1968: Busca el CNH diálogo con legisladores; cientos de brigadas estudiantiles llegan a la población
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Archivo Heraldo de México-Gutiérrez Vivó de la UIA

1968: Busca el CNH diálogo con legisladores; cientos de brigadas estudiantiles llegan a la población

El Consejo Nacional de Huelga (CNH) llamó a diputados federales y a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión a participar en el debate público que se realizará el día 20 en Ciudad Universitaria, a las 11 de la mañana.
Archivo Heraldo de México-Gutiérrez Vivó de la UIA
Por Viétnika Batres
19 de agosto, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.

Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.

Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre.

Ciudad de México, 18 de agosto de 1968.-  El Consejo Nacional de Huelga (CNH), junto con la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas, reiteraron este domingo la invitación, que hizo hace tres días, a los diputados federales y a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para participar en el debate público que se realizará el día 20 en Ciudad Universitaria, a las 11 de la mañana, para analizar y proponer una salida al conflicto entre autoridades y estudiantes.

Después de la manifestación del día 13 y la anterior difusión del pliego petitorio de seis puntos, numerosas voces sugirieron que los estudiantes deberían iniciar el diálogo con las autoridades. El día 15, el CNH difundió un manifiesto dirigido al pueblo de México, en el que indica: “estamos dispuestos a dialogar siempre y cuando dicho diálogo sea publico”. Así, ha puesto sobre la mesa “una forma concreta, un método de resolver el conflicto”.

El CNH especificó en su manifiesto, incluso, que si el medio periodístico de establecer el diálogo público le parecía lento a las autoridades, “con gusto aceptaríamos participar en discusiones públicas televisadas”.

Raúl Álvarez Garín, delegado de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional en el CNH, puntualizó que “la propuesta del diálogo público la hizo Sócrates Amado Campos Lemus en una conferencia de prensa celebrada en la vocacional 7 el 12 de agosto. Días después y cuando empezó a tomar fuerza la discusión en torno al pliego petitorio y el alcance de la represión de la policía, fue madurando la idea de realizar un primer debate público con los representantes del gobierno.

En opinión de Salvador Martínez della Rocca, delegado del CNH por la Facultad de Ciencias, “nuestra manera de actuar satisface plenamente los intereses de nuestros compañeros estudiantes de todos los sectores del pueblo que nos apoyan. Remarcamos que la forma pública de establecer el diálogo tiene ventajas, como es la participación masiva y democrática de todos los interesados en la solución del conflicto y el evitar presiones y coacciones de políticas sobre los dirigentes estudiantiles”.

Sin embargo, hasta el momento la invitación no ha sido bien recibida en círculos políticos, donde se le ha rechazado por “respeto” a la “investidura de legislador”. Aunque para algunos diputados y senadores se trata de una trampa para secuestrarlos.

Cabe recordar que la invitación al diálogo público fue precedida por la decisión del Consejo Universitario de la UNAM, el jueves 15 en sesión extraordinaria, de apoyar ampliamente los puntos del pliego petitorio del CNH y demandar “libertad a los ciudadanos presos por motivos políticos e ideológicos”.

El Consejo Universitario deliberó durante más de cuatro horas, al final de las cuales determinó demandar al gobierno:

  • Respeto irrestricto a la autonomía universitaria y el reconocimiento de que la libertad de expresión es esencial para el cabal cumplimiento de las funciones propias de todos los centros de enseñanza superior del país.
  • No intervención del Ejército y de otras fuerzas del orden público para la solución de problemas que competen exclusivamente a la Universidad y demás centros de educación superior.
  • Reparación de los daños materiales sufridos por los planteles universitarios ocupados por fuerzas públicas.

Aparte, el Consejo Universitario decidió apoyar las siguientes demandas planteadas por amplios sectores de la comunidad universitaria y de otros centros de educación superior:

  • Respeto a las garantías individuales y sociales que consagra la Constitución.
  • Libertad de los estudiantes presos e indemnización de las víctimas de los recientes acontecimientos.
  • Determinación de las responsabilidades de las autoridades involucradas y aplicación de las sanciones correspondientes.
  • Sujeción de las funciones de las fuerzas públicas a los lineamientos de la Constitución, supresión de los cuerpos policiacos represivos y derogación de los artículos relativos al llamado delito de “disolución social”.
  • Libertad a los presos por motivos políticos.

