4 claves que explican por qué ganó el rechazo a la nueva ley del aborto en Argentina
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4 claves que explican por qué ganó el rechazo a la nueva ley del aborto en Argentina

En la madrugada del jueves, el Senado, rodeado de cientos de miles de personas bajo la lluvia y el frío, rechazó la ley por 38 votos en contra, 31 a favor y 2 abstenciones. ¿Qué fue lo que impidió la aprobación de la ley?
9 de agosto, 2018
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En la práctica, es como si no hubiera pasado nada: tras cinco meses de debate mediático, político y social, la ley que reglamenta el aborto en Argentina sigue siendo la misma.

Pero es imposible pensar que no pasó nada, porque en lo simbólico, muchos creen que Argentina nunca será la misma.

El proyecto de ley de interrupción temprana del embarazo traspasó las fronteras de la política y se introdujo en la vida íntima de millones de argentinos: casi nadie se quedó al margen y casi todos tomaron postura en una discusión sobre la vida, la muerte, el Estado, el género, el sexo y la salud pública.

En la madrugada del jueves, el Senado, rodeado de cientos de miles de personas bajo la lluvia y el frío, rechazó la ley por 38 votos en contra, 31 a favor y 2 abstenciones.

Ni anuncios en medios internacionales ni apoyo de influyentes personalidades locales e internacionales ni lobby de grupos feministas y progresistas lograron que el Senado estuviera de acuerdo con la Cámara de Diputados, que aprobó el proyecto hace un mes.

Aunque la maratónica sesión del Senado terminó entre informaciones de posibles variantes del proyecto o una modificación del Código Penal, los promotores de la norma tendrán que esperar al menos un año para introducirlo de nuevo al Congreso. Sería el octavo intento.

Una mujer sostiene una pancarta: "Luchemos en las calles por el aborto legal, seguro y gratuito".

AFP
Quienes apoyan el proyecto deberán esperar hasta el próximo año para volver a presentarlo en el Congreso argentino.

Desde 1921, el aborto en Argentina es legal en tres causales: violación, riesgo para salud de la mujer e inviabilidad del feto. Fuera de eso, es un delito.

Según los defensores, en Argentina hay medio millón de abortos clandestinos al año. Desde 2016, murieron 43 mujeres en esas condiciones.

Esa es la realidad que los impulsores dicen querer cambiar con una ley que habría convertido a Argentina en el tercer país latinoamericano después de Cuba y Uruguay en que las mujeres tienen derecho a abortar dentro del plazo previsto.

¿Qué fue, entonces, lo que impidió la aprobación -o permitió el rechazo- de la ley?

1. La religión

Panorámica de las manifestaciones que rodean al Congreso.

AFP
Manifestantes a favor y en contra del proyecto de ley esperaron hasta la madrugada para conocer el resultado de la votación en el Senado.

Argentina fue de los primeros países en legalizar derechos de corte progresista como el voto femenino y el matrimonio homosexual, pero eso no significa que la influencia de grupos conservadores sea reducido.

Este es el país de origen del papa Francisco, quien no se pronunció sobre el caso argentino, pero dijo dos días después de la votación en Diputados que el aborto es “homicidio de niños” comparable con “lo que hacían los nazis por la pureza de la raza.”

En estos meses, obispos y sacerdotes hablaron del tema en la misa de domingo, un arzobispo lo mencionó en la tradicional y mediática celebración del día de la independencia y muchos senadores basaron su voto en argumentos religiosos.

Como en todos los países latinoamericanos, la mayoría de los argentinos (70%) se consideran católicos, según varias encuestas, y recientemente ha aumentado la cantidad de adeptos a grupos evangélicos (casi el 10%).

Multitud con banderas argentinas y pañuelos celestes.

Reuters
Actualmente, la ley argentina sólo permite el aborto cuando el embarazo es fruto de una violación o peligra la vida de la madre.

El sábado previo a la votación, muchos se sorprendieron al ver la enorme Avenida 9 de Julio llena de gente que rechazaba la ley. Los grandes convocantes de la movilización fueron los evangélicos.

Pero además del poder social y cultural, la religión tiene un gran capacidad de influencia política e institucional en el país.

El lobby de la Iglesia, dijeron varios legisladores proaborto a BBC Mundo, “se activó” para la votación en el Senado.

2. La representatividad en el Senado

Cristina Fernández.

Reuters
La expresidenta Cristina Fernández votó a favor del proyecto aunque durante su gobierno siempre se mostró en contra del aborto.

Argentina tiene un sistema político bicameral y federal que se rige bajo la idea de que el Senado representa a la provincias y la Cámara de Diputados, al pueblo.

