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Cuartoscuro Archivo

Fiscalía de Chihuahua, la de mejor desempeño del país; Puebla la peor y CDMX entre las más lentas: Impunidad Cero

En promedio, las fiscalías apenas esclarecen 1 de cada 100 delitos, y cumplimentan menos de la mitad de las órdenes de aprehensión que giran los jueces, indica un estudio de la organización "Impunidad Cero".
Cuartoscuro Archivo
16 de julio, 2018
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Chihuahua tiene la Fiscalía General de Justicia con el mejor desempeño del país: sus agencias del Ministerio Público son las que atienden más rápido las denuncias de un ciudadano, y  su porcentaje de resolución de casos –respecto a los demás estados – es alto. Además sus fiscales tiene en promedio una de las menores cargas de trabajo y, a su vez, uno de los mayores presupuestos.

Todo lo contrario de las procuradurías de Puebla y Guerrero, que tienen el peor desempeño, y la de Ciudad de México, que es una de las más lentas para atender denuncias, y la que genera menos confianza entre los ciudadanos.

Así lo revela un estudio elaborado por la organización “Impunidad Cero”, el cual identifica y compara el desempeño de las procuradurías/fiscalías de las 32 entidades del país, mediante el análisis de ocho indicadores cuantitativos y cualitativos compuestos por 23 variables.

En la escala de 1 a 100, la de Chihuahua es la mejor evaluada con un indicador de 74.37 puntos. Le sigue Colima con 65.65; Yucatán con 64.37; Guanajuato con 63.99 y Nuevo León con 61.13. El top ten lo completan Querétaro, Hidalgo, Campeche, Coahuila y Zacatecas.

Las peores evaluadas son la procuraduría de Puebla, con un índice de apenas 29.84 puntos, seguida de Guerrero con 29.97. Después está la procuraduría de Michoacán con solo 37.47 puntos, la de Estado de México con 38.86, y la de Veracruz con 38.90.

La procuraduría de Justicia de Ciudad de México, la más grande del país en cuanto a agentes ministeriales, se encuentra hasta el puesto 17, afectada en gran parte, según el estudio, por sus largos tiempos de espera para atender una denuncia y su bajo esclarecimiento de casos.

En comparación con la edición anterior de este estudio, el mayor desplome es el de la procuraduría de Baja California, que pasó del puesto 5 al 21, propiciado por su bajo cumplimiento de órdenes de aprehensión. En cambio Colima, Campeche, Querétaro y Coahuila son las que más avanzaron.

A nivel nacional el estudio arroja que solo el 1.14 por ciento de los delitos que se registran se esclarecen de alguna forma por parte de las procuradurías, ya sea consignando la investigación a un juez, a través de una solución alternativa determinando que no hay delito. Además, en promedio se lograron cumplimentar poco menos de la mitad de las órdenes de aprehensión por parte de los policías ministeriales.

El estudio destaca que si bien los resultados en términos de eficacia son “desoladores”, se identifican también buenas prácticas en algunos estados, que los han llevado a mejorar su desempeño, sobre todo en el contexto de la puesta en marcha del nuevo sistema penal que, aunque marginalmente, ha disminuido el rezago de casos.

A continuación Animal Político te muestra los resultados de algunos de los indicadores más relevantes en este estudio.

La probabilidad de que se esclarezca un caso

El estudio parte de una realidad: la mayoría de los delitos no se resuelve. Esto se debe a que, de entrada, de acuerdo con cifras de la Encuesta de Victimización de INEGI 2017, el 94 por ciento de los casos ni siquiera se denuncian. Lo anterior significa que las fiscalías solo inician una investigación en 6 de cada 100 delitos que se cometen.

Y peor aún: de los casos que sí se abren, solo en el 18 por ciento se toma una determinación.

De esta forma, el promedio de denuncia y esclarecimiento de un caso a nivel nacional es de apenas 1.14 por ciento, pero hay variaciones importantes entre estados. Tras analizar los indicadores, el estudio ubica a Guanajuato como el estado donde hay mayor probabilidad de que un delito se esclarezca con 4.35 por ciento.

Le siguen Nayarit con 3.7 por ciento; Colima con 3.6 por ciento y Campeche con 3.1 por ciento, Dentro de los diez primeros con mayor esclarecimiento de casos están además Nuevo León, Coahuila, Zacatecas, Querétaro, Chihuahua e Hidalgo.

