close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro Archivo

¿Qué encuestadoras acertaron más y cuáles no? El segundo lugar de Meade fue el mayor error

La encuesta de Suasor ubicó al candidato del PRI, José Antonio Meade, en segundo sitio de la elección presidencial, y lo consideró con 12 puntos más de los que realmente obtuvo en el conteo rápido del INE.
Cuartoscuro Archivo
Por Arturo Angel @arturoangel20
3 de julio, 2018
Comparte

La casa encuestadora Parametría fue la más certera en la medición de preferencias previo a la elección presidencial. Su encuesta final acertó exactamente al porcentaje que obtuvieron los dos primeros lugares, de acuerdo con el conteo rápido del INE, y también fue la más cercana en cuanto al porcentaje obtenido por el tercer y cuarto sitio.

Consulta Mitofsky y el periódico Reforma también se destacaron como las más acertadas.

Por el contrario, estudios de opinión de encuestadores como Pop Group, Numerus y Defoe, además de los tracking diarios de TResearch e Innova fueron distantes de los resultados y por varios meses dieron a José Antonio Meade el segundo lugar de las preferencias electorales.

Una encuesta realizada por la empresa Pop Group publicada el 19 de junio colocaba a Andrés Manuel López Obrador a la cabeza de las preferencias electorales con 32% de la intención del voto, con una leve ventaja sobre José Antonio Meade, quien tenía el 28%, una diferencia de 4%.

Según esta encuestadora, a dos semanas de la elección, Meade acortaba distancia con el abanderado puntero, Andrés Manuel López Obrador, con 39% de la intención de voto, mientras que Meade subió otros dos puntos para tener el 31% de las preferencias.

Encuestadoras como Puente Informativo, que no tenía registro ante el INE y de la que no hay rastro, como empresa colocó a Meade solo cinco puntos debajo de Andrés Manuel López Obrador.

Animal Político comparó los resultados finales que reportaron seis casas encuestadoras (contempladas por Oraculus) entre el 25 y 27 de junio – fecha límite previo a los comicios –, con el intervalo de votos que obtuvo cada uno de los candidatos presidenciales el 1 de julio en el conteo rápido oficial del INE.

Todas las encuestas acertaron al primer sitio del abanderado de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y al último lugar que fue el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco.  Pero también sobrevaloraron la proporción de votos que obtuvo José Antonio Meade, y hubo incluso dos, la de El Financiero y la de Suasor, que lo colocaron erróneamente en segundo sitio.

De acuerdo con el conteo rápido del INE, López Obrador obtuvo un intervalo de votos de 53 a 53.8 por ciento de los votos. El segundo lugar fue para el abanderado panista Ricardo Anaya, del Frente por México, con un intervalo de 22.1 a 22.8 por ciento de los votos. José Antonio Meade, del PRI-PVEM, registró de 15.7 a 16.3 por ciento de votos, y El Bronco de 5.3 a 5.5 por ciento.

Parametría, fundada por Francisco Abundis, fue la más cercana a dichos resultados. Colocó en su encuesta final a López Obrador con 53 por ciento de preferencia efectiva y a Anaya con 22 (en números redondeados por Oraculus). A Meade le asignó 18 puntos porcentuales, dos más de los revelados en el conteo rápido, y al Bronco siete, punto y medio más de lo reportado por el INE.

La encuesta final de El Financiero también acertó en el rango de porcentaje del primer sitio al prever que López Obrador tendría 54 por ciento de los votos. A Anaya le asignó 21 por ciento, solo uno debajo de lo reportado por INE. No obstante, calculó que Meade tendría 22 por ciento, seis puntos más que lo registrado en el conteo rápido oficial. Y al Bronco le asignó 3 puntos porcentuales de votación, dos debajo de lo que logró.

Respecto a los votos que obtuvo López Obrador, la encuesta con la medición más acertada detrás de las dos mencionadas anteriormente fue la publicada por el periódico Reforma, que contempló 51 por ciento de votos para el candidato de Morena, aunque sobrestimó a Anaya al asignarle 27 por ciento de los votos, cinco más que el conteo oficial. A Meade le asignó 19, tres más que el conteo oficial y para El Bronco contempló tres por ciento.

Consulta Mitofsky, de Roy Campos, preveía para el candidato de Morena 48 por ciento de sufragios, cinco debajo de los que obtuvo, y sobreestimó a Anaya al señalar que lograría 26 por ciento de la votación. A José Antonio Meade le asignó 23 por ciento y al Bronco cuatro por ciento.

Las dos encuestas restantes fueron las que asignaron de forma errónea el porcentaje de votos más amplio para José Antonio Meade.

El error más grande fue el de la casa encuestadora Suasor, quien publicó los resultados el 27 de junio. La medición de preferencia efectiva de dicha encuesta colocó al candidato del PRI en segundo sitio con 28 por ciento de los votos, doce puntos más de los que realmente obtuvo según el conteo rápido del INE. Dicha encuesta relegó a Anaya al tercer sitio en su medición.

Además la encuesta de Suasor señalaba que Obrador tendría 42 por ciento, diez por debajo de los que obtuvo.

El otro caso fue el de la casa encuestadora GEA/ISA. Según dicha empresa Meade tendría 26 por ciento de preferencia efectiva, diez puntos más de lo que logró en realidad. Además contemplaba para el candidato de Morena 44 puntos porcentuales, ocho por debajo de los que logró.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente

Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
Comparte

¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

cuadro

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

foto

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

¡Muchas gracias!


Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.