Cómo un títere violeta fue clave para que Google comprara YouTube
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Cómo un títere violeta fue clave para que Google comprara YouTube

En 2006, el gigante de internet Google compró YouTube por 1,600 millones de dólares. ¿Pero cuál fue la historia detrás de esta operación?
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Por BBC Mundo
10 de julio, 2018
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Es considerada una de las más importantes adquisiciones en el mundo tecnológico, aunque hayan pasado casi 12 años.

En 2006, el gigante de internet Google compró al sitio web para compartir videos YouTube por US$1.600 millones.

YouTube había comenzado a operar en 2005 pero rápidamente creció en popularidad y, como consecuencia de ello, aumentó su valor.

Casi al mismo tiempo el buscador había lanzado también su servicio Google Videos.

Entonces ¿por qué Google iba a comprar una compañía de videos si ellos ya habían creado una?

Y ¿qué los hizo convencerse de que YouTube sería un éxito?

El títere violeta

La estadounidense Susan Wojcicki, actual presidenta de YouTube, fue quien alquiló su garaje en Mento Park, California, a los fundadores de Google -Larry Page y Sergey- Brin cuando empezaron con la empresa en 1998.

Garaje de la que fue la casa de Susan Wojcicki en Mento Park, California.

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Susan Wojcicki conoció a los fundadores de Google porque les alquiló su garaje en California.

Al principio la relación entre ellos era solo esa: inquilinos y dueña.

Pero poco a poco Woicicki se fue involucrando en Google.

En 2006, en el momento de la adquisición de YouTube, era la encargada de marketing de Google y su participación fue clave para convencer a los fundadores y a los accionistas de la compañía de comprar el sitio de videos.

Y todo por un títere violeta.

Cando lanzaron Google Videos en 2005, la primera pieza que publicaron fue la de un Mappet, un títerede color violeta que aparecía cantando un tema musical sin sentido, según cuenta la misma Woicicki en el libro “Mide lo que importa” (Measure what matters, en inglés), del escritor estadounidense John Doerr.

En ese momento, tamto Woicicki como Brin no estaban muy seguros de si eso iba a funcionar hasta que los hijos de ella que estaban presentes gritaron “¡Ponlo de nuevo!”. Y eso prendió la bombilla.

Vimos una oportunidad de futuro, una nueva forma de crear videos para una distribución global”, asegura la CEO de YouTube en el libro.

A lo que Woicicki se refería era al formato de una plataforma en la que los usuarios pueden generar contenido y consumir los videos que otras personas hacen.

Problemas

Susan Wojcicki, CEO de YouTube.

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Google compró YouTube en 2006 por US$1.600 millones.

Pero Google Videos tenía una dificultad: subir los videos al sitio era muy lento. Y allí YouTube tomó la delantera.

“Cuando solucionamos el problema, habíamos perdimos una cantidad significativa de mercado. YouTube nos superaba 3 a 1 en videos vistos, pero financieramente tenían problemas. Abrumados por la demanda, necesitaban capital urgente. Estaba claro de que tenían que vender“, añadió Woicicki.

La mujer vio ahí la oportunidad en el negocio de combinar las dos plataformas.

“Trabajé en varias planillas de cálculos para justificar la compra de US$1.600 millones y demostrar que Google podía recuperar ese dinero”, contó la presidenta de YouTube.

Y el directorio de Google aceptó adquirir YouTube aunque tras muchas preguntas y dudas sobre el crecimiento de usuarios.

Casi 12 años después, YouTube alcanzó los 1.000 millones de horas de reproducción por día y en 2018 Morgan Stanley valoró a la plataforma en US$160.000 millones, casi 100 veces la inversión inicial de Google, según destaca Business Insider.


