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Especial

Así reconocieron su derrota José Antonio Meade y Ricardo Anaya (discursos completos)

Luego de la publicación de los primeros resultados de las encuestas de salida, los candidatos presidenciales José Antonio Meade y Ricardo Anaya ofrecieron mensajes en los que reconocieron el triunfo electoral de López Obrador.
Especial
2 de julio, 2018
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Los candidatos del PRI y el Frente, José Antonio Meade y Ricardo Anaya, aceptaron su derrota en la contienda electoral por la presidencia de México, luego de que las encuestas de salida dieran como ganador por más de veinte puntos al abanderado de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador.

A continuación, reproducimos de manera íntegra los discursos que ofrecieron, y en los que expresaron que están dispuestos a trabajar con el nuevo gobierno, por el bien de México.

Discurso del candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade:

Muy buenas noches. Hoy toca a la ciudadanía tomar las decisiones y ya lo han hecho, gracias a todos los mexicanos que participaron en esta jornada electoral.

Éste ha sido, sin duda, el mayor reto de mi vida, uno en el que puse todo mi empeño, convicciones, valores, capacidades y corazón.

Siempre he defendido la ley y las instituciones. Creo en la democracia y en ese marco, con responsabilidad reconozco que las tendencias del voto no nos favorecen, habremos de esperar los resultados finales del Instituto Nacional Electoral.

Estaremos siguiendo muy de cerca las elecciones para diputados, senadores, presidentes municipales, diputados locales y gobernadores. Pero, por la información que ha venido haciéndose pública, la coalición Todos por México no es la triunfadora en este proceso de sufragio ciudadano para la Presidencia de la República.

En este momento habré de reconocer que, de acuerdo a las tendencias, fue Andrés Manuel López Obrador quien obtuvo la mayoría. Él tendrá la responsabilidad de conducir el Poder Ejecutivo y, por el bien de México, le deseo el mayor de los éxitos.

México es uno, todos compartimos la misma historia, el mismo orgullo por nuestras raíces y por lo que hemos avanzado. Hacia adelante, sin duda, tendremos grandes retos, pero también grandes oportunidades y habremos de capitalizarlas trabajando en unidad por el México que todos merecemos.

Se va a entregar un país con una economía fuerte y sana que lleva 34 trimestres de crecimiento positivo, que ha movilizado y ha traído inversión como nunca antes, que se ha modernizado para dar pie a la más alta generación de empleos en la historia, con finanzas públicas sanas, y que le ha apostado a la educación y le ha ganado terreno a la pobreza extrema.

Agradezco al presidente Enrique Peña Nieto la oportunidad de haber sido parte de esta transformación.

Tenemos que trabajar por un México sin impunidad, con justicia y seguridad en cada rincón del país, por un México con salud para todos, en donde ninguna niña o niño nazca en pobreza extrema, en el que nuestros hijos cuenten con la mejor educación y los maestros con mejores condiciones para darles los mayores instrumentos para ser exitosos, un México que brinde oportunidades a nuestros jóvenes y abra espacios a nuestras mujeres, que preserve la dignidad y el liderazgo que ocupamos en el ámbito internacional.

Agradezco la confianza de millones de mexicanos que votaron por nosotros, que votaron por un México donde impere el Estado de Derecho y donde todos cuenten con las herramientas necesarias para cumplir sus metas y sueños.

Agradezco a las mujeres y hombres que me acompañaron y me apoyaron en esta contienda electoral, al equipo de campaña. A mi amigo, Aurelio Nuño, gracias por tu incansable trabajo y por dirigir a un gran equipo.

Agradezco mucho a René Juárez, agradezco mucho al Partido Revolucionario Institucional la oportunidad de participar en la contienda como ciudadano, le agradezco en particular a Rene Juárez que tomó las riendas del partido en un momento muy complicado.

Me tocó hablar por un partido que ha respaldado la educación pública de calidad, la autonomía y la excelencia de la educación superior, crear instituciones de seguridad social y programas sociales, así como una serie de transformaciones que nos permiten ser un país respetado, una economía abierta, competitiva y una democracia plural.

