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Familiares de los 43 normalistas desaparecidos piden a López Obrador fijar una ruta de trabajo
"Es una vergüenza que hayan pasado 46 meses sin saber la verdad y encima el gobierno siga peleando contra una resolución que ordena una indagatoria independiente". Pidieron a la SCJN hacer su trabajo con imparcialidad frente al caso Iguala.
Por Redacción Animal Político
25 de julio, 2018
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Familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa pidieron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) hacer su trabajo con imparcialidad frente al caso Iguala, e hicieron un llamado al equipo de Andrés Manuel López Obrador para reunirse con sus abogados y fijar una ruta de trabajo.

“Tenemos temor de que se pliegue al Presidente como ya lo hizo el tribunal que consideró imposible crear una comisión especial de investigación”, dijeron.

En conferencia de prensa llamaron a los ministros a no doblegarse ante los intereses del actual gobierno y, por el contrario, defender la independencia y autonomía de jueces, magistrados y ministros de México.

Será la Corte quien resuelva en definitiva si se crea o no la Comisión de la Verdad, ante ello señalaron: “los ministros deberán escoger entre dos caminos: ser cómplice de los intereses del gobierno de Enrique Peña o reivindicar su independencia y autonomía con la ratificación de la sentencia de tres magistrados que ordenaron crear la comisión”.

Los familiares de los estudiantes desaparecidos pidieron a la nueva administración que tomará posesión el 1 de diciembre que cumplan lo que prometieron y los ayuden a encontrar la verdad.

Recordaron que en una reunión, en Iguala, López Obrador se comprometió a ayudarlos y le pidieron que lo más pronto posible Olga Sánchez Cordero y Alejandro Encinas, quienes se encargarán del caso, se reúnan con sus abogados para comenzar a trabajar juntos.

Asimismo, pidieron a López Obrador sostener una reunión para fijar una ruta de trabajo, y destacaron las coincidencias entre los mensajes de la administración que está por llegar y la sentencia del tribunal colegiado. También recordaron que el GIEI dejó un camino marcado, por lo que no se tiene que comenzar de cero.

Reconocieron que el ganador de la elección presidencial se ha pronunciado a favor de la creación de la Comisión de la Verdad con apoyo de organismos internacionales, lo cual es una esperanza para los padres de los normalistas.

“Han sido relevantes las declaraciones de Alejandro Encinas la semana pasada, son la expresión de voluntad política, pero eso se tiene que traducir en actos y hechos de gobierno y a partir de ahí se construirá la confianza en ellos”, sostuvo Mario Patrón, director del Centro Pro DH.

Acusaron que las autoridades deberían ser las primeras en querer saber que paso, pero más bien son ellos los que obstaculizan la investigación, los que no quieren que se conozca la verdad.

“Es una vergüenza que hayan pasado 46 meses sin saber la verdad y encima el gobierno siga peleando contra una resolución que ordena una indagatoria independiente”, señaló Patrón.

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El "ataúd nuclear" que gotea material radioactivo en el océano Pacífico
El estado de una estructura de concreto que encapsula material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos entre 1946 y 1958 preocupa tanto a los habitantes de las Islas Marshall como al Secretario General de Naciones Unidas.
18 de mayo, 2019
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La campanada de alerta la volvió a hacer sonar el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mientras hablaba con un grupo de estudiantes en Fiyi.

“Acabo de estar con la presidenta de las Islas Marshall (Hilda Heine), y está muy preocupada por el riesgo de que se filtre el material radioactivo contenido por una especie de ataúd que hay en el área”, dijo.

Guterres estaba describiendo así al llamado “domo de Runit” o “domo Cactus”, una estructura de concreto construida en la isla del mismo nombre para encapsular el material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos en el área entre 1946 y 1958.

Las 67 explosiones nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak -al que pertenece Runit- incluyeron la detonación en 1954 de “Bravo”, una bomba de hidrógeno 1.000 veces más poderosa que la que cayó en Hiroshima y el arma más poderosa jamás detonada por EE.UU.

