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Cuartoscuro
Prospera y Seguro Popular, programas sociales clave que no se sabe si realmente funcionan, dice la Auditoría
La falta de indicadores hace imposible medir el cumplimiento de sus objetivos de fondo. Tampoco benefician a todos los que deberían.
Cuartoscuro
4 de julio, 2018
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Prospera y el Seguro Popular, programas clave del gobierno federal para abatir la pobreza, disminuir el rezago educativo y llevar seguridad social a toda la población, carecen de indicadores que prueben realmente el impacto positivo de su funcionamiento. Además, presentan un déficit en cobertura lo que deja a sus posibles beneficiarias sin recibir apoyo.

Así lo advierten las evaluaciones de desempeño practicadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) con motivo de la fiscalización de la Cuenta Pública 2017, a estos dos programas financiados con recursos públicos, pero cuya contribución en el mejoramiento de las condiciones de bienestar de la población es, en el mejor de los casos, “dudosa”.

En el caso de Prospera, las auditorías practicadas detectaron problemas de raíz en sus tres componentes: alimentario, educativo y de salud.

En cuanto al componente alimentario la auditoría destaca que en 2017, se destinaron 37 mil 832 millones de pesos en subsidios para la alimentación de seis millones y medio de familias en condiciones vulnerables, con lo que creció la cantidad de familias beneficiadas.

Sin embargo, dado que el programa no está diseñado para ser un simple apoyo asistencialista sino proporcionar una alimentación de calidad que a su vez contribuya al desarrollo de la familia, se requieren parámetros que permitan revisar si esos objetivos se están alcanzando, lo que no existe hasta el día de hoy.

“La carencia de información sobre la mejora de la cantidad, calidad y diversidad de la alimentación de las familias que recibieron los apoyos, no posibilita evaluar en qué medida las intervenciones del programa contribuyeron a mejorar su alimentación”, señala esta auditoría.

El análisis también  alertó que únicamente el 0.8 % de las familias beneficiadas con los subsidios de alimentación recibieron capacitación para desarrollar actividades productivas, un elemento que clave para que los beneficiarios no dependan solo del apoyo del gobierno en el corto plazo.

En el componente de educación de Prospera, la ASF registró que se dieron becas a más de 4 millones 680 mil estudiantes de educación básica, así como a un millón 153 mil alumnos de nivel medio superior; más del 90 % tuvieron una asistencia regular a clases.

Sin embargo, los auditores señalaron que no hay indicadores que permitan evaluar que cada vez menos alumnos deserten y terminen satisfactoriamente sus estudios, ni tampoco que permitan saber en qué medida este programa realmente contribuyó en la inscripción de más alumnos en los planteles.

“Tampoco se dispuso de mecanismos y de información para dar seguimiento, controlar y evaluar la contribución del programa en la ampliación de capacidades en educación”, indica el informe de resultados de la Auditoría.

Respecto al componente de salud, los auditores encontraron que el 94 % de las seis millones y medio de familias dadas de alta en Prospera recibieron cobertura, además de que se mantiene el control nutricional del 99 % de los menores pertenecientes a las familias beneficiadas.

Además, se impartieron más de un millón 600 mil talleres para el autocuidado de la salud a la población vulnerable.

Pero al igual que en los casos anteriores, hallaron que más allá del apoyo subsidiario no hay indicadores que permitan evaluar si se están incrementando las capacidades de los servicios de salud ni la efectividad de los talleres para incrementar la prevención de enfermedades. Son componentes clave para que las acciones no sean solo asistencialismo ni exista dependencia del apoyo específico.

Seguro popular… no para todos

El programa del Seguro Popular tiene como finalidad proporcionar servicios de salud y atención médica (incluidas cirugías y tratamientos) a la población en México que no es derechohabiente de los seguros que proporcionan el IMSS y el ISSSTE. En 2012, se calculaba que el universo de personas sin ninguna clase de acceso a esquemas de salud era del 25 % de la población.