Mientras en Cámara Baja está compuesta por diputados de acuerdo al censo nacional, la cámara alta tiene un número fijo de tres senadores por provincia, que tienen periodos de 6 años con reelección indefinida.

Con esa repartición, los grupos conservadores tienen ventaja en el Senado.

En regiones como el norte, por ejemplo, la influencia política y social de la Iglesia es mayor, mientras que en Buenos Aires, donde está un tercio de la población, la gente es más progresista o liberal.

Muchos creen que con el relevo generacional en el Congreso, donde los legisladores menores de 40 años aprueban de forma abrumadora el aborto, lo más probable es que tarde o temprano se apruebe una ley de interrupción del embarazo de plazos.

3. El guiño del gobierno

Mauricio Macri.

EPA
El presidente argentino Mauricio Macri promovió el debate pero siempre se mostró en contra del proyecto de ley de despenalización del aborto.

El promotor de este debate en el Congreso fue nada menos que el presidente, Mauricio Macri, un conservador en lo ideológico que ha declarado estar “a favor de la vida”.

Algunos opinaron que lo hizo para desviar el debate de la complicada situación económica.

El presidente les dio vía a libre a los legisladores de la coalición oficialista para que votaran como quisieran y se mantuvo al margen del debate en sus declaraciones.

Pero otras figuras del oficialismo sí salieron a opinar, como la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien registra números de aprobación tan altos como ningún otro político en el país.

“Si la ley no se vota (aprueba) hoy, mañana voy a estar más aliviada”, dijo.

Lo mismo opinaron otras figuras clave del poder actual, como la diputada y excandidata presidencial Elisa Carrió y la vicepresidenta, Gabriela Micheti.

Es difícil saber cuánto influyó esto en el voto de los legisladores, porque hubo resonados senadores del oficialismo que apoyaron la ley.

El guiño del poder, sin embargo, estaba.

4. Primó el argumento moralista

Manifestantes a favor del proyecto de despenalización del aborto.

AFP
Según el Ministerio de Salud, en 2016 hubo 245 muertes maternas en el país, 43 de ellas al interrumpir el embarazo.

El argumento principal que presentaron los defensores de la ley fue que esto se trata de un tema de salud pública, que amenaza a miles de mujeres, que está basado en números, ciencia, datos.

Los pañuelos verdes pro despenalización del aborto -y sus argumentos- llegaron a programas de televisión en horario estelar, a la contratapa del The New York Times y a las redes sociales de actores y actrices de la farándula.

Los críticos del proyecto, en cambio, apelaron al argumento moral: el aborto es matar, dijeron, y acá se trata de “salvar las dos vidas”.

Algunos de los voceros conservadores incluso llegaron a emitir declaraciones refutadas por la ciencia, como el famoso pediatra que dijo en el Senado que “el preservativo no sirve para prevenir el sida”.

Hasta hace unos meses, las encuestas registraban que la mayoría de los argentinos apoyaban despenalizar el aborto, pero en medio del debate la balanza se ha equilibrado con un aumento del rechazo de entre 10 y 15%.

Cada bando usó sus herramientas. Unas fueron más efectivas que otras.


 

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Cuartoscuro

Ser periodista en Twitter: Mujeres enfrentan más ataques por su físico y capacidad que los hombres

El 67% optó por dejar de hacer publicaciones en redes sobre temas que sabían que podían generarles una agresión, o de plano se retiraron de Twitter o redujeron la frecuencia de sus opiniones, revela un estudio.
Cuartoscuro
15 de noviembre, 2020
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A los periodistas hombres se les ataca en redes sociales por el trabajo que hacen. A las mujeres periodistas, además de eso, la mayor cantidad de agresiones que reciben son sexistas. Ellas reciben un 30% más insultos sobre su físico, 20% más expresiones sexistas y 10% más comentarios que las tachan de no tener capacidad intelectual.

Esto reveló el estudio Ser Periodista en Twitter, de las organizaciones Sentiido y Comunicación para la Igualdad, que analizó las interacciones de 66 comunicadoras y comunicadores en 7 países de América Latina y los entrevistó.

Lee: Aumenta 45% las agresiones a periodistas en primer semestre de 2020

“A las mujeres, sistemáticamente, cuando nos insultan, además de que nos dicen ‘facha’ o ‘hija de puta’, ya de paso nos dicen ‘sos una gorda malcogida’. Siempre el insulto vinculado con lo sexual o lo físico está intrínsecamente asociado a la mujer, no al hombre. En el caso de los hombres periodistas que sigo y que he visto a lo largo de estos años que reciben insultos (no digo que no reciban insultos, reciben en iguales cantidades), jamás les dicen ‘sos un malcogido’. A ellos les dicen ‘¿cuánto te pagaron?’”, señaló una periodista uruguaya que participó en el estudio.

