Funcionarios partidistas superan el salario que López Obrador se fijó como presidente
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Funcionarios partidistas superan el salario que López Obrador se fijó como presidente

Ocho funcionarios panistas reciben una remuneración superior a 108 mil pesos mensuales, que es el sueldo que se fijó López Obrador como presidente.
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Por Itxaro Arteta
3 de agosto, 2018
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El plan de “austeridad republicana” de Andrés Manuel López Obrador incluye reducciones de salarios en buena parte del sector público, donde algunos funcionarios partidistas ganan más que el monto que se fijó como salario al ser el próximo presidente de México.

López Obrador anunció que ganará 108 mil pesos mensuales, y que ese será el tope para cargos del Ejecutivo.

Sobre los recursos a partidos políticos, López Obrador dijo que Morena rechazará los mil 500 millones de presupuesto que le corresponderán para 2019 –según el cálculo actual–. En tanto, una diputada de su partido presentó una iniciativa para reducir a la mitad el financiamiento público a los partidos.

Con 850 millones de pesos, el PAN es el que recibirá el segundo mayor presupuesto para el próximo año, y, de acuerdo con información de la Plataforma Nacional de Transparencia, es el que mejor paga a sus cuadros, a pesar que desde 2015 han adoptado un plan de austeridad.

Directores y secretarios del PAN, los mejor pagados

Ocho funcionarios panistas, sin incluir al presidente del partido, reciben una remuneración superior a 108 mil pesos mensuales, según los datos actualizados al segundo semestre de 2017 del tabulador de salarios del PAN.

El más alto registrado es el del director jurídico, Eduardo Aguilar Sierra, que como remuneración neta tiene 91 mil 343 pesos, pero con prestaciones sube hasta un monto total de 168 mil 147.

Le sigue el director del Registro Nacional de Militantes, Jesús Eduardo Urbina Lucero, con 143 mil 456 pesos; el tesorero, Edgar Mohar Kuri, quien fue el coordinador operativo de la campaña presidencial de Ricardo Anaya, con 130 mil 697 pesos, y el Secretario de Comunicación, exvocero en la contienda, Fernando Rodríguez Doval, con 122 mil 528.

Después, con sueldos totales de entre 115 y casi 109 mil pesos, están la directora de Informes de Campaña, Elda Leticia García Domínguez; el contralor, José Luis Puente Canchola; el secretario de Elecciones, José de Jesús González Reyes, y la secretaria de Fortalecimiento Interno e Identidad, la queretana Adriana Aguilar Ramírez.

Ricardo Anaya, que fue presidente del PAN hasta diciembre, reportaba ejercer el cargo “de manera honoraria”, sin sueldo, aunque en el primer semestre del año sí había percibido 103 mil 550 pesos mensuales, lo más alto para un líder partidista. Eso a pesar de que cuando llegó a la dirigencia blanquiazul, en 2015, prometió austeridad y bajó su sueldo a la mitad de lo que ganaba su antecesor (que eran 185 mil).

Aunque los datos no están actualizados sobre la presidencia de Damián Zepeda, durante el primer semestre de 2017 tuvo, como secretario general del partido, una remuneración total de 192 mil 547 pesos, la más alta del tabulador; en el segundo semestre se redujo a la mitad: a 96 mil 911.

PVEM y PT, sin información pública de sueldos

Otro partido que ha reportado funcionarios mejor pagados que el tope que propone López Obrador para el gobierno es el Partido Verde. Sin embargo, su tabulador no incluye a los dirigentes del Comité Ejecutivo Nacional.

El sueldo más alto que tiene registrado fue durante 2016: un total de 164 mil 265 pesos mensuales a la entonces secretaria de Procesos Electorales, Lorena Suárez Valdivia.

También reportó pagar 116 mil 928 a Xavier López Adame, entonces en la Secretaría de Comunicación, hoy secretario técnico del CEN.

El tabulador no informa del salario del vocero nacional, máximo cargo en el partido y que actualmente ocupa el senador Carlos Puente.

Algo similar ocurre con el tabulador del Partido del Trabajo (PT): no aparece Alberto Anaya, que por 28 años ha liderado ese organismo, ni otros altos cargos de su Comisión Ejecutiva Nacional. El mayor sueldo reportado es el de una asistente de finanzas, con 42 mil 758 pesos.

Animal Político solicitó a ambos partidos la información sobre los sueldos de sus dirigentes, pero hasta ahora no obtuvo respuesta.

Los sueldos de los presidentes de partido

La revisión de los tabuladores de todos los partidos políticos arroja que Luis Castro Obregón, presidente de Nueva Alianza desde hace siete años, cuyo partido perderá en este 2018 su registro al no obtener ni el 3% de la votación en las elecciones federales, tiene una remuneración total de 100 mil 335 pesos mensuales. 