Agradezco a Nueva Alianza y a Luis Castro por aportar su visión liberal y la defensa de una educación de excelencia para nuestros hijos, por encabezar las demandas y reivindicaciones de una nueva agenda ciudadana en la que todos los mexicanos ejerzan plenamente sus derechos.

Agradezco al Partido Verde y a Carlos Puente el compromiso que le imprimieron a esta coalición con nuestro ambiente entero, para asegurar que nuestro desarrollo sea sostenible, equitativo y justo.

Y por supuesto, le agradezco a Juana.

Le agradezco mucho a Juana, a mis hijos, Dionisio, José Ángel, Magdalena, a mi papá Dionisio, a mi mamá, por toda su solidaridad, su compañía, su apoyo su aprecio.

Y le agradezco a todos aquellos que en este esfuerzo estuvieron pendientes, cercanos, en oración, en entrega, con fe y con esperanza.

Mañana debemos seguir en la construcción de un país para todos, porque aunque tengamos visiones diferentes, todos buscamos un mejor país. México es y debe ser un país unido.

Le deseo mucho éxito al nuevo gobierno, por el bien de nuestro país que merece que se gobierne con responsabilidad.

Yo tomaré unos días para reflexionar y valorar mi futuro, pero tengan la certeza de que seguiré trabajando por un México mejor.

Siguen vigentes las causas que motivaron mi participación en la contienda, gracias a todos por esta oportunidad de vida.

Me voy como llegué a este proceso, con la frente en alto y el corazón lleno.

Saludé y me encontré con miles de mexicanos que batallan a diario con impulsar este país, su mirada de confianza y esperanza me alimentó día a día.

Hemos llegado juntos a un espacio relevante después de un largo andar, pero el camino sigue y ahí, estoy seguro, nos volveremos a encontrar.

Muy buenas noches.

***

Posteriormente, Ricardo Anaya, abanderado de Por México al Frente, ofreció un mensaje a medios de comunicación en el que dijo lo siguiente:

Muy buenas noches, a todas y a todos. Les agradezco mucho su presencia.

Ninguna democracia funciona sin demócratas, por eso, porque creo en la democracia, porque soy un demócrata, digo hoy, ante las y los mexicanos que la información de los resultados con la que cuento, me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador.

Como ya lo hice vía telefónica hace unos minutos que hablé con él, reconozco su triunfo, le expreso mi felicitación y le deseo el mayor de los éxitos por el bien de México.

Con la misma transparencia, debo reiterar que el gobierno federal uso facciosamente a la PGR y a otras instituciones para golpear mi campaña y lastimar mi candidatura.

Si queremos que nuestro país sea verdaderamente democrático, esto no debe volver a suceder.

Y, también es cierto, que lo ocurrido no mancha la victoria de López Obrador. La ciudadanía quería un cambio y optó mayoritariamente por la opción que él representa.

Quienes construimos y respaldamos tanto mi candidatura como la de muchos otros mexicanos y mexicanas que hoy fuimos votados, lo hicimos en torno a un proyecto de nación claro, queremos y luchamos por un México libre, por un México justo y por un México soberano. 

Un México sin la corrupción, la desigualdad, la pobreza y la violencia que nos desagarra, y por ese México vamos a seguir luchando. 

Defenderemos todos y cada uno de nuestros triunfos, gobernaremos ahí donde la gente nos dio su mandato, y ejerceremos la función de contrapeso en el legislativo, sin la cual no hay democracia que valga.

Desde aquí le digo al próximo Presidente de la República: en las causas que nos son comunes, contará con nuestro apoyo, en la agenda con la que disentimos encontrará en nosotros una oposición tan firme y frontal como institucional y democrática. 

Quiero agradecer desde lo más profundo de mi corazón, a las y los millones de mexicanos que me dieron su voto, haber merecido su confianza es su mayor honor que he recibido en toda mi vida.

Quiero agradecer también a mi familia, a los líderes, a los militantes del PAN, del PRD y de Movimiento Ciudadano que me honraron con su postulación, a quienes hicieron posible el Frente dentro y fuera de los partidos, y a quienes generosa y arduamente colaboraron en mi campaña. 