Lo que los auditores encontraron es que en 2017, el programa falló en beneficiar a la población objetivo e incluso la cobertura ha disminuido.

De acuerdo con el informe de resultados de la auditoría de desempeño practicada en 2013, había 55.6 millones de personas afiliadas al Seguro Popular, lo que representaba el 85.4 % de la población objetivo. Pero para 2017 la cifra de beneficiados disminuyó a 53.5 millones de personas, 79.2 % de la población objetivo.

En realidad, no todas las personas en México tienen seguridad social, objetivo central de este programa que proviene desde el sexenio de Vicente Fox y que la administración actual ha fallado en fortalecer.

La ASF subrayó que al menos en 2017 tampoco se hizo una confronta con los padrones de personas derechohabientes de otras instituciones que proporcionan seguridad social, lo que genera un riesgo de que existan personas duplicadas con distintos seguros en perjuicio de quien no tiene ningún tipo.

Además, no hay indicadores que permitan evaluar una cobertura amplia a los beneficiados para que no tengan que invertir en gastos complementarios.

“A 14 años de operación, (el programa) sigue sin contar con información ni indicadores y metas, para evaluar el cumplimiento del mandato del Seguro Popular relativo a garantizar el acceso efectivo, oportuno, de calidad, sin desembolso al momento de utilización y sin discriminación a los servicios médico-quirúrgicos, farmacéuticos y hospitalarios que satisfagan de manera integral las necesidades de salud y, con ello, valorar la atención del problema público”, concluye la ASF.

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Acuerdo entre los gobiernos de Trump y AMLO: ¿una victoria o traición a México?
México destacó su acuerdo migratorio con EE.UU. como un gran logro por haber evitado los aranceles anunciados por Trump, pero algunos creen que hubo demasiadas concesiones.
14 de junio, 2019
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El gobierno de México lo vendió como una victoria ante la amenaza arancelaria de Trump, pero muchos consideran que fue una concesión a todas y cada una de las exigencias estadounidenses.

El acuerdo migratorio alcanzado la semana pasada por ambos países, que contempla entre otras medidas el despliegue de 6.000 miembros de la Guardia Nacional de México en su frontera con Guatemala, no dejó a nadie indiferente.

El canciller de México, Marcelo Ebrard, reconoció este lunes que la negociación fue el momento “más difícil” de las relaciones con Washington, pero que el acuerdo evitó la imposición de aranceles de un 5% a todos los productos mexicanos importados por EE.UU. tal y como había anunciado el presidente Trump si no se detenía “el flujo de inmigrantes indocumentados”.

En sus conversaciones, EE.UU. puso sobre la mesa la cifra de 140.000 migrantes llegados en mayo al país vía México antes de darle “un ultimatum”, dijo Ebrard.

Pero pese a esquivar la amenaza arancelaria -al menos de momento-, muchas voces criticaron la postura del gobierno mexicano al considerar que se había concedido demasiado al dejar todo el poder de la negociación en manos de EE.UU. y contradiciendo en parte algunas de las políticas de migración defendidas por el presidente López Obrador.

Los ataques llegaron incluso de las filas del propio partido de AMLO, Morena.

El presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, afirmó que aceptar las medidas de EE.UU. “es una traición a la historia de México” y precisó que la Guardia Nacional es una solución contra el crimen organizado y no contra los migrantes.

“Estamos con una mentalidad de país colonizado”, dijo este jueves en una entrevista con la periodista Carmen Arístegui.

“Sí, con esto México está doblando las manos (cediendo, dando el brazo a torcer) ante EE.UU. con este acuerdo”, coincide Alejandro Hope, analista de seguridad y quien ejerció diversos cargos directivos en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) en el pasado.

“Una tregua” temporal

Una de las críticas al acuerdo migratorio se centra en la “incertidumbre” que supone el no saber cómo se evaluarán sus resultados tras los 45 días iniciales fijados como plazo.