Semana de adhesiones y respaldo al movimiento

Este fin de semana, tanto en Ciudad Universitaria (CU) como Zacatenco se realizaron “festivales populares” a los que asistieron numerosos jóvenes, intelectuales y artistas. En CU, la jornada cultural se llevó a cabo en la explanada de Rectoría, con grupos folclóricos, de jazz y música de cámara. En distintas áreas de CU se hicieron pintas con dibujos o consignas alusivas a la resistencia estudiantil, la represión policiaca y el allanamiento de planteles por parte de  militares.

Las actividades artísticas representan el final festivo de una intensa jornada de reacciones a la marcha del pasado martes 13, en la que participaron alrededor de 150 mil estudiantes que llegaron al Zócalo sin que se registrara ningún incidente.

Para empezar, el miércoles 14, en carta abierta dirigida al presidente Gustavo Díaz Ordaz, la Confederación de Jóvenes Mexicanos lamentó el papel de las fuerzas del orden: “El problema fue suscitado por los estudiantes de la capital y fuerzas represivas que abusaron de su función estrictamente preventiva, creando por su ausencia de tino un conflicto cada vez más profundo, cuando en su origen pudo haber sido simplemente motivo de sanción escolar”.

Y exigió: “Como hasta el momento no se han resuelto las peticiones de los estudiantes, venimos ante usted para que se aboque a dialogar personalmente con ellos”.

El jueves 15, las universidades Iberoamericana y del Valle de México decretaron un paro académico indefinido en apoyo a los universitarios y politécnicos. El Colegio de México emitió un comunicado en el que insistió en que deben cumplirse cada uno de los puntos del pliego petitorio.

Por otra parte, el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO) acusó a Manuel Marcué Pardiñas, director de la revista Política, y al ingeniero y profesor universitario Heberto Castillo de ser “agentes del castrismo” que se han inmiscuido en el movimiento estudiantil, y pidió a las autoridades reprimir la “acción subversiva”.

Al día siguiente, en solidaridad con el movimiento estudiantil, fue fundada la Alianza de Intelectuales, Escritores y Artistas. En su primer pronunciamiento, con el que se da a conocer, protesta por la violación de la autonomía universitaria, el uso de armas de guerra contra “edificios escolares y gente inerme”, el “ocultamiento de cadáveres” y engaño a la opinión pública “en los boletines oficiosos”. Y denuncia que “a cualquier manifestación intelectual que no se ajuste a la línea oficial, las autoridades la tildan de subversiva, provocadora, manejada por intereses inconfesables o por agentes extranjeros”.

Entre otros firmantes, aparecen Alejandro Aura, Hugo Argüelles, Juan Bañuelos, José Carlos Becerra, Federico Campbell, Emmanuel Carballo, Carmen de la Fuente, Fernando del Paso, Felipe Ehrenberg, Manuel Felguérez, Enrique Florescano, Vicente Leñero, Carlos Monsiváis, Alejandra Moreno Toscano, José Revueltas, Juan Rulfo, Gustavo Sáinz y Tomás Segovia.

Además, 600 padres de familia acudieron a la asamblea convocada por organizaciones estudiantiles en la Vocacional 5, expresaron su solidaridad con la huelga y condenaron el allanamiento del plantel por parte de soldados y policías.

El mismo viernes l6, Conservatorio Nacional de Música se declaró en huelga, creó un comité de lucha y nombró representante para el CNH.

En Oaxaca, la Universidad Benito Juárez se declaró en huelga indefinida en solidaridad con el movimiento estudiantil. Los alumnos tomaron, en forma pacífica, las instalaciones. De acuerdo con el CNH, el movimiento cuenta con el apoyo de estudiantes universitarios y técnicos en12 estados de la República.