Y a finales de la década de 1970, más de 4.000 soldados estadounidenses pasaron tres años recogiendo los restos radiactivos depositados en seis de las islas del atolón de Enewetak para colocarlos en el cráter dejado en Runit por la llamada prueba “Cactus” -la explosión de una bomba de superficie de 18 kilotones-, el que fue recubierto por el domo de concreto.

Explosión nuclear en el atolón de Bikini.

Getty Images
En total EE.UU. realizó 67 pruebas nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak.

En total, se estima que la estructura que los locales llaman “la Tumba”, recubre al menos 73.000 metros cúbicos de material radioactivo, incluyendo plutonio-239, una de las sustancias más tóxicas del planeta.

Y la cúpula de concreto de medio metro de grosor que sobresale entre los arbustos y palmeras que renacieron en Runit no es el único recuerdo de las brutales detonaciones.

4 de las 40 islas de Enewetak fueron completamente vaporizadas por las pruebas, con cráteres de kilómetros de diámetro remplazando a algunas de ellas.

Y según la radiotelevisora pública australiana ABC, en la actualidad únicamente tres de las islas del atolón son consideradas lo suficientemente seguras para ser habitadas.

Secuelas

“Como todos sabemos, el Pacífico ya fue victimizado antes”, fue como Guterres se refirió a lo ocurrido en el territorio de las Islas Marshall, territorio que solo se independizó completamente de EE.UU. en diciembre de 1990.

“Y las consecuencias (de las pruebas nucleares) han sido bastante dramáticas, en relación con la salud, en relación con el envenenamiento de las aguas en algunas áreas”, reconoció en declaraciones recogidas por la agencia AFP.

Atolón de Enewetak

Getty Images
Muchos de los pobladores de Enewetak tuvieron que abandonar sus hogares y en la actualidad solo 4 islas son consideradas seguras para la presencia humana.

De hecho, según ABC, el mismo departamento de Energía de EE.UU. ha prohibido las exportaciones de pescado y pulpa de coco desde Enewetak, por causa de la contaminación.

Y eso también ha forzado cambios en la dieta de los habitantes del atolón, que ahora dependen casi exclusivamente de comida enlatada y procesada “que han generado problemas de salud como la diabetes”.

Parte del problema es que el domo de Runit -que fue concebido como una solución temporal– ya presenta grietas en la superficie, y charcos con líquidos salobres a menudo se forman en el anillo.

Pero EE.UU. también renunció a la idea de sellar el fondo del domo con concreto antes de almacenar el material radioactivo, por considerarlo demasiado costoso, lo que significa que la estructura nunca ha sido realmente capaz de evitar filtraciones.

Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall

AFP
Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall, le externó su preocupación al Secretario General de Naciones Unidas.

De hecho, aunque un reporte elaborado en 2013 por el departamento de Energía de EE.UU. encontró que “existe la posibilidad de que las aguas subterráneas contaminadas provenientes del Domo Runit fluyan hacia el entorno marino subterráneo cercano“.

También concluyó que eso no necesariamente se traduciría en un aumento significativo de los niveles de contaminación del área.

Pero esto es porque el área circundante ya está bastante contaminado, como producto de las filtraciones, y por el sencillo hecho de que la operación de limpieza en Enewetak después de las pruebas nucleares recogió menos del 1% del material radioactivo generado.

“El inventario radiológico enterrado debajo del Domo Runit palidece en comparación al inventario actual de radionúclidos en los atolones de la laguna”, se lee en el reporte.

Y aunque el Secretario General de Naciones Unidas no entró a valorar lo que se debe hacer con respecto al domo, Guterres reconoció en Fiyi que la historia nuclear del Pacífico todavía necesita ser debidamente abordada.

“Hay mucho por hacer mucho en relación con las explosiones que tuvieron lugar en la Polinesia Francesa y las Islas Marshall (…) con las consecuencias para la salud, el impacto en las comunidades y otros aspectos”, dijo, sin descartar compensaciones monetarias y otros “mecanismos para permitir que estos impactos se minimicen”.


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