En la motivación que nos une, en el anhelo que impulsó nuestro esfuerzo, nadie puede, ni debe rendirse, sigamos adelante, con la frente en alto, como decía Maquío, sólo está derrotado aquel que ha dejado de luchar. Y nosotros, por amor a México seguiremos en pie de lucha.

Muchas gracias y buenas noches.

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#YoSoyAnimal

"Pasé 8 meses trabajando para un cártel del narcotráfico México"

Cuando le surgió una oportunidad de trabajo bien remunerada, aunque potencialmente peligrosa, este joven decidió arriesgarse. ¿Qué hizo cuándo se vio obligado a reconocer que estaba trabajando para un cártel de narcotraficantes?
15 de agosto, 2019
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Eduardo*, 28 años

Si soy sincero conmigo mismo, supe para quién estaba realmente trabajando desde la primera vez que vi a mis jefes entrar a la oficina cargando enormes paquetes de dinero en efectivo.

Puntuales como un reloj, todos los días, a las 3:00 pm 10 hombres aparecían con lo que debían haber sido millones y una empleada los llevaba al banco. Nadie nunca hizo preguntas.

En ese momento me convencí de que lo que temía era verdad: estaba trabajando para un cártel de narcotraficantes.

Siempre supe de los cárteles, grupos del crimen organizado involucrados con el narcotráfico, incluso cuando era niño.

Mientras crecía, en México, la amenaza que representaban estas bandas criminales similares a la mafia siempre estuvo en el trasfondo de la vida cotidiana.

La mayoría de las veces, era posible bloquear los interminables informes de noticias o los rumores de asesinatos sangrientos.

Pero cuando finalmente se metieron en mi vida, me preocupaba no poder escapar.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

Crecí en el tipo de lugar donde todos se conocen y las noticias viajan rápido.

Y empecé a comprender mejor lo peligrosos que eran los cárteles cuando tenía unos 15 años.

Era 2006, y un nuevo presidente, Felipe Calderón, acababa de asumir el cargo. Llegó al poder con la promesa de restaurar “el estado de derecho” en México, librando una guerra sangrienta contra el narcotráfico. Recuerdo que estaba tan decidido a luchar contra los cárteles que envió al ejército tras ellos.

Fue presidente hasta 2012, pero la batalla continuó después de que dejó el cargo. Y desde 2006, más de 200,000 personas murieron o desaparecieron en México como resultado de la guerra contra las drogas.

Los cárteles comenzaron a dividirse en grupos más pequeños, extendiéndose desde las áreas que originalmente controlaban.

Históricamente, gran parte del norte de México estaba controlada por el cártel de Sinaloa, liderado por El Chapo Guzmán, mientras que Los Zetas, un cártel formado por desertores del ejército, controlaban gran parte del este.

Pero las áreas controladas cambiaron y se fragmentaron a medida que surgieron nuevos cárteles y otros de dividieron. Se peleaban con AK-47 en el medio de la ciudad, nunca había visto algo así. Había personas que eran asesinadas y sus cuerpos arrojados a la calle.

Recuerdo que cuando era adolescente una vez iba caminando por la ciudad y escuché disparos a lo lejos. Me dieron escalofríos. No vi el momento del asesinato, pero más tarde vi el cuerpo tirado en la calle. Fue la primera vez que vi algo así. Fue horrible y quedé profundamente conmocionado.

Pero, lamentablemente, pronto se volvió normal.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

Es impactante para mí ahora recordar cómo esta brutal violencia se convirtió en parte de nuestras vidas.

Algunas personas que conocía tenían miedo de iniciar negocios porque los miembros del cártel venían y trataban de extorsionarte. Si veían que usted tenía un negocio, como una tienda, venían y exigían una parte de las ganancias a cambio de “protección”; en otras palabras, “deme su dinero o lo mato“.

También los veía por ahí cuando salía de fiesta con mis amigos, cuando era adolescente. Por lo general, era un tipo grande con un montón de cadenas doradas, rodeado de mujeres hermosas, y yo me preguntaba qué lo hacía tan atractivo.

