1968: Por primera vez en lo que va del conflicto, se discute en televisión el movimiento estudiantil
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1968: Por primera vez en lo que va del conflicto, se discute en televisión el movimiento estudiantil

Las declaraciones vertidas a lo largo del programa fueron en el sentido de que es momento de establecer un diálogo entre estudiantes y autoridades. Sin embargo, el profesor universitario Heberto Castillo fue más allá: desarmó la imagen que el gobierno federal ha elaborado sobre los participantes en las protestas.
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Por Viétnika Batres
22 de agosto, 2018
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Ciudad de México, 21 de agosto de 1968.- Por primera vez desde que empezó, a fines de julio pasado, el conflicto entre estudiantes y autoridades locales y federales fue debatido en televisión, en una edición del programa Anatomías, transmitido por la cadena privada Telesistema Mexicano y conducido por Jorge Saldaña, con Íñigo Laviada, Ifigenia Martínez, Heberto Castillo, Víctor Flores Olea y Francisco López Cámara como invitados.

La idea del programa fue planteada ayer martes por el ingeniero Castillo, durante su intervención en el mitin efectuado en la explanada de Rectoría después de que una multitud de al menos 20 mil personas aguardaran infructuosamente por casi cuatro horas la llegada de diputados y miembros de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para entablar un diálogo que llevara a encontrar salidas a la crisis.

Así, con la aprobación de Telesistema, Saldaña abrió su programa para que, tan pronto como este miércoles, se pudiera realizar una mesa redonda.

En la discusión se abordaron las causas del movimiento estudiantil que prácticamente tiene paralizadas las actividades académicas en la UNAM, el Politécnico, la Escuela Nacional de Agronomía de Chapingo, parte de la Universidad Iberoamericana, entre muchas otras instituciones de educación más, a las que cada día se adhieren nuevas.

Las declaraciones y argumentaciones vertidas a lo largo del programa fueron en el sentido de que es momento de establecer un diálogo entre estudiantes y autoridades. Sin embargo, el ingeniero y profesor universitario Heberto Castillo fue más allá: desarmó la imagen que el gobierno federal ha elaborado sobre los participantes en las protestas.

Diálogo público. Imagen tomada del libro La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil. Recopilación, texto y diseño: Grupo Mira.

El movimiento “no es obra de delincuentes”

Su primer desmentido al aire: “El movimiento estudiantil no es obra de delincuentes ni tiene propósitos de subversión del orden institucional. Los líderes estudiantiles están dispuestos a entablar un diálogo con las más altas autoridades del país”.

Su segunda defensa del movimiento: “En México gozan de impunidad los pandilleros, ‘porristas’ o malhechores que esgrimen cadenas o manoplas de hierro por las calles; entonces no intervienen las autoridades. Pero cuando los jóvenes esgrimen ideas, principios, en vez de cadenas, entonces sí son duramente atacados por las autoridades”.

Víctor Flores Olea, coordinador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, dijo que el movimiento estudiantil “no puede tratarse de una conspiración en contra de las autoridades. La capacidad organizadora de los jóvenes se ha demostrado; los estudiantes se han unificado y se han hecho merecedores de ser atendidos en todas aquellas demandas que sean justas”.

Este ha sido, hasta ahora, el único programa de la televisión que ha permitido escuchar voces de apoyo a los estudiantes, que, por el contrario, enfrentan una campaña de desprestigio, articulada con calumnias y difamación que cubre todos los flancos: volantes, radio, periódicos y la misma televisión.

La única forma en que los estudiantes han paliado la marea de desinformación en su contra, es con los numerosos mítines “relámpago”, con pintas y repartición de volantes, si bien los integrantes de las brigadas a cargo han empezado a ser arrestados indiscriminadamente.

El MRM hace suyas las demandas estudiantiles

El Consejo Nacional de Huelga llevó a cabo este miércoles una asamblea en la Escuela Superior de Ciencias Físico Matemáticas. Durante la sesión los asistentes reiteraron “que no son enemigos del diálogo sino, por el contrario, partidarios del mismo, bajo condiciones de que la discusión entre estudiantes y autoridades sea pública”.

Este día también se informó que un grupo nutrido de estudiantes ocupó las oficinas del Frente Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), localizadas en el Casco de Santo Tomás.

Entre las más recientes muestras de apoyo al movimiento, está la del Movimiento Revolucionario del Magisterio, disidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que el lunes llamó a hacer suyas las demandas enarboladas por el CNH.