Este  sábado, el Departamento del Distrito Federal anunció que invitaría a padres de familia y representantes de distintos sectores de la opinión pública interesados en esclarecer la verdad de los incidentes ocurridos, a formar parte de la Comisión que investigará los hechos violentos en el Centro de la ciudad.

La Comisión de Información del Comité Coordinador de la Huelga Universitaria aclaró, ayer también y ante las insistentes versiones propagadas en distintos medios de comunicación a lo largo de la semana, que el movimiento estudiantil no tiene ninguna intención de sabotear los Juegos Olímpicos, cuya inauguración está prevista para el 12 de octubre.

Crean las brigadas; destaca la participación de mujeres

En la Alameda Central, este domingo hubo un concierto de Armando Manzanero, que interpretó sus más sonados éxitos: Adoro, Somos novios, Contigo aprendí, No…, Esta tarde vi llover, entre otros. Una vez terminada la presentación, integrantes del CNH efectuaron un mitin en el que informaron de la evolución del movimiento estudiantil. A la fecha, dijeron, han realizado “250 mítines en centros populares”.

Otros grupos de estudiantes, identificados como “brigadas”, hicieron más “mítines relámpago” en el Estadio Azteca, el Parque del Seguro Social y diversos sitios concurridos, como mercados y cines, para informar al pueblo y obtener su apoyo solidario y económico. Se han convertido en el principal contacto con la gente.

Conforme crece el movimiento estudiantil, este fenómeno se ha ido generalizando en el Distrito Federal. Álvarez Garín comentó que cientos de brigadas actúan “de la manera más original y efectiva” para informar al pueblo: interrumpen funciones de cine para hacer mítines, se presentan a la salida de los centros de trabajo, los camiones, los mercados, en los restaurantes, en todas partes en donde se junten unas cuantas personas. También en las afueras de las escuelas hay brigadas encargadas “de pintar los camiones de pasajeros con mensajes políticos y consignas”. Las paredes de las escuelas, las bardas y hasta las azoteas se han utilizado para escribir mensajes políticos, detalló.

Los trabajos de las brigadas, explicó Álvarez Garín, representan “una experiencia formidable para miles de estudiantes (…) impelidos a interactuar y discutir con personas de diversas ideas y sectores sociales”. La explicación constante de las razones y causas del descontento estudiantil, resaltó, ha sido como “una escuela política de aprendizaje acelerado”.

Jóvenes “antes apolíticos” ahora relatan experiencias directas y explican al pueblo las causas y la necesidad de la lucha; todos los días producen carteles y volantes que imprimen en mimeógrafos de los planteles universitarios y politécnicos.

Y una particularidad se ha ido haciendo notoria en las brigadas: el número de mujeres que participan activamente y por igual que sus compañeros varones, si bien al principio las jóvenes se ocupaban en su mayoría de preparar los alimentos en las cocinas colectivas que se han ido habilitando para los estudiantes que participan en los comités de lucha.

Las cocinas colectivas, “construidas para alimentar a los hambrientos militantes” han sido, en muchos casos, el primer paso con el que las estudiantes se involucran en el movimiento. Las horas de comida dan la oportunidad a quienes trabajaban como voluntarias de escuchar las aventuras políticas de otras jóvenes que son brigadistas. En el mercado, mientras regatean las frutas y verduras, pueden tener “reuniones o pláticas improvisadas con los compradores y vendedores”. Como el espacio en el CNH es reducido para ellas –porque la inmensa mayoría de los delegados son hombres– ahí ejercen su iniciativa política.

Primero, “nuestro trabajo”, relató Selma Beraud, alumna del Centro Universitario de Teatro (CUT) de la UNAM, “era ir a los mercados por comida para los estudiantes que estaban haciendo la huelga y se quedaban en la Universidad. También hacíamos carteles y volantes que decían que no estábamos contentos con el gobierno, que debía existir más igualdad entre la gente y que había mucha pobreza”.

Pero poco a poco fueron saliendo a las calles y mercados. “Comenzamos a transportarnos en camiones” para actuar breves sketches, explicó.

