los del Politécnico, corrieron a Hidalgo a tratar de convencerlos de que se organizaran en el Hemiciclo en un solo contingente y, así, tratar de avanzar. “Unos poquitos no entendieron, que fue a los primeros que zoquetearon los granaderos. Se vinieron y en ese momento tomamos el acuerdo de marchar hacia el Centro”.

También el alumno de la preparatoria 7 y de la Escuela Normal de Maestros Jesús Martín del Campo narró que le tocó ver que, efectivamente, “alguien que no era de nosotros rompía un cristal del hotel Bamer. Los que estábamos en la marcha, que además estábamos confundidos en un primer momento, nada que ver con eso de las piedras: esa era gente que no era de los que íbamos en esa marcha”.

Insistió en que los estudiantes no asaltaron una joyería del hotel Bamer. “Sabíamos algunos, o la noción teníamos ya, que podían meterse provocadores a las marchas. Ahí los vimos, allí estuvieron”.

El Zócalo prohibido

Gerardo Estrada, estudiante de Sociología de la UNAM, asistió a la celebración del aniversario de la Revolución Cubana en el Hemiciclo a Juárez “como era tradición”.

Él ya estaba enterado de lo que había ocurrido en la Ciudadela –los días 22 y 23 de este mes. “Cuando estábamos en el mitin en el Hemiciclo llegaron a decirnos que acababan de golpear a los estudiantes del Politécnico que se habían dirigido al Zócalo. Cosa que era una locura”.

Es decir, “estaba prohibido, realmente estaba vetado entrar al Zócalo. Se había vuelto prohibido después de las manifestaciones a favor de Cuba, particularmente de la última, que todavía se hizo bajo régimen de López Mateos, en donde golpearon a algunos escritores, entre ellos Fernando Benítez, al que le rompieron las costillas. Entonces se decretó automáticamente que el Zócalo era para manifestaciones oficiales, y no podía entrar nadie más, y todas las expresiones políticas disidentes estaban vetadas.

De todos modos se fueron caminando hacia el Zócalo. Madero estaba vacío. “De repente, cerca del hotel Majestic, había un montón de zapatos tirados: yo no sabía que a la gente se le caen los zapatos cuando corre. Llegamos al Zócalo y ahí estaba la refriega. Entonces tuve un acto verdaderamente irresponsable y suicida, un poco entusiasmado por ese tema de los zapatos y la violencia: tomé una piedra y se la quise aventar a un camión de granaderos. Afortunadamente Guillermo Boils –otro estudiante– vio que un granadero que yo no había visto me iba a golpear por detrás e impidió que me diera el golpe, que seguramente me hubiera limitado y enormemente”.

“Una soberana madriza”

Arturo Martínez Nateras ofreció más detalles del momento en que decidieron ir al Zócalo: “Nosotros íbamos al frente, por Madero, y unos poquitos se iban por 5 de Mayo. Al llegar a Palma, están los granaderos, pero nosotros intentamos pasar. (…) Yo trataba de organizar, de conducir, de tal, pero nos soltaron una soberana madriza, pero de a de veras. Mentiría si dijera que con armas: los toletes y los cascos.

“Corrimos, volvimos al inicio, y estábamos discutiendo si lo intentábamos nuevamente cuando apareció Mendiolea –el subjefe de la policía del DF que tuvo a su cargo el operativo este viernes 26 y el martes 23 en la Ciudadela– ahí, en Juárez. Entonces yo hablé. Estaba en el micrófono y plantee: hay que disolvernos”.

Los manifestantes empezaron a disolver la concentración “y entonces atacó el contingente de la policía. Fue cuando se armó el despelote en las joyerías. Por donde fuera salían piedras y ¡pau! caían los vidrios. En fin, hubo provocación. Yo creo que el gobierno se tiró a descabezarnos sin consideración de ningún tipo”, consideró Martínez Nateras.

Paco Ignacio Taibo II, de Ciencias Políticas de la UNAM, también fue a la marcha del 26 de julio. “Iba con Santiago Ramírez –otro estudiante– y de repente nos vimos involucrados sin deberla ni temerla en la otra manifestación, la del Politécnico, que nos tomó por sorpresa: y estos cuates ¿de dónde vienen y qué traen? Fue castigada por los granaderos de una manera brutal, porque cerraron Palma e Isabel la Católica y a todo lo que quedó en medio, a darle en la madre”.