Por el contrario el estado donde menos se denuncian y esclarecen delitos es Guerrero con apenas el 0.24 por ciento. Esto equivale a un caso resuelto entre cada 400. El segundo peor es Tamaulipas con 0.29 por ciento; Jalisco con 0.37 por ciento; Yucatán con 0.50 por ciento y Oaxaca con 0.52 por ciento.

Tiempo de atención de una denuncia y confianza en MP

Un tiempo largo de atención de una denuncia en el Ministerio Público afecta gravemente la posibilidad de que haya justicia. El estudio destaca que tiempos prolongados desincentivan que la gente denuncie, lo que de inmediato deja el caso impune.

El promedio nacional de atención de denuncia en 2016 fue de 135 minutos. En cambio a la fiscalía de Chihuahua, la de mejor desempeño en cuanto a tiempo de denuncia, solo le toma 85 minutos procesar la denuncia de un ciudadano. Le siguen con los tiempos más bajos Colima con 89 minutos, Baja California con 95 minutos, y Yucatán con 98 minutos.

En cambio las agencias del MP más lentas para atender una denuncia son las de Guerrero, donde a un ciudadano le toma 212 minutos culminar el proceso de su denuncia, es decir, tres horas y media. Le sigue Michoacán con 206 largos minutos en promedio por denuncia, y Puebla con 201 minutos.

Y la cuarta procuraduría más lenta para procesar denuncias es la de Ciudad de México. En la capital un ciudadano tiene que pasar 196 minutos en el MP, más de tres horas, para culminar con su denuncia.

Este indicador, junto con otros, parece guardar relación con la confianza que los ciudadanos expresan en cada estado hacia sus agencias del Ministerio Público. Según INEGI, apenas el 2.2 por ciento de las personas en Ciudad de México dice tener “mucha confianza” en la Procuraduría. Es el porcentaje más bajo del país.

En cambio la procuraduría mejor posicionada en confianza es la de Yucatán donde 17.8 por ciento de los ciudadanos responde que le tiene “mucha confianza” seguida de la de Guanajuato con 17.1 por ciento.

Las más ricas, y las más pobres

El estudio de Impunidad Cero analizó, como parte de su comparación, distintas variables que evidencian los recursos humanos con los que cuentan las procuradurías. Por ejemplo, el número de agentes del Ministerio Público y de sus auxiliares: los policías ministeriales.

En cuanto a agentes del MP (también llamados fiscales) el estado que tiene la mayor riqueza respecto a su población es Chihuahua, con 24.8 agentes por cada 100 mil habitantes, seguido de Baja California Sur con 16.5, y Quintana Roo con 14.8. En cambio, las procuradurías más pobres en este aspecto son Sonora con apenas 2.3 fiscales por cada 100 mil habitantes, Puebla con 2.5, y el Estado de México con 3.5

En cuanto a policías ministeriales, Ciudad de México tiene la mayor proporción con 34.2 elementos por cien mil habitantes; seguido de Chihuahua con 33.6; y Baja California con 33.4. En cambio, Veracruz cuenta con apenas 10.3 policías por cien mil habitantes (el porcentaje más bajo) seguido de Puebla con solo 11.3 y Tlaxcala con 12.2.

De ahí que no resulta extraño, añade el análisis, que en cuanto a carga de trabajo Sonora tenga el mayor rezago con 544 casos por cada agente del MP, seguido del Estado de México con 367.8 casos, y Puebla con 327.3.  En cambio en Campeche, Nayarit y Chiapas están los fiscales con menos carga de trabajo, con un promedio de 26 a 39 investigaciones.

Y si nos referimos a presupuesto, el estudio indica que la mayor proporción de recursos la tiene Ciudad de México con 696 pesos anuales en promedio per cápita, seguida de Nuevo León con 671 pesos per cápita y Chihuahua con 592 pesos. En el otro extremo encontramos a Tlaxcala con la fiscalía con menos recursos: 93 pesos per cápita, seguido de Puebla con solo 127 pesos, Veracruz con 135 pesos y Oaxaca con 151 pesos.