Le sigue el del PRI. Este partido tiene uno de los registros más actualizados de todos, por lo que reporta el sueldo de René Juárez (que ocupó el cargo de mayo a julio de 2018) en 83 mil 727, el mismo que tenía su antecesor, Enrique Ochoa.

Después está Movimiento Ciudadano. Dante Delgado, que no se denomina “presidente” sino “coordinador” de la Comisión Operativa Nacional, percibe 83 mil 400 pesos, según la última actualización del primer semestre de 2018.

El Partido Encuentro Social (PES), que también perderá el registro por no tener 3% de la votación, paga a su líder, Hugo Eric Flores, 81 mil 082 pesos.

Con el sueldo más bajo –aunque los datos están desactualizados–, se colocan los presidentes de Morena y del PRD, con poco más de 66 mil pesos al mes en ambos casos.

Del primero, la última información es de junio de 2017, cuando todavía era dirigente López Obrador, mientras que la actual presidenta, Yeidckol Polevnsky, aparecía en el cargo de secretaria general “de manera honorífica”, sin sueldo.

Del sol azteca no hay dato de la remuneración de su dirigente en 2018 ni 2017, pero un año antes aparecía Alejandra Barrales, con 66 mil 173 al mes.

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Elecciones en EU: el futuro de Trump y otras 3 cosas que están en juego en la batalla por el Congreso

Según el corresponsal político de la BBC en Washington, uno de los temas fundamentales que ha dominado la discusión ha sido el aborto.
8 de noviembre, 2022
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Sin que sus nombres estén en las papeletas, Joe Biden y Donald Trump se han convertido en protagonistas de una intensa campaña electoral que ha vuelto a poner de relieve la división que vive Estados Unidos.

El país celebra este 8 de noviembre las elecciones de mitad de término, las llamadas “midterms”, y se prevé que el resultado tenga un gran impacto en los dos años que quedan de la presidencia de Biden (y más allá).

En EE.UU. se renueva la Cámara de Representantes y una parte del Senado cada dos años: en unos casos en coincidencia con las presidenciales y en otros en la mitad del período presidencial, de ahí el nombre de los comicios.

Es por eso que muchos ven esta elección como un referendo al presidente de turno. Y es muy común que, en ese proceso, el partido que ocupa la Casa Blanca tienda a perder escaños.

El Partido Demócrata obtuvo en la elección de 2020 una mayoría en la Cámara y un empate en el Senado que en realidad es mayoría porque el voto del desempate recae en la vicepresidenta Kamala Harris.

Eso le ha permitido a Biden aprobar algunos de los planes de su ambiciosa agenda legislativa.

Para los republicanos es un momento clave: estas serán las primeras elecciones desde que Trump salió de la Casa Blanca, y serán el mejor indicador del exmandatario para decidir si se lanza o no como candidato presidencial para 2024.

Además, si los republicanos toman el control de cualquiera de las cámaras, podrían frenar efectivamente la agenda de Biden.

También podrían controlar los comités de investigación del Congreso, por lo que podría poner fin a la investigación que se lleva a cabo sobre el ataque al Capitolio de EE.UU. del 6 de enero de 2021, aunque se espera que su trabajo termine a finales de año.

El corresponsal político de la BBC en Washington Anthony Zurcher compartió algunos de los que él considera que serán los puntos clave de esta elección.

1. Derechos o restricciones al aborto

Un cambio en la composición en el congreso puede tener un impacto directo en el día a día de los estadounidenses. Un buen ejemplo es el caso del aborto.

En junio, la Corte Suprema revocó el fallo Roe vs. Wade que otorgaba protección constitucional al aborto en el país.

Ambos partidos ya tienen proyectos legislativos que van a intentar implementar en el ámbito federal si ganan el control del Congreso en noviembre.

Los demócratas prometen defender el derecho de las mujeres a abortar, mientras que los republicanos han propuesto una prohibición federal del aborto más allá de las 15 semanas de embarazo.

A nivel estatal, el resultado de las contiendas legislativas locales y de gobernador en estados clave como Pensilvania, Wisconsin y Michigan podría significar que esos sitios impongan mayores restricciones al aborto.

Pero cualquiera de los partidos que gane el control del Congreso -y el poder en los estados- tendrá la posibilidad de impactar el enfoque de políticas que van más allá del aborto.

Si los republicanos resultan victoriosos, se espera que la inmigración, los derechos religiosos y el crimen se conviertan en prioridades.

En contraste, para los demócratas los temas clave son el medio ambiente, la atención médica, el derecho al voto y el control de armas.

2. El regreso de Trump

El expresidente de EE.UU. Donald Trump, durante su inauguración, en 2017.