Además, una comisión de ocho estudiantes de Guerrero, con la representación del líder social y guerrillero Genaro Vázquez Rojas, visitó la UNAM para entrevistarse con el Consejo Nacional de Huelga y conocer a detalle el movimiento estudiantil y solidarizarse con el mismo, así como poner a disposición de los estudiantes 400 hombres y armas.

El Sindicato de Trabajadores de la Universidad de Nuevo León manifestó su solidaridad. Y la Academia de la Danza Mexicana de Bellas Artes y profesores de la Universidad Iberoamericana manifestó su adhesión, el lunes también, al movimiento.

En tanto, integrantes del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y de El Colegio de México dieron a conocer, por separado, que están levantando encuestas en varias zonas de la ciudad para indagar la opinión de la gente acerca del movimiento estudiantil.

 


Referencias

Nashiki

Ramírez, Ramón, El movimiento estudiantil de México (julio/diciembre de 1968), 2 tomos, México, edición conmemorativa del 30 aniversario del movimiento estudiantil de 1968, Ediciones Era, 1998, p. 239.

Castillo, Heberto, Libertad bajo protesta. Historia de un proceso, México, FEM, 1973, p. 93.

Poniatowska, Elena, La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral, Ed. Era, México, 1971.

González de Alba, Luis, Los días y los años, Era, México, 1970, p.117.

Ramírez, Ramón, El movimiento estudiantil de México, julio-diciembre 1968, Era, México, 1969, p. 238.

“50 años del 68”, suplemento especial, Gaceta UNAM. Consultado en http://www.gaceta.unam.mx/festivales-artisticos-contra-la-represion/

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Los inesperados 'efectos colaterales' positivos de la vacuna contra COVID

Los estudios experimentales ya han comprobado la eficacia de las vacunas. Pero la experiencia práctica muestra que los beneficios de la vacunación van mucho más allá de lo esperado.
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18 de marzo, 2021
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¿Las vacunas contra el covid-19 protegen contra la infección o previenen los casos graves de la enfermedad?

Esta pregunta ha suscitado numerosos debates entre la comunidad científica en las últimas semanas.

Por lo que se sabe hasta ahora, las vacunas ya aprobadas en varios países tienen una buena efectividad en la prevención de cuadros de covid-19 con síntomas (recuerde bien la palabra síntomas).

Pero eso no quiere decir que sus beneficios se limiten a esto: la experiencia en el mundo real, en las campañas de inmunización más avanzadas en algunos países, indica que las dosis que se utilizan actualmente traen otros beneficios en la lucha contra la pandemia.

Los datos de Israel, donde la vacunación está más avanzada, sugieren resultados mejores que los esperados, como una caída dramática en los casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

También hay evidencia de que las vacunas ayudan a combatir los síntomas leves que, aunque tenues, igual mandaban a los pacientes al hospital.

Misma estrategia, varios desenlaces

Para entender cómo los científicos llegaron a estas conclusiones, es necesario remontarse al 9 de abril de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un documento que definiría las reglas del juego.

En las directrices, la entidad estableció los requisitos mínimos para que se apruebe una vacuna contra el “nuevo” coronavirus.

Entre una serie de criterios técnicos y especificaciones, una regla se destacó como la más importante: la vacuna contra la covid-19 debía tener una tasa mínima de efectividad del 50% frente a una de estas tres circunstancias: la infección en sí, la enfermedad sintomática o las formas graves de la enfermedad.

Tales requisitos no son novedad: existen vacunas que se usan contra otras enfermedades infecciosas que son excelentes para evitar que el virus invada el cuerpo de un individuo y comience a replicarse en su interior.

Este es el caso, por ejemplo, de las dosis contra el sarampión y la fiebre amarilla. Quien los toma está bien protegido de los virus que causan estas enfermedades.

Un niño recibiendo una vacuna

Getty Images
La vacuna contra el sarampión evita la infección de esta enfermedad.

Otros productos no son capaces de detener la infección en sí, pero evitan que evolucione y afecte demasiado al organismo, lo que requeriría hospitalización y atención médica especializada.

La vacuna contra la gripe encaja perfectamente en esta categoría: quien recibe la inyección a principios de otoño corre un riesgo considerable de contraer el virus durante los próximos meses. Pero, si ocurre, los síntomas de la enfermedad serán mucho más leves y no requerirán estadías prolongadas en salas y unidades de cuidados intensivos.

Esto es bueno para el individuo, que no siente que su salud se vea afectada, y para el sistema de salud en su conjunto, que no colapsa con la llegada de varios pacientes al mismo tiempo, especialmente en invierno, cuando la circulación de los virus que afectan al sistema respiratorio crece mucho.