Cumplimiento de las órdenes de aprehensión

El análisis revela que la media nacional en cumplimiento de órdenes de aprehensión por parte de los policías ministeriales de las procuradurías fue, en 2017, del 49.7 por ciento. Esto significa que por lo menos 1 de cada 2 órdenes de arresto en el país no se cumplimentan. Pero de nuevo, las diferencias son significativas entre estados.

El mayor foco rojo es Nayarit, donde solo se ejecutan con éxito el 12.7 por ciento de las órdenes de arresto, prácticamente 1 de cada 10.  En Sonora se cumplimentan solo el 25.3 por ciento, y en Guerrero apenas el 28.7 por ciento, en promedio 1 de cada 4 órdenes que otorgan los jueces locales.

Por debajo del 40 por ciento de órdenes cumplimentadas se ubican además Tabasco y Morelos.

En el extremo positivo se encuentra Coahuila, que reporta un 76.5 por ciento de órdenes que sí se ejecutan (3 de cada 4), seguido de Yucatán con un 71.4 por ciento de órdenes de aprehensión resueltas, el Estado de México con 69.5 por ciento, Colima con 68.5 por ciento, y Querétaro con 67.5 por ciento.

En este indicador Ciudad de México se encuentra hasta el puesto 16 nacional, con solo el 54.3 por ciento de órdenes de arresto logradas.

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7 emociones que sentíamos los seres humanos y que ya no existen

Cuando pensamos en las emociones, tendemos a pensar que son fijas y compartidas por todo el mundo. Sin embargo, no solo varían de país en país sino que también cambian con los tiempos. Aquí te explicamos algunas que eran muy comunes en el pasado.
21 de abril, 2019
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Ilustración antigua

Getty Images
En el pasado, las emociones se asociaban con más frecuencia a determinados momentos o lugares.

Solemos pensar que las emociones son fijas y universales.

Sin embargo, estas varían de país en país (piensa por ejemplo en la palabra schadenfreude, que solo existe en alemán y que describe el disfrute ilícito de la mala fortuna ajena) y nuevas emociones aparecen todo el tiempo.

El cambio de los emoticones, que tanto usamos hoy día para expresar nuestros sentimientos, también refleja lo dinámicas que pueden ser las emociones.

BBC Radio 3 conversó con Sarah Chaney, experta del Centro para la Historia de la Emociones, en Reino Unido, sobre las emociones del pasado que pueden ayudarnos a entender cómo nos sentimos hoy.

Estas son algunas de ellas.

1. Acedía

La acedía era una emoción muy específica experimentada por hombres muy específicos en la Edad Media: monjes que vivían en monasterios.

Esta emoción surgía, por lo general, a raíz de una crisis espiritual.

Monjes

Getty Images
Se trataba de una emoción ligada directamente a los monjes de los monasterios.

Aquellos que la experimentaban sentían desazón, desgano, apatía y, sobre todo, un poderoso deseo de abandonar la vida santa.

“Es posible que hoy día esto sea catalogado como depresión”, explica Chaney. “Pero la acedía estaba específicamente asociada con una crisis espiritual y con la vida en un monasterio”.

Seguramente esto era una fuente de preocupación para los abades, que se desesperaban por la indolencia que acompañaba a la acedía.

De hecho, con el paso del tiempo, el término “acedía” se fue volviendo intercambiable con el de pereza”, uno de los siete pecados capitales.

2. Frenesí

“Esta es otra emoción medieval”, dice Chaney.

Hombre capturado

Getty Images
El frenesí iba acompañado de una agitación física: hubiera sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

“Es como la ira, pero es más específica que la ira que entendemos hoy. Alguien que experimentaba frenesí se habría sentido muy agitado. Habría tenido ataques violentos de furia, y habría hecho pataletas y mucho ruido”.

Habría sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

Esta emoción pone de relieve nuestra tendencia actual a pensar en las emociones como algo esencialmente interno, algo que podemos esconder si lo intentamos.

Esto sencillamente no podía aplicarse a la gente que experimentaba frenesí en el Medioevo.

Muchas emociones históricas están tan ligadas a un tiempo y a un lugar que es imposible sentirlas ahora.

3. Melancolía

Melancolía es una palabra que usamos para describir una especie de tristeza calma o un estado contemplativo.