Una vez, el compañero de uno de ellos me amenazó. Me acusó de agarrar un trago de la mesa del jefe y me dijo que no quería volver a verme. Estaba aterrorizado: salí corriendo del club con el corazón a mil.

Atraído por el dinero

Cuando era niño, quería ser arqueólogo, porque me encanta la historia antigua, creo que inspirado por las películas de Indiana Jones.

Pero cuando se trataba de elegir una carrera, me decidí por algo que pensé que me haría ganar más dinero: el marketing. Un amigo mío me consiguió un trabajo en una revista local y, en poco tiempo, me labré una reputación.

Luego, un contacto que trabajaba para una agencia exitosa, cuyos clientes incluían restaurantes y bares propiedad de los cárteles de la droga, me preguntó si quería un trabajo independiente para ayudarlos con sus materiales promocionales.

Los cárteles tienen que actuar como negocios normales para poder ocultar el dinero que ganan con actividades ilegales. Y cuando descubrí lo que pagaban (el equivalente a más de 1,000 por el trabajo de un fin de semana), no pude decir que no.

Eso es casi 25,000 pesos mexicanos y el salario mínimo en México es de 102 pesos por día.

"Cuando descubrí lo que pagaban (el equivalente a más de US$1.000 por el trabajo de un fin de semana), no pude decir que no. ", Source: "Eduardo", Source description: , Image:

El dinero me atrajo. Tenía 21 años y comencé a presumir un montón, a vivir como una estrella de rock, a divertirme y a invitar a tragos a todos mis amigos.

Sin embargo, no me fui de la casa de mis padres. No quería presumir demasiado, en caso de que la gente comenzara a hacer preguntas. Tenía mis sospechas en ese momento de que estas personas estaban involucradas con los cárteles, pero no sentía que fuera parte de eso. Todo lo que estaba haciendo era ayudarlos a promocionar sus bares y restaurantes.

Mis padres se preocuparon por mi estilo de vida y el tipo de personas para las que trabajaba. Me dijeron que tuviera cuidado pero, al principio, todo estuvo bien. No conocí a nadie del cártel, solo hacía mi trabajo y recibía mi dinero. Pero después de algunas semanas, uno de los jefes entró a la oficina.

Inmediatamente tuve la sensación de que algo no estaba bien y que no podía confiar en él. Estaba vestido de pies a cabeza con ropa de diseñador y había llegado en un auto grande.

A estos muchachos les encanta presumir y algunas personas piensan que son íconos de la moda. Cuando varios miembros del cártel fueron arrestados con una determinada camisa de polo de diseñador en 2010, todos querían esa camisa. Incluso hay un hashtag #narcofashion en Instagram.

Y el jefe me preguntó si quería más trabajo y más dinero. Dijo que iba a comenzar a hacer shows con cantantes de corridos, que es un tipo popular de música popular mexicana, y quería que yo ayudara con la promoción.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

A veces, los capos de la droga hacen que estos cantantes escriban canciones sobre ellos, para hacerlos famosos.

Y en algunas partes de México, es ilegal cantar narcocorridos o canciones sobre narcotraficantes, porque embellecen la violencia del mundo del cártel. Hay una canción que dice: “Con cuerno de chivo y bazuca en la nuca, volando cabezas al que se atraviesa…”.

También es peligroso: algunos cantantes han sido asesinados por cárteles rivales por cantar sobre el narcotraficante equivocado.

Para ese entonces, sin embargo, no sabía cuán involucrados con los cárteles podían estar esos conciertos de música. Se llevaban a cabo en granjas locales con unos 30,000 asistentes. Comencé a ir a los conciertos y había muchachos con armas enormes.

No me sentí seguro. Esa fue la primera vez que realmente tuve miedo de morir, porque simplemente no sabías si iba a aparecer un cártel rival e iba a estallar una pelea, o si la policía iba a irrumpir con armas de fuego.

Nada de eso pasó, pero sabía por las noticias de enfrentamientos entre cárteles, lo cual siempre era una posibilidad. Al mismo tiempo, sin embargo, también me sentí bastante protegido debido a toda la seguridad.