Montan un escenario encima del autobús y empiezan la presentación con alguien que pregunta: “¿Qué opinas del movimiento?” y Selma, en el papel de la señora que va al mercado, dice: “Es horrible. ¡estos niños no saben lo que hacen! deben ser más obedientes. Deberían de hacer lo que dice el gobierno…”. Luego llega otra persona y dice: “¡Estás equivocada! ¡Estamos buscando la libertad, la paz, la igualdad!”. Así actúan y hacen propaganda.

 

Martínez della Roca, Salvador, en Alvaro Vázquez Mantecón (comp.), Memorial del 68, Universidad Nacional Autónoma de México, Gobierno del Distrito Federal y Editorial Turner, México, 2007, p.220.

Ídem.

Álvarez Garín, Raúl, La estela de Tlatelolco, Ed. Ítaca, 2002, México, p. 57.

Martínez della Roca, op. cit. p. 219.

Diego Ortega, Roberto, “1968: El ambiente y los hechos. Una cronología”, Nexos, 1 de septiembre de 1978. Consultado en https://www.nexos.com.mx/?p=3199

Gómez Nashiki, Antonio, “1968. Cronología del movimiento estudiantil mexicano”, Nexos, 1 de enero de 1988. Consultado en  https://www.nexos.com.mx/?p=4996

Diego Ortega, op. cit.

Ídem.

Gómez Nashiki, op. cit.

Diego Ortega, op. cit.

Gómez Nashiki, op. cit.

Ídem.

“50 años del 68”, suplemento especial, Gaceta UNAM. Consultado en http://www.gaceta.unam.mx/festivales-artisticos-contra-la-represion/

Ídem.

Álvarez Garín, op. cit. p. 56.

Cohen, Deborah y Frazier, Lessie Jo, “México 68: hacia una definición del espacio del movimiento. La masculinidad heroica en la cárcel y las ‘mujeres’ en las calles”. Estudios Sociológicos, 2004, pp. 591 a 623. Consultado en http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59806603

Holzfeind, Heidrun, Mexico 68. Interviews with Activist of the Student Movement, Suiza, Kodoji, 2009, p. 101

Íbidem.

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Felimar Luque

De vender arepas en un mercado a luchar como médica contra la COVID-19

Felimar Luque temía no volver a trabajar como médica tras emigrar de Venezuela. Pero la falta de personal sanitario que sufren países de la región como Perú ha hecho que vuelva a ejercer.
Felimar Luque
5 de agosto, 2020
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Preparando arepas en la habitación que compartía junto a su hermana en Lima, Felimar Luque temía no volver a ponerse nunca más la bata de médica que se tuvo que quitar cuando salió de Venezuela en busca de un futuro mejor.

Hoy, tras un año en el que vendió arepas en un mercado y medicamentos en una farmacia, vuelve a ejercer la medicina en un hospital. Una oportunidad que ansió durante meses y que no le llegó hasta que ocurrió una tragedia: la pandemia de COVID-19.

“La esperanza era bastante lejana por el tema económico”, cuenta esta ginecóloga de 34 años, a quien se le hacía imposible asumir el costo de homologar su título cuando llegó a Perú el año pasado.

Ahora, ante la falta de profesionales de la salud para atender de los casos de coronavirus que hay a nivel nacional, Luque ha sido contratada para trabajar en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins, el complejo hospitalario más importante de la seguridad social peruana.

Allí, se encarga de evaluar cómo evolucionan cerca de 200 afectados por COVID-19.

Perú ha decidido permitir durante la pandemia la contratación de médicos extranjeros, incluso aquellos que aún no hayan terminado de realizar sus trámites para colegiarse. Es una medida que también han tomado países como Chile, México y España.

Luque ha sido una de las beneficiadas. Como a muchos de los 900,000 venezolanos que emigraron al país andino en los últimos años, a ella, le había tocado empezar desde cero en su nuevo destino.

Es decir: dejar atrás 11 años de estudios universitarios y cuatro de experiencia laboral, para, en cambio, comenzar los días levantándose a las cinco de la mañana para amasar agua y harina P.A.N.

“Despertábamos para hacer las arepas y que estuvieran calientes al momento de venderlas”, recuerda.