“Pero en el pasado, la melancolía era diferente”, señala Chaney. “A comienzos del período moderno, se pensaba que la melancolía era una aflicción física que se caracterizaba por el temor“.

Melancolia

Getty Images
Antes, se pensaba que la melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

Hasta el siglo XVI, se creía que la salud se veía afectada por el equilibrio de cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.

La melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

“Uno de los síntomas de la melancolía en ese entonces era el miedo. En algunos casos, la gente tenía terror de moverse porque pensaba que estaba hecha de cristal y se rompería”, cuenta Chaney.

El rey Carlos VI de Francia sufría de melancolía y por ello había hecho coser varas de hierro en su ropa para evitar hacerse añicos de forma accidental.

4. Nostalgia

Esta es otra emoción que quizás creas que ya conoces. “Usamos la palabra ‘nostalgia’ de manera muy frecuente en las conversaciones hoy día, pero cuando empezó a usarse, se refería a algo que se pensaba que era una enfermedad física“, afirma Chaney.

Marineros

Getty Images
La melancolía estaba asociada a los marineros que extrañaban su hogar en tierra firme.

“Era una enfermedad del siglo XVIII de los marineros: algo que les pasaba cuando estaban muy lejos de su casa, y estaba vinculada al anhelo de regresar”.

Un caso severo de nostalgia podía incluso llevar a la muerte.

No se compara realmente con nuestra definición actual de nostalgia, que describe la añoranza por los buenos tiempos.

5. Neurosis de guerra

Muchos habrán escuchado hablar de la neurosis de guerra, una condición que afectaba a los soldados en las trincheras durante la I Guerra Mundial.

Sodado

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Los soldados que sufrían neurosis de guerra a veces perdían la facultad de ver o escuchar pese a que no tenían un problema físico que se lo impidiera.

Al igual que la melancolía, la nostalgia y muchas otras experiencias emocionales a lo largo de la historia, la neurosis de guerra fue considerada a veces una emoción y otras una enfermedad, por la forma en la que se hablaba de ella y por cómo se trataba.

“La gente que sufría neurosis de guerra tenía extraños espasmos y con frecuencia perdía la capacidad de ver y escuchar, pese a que no tenían ningún problema físico que se lo impidiera”, explica Chaney.

“Al principio de la guerra, se pensaba que estos síntomas se debían a que las explosiones les habían sacudido el cerebro. Pero más tarde, pensaron que todos los síntomas eran provocados por las experiencias que había vivido el paciente y su estado emocional”.

6. Hipocondría

La hipocondría era otra condición médica que para el siglo XIX había adquirido asociaciones puramente emocionales.

Mujer desmayada

Getty Images
Algunas emociones eran tratadas como si fuesen enfermedades.

“Era básicamente la versión masculina de lo que los médicos victorianos llamaban histeria“, dice Chaney.

“Se creía que causaba cansancio, dolor y problemas digestivos. En los siglos XVII y XVIII, se pensaba que la hipocondría estaba ligada al bazo, pero más tarde se la asoció a los nervios”.

Los victorianos creían que los síntomas eran causados por la hipocondría, o por la preocupación obsesiva por el cuerpo (a pesar de que se notaban los síntomas físicos, era la mente y las emociones las que se creía que estaban enfermas).

7. Demencia moral

El término “demencia moral” fue acuñado por el doctor James Cowles Prichard en 1835.

“Efectivamente, significa ‘locura moral'”, explica Chaney, “porque por mucho tiempo la palabra ‘moral’ significaba ‘psicológica’, ‘emocional’ y también ‘moral’ en el sentido en el que usamos la palabra ahora”.

Demencia moral

Getty Images
El término que servía para describir muchas emociones extremas

Los pacientes que Prichard consideraba “dementes moralmente” eran aquellos que actuaban de forma errática o poco usual sin mostrar síntomas de un desorden mental”.

“Él sentía que había un gran número de pacientes que podían funcionar como cualquier otra persona, pero que no podía controlar sus emociones, o cometían crímenes de forma inesperada”.

La cleptomanía, por ejemplo, en mujeres educadas de alta sociedad, podía ser visto como un signo de demencia moral porque eran mujeres que no tenían motivos para robar.

Era un término que servía para describir muchas emociones extremas y se aplicaba con frecuencia a niños difíciles.


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