¿Qué hicieron con la covid-19?

La pandemia, por supuesto, trajo algunos desafíos adicionales a la carrera científica: la humanidad necesitaba una solución rápida. No era factible esperar años para el desarrollo de una vacuna.

Para acelerar el proceso, todas las farmacéuticas y centros de investigación diseñaron las pruebas clínicas de sus candidatas a vacunas para ver si serían efectivas contra la enfermedad con síntomas, el segundo resultado establecido por la OMS.

Línea de producción de una vacuna.

Getty Images
Probada a gran escala en Brasil, la tasa de eficacia de CoronaVac fue de 50%. Pero en la vida real, sus efectos podrían tener mayor alcance.

En la coyuntura actual, no sería factible medir si las vacunas previenen la infección (el primer resultado), por dos razones principales.

Primero, porque una parte considerable de los infectados por el coronavirus no presenta ningún síntoma. Y, en segundo lugar, tal estrategia requeriría un aparato y una inversión financiera absolutamente gigantescos.

“Cada estudio involucró a decenas de miles de voluntarios y, para saber si cada uno de estos participantes no contrajo el virus, sería necesario realizar pruebas diagnósticas a todos ellos durante varias semanas seguidas. ¿Te imaginas el costo de eso?”, pregunta la microbióloga Natalia Pasternak, presidenta del Instituto Questão de Ciencia, de Brasil.

La otra opción sería evaluar el poder de las vacunas frente a las condiciones más graves, que requieren hospitalización y suponen mayor riesgo de muerte.

La dificultad estaría en el tiempo de observación necesario: en EE.UU. se estima que, de cada 200 personas infectadas por el coronavirus, una muere.

Los investigadores tardarían varios meses en lograr un número mínimo de muertes suficiente para realizar los cálculos estadísticos que determinan la tasa de efectividad y, como vimos anteriormente, el plazo para crear una solución nunca ha sido tan ajustado.

En vista de las limitaciones, todos los competidores terminaron siguiendo el camino intermedio: las pruebas clínicas de la fase 3 se diseñaron para establecer cuánto protegen las candidatas a vacunas contra el covid-19 sintomático, como se explicó en los párrafos anteriores.

Así es como muchas candidatas a vacunas avanzaron en los ensayos clínicos, fueron aprobadas o están siendo analizadas actualmente por agencias reguladoras.

Punto de inflexión

Pero aquí aparece una controversia importante en esta historia: ¿cómo se define un síntoma de covid-19?

Cada farmacéutica y cada centro de investigación estableció sus propios criterios para enmarcar lo que sería una sospecha de infección por coronavirus.

“En las pruebas de CoronaVac, Sinovac y el Instituto Butantan, por ejemplo, se instruyó a los voluntarios para que informaran de cualquier malestar que sintieran, por leve que fuera”, describe Pasternak.

Posteriormente, estos participantes se sometieron a la prueba molecular (hisopado nasofaríngeo) para saber si tenían la enfermedad o no.

Una mujer recibe la vacuna en Francia.

Reuters
La vacunación busca la protección comunitaria, por lo que el éxito del proceso no debe evaluarse a partir de resultados individuales.

“Moderna, en cambio, estableció que, para realizar tal examen, el individuo debía tener al menos dos síntomas o un signo muy claro de covid-19, como falta de aire”, agrega la especialista.

Esta diferencia, por supuesto, tuvo un impacto en los resultados de los análisis preliminares. No es exagerado especular que un número considerable de participantes que recibieron la vacuna de Moderna desarrollaron condiciones leves y moderadas de la enfermedad. Sin embargo, como no fueron sometidos a los métodos de diagnóstico, no supieron que tenían la infección.

Esta es una de las razones por las que los científicos no centran tanto su análisis en las tasas de eficacia: en el mundo real, puede ser que el 50,4% de CoronaVac se vuelva un poco más alto, mientras que el 94% de Moderna termine ligeramente reducido, y no hay problema con eso.

“Debemos entender que la vacuna no es como un medicamento con el que tratamos a una persona. La vacuna es algo que protege a la comunidad. No se puede analizar desde un punto de vista individual, sino de cómo se protege a toda una población”, explica la epidemióloga Denise Garrett, vicepresidenta del Instituto Sabin, una organización internacional sin fines de lucro que promueve la inmunización en todo el mundo.

Observaciones paralelas

Para demostrar su seguridad y eficacia, cada nueva vacuna se somete a un verdadero rito científico, que implica una serie de pasos.

