Héctor murió por un golpe en clase; padres dicen que fue una agresión, la SEP que fue un accidente
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Archivo / Cuartsocuro

Héctor murió por un golpe en clase; padres dicen que fue una agresión, la SEP que fue un accidente

El menor de 7 años tomaba clases de educación física cuando, de acuerdo con su madre, fue agredido por un compañero y sufrió un golpe en la cabeza, al no ser atendido de inmediato sufrió una hemorragia y trauma encefálico. A los 10 días, murió.
Archivo / Cuartsocuro
Por Redacción Animal Político
29 de agosto, 2018
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El pasado viernes 20 de julio, Héctor Ánimas Marín, de siete años, tomaba su clase de educación física cuando fue agredido por uno de sus compañeros, quien lo tiró al piso provocándole un golpe en la cabeza. En cuestión de minutos tenía un chichón, sin embargo no fue atendido sino hasta un par de horas después y finalmente murió 10 días después.

Los padres de Héctor, María Guadalupe Marín y Josué Ánimas, exigen justicia y aseguran que la maestra del menor así como el profesor de educación física tienen algo de responsabilidad al minimizar los hechos y no atender de manera inmediata a su hijo, además, acusa, están ocultando la verdad “pues aseguran que fue un choque de cabezas, cuando en realidad mi hijo fue agredido”.

En conferencia de prensa María relató que el golpe habría sido alrededor de las 8:20 de la mañana durante la clase de educación física, sin embargo ella recibió un mensaje hasta las 10 de la mañana por parte la directora de la escuela para informarle que su hijo estaba grave “por un cabezazo que se dio con otro compañero”.

Cuando la madre de Héctor llegó a la primaria Benito Juárez del municipio de Atzitzihuacan, Puebla, encontró al menor aun consciente: “su maestra, Alicia Griselda, me dijo que no le veían nada malo a mi hijo, pero en cuanto el personal de la ambulancia lo vio me dijo que estaba mal y que urgía llevarlo al hospital”, contó María.

Camino al hospital y frente al maestro de educación física, Israel Vázquez, quien los acompañó en la ambulancia, el menor desmintió la versión del cabezazo y aseguró que fue un compañero quien lo agredió y tiró al piso.

“Cuando mi hijo dijo esto, yo miré al maestro de educación física y él solo se agachó y negó con la cabeza”, recordó entre lágrimas María.

Cuando finalmente llegaron al hospital, el menor vomitó dos veces y al realizarle una tomografía los médicos informaron a los padres que Héctor se encontraba grave “que tenía coágulos, traumatismo, hemorragia y trauma encefálico”.

Según María, el médico que atendió al niño le dijo que de haber atendido de inmediato al menor se hubieran inyectado anticoagulantes y evitado la muerte de Héctor.

Tras su ingreso al Hospital del Niño Poblano, el niño permaneció 10 días en coma y falleció.

“Yo sé que el hubiera no existe pero exijo que se castigue a los responsables, mi hijo ya había vomitado en la escuela después del golpe y los maestros solo le dieron un té, y no lo llevaron al médico ni pidieron una ambulancia. Pasaron dos horas para que me avisaran y fue por eso que empeoró y murió”, agregó María.

De acuerdo con el portal poblano de noticias El Popular, los padres interpusieron una denuncia ante la Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla “contra quien resulte responsable”, además de levantar un oficio ante la SEP para que investiguen el hecho “y se sancione a los profesores por negligencia”.

Sin embargo hasta la fecha no han recibido respuesta e incluso, reporta El Popular, la maestra del grupo solicitó su cambio y no se sabe su paradero.

Tras escuchar la versión de los padres de Héctor, la SEP emitió un comunicado donde descartó  que los hechos ocurridos hayan estado relacionados con un caso de bulliyng, y asegurando que el menor fue atendido desde el primer momento tras la agresión.

Confirmaron que el accidente se dio durante la clase de educación física y detallan que luego de llegar a la escuela, los padres de Héctor lo llevaron a un consultorio particular y posteriormente fue trasladado al Hospital para el Niño Poblano, “donde fue intervenido quirúrgicamente”.

La SEP resalta que se encargó de gestionar la afiliación al Seguro Popular del menor para cubrir la atención médica hasta su muerte.

Sin embargo los padres se sienten ignorados por las autoridades y acusan que en la escuela tampoco han recibido el apoyo que esperaban.

“Queremos que los maestros tengan realmente su sanción porque me ocultaron la información vital para mi hijo, somos de un pueblo muy pequeño todos nos conocemos ahí, incluso los padres del niño que agredió a Héctor pasan a diario por mi casa como si nada hubiera pasado. Solo queremos justicia”, finalizó María.

Con información de El Popular.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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