Y, de alguna manera, pasar el rato con estos tipos era divertido, si intentaba olvidar quiénes eran. Una vez que comencé a hacer los conciertos, me llevaron a mí y a mis colegas a lugares elegantes para cenar y tomar algo. Pero siempre fui consciente de que uno de ellos podía dispararme si quería.

Dilema moral

La cuestión moral de trabajar para estas personas también pesaba mucho en mi mente. Cuanto más me involucraba con estos tipos, más seguro estaba de que eran parte de un cártel.

Y aunque no estaba haciendo ninguna de las cosas realmente malas, como transportar drogas o matar gente, y tampoco fui testigo de que hicieran ese tipo de cosas, sabía que eso estaba sucediendo en alguna parte. No era miembro de ninguna pandilla criminal, pero aún así estaba involucrado, me pagaban con su dinero. Se sentía mal.

Para ese entonces iba más a la oficina y fue entonces cuando vi a los muchachos entrar con los paquetes de dinero en efectivo. El jefe también me llevó a algunas mansiones que estaba construyendo en las montañas. Eran enormes.

Vi a su jefe, el gran jefe, varias veces. Se mantenía alejado de las cosas, y principalmente se ocupaba del lado comercial de las cosas desde su casa. Tenía un jaguar como mascota y una bella esposa.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

Le pregunté a mi jefe directamente: “¿Eres parte de un cártel?”

Su respuesta fue ambigua.

“¿Quieres saber más, o quieres fingir que no sabes nada?”, me preguntó. Miré a mi alrededor, incómodo, pensando en la situación en la que me encontraba. Dije: “Vamos a fingir”.

Seguía yendo a los espectáculos en las granjas, pero me estaba sintiendo cada vez más incómodo. Ya no quería hacerlo, pero me preocupaba que dejarlo fuera peligroso.

Comencé a distanciarme de mis colegas de la agencia de marketing. Ya no me sentía protegido por estar cerca de estos tipos: era consciente de que, si alguna vez los llamaba para que me ayudaran, les debía un favor para siempre. Además, no soy el tipo de persona que se mete en problemas, y todo se estaba poniendo demasiado complicado para mí. Y un día, recibí una llamada del jefe.

“¿Todavía quieres trabajar con nosotros?”, preguntó.

Respiré hondo y decidí decir la verdad. “Para ser honesto, no”, le dije.

“Está bien, buena suerte“, respondió.

Le dije que iría a la oficina y recogería mi computadora y la cámara con la que solía tomar fotos promocionales. Hubo una pausa. “Está bien”, dijo de nuevo. “Buena suerte.”

Empecé a entrar en pánico. “¿Qué quieres decir? Son mis cosas”, le pregunté.

“Bueno, están en mi oficina”, respondió.

Sentí que me estaba amenazando y que algo malo podría pasarme si iba a buscar mi equipo. Decidí que era demasiado peligroso ir a buscar mis cosas, así que nunca las recuperé. Eran costosas, pero el riesgo no valía la pena.

Seguí haciendo el mismo tipo de trabajo, pero en conciertos y eventos que no estaban vinculados a los cárteles. En total, trabajé para ellos durante unos ocho meses.

Cuando hay un ataque terrorista, uno lo escucha en todo el mundo, y los mexicanos se emocionan realmente enviando apoyo en las redes sociales a París o Londres, o donde sea que haya ocurrido el último ataque horrible. Pero eso me hace pensar que no miramos a nuestro propio país.

Si hay un asesinato aquí, es como, ‘Oh, otra cabeza en la calle’. Amo a México, pero creo que es triste que estemos tan acostumbrados.

Quizás contar mi historia ayudará a las personas a darse cuenta de cómo es la vida allí y de cómo algo tan terrible puede parecer casi normal. Me alegro de ya no ser parte de ese mundo.

* Los nombres han sido cambiados.

Testimonio recogido por Thea de Gallier para BBC Three.


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https://www.youtube.com/watch?v=g3pWZBp0-HQ

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