Para Taibo, que asegura haber visto ya a los granaderos “en acción en San Cosme, en las manifestaciones de Vietnam o en la embajada norteamericana”, lo de este viernes en las calles del Centro, “fue uno más de sus actos de barbarie. Los granaderos llegaban, golpeaban y se retiraban. Las primeras filas quedaban sangrando en el suelo, la gente perdiendo zapatos, y los granaderos volvían a avanzar, golpeaban y se replegaban. A esta manifestación le estuvieron dando con todo”.

Porros, granaderos y quema de camiones

Humberto Musacchio, de la Juventud Comunista, estuvo cerca de las preparatorias del Centro, sobre todo de la 3, “en donde quienes estaban muy activos en la resistencia contra los policías, contra los granaderos, eran un grupo de porros perfectamente identificados”.

En su opinión, “se trataba de demostrar que los estudiantes éramos gente mal portada, que agredíamos incluso a los policías, a los ganaderos”.

Salvador Martínez della Rocca, de la Facultad de Ciencias, vio cómo se metieron los granaderos a la preparatoria 3. “Había un acto de entrega de diplomas porque los chicos habían terminado el bachillerato”, con abuelitas, papás y mamás. Entraron los granaderos, relata, y comenzaron a golpear a todos. “Los estudiantes, obviamente se organizan y responden. Empiezan agarrar camiones los jóvenes de las prepas, a incendiarlos, a hacer barricadas, y los granaderos no pueden con ellos”.

Por la noche, agregó Martínez Nateras, “nuestros compañeros, jóvenes comunistas, se fajaron en el barrio estudiantil”. Ellos, junto con los preparatorianos de 16, 17, 18 años, defendieron los planteles universitarios del Centro.

Redada de miembros del PCM

En otra parte de la ciudad, a las nueve y media de la noche, agentes de la Dirección General Federal de Seguridad y del Servicio Secreto ocuparon las oficinas del Comité Central del Partido Comunista Mexicano (PCM) y los talleres donde se imprimía su periódico La Voz de México.

Varios militantes y algunos extranjeros fueron aprehendidos en el lugar de los hechos y en el café Viena, frente al cine Las Américas, ubicado en la colonia Roma Sur.

Entre los detenidos en el local del partido figuran Agustín Montiel, Prócoro Gómez, Clemente Rivera Martínez, así como los reporteros Raúl Patricio Pobrete Sepúlveda y José Oviedo.

En el café la policía detuvo a Arturo Zama Escalante, Rubén Valdespino, Félix Goded Andrew y Pedro Castillo Salgado; también, el peruano Salvador Ríos Pérez, la estadunidense Mika Salter Seeger y el puertorriqueño William Rosado Laporte.

La conjura comunista

El procurador general de la República, Julio Sánchez Vargas, declaró que la movilización estudiantil fuertemente reprimida en la calles del Centro la noche de este viernes, tenía intenciones ulteriores, ajenas a los propios estudiantes o al país.

Sin presentar evidencias, la atribuyó a “una conjura internacional comunista”, cuyos líderes son los mismos del Partido Comunista Mexicano y de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED).

Las manifestaciones de este viernes 26, afirmó, fueron realizadas a fin de “provocar desórdenes para que la policía se viera obligada a intervenir”.

 

 

Referencias: 

Castillo García, Gustavo, “El 26 de julio, primera trampa a estudiantes”, La Jornada, 26 de julio de 2008. Consultado en http://www.jornada.com.mx/2008/07/26/index.php?section=politica&article=010n1pol

Castillo García, op. cit.

Gómez Nashiki, Antonio, “1968. Cronología del movimiento estudiantil mexicano”, Nexos, 1 de enero de 1988. Consultado aquí.

Castillo García, op. cit.

Ídem.

Ídem.

Diego Ortega, Roberto, “1968: El ambiente y los hechos. Una cronología”, Nexos, 1 de septiembre de 1978. Consultado aquí.

Diego Ortega, op. cit.

Castillo García, op. cit.

Monsiváis, op. cit., pp. 29-30.

Ídem.

Guevara Niebla, Gilberto, “Nace el movimiento”, Nexos, enero de 1988. Consultado aquí, el 14 de mayo de 2018.

Todos, contenidos en Memorial del 68, pp. 58, 62 y 63.

Gómez Nashiki, op. cit.

Rodríguez Munguía, Jacinto , 1968. Todos los culpables, Debate, México, 2008, p. 31.

Rodríguez Munguía, op. cit.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
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11 de septiembre, 2019
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

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Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

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Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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