Harina P.A.N.

Getty Images
Felimar Duque se despertaba todos los días a las 5am para amasar la harina P.A.N.

“Vendíamos unas 30 o 35… No eran muy grandes porque la harina P.A.N. es importada y costosa y queríamos obtener un poquito de ganancia”, le dice a BBC Mundo por teléfono en el descanso de su turno en el hospital.

A dos soles cada una (0.6 dólares), ganaban entre 18 y 21 dólares cada día. Tres veces más que su sueldo mensual en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo, conocido por ser donde murió en 2013 el exmandatario venezolano, Hugo Chávez.

Este monto, sin embargo, era insuficiente para vivir cómodamente en Perú. Así que, recién llegadas a Lima, las hermanas vendían las arepas por las mañanas y dedicaban el resto del día a buscar trabajo.

“El choque emocional era demasiado”, cuenta Luque. “Aparte, jamás había vendido nada”.

“Todo en mi vida había sido estudiar, estudiar, estudiar… El día en que decidí trabajar ya era médico y, desde entonces y ya graduada, nunca había dejado de trabajar”.

Dejar Venezuela

Felimar Luque era en Caracas especialista adjunta del servicio de ginecología de un hospital de nivel 4, el más alto, es decir, con un gran número de camas, área de terapia intensiva y de especialidades.

De pequeña, había decidido ser pediatra después de que una infección gastrointestinal le llevara a acabar ingresada en un hospital.

“Me atendió una excelente pediatra, que fue muy atenta conmigo. A pesar de no tener turnos, se quedó conmigo durante mi hospitalización”, recuerda.

“De ahí le dije a mi mamá: ‘Quiero ser pediatra porque quiero atender a las personas así como ella me atiende a mí”.

Pero, a medida que estudiaba la carrera, fue cambiando de opinión. “Me di cuenta de que la pediatría era bonita, pero a la vez un poco triste“.

“Sobre todo el área oncológica me deprimía, así que dije: ‘No, prefiero ser ginecóloga, que así traes un bebé al mundo y, en la mayoría de los casos, les das una alegría a los familiares”. Todavía recuerda su primer parto: varón, 3.5 kilos.

Felimar Duque con un bebé recién nacido

Felimar Duque
Duque optó por especializarse en ginecología porque el traer bebés al mundo “das una alegría a los familiares”.

Los años tomando notas o sacando fotocopias de libros que no podía permitirse comprar rindieron frutos: se graduó de la Universidad Rómulo Gallegos con notas sobresalientes o, como se dice en Venezuela, cum laude.

Un posgrado después, llegó a ser jefa de servicio en un hospital grande. Pero era un puesto que también tenía desventajas que se hicieron más agudas cuando el país empezó a verse golpeado por una dura crisis económica.

“En 2012 ya empezó el déficit, pero se acentuó muchísimo, muchísimo en 2014. En 2015, ya no teníamos absolutamente nada, teníamos que solicitar al paciente que llevara sus insumos para poder atenderle”, hace memoria.

Alternaba cuatro trabajos en dos clínicas y dos hospitales públicos para poder mantenerse. Le alcanzaba, “ajustadita”, y solo porque vivía sola y no había formado aún una familia.

Pero la falta de condiciones para atender a sus pacientes era lo que más le afectaba.

“El choque no lo vive el director del hospital, lo vives tú como jefe en tu área. Eso ya me tenía un poquito inestable emocionalmente porque decía: ¿Cómo voy a una guardia? Como recurso humano puedo hacer cualquier cosa, pero me atas de manos porque no tengo cómo resolver al paciente porque no tengo insumos”.

Protesta en Venezuela por la crisis hospitalaria

Getty Images
En Venezuela hay una crisis hospitalaria desde hace varios años.

Estas deficiencias le hicieron pasar por situaciones tensas, como cuando tuvo que resguardarse para no ser agredida por el familiar de una paciente.

“Había sido referida de otro hospital y, en ese momento, nosotros no contábamos con servicio de quirófano porque no había aire acondicionado y solo estábamos atendiendo estrictas emergencias”, recuerda.