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Cuartoscuro Archivo

De 2018 a 2020 casi se duplicó el número de hogares con gastos catastróficos en salud, pasaron de 2.1% del total a 3.9%

Los gastos de bolsillo en salud y catastróficos muestran que la capacidad de respuesta del sistema de salud para proporcionar cobertura efectiva y servicios de alta calidad no es suficiente, dice informe del Coneval.
Cuartoscuro Archivo
13 de octubre, 2022
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El número de hogares que tienen que incurrir en gastos catastróficos ante una enfermedad grave de alguno de sus integrantes ha venido incrementándose en México en los últimos años. En 2016, el 2 % de los hogares (671 mil 250) incurrieron en estos gastos, porcentaje que aumentó a 2.1% en 2018 (731 mil 947) y a 3.9% (un millón 377 mil 055) en 2020, cuando casi se duplicó.

Esto de acuerdo con datos del Primer Informe de Evaluación Estratégica de Salud del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en el que se explica que si bien en México no se cuenta con una definición de gasto catastrófico, se dice que una persona incurre en este cuando sus gastos de bolsillo en salud representan más de 30% de su capacidad de pago o ingreso disponible, es decir, del ingreso neto del gasto de subsistencia.

En el informe se identifican diferencias importantes entre individuos según el subsistema al que se encuentren afiliados. La incidencia de gasto catastrófico es mayor para las personas que reportaron estar afiliados al Insabi (4.14%) o no estar afiliados a ningún servicio de salud (4.35%) frente a los que son derechohabientes de alguna institución (2.81%).

Lee: Gasto per cápita en salud para población sin seguridad social caerá 2.1%, mientras que para la población asegurada crecerá

Janet Oropeza, investigadora del Programa de Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción de Fundar, explica que esto se debe en parte a la desaparición del Seguro Popular y su cambio por el Insabi, “lo que causó incertidumbre en la población, que no sabía donde acudir. Un porcentaje importante de personas reportó ya no estar afiliado a ningún servicio de salud”.

Claramente, dice Laura Flamand, directora de la Red de Estudios sobre Desigualdades del Colegio de México, algo está fallando porque la gente sabía que tenía Seguro Popular, pero no sabe que tiene Insabi. Y no solo eso, la gente no está yendo a los servicios de salud y cuando va no recibe la atención adecuada.

Oropeza señala que hay una caída en el monto que el Insabi ha pagado para el financiamiento de enfermedades de gastos catastróficos, “cada vez se pagan menos tratamientos e intervenciones de pacientes”.

Por ejemplo, en el periodo 2016-2018, el fideicomiso del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos financió 277 mil 887 casos, mientras que en 2019-2021 este número fue de 114 mil 302, es decir, una disminución de casi 59% de los casos totales pagados.

Gastos, aunque no sean catastróficos

La pandemia de COVID-19, la interrupción de los servicios de salud para la atención de los otros padecimientos y los servicios públicos deficientes también agudizaron los gastos de bolsillo, que aunque no lleguen a ser catastróficos causan un impacto en la economía de las familias y vulneran el derecho a recibir atención por parte del Estado mexicano.

A nivel nacional, dice Judith Senyasen Méndez, directora adjunta de Investigación y especialista en salud y finanzas públicas del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), el gasto de bolsillo por persona se incrementó en 40%, al pasar de 2 mil 358 pesos en 2018 a 3 mil 299 en 2020.

La Ensanut 2020 sobre COVID-19 muestra que buena parte de la población, el 56%, se atendió en servicios privados: 38.6% en consultorios, clínicas u hospitales privados y 19 % en consultorios adyacentes a farmacias (CAF).

Los CAF tuvieron un posicionamiento importante para brindar servicios de primer contacto en la población mexicana, incluso para aquellas personas con acceso a los servicios públicos: para 2020 dieron servicio a 13% de los derechohabientes del IMSS, 10% del ISSSTE y 7% de los otros servicios de salud, dice el informe del Coneval.