EPA
Muchos analistas creen que una posible candidatura de Trump en 2024 dependerá de los resultados de esta elección.

A diferencia de los últimos presidentes que han perdido contiendas electorales en EE.UU., Trump no se retiró de la política en silencio.

Pareciera que todavía tiene interés en regresar a la Casa Blanca en 2024, y las elecciones de mitad de término podrían terminar fortaleciendo su posición o frustrando sus esperanzas.

Si bien no aparece en la boleta electoral como candidato, el apoyo político de Trump a decenas de candidatos republicanos sí que lo está.

A pesar de las objeciones de algunos líderes en el partido, el expresidente logró darles impulso a algunos de los candidatos al Senado -como el exjugador de fútbol americano Herschel Walker en Georgia, el médico de televisión Mehmet Oz en Pensilvania y al autor populista JD Vance en Ohio- para que superaran a republicanos más tradicionales en las elecciones primarias.

Si estos candidatos ganan, podría argumentarse que los instintos políticos de Trump son agudos y que su tipo de política conservadora tiene un atractivo nacional.

Pero si los republicanos se quedan cortos en el Congreso, y es por el fracaso de los candidatos poco convencionales seleccionados por Trump, el expresidente podría cargar con la culpa.

Tal resultado aumentaría las esperanzas de los rivales presidenciales de Trump dentro del partido.

Tanto el gobernador de Florida, Ron DeSantis, como el gobernador de Texas, Greg Abbott, están listos para la reelección en noviembre y podrían usar los resultados en esas contiendas como trampolín para sus propias campañas a ganar la nominación republicana en 2024.

3. El futuro de Joe Biden

Las elecciones de mitad de período normalmente se ven como un referéndum a los dos primeros años de un mandato presidencial; y es por esto que, históricamente, el partido en el poder sufre una derrota.

El presidente estadounidense Joe Biden en un evento.

Reuters
La elección de mitad de término es vista como un referendo al presidente actual.

Los índices de aprobación de Biden se han mantenido bajos durante más de un año.

Si bien los demócratas parecen haberse recuperado un poco, la alta inflación y las preocupaciones por el estado de la economía representan una batalla cuesta arriba para que el partido gobernante logre mantener el control de ambas cámaras del Congreso.

En sus primeros dos años como presidente, Biden logró que se aprobaran leyes nuevas en temas como cambio climático, control de armas, inversión en infraestructura y pobreza infantil, a pesar de contar con mayorías estrechas en el Congreso.

Sin embargo, si el control de cualquiera de las dos cámaras pasara al Partido Republicano, este tendría el poder de evitar que el Congreso apruebe proyectos de ley demócratas y el resultado sería un estancamiento legislativo.

Una mala noche para los demócratas se interpretaría también como una señal de la continua debilidad política del presidente, y podría volver a revivir los llamados para que Biden le deje el camino abierto a otro candidato demócrata cuando comience la campaña presidencial de 2024.

Sin embargo, el presidente y sus asesores insisten en que van por la reelección y solo se ha visto una vez en la política moderna que un presidente en el cargo pierda la nominación de su partido en las primarias.

4. ¿Qué pasa con los que no reconocen la elección de 2020?

Marjory Taylor Greene

Reuters
Varios candidatos republicanos han cuestionado abiertamente la legitimidad de la elección que en 2020 llevó a Joe Biden a la presidencia.

Las elecciones de mitad de período de 2022 van a ser las primeras elecciones federales desde que tuvo lugar el asalto al Capitolio de EE.UU. el 6 de enero de 2021, en el que partidarios de Trump intentaron impedir que los congresistas certificaran la victoria electoral de Joe Biden.

Lejos de amainarse después de los disturbios, Trump ha insistido en sus cuestionamientos a los resultados de la elección y ha apoyado activamente a los candidatos republicanos que dicen que les robaron la victoria.

Muchos de estos candidatos, como los nominados a secretario de Estado Mark Finchem en Arizona y Jim Marchant en Nevada y el candidato a gobernador Doug Mastriano en Pensilvania, se postulan para cargos en los que tendrán al menos algún tipo de control sobre los sistemas electorales de su estado de cara a la contienda presidencial de 2024.

Estos políticos, si son elegidos, podrían negarse a certificar los resultados electorales en sus estados si se viera en el país una elección reñida para la presidencia.

También podrían unirse a demandas contra algunoos condados, argumentando denuncias de corrupción electoral, o podrían promulgar nuevas reglas y regulaciones para restringir ciertos métodos para ejerccer el voto, como lo es la votación por correo.

En la elección de 2020, varios funcionarios republicanos estatales se negaron a ceder ante la presión de Trump para revertir los resultados en diferentes sitios.

Si en dos años hay una elección tan reñida como la de 2020, podría verse un resultado muy distinto a este tipo de desafíos.


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