“La paciente estaba en un inicio de trabajo de parto… Tenía oportunidad de ir a otro centro a ver si la podían atender”. El familiar montó en cólera, estallando en reclamos e insultos contra ella y un colega, que eran los encargados del servicio aquel día.

“Tuvimos que permanecer encerrados en la habitación porque si salíamos nos podían agredir”, afirma.

Choque emocional

Episodios como este la llevaron a iniciar la homologación de su título en España para emigrar allí.

“Mi temor era: ‘se me va a morir una paciente por el simple hecho de que en el hospital no hay tan siquiera sangre para transferirle o no hay una jeringa, nada…’ Que me llegue un paciente crítico y no pueda resolverlo, no porque no tenga conocimiento, sino porque no tengo los recursos para atenderlo”.

Pero las trabas burocráticas, tanto en España como en Venezuela, y la ralentización de los trámites en las instituciones de este último país hizo que, a inicios de 2019, se decidiera a seguir a su hermana a un destino más barato y menos complicado: Perú.

Felimar Luque (izq.) en la sala de partos en Venezuela

Felimar Luque
Practicar medicina en Venezuela se ha vuelto difícil por la falta de recursos.

A diferencia de miles de sus compatriotas, ellas tuvieron la “suerte” de poder viajar hasta allí en avión.

Pero eso no logró amainar un cambio tan brusco: “En Venezuela siempre tuve trabajo, muchísimo trabajo. Pero una vez que vengo para acá, nunca había vendido y había que relacionarse con cualquier persona”.

“Pero era más que todo el choque emocional: eras una persona reconocida en tu país. En mi caso, yo era jefe de servicio porque era especialista adjunta del servicio de ginecología ya con cuatro años de experiencia como tal. Y sí, el choque es bastante fuerte en ese sentido”.

“De verdad que me sentía bastante mal”.

Junto a su hermana, pidieron permiso en un puesto de un mercado cercano a donde vivían para ponerse de pie al lado a vender las arepas. El comerciante se lo permitió.

“Entonces hice mi currículum, lo dejé por locales comerciales, farmacias. Llamaba a los anuncios para cuidar bebés, cuidar abuelitos”. Menos de un mes después de llegar, consiguió empleo en una farmacia donde trabajaba seis días a la semana por el salario mínimo.

Inmigrante venezolana entrando a Perú

Getty Images
Muchos venezolanos que inmigran a Perú tienen dificultades en buscarse la vida.

¡No tenemos gente!

Poco a poco, fue reuniendo y validando los papeles que necesitaba para homologar su título de médico general.

“Registré mi título… pero hubo un freno porque me exigían estudiar un año más”, cuenta. No podía permitírselo: su hermana tenía problemas para encontrar empleo y de su salario salían la manutención de las dos y el dinero que enviaba a sus padres, en Venezuela.

“Decidimos oye, nada, a reunir plata. A ver si se puede lograr de alguna forma en algunos meses”.

Casi a finales de 2019, vio un anuncio en Instagram: la ONG Unión Venezolana en Perú estaba ayudando a médicos venezolanos a convalidar sus títulos. La organización ha reunido en los últimos dos años un listado de 39,000 inmigrantes venezolanos con estudios, cuyos datos se los ofrece al gobierno peruano para ayudar a cubrir vacantes difíciles de llenar.

Tras una dura selección que empezó con 150 profesionales, Luque acabó siendo una de los 20 que recibió la ayuda de la ONG y de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) para poder colegiarse en Perú.

“Tuve que pasar varias pruebas y cursos”, asegura. “A veces nos decían el mismo día o la noche anterior: ‘Hoy, urgente, tienen que ir a tal sitio’. Y bueno, ese día le pedía permiso a mi jefe y gracias a Dios fue bastante tolerante. Me decía: ‘Tranquila’. Luego, eso sí, tenía que pagarle las horas como sea”.

Pero incluso cuando su nombre apareció oficialmente en la base de datos de médicos colegiados de Perú, encontrar trabajo como tal siguió siendo una tarea complicada.