“En la práctica, el servicio de salud en México ya se privatizó, en contra de la promesa del presidente, López Obrador, de un sistema universal de salud pagado con impuestos y con acceso amplio”, dice Flamand.

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Por qué las personas prefieren ahora ir a un servicio privado

En un estudio de la académica e investigadora del Colegio de México sobre las estrategias individuales de acceso a la salud de las personas que trabajan en espacios públicos en Ciudad de México se ejemplifica por qué estas personas prefieren atenderse en CAF, aun cuando tienen acceso al Insabi o a la seguridad social.

Particularmente, las personas que trabajan en los espacios públicos de la ciudad, y que perciben un ingreso diario, recurren a los CAF y a otros servicios de bajo costo cuando tienen necesidades de salud, pues señalan que los servicios públicos a los cuales tienen acceso requieren de meses para obtener cita, así como largas horas de espera una vez que se concreta la consulta”.

De esta manera, las personas prefieren incurrir en gastos de bolsillo y pagar las cuotas de los CAF, con el fin de minimizar los tiempos de ausencia en sus labores cotidianas y los ingresos perdidos que esto representa.

Que las personas acudan a los CAF, señala Flamand, tiene un riesgo alto. “Estos consultorios no están insertados en el sistema de salud, así que no tienen sistema de referencia a segundo o tercer nivel, y si llega, por ejemplo, una persona con un problema oncológico, puede que el médico o la médica le recomiende ir al Instituto de Cancerología, pero puede ser que no, porque nadie los supervisa, y las personas están llegando a Cancerología después de acudir a cuatro o cinco consultas privadas, lo que representa una pérdida de tiempo para su tratamiento adecuado”.

Ingreso precario, gasto alto

Todo esto impacta más en los que menos tienen. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), la proporción del ingreso destinado a salud aumenta si las condiciones de pobreza son más agudas, es decir, las personas en mayor vulnerabilidad destinan una proporción mayor de sus ingresos.

Para el caso de los hogares no vulnerables por ingresos se estima que su gasto en salud para 2016 ascendía al 5.9% de su ingreso disponible, mientras que para los hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza extrema, este porcentaje fue del 7.5%.

En 2020, este indicador aumenta a 7.9% en los hogares no vulnerables y al 8.9% para aquellos con ingresos por debajo de la línea de pobreza extrema. Esta tendencia muestra las desigualdades persistentes dentro del sistema de salud, que no logra evitar el gasto de bolsillo y la probabilidad de incurrir en un gasto catastrófico, subraya el informe del Coneval.

“Si miras qué población es la que está más afectada, entre otros, pero particularmente, son los hogares indígenas, de bajos ingresos, encabezados por mujeres, con bajo nivel educativo, y que tienen a su cuidado a adultos mayores. Así que sí, las personas más afectadas son siempre las más vulnerables”, subraya Flamand.

Hace falta más inversión

Los gastos de bolsillo en salud y catastróficos muestran, en cierta medida, puntualiza el informe del Coneval, que la capacidad de respuesta del sistema de salud para proporcionar cobertura efectiva y servicios de alta calidad no es suficiente.

“El gobierno del presidente López Obrador no está respondiendo en términos de presupuesto para mejorar el sistema de salud, este no ha subido, se ha mantenido en 2.8, 2.9 del PIB, cuando lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que sea 6%, de manera que es importante un aumento de presupuesto y materializar lo que el presidente propuso: un sistema de salud universal, eficiente y que no haga distinción entre si las personas son derechohabientes de algún subsistema o no”, señala Flamand.

Por su parte, Judith Senyasen Méndez, subraya que cuando un país presenta un gasto de bolsillo elevado, quiere decir que el Estado no está invirtiendo todo lo que se necesita en el sistema de salud público, “de manera que si queremos reducir este gasto de bolsillo de los hogares se tiene que incrementar la inversión en este sector. Colombia tenía un gasto de bolsillo muy elevado y se logró disminuir con una mayor inversión”.

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