De entre los entrevistados, 14% de los hombres sintió que en el último año recibió un volumen alto de ataques, mientras que entre mujeres el porcentaje se duplica a 28.5%. Y de distintos tipos de violencia, como desprestigio, discriminación, acoso y monitoreo, ellas siempre fueron las más afectadas.

Donde resultó más notorio fue en ataques que incluyeron la difusión de información personal o íntima, ya que 47% de mujeres lo experimentaron, pero solo 14% de varones. Además, ninguno de ellos sufrió que hackearan su cuenta, como sí le ocurrió a 9.5% de mujeres, y ninguno fue víctima de abuso sexual tecnológico, ante el 5% de ellas que sí lo reportaron.

Solo cuando se trata de amenazas directas, los hombres reciben más. Pero las mujeres manifiestan más temor de que puedan concretarse porque muchos ataques vienen de personas reales e identificables.

La situación se vuelve peor si son periodistas que cubren temas de feminismo o derechos de las mujeres, o incluso simplemente al ser identificadas como feministas, y ya aunque estén tuiteando de otra cosa, reciben insultos como “feminazi”. El estudio detectó que esto es especialmente grave en cuatro países, entre ellos México, además de Paraguay, Argentina y Uruguay.

Por eso, la mayoría de comunicadoras contestaron que su libertad de expresión se vio disminuida. El 67% optó por dejar de hacer publicaciones en redes sobre temas que sabían que podían generarles una agresión, o de plano se retiraron de Twitter o redujeron la frecuencia de sus opiniones. Mientras que entre hombres, el 57% dijo que sigue usando la red social como si nada.

“Dejé de usar palabras como ‘patriarcado’, ‘machirulo’, ‘machista’; ahora trato de usar ‘agresión’ en vez de ‘violencia’ o busco sinónimos para no decir ‘violencia machista’”, dijo una comunicadora paraguaya.

“No miro qué me responden a lo que tuiteo, es como un tuit a ciegas para evitar justamente hurgar mucho ahí y volverme nada. Recibo agresiones por todo: porque comento sobre la pelea de dos periodistas, porque retuiteo una noticia, porque digo algo en contra del presidente, porque les cuento qué me soñé ayer…”, contó otra, colombiana.

Las reacciones para tratar de defenderse también cambian entre géneros: 71.5% de mujeres que recibió comentarios agresivos denunció dentro de la propia red social, pero solo 43% de varones. Aunque una comentó que Twitter solo llega a bajar cuentas con pocos seguidores, pero no las que tienen mucho y, por lo tanto, tienen más repercusión.

Aristegui y Dresser, víctimas mexicanas de redes progobierno

El estudio analizó en México el caso de dos mujeres comunicadoras que además tienen una presencia destacada en Twitter: Carmen Aristegui y Denise Dresser.

La primera fue víctima de una ola de ataques con la etiqueta #ApagaAristegui entre marzo y junio de 2020, que llegó a acumular casi 94 mil interacciones. Las agresiones empezaron tras la divulgación de información que hizo en su noticiario sobre las irregularidades laborales cometidas por la titular de la Agencia de Noticias del Estado, Notimex.

En el caso de Dresser, también sufrió un ataque sistemático con la tendencia #LadyZopilota, que acumuló 28 mil menciones entre marzo y abril, pero tuvo su pico después de un par de tuits que emitió cuestionando la respuesta del gobierno federal frente a la pandemia de COVID-19.

Contra ella, además de las etiquetas ofensivas, se reprodujeron imágenes de un montaje en el que aparecía como una víbora, un buitre o en una clínica psiquiátrica, con múltiples comentarios sobre su salud mental y su capacidad intelectual. Conductas típicas detectadas en las agresiones contra mujeres.

El informe de Comunicación para la Igualdad y Sentiido subraya con preocupación que en ambos casos quedó claro que los ataques no eran orgánicos, sino organizados, y muchos de los usuarios que participaron se identificaban a sí mismos con el distintivo RedAMLO, remarcando que son partidarios del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Solo en México y en Colombia se detectó este patrón de agresiones por parte de redes a favor del gobierno en turno. Además de que las mexicanas sufrieron todos los demás componentes de violencia de género digital.

Apenas esta semana, ambas comunicadoras fueron nuevamente objeto de ataques por establecer una mesa de análisis con una mujer más, Sabina Berman. La mesa inició a la par que esta última denunció discriminación de su compañero de conducción en un programa de Canal Once, John Ackerman, y este respondió descalificando su profesionalismo, su ideología, criticó su participación en una mesa con Dresser, y posteriormente la ignoró en una transmisión en vivo, lo que desató miles de comentarios acusando machismo, pero también agresiones a Berman, y finalmente el programa se canceló.

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