Coronavirus en Perú

Getty Images
En algunos lugares de Perú se han visto desbordados por la falta de médicos para combatir el coronavirus.

En tres meses, solo llamaron para dos plazas lejos de Lima, de donde no quería irse.

“Conseguí un puesto de asistente de cirugía plástica. Realmente, no es mi área, solo llenaba historias de los pacientes y hacía las tareas de las enfermeras”.

Con la pandemia, la clínica cerró: “Lo que más me angustiaba era que yo tengo que enviar dinero a Venezuela porque mis papás lo necesitan… Era estresante: quedarte sin dinero en un país donde no tienes nada”.

Hasta que un colega le avisó de que la seguridad social peruana, EsSalud, estaba contratando médicos para afrontar la pandemia de COVID-19.

Como muchos países de la región, Perú cuenta con menos médicos de los que necesita, según refleja un informe del Ministerio de Salud de 2018: apenas 13,6 médicos por cada 10.000 habitantes en vez de los 23 que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A esto se suma el hecho de que muchos se han dado de baja porque su edad o historial médico los hace especialmente vulnerables al nuevo coronavirus.

Por ejemplo, en Lambayeque, una de las regiones más afectadas por la pandemia y en la que se han tenido que construir cementerios temporales para enterrar a los muertos por coronavirus, el director del Hospital Regional explicaba a principios de mes que, pese a tener 60 camas libres con punto de oxígeno, no las podía usar:

“¡No tenemos gente! ¡No tenemos gente! ¡No tenemos gente!”, gritaba con desesperación en una entrevista con la emisora pública, RPP.

Talento desaprovechado

Carlos Scull, nombrado embajador de Venezuela en Perú por Juan Guaidó, aseguró en una radio local que hay unos 1.000 médicos venezolanos en Perú -de los que solo entre 200 y 300 están colegiados- y unos 3,000 enfermeros.

Otras fuentes como la campaña “Tu causa es mi causa” eleva a 4,000 el número de médicos venezolanos que podrían unirse al esfuerzo del sistema de salud peruano contra la pandemia.

Trabajadores de la salud con equipos de protección personal frente a una ambulancia en Perú

Getty Images
En Perú hay escasez de trabajadores de la salud para hacerle frente a la pandemia.

Al menos uno de ellos, Felimar Luque, empezó a trabajar en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins el lunes de la semana pasada: “Es hermoso, se parece al hospital en el que yo trabajaba ”.

“Me siento bien, a pesar de la pandemia, haciendo lo que más me gusta”, dice. Ahora gana ocho veces más de lo que recibía en la farmacia. Su hermana, abogada, ha tenido menos suerte y ahora trabaja cuidando a una mujer mayor en una provincia al norte de Lima.

“El venezolano tiene una necesidad de tener un ingreso y ejercer su profesión”, dice Garrinzon González, director de Unión Venezolana en Perú. En los años que lleva frente a la ONG, ha visto a muchos compatriotas experimentados y con estudios superiores haciendo trabajos no cualificados.

“Es un activo que se está perdiendo el Perú en vez de beneficiarse con estos profesionales cuyos estudios fueron un gasto que hizo otro Estado. Y más cuando hay vacantes”, afirma.

Del listado de 39,000 profesionales venezolanos que ofreció al Estado peruano, calcula que solo el 10% consiguió empleo.

Él espera que la experiencia de echar mano de profesionales sanitarios venezolanos durante la pandemia sirva para abrir las puertas a otros sectores.

Luque tiene un contrato de solo tres meses, prorrogable por otros tres meses más si la pandemia se extiende. Aunque, así como cuando soñaba con volver a ponerse la bata mientras preparaba arepas, le sobran esperanzas.

“Aunque el contrato dice ‘solo pandemia’, yo confío, Dios quiera, que nos dejen trabajando como tal. Ya ellos saben que soy especialista, que estoy en proceso de mi registro nacional de especialista acá en Perú. Y si no, bueno, como médico general, que ya tengo todo legal”.

“Si la posibilidad está, sería genial quedarnos acá trabajando”.

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BBC

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