“A los 45 días, nos tendremos que sentar las partes y ver si tuvo éxito o no tuvo éxito (…). Y si no logramos resultados, tendríamos que participar en discusiones para un acuerdo que incluye el retorno de solicitantes de asilo bajo una perspectiva regional”, anunció el canciller.

Pero ¿cómo se medirá ese “éxito” para que EE.UU. no retome de nuevo la amenaza de los aranceles?

“No hay parámetros oficiales”, responde Hope. “Lo que hizo México fue someterse a un proceso de revisión continua en el cual la métrica de éxito-fracaso la imponen de manera unilateral los estadounidenses”, le dice Hope a BBC Mundo.

“Desde luego, no parece un acuerdo especialmente satisfactorio para México”, opina.

El analista cree que conseguir que se retirara “temporalmente” la amenaza de aranceles fue más bien “una tregua, un cese al fuego, más que un arreglo ejecutivo”.

Otro de los logros que México expuso tras su negociación fue haber evitado convertirse en “primer país de asilo” o “tercer país seguro” para las miles de personas, sobre todo centroamericanas, que tratan de buscar asilo en EE.UU.

Sin embargo, sí que aceptó recibir a un número indeterminado de migrantes en esta situación hasta que se resuelvan sus casos, que hasta el momento asciende a 10.000. Según dijo este miércoles el titular de la Subsecretaría de Derechos Humanos y Migración de México, Alejandro Encinas, la cifra podría ascender a 50.000.

Por esto, muchas personas se preguntan si, en la práctica, México ya está actuando en cierto modo como “tercer país”, algo que Hope descarta ya que para ello, “México tendría que iniciar procesos de asilo en su país”, algo que no está ocurriendo.

“Muro militar”

La medida acordada que más polémica despertó fue el despliegue de la Guardia Nacional mexicana en la frontera para tratar de frenar a los migrantes.

“La extensa y espantosa historia de abusos vinculados con la militarización de la seguridad pública en México hacen que sea fácil prever que esta medida podría resultar en un desastre”, dijo este miércoles el director ejecutivo adjunto de Human Rights Watch, Daniel Wilkinson.

Rubén Figueroa, del Movimiento Migrante Mesoamericano, coincide en que este “muro militar” en la frontera sur podría “incrementar las violaciones a los derechos humanos” de los migrantes mediante operativos y retenes que acaben en detenciones.

El canciller mexicano Ebrard negó en su conferencia del lunes que se busque criminalizar al migrante, pero sí dijo que será necesario registrarse para cruzar territorio mexicano.

“Se dice que se va a criminalizar a los migrantes, México nunca haría eso, ni menos este gobierno. Es decir, porque alguien se quiera mover, eso no lo convierte en criminal”, dijo.

“Por parte del gobierno, todo han sido discursos falsos con respecto a lo que prometió respecto a la migración. Lo que se siente y se ve en la frontera es totalmente lo contrario, esa supuesta ayuda a migrantes ha sido nula, sobre todo respecto a la migración pobre y forzada”, le dice Figueroa a BBC Mundo desde el estado de Tabasco, en la frontera con Guatemala.

Además, Figueroa alerta que la presencia de la Guardia Nacional en la frontera podría tener como consecuencia el aumento de tráfico de personas.

“Para los migrantes que van solos sería mucho más difícil cruzar territorio mexicano y optarían por buscar traficantes de personas que podrían tienen convenio o complicidad con autoridades corruptas”, alerta.

A la espera de conocer los resultados de este acuerdo migratorio tras los anunciados 45 días, Hope alerta del daño que su aceptación ya habría causado sobre la figura de AMLO.

“Ahorita medio salvaron la crisis, pero esto le va a perseguir el resto de su mandato”, asegura, pronosticando que si la amenaza de los aranceles de Trump acaba por regresar, al presidente mexicano no le quedaría margen de maniobra.

“Hacerle una concesión adicional a EE.UU. sería políticamente muy costoso. Ahorita medio lo pudieron vender como victoria, pero ¿una más? No lo creo”, concluye.


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