“Todo comienza con experimentos en cultivos de células animales, donde vemos si las moléculas tienen potencial para funcionar en humanos”, explica el doctor Jorge Kalil, profesor de inmunología clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo.

Vacuna de moderna

Reuters
Todas las vacunas autorizadas fueron sometidas a rigurosas pruebas.

Si los resultados son buenos, el producto se prueba en humanos, en tres fases.

“Comenzamos con un número limitado de voluntarios en la fase uno y, a medida que avanza el conocimiento, evolucionamos a decenas de miles de participantes en la fase tres”, resume Kalil, quien también es director del Laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (InCor), en Sao Paulo.

Las vacunas contra la covid-19 han atravesado (y siguen atravesando) esta maratón.

La tasa de eficacia sobre la covid-19 sintomática se establece precisamente en esta etapa de tres ensayos clínicos.

Pero eso no es lo único que miden los científicos: aprovechan toda la estructura para hacer estudios y mediciones “paralelas”, que se conocen como resultados secundarios.

No son el objetivo principal de ese trabajo, pero son conocimientos que también ayudan a comprender el poder de ese candidato para la inmunización.

“Además de saber que CoronaVac tenía una tasa de eficacia general del 50% contra la enfermedad sintomática, la investigación mostró una protección del 78% contra los síntomas leves que también necesitaban asistencia médica. Este fue un resultado secundario observado”, ejemplifica Kalil.

Por lo tanto, aunque se han diseñado estudios clínicos para evaluar la capacidad de las vacunas para prevenir el covid-19 sintomático, muchas de las pruebas ya indicaron que los beneficios podrían ser más prometedores.

Y esa evidencia ahora se está confirmando, con los primeros resultados de la vida real de las campañas de inmunización contra el coronavirus.

El ejemplo de Israel

Con aproximadamente 8,8 millones de habitantes, Israel fue el primer país del mundo en iniciar y expandir rápidamente una campaña de vacunación contra la covid-19.

“El país se ha convertido en un caso de estudio perfecto, ya que está utilizando la misma vacuna en toda la población y aplicando las dosis a un ritmo muy rápido”, señala Pasternak.

Puntos ce vacunación en Israel.

Getty Images
Israel tiene la campaña de inmunización contra la covid-19 más avanzada del mundo.

Los datos publicados la semana pasada por el Ministerio de Salud de Israel y las farmacéuticas responsables de la vacuna revelan resultados que superan las expectativas, como la caída dramática de casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

“Los últimos análisis revelan que los individuos no vacunados tienen 44 veces más riesgo de desarrollar una infección sintomática y 28 veces más probabilidades de morir por la enfermedad”, dijeron las entidades, en un comunicado difundido a la prensa.

Nota: las pruebas de fase tres de inmunización de Pfizer y BioNTech se crearon para observar y medir la eficacia contra la covid-19 sintomática. Pero, en la experiencia de la vida real, todo indica que las dosis también son capaces de prevenir la infección (el primer elemento mencionado por la OMS) y las condiciones muy graves (el tercer elemento).

Además de Pfizer/BioNTech, las vacunas de Moderna y AstraZeneca/Oxford ya muestran efectos similares en lugares donde se aplican a gran escala.

“Esto significa que las vacunas pueden tener un impacto en la transmisión viral y, cuantas más personas estén protegidas, más difícil será para el virus encontrar a alguien vulnerable”, argumenta Garrett.

Pie en el acelerador

Hay un ingrediente adicional que exige campañas de inmunización aún más rápidas: el descubrimiento de nuevas variantes del coronavirus.

https://www.youtube.com/watch?v=lGUuIKrNxbE

Ya se sabe que estas versiones del agente infeccioso se propagan con mayor facilidad y que incluso pueden afectar a personas que ya tuvieron la enfermedad en los meses anteriores.

Otro temor es que estas mutaciones en el código genético viral hagan que las vacunas sean menos efectivas o que incluso las dejen completamente desactualizadas.

Precisamente por eso hay que acelerar la vacunación. “Las variantes son preocupantes. Las vacunas que tenemos en este momento dan cuenta de los tipos de coronavirus que se han descrito hasta ahora. Por lo tanto, no podemos dejar margen y tiempo para que aparezcan otras versiones y se escapen de la solución que tenemos”, advierte Pasternak.

La microbióloga apunta que, además de poner un pie en el acelerador de la vacunación, es necesario invertir más en secuenciación genética y vigilancia genómica para identificar estas nuevas amenazas desde su origen, antes de que se extiendan a otros rincones.


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