El cambio en el plan de seguridad de AMLO para mantener al Ejército en las calles
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Cuartoscuro Archivo

El cambio en el plan de seguridad de AMLO para mantener al Ejército en las calles

Andrés Manuel López Obrador prometió crear una Guardia Nacional, pero esa idea quedó atrás; la Marina y el Ejército, en el corto plazo, seguirán combatiendo al crimen en las calles, según dijo el presidente electo.
Cuartoscuro Archivo
Por Itxaro Arteta Monteagudo
27 de agosto, 2018
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Andrés Manuel López Obrador pasó de prometer, como candidato, la creación de una Guardia Nacional para combatir la violencia en México, a reconocer el viernes pasado que es necesario que las Fuerzas Armadas sigan temporalmente en las calles.

“Esto desde luego tiene que ser transitorio. Pero en el inicio de gobierno vamos a actuar de manera conjunta, para que de acuerdo a mis facultades se pueda contar con el apoyo del Ejército y la Marina en lo que tiene que ver con garantizar la seguridad interior en el país, y también por la situación de gravedad que  prevalece en materia de inseguridad y de violencia, vamos a apoyarnos en el Ejército y la Marina para garantizar la seguridad pública. Repito, va a ser un proceso para que en el mediano y largo plazo ya tengamos una Guardia Nacional, capaz de garantizar la paz y la tranquilidad en nuestro país”, dijo en conferencia de prensa.

Apenas una semana antes, Alfonso Durazo, propuesto para ser titular de la Secretaría de Seguridad Pública, que se volverá a crear el próximo sexenio, había descartado la creación de una Guardia Nacional, porque la prioridad del nuevo gobierno, según dijo, será perseguir las finanzas del crimen, y no detener a sus cabecillas.

“El objetivo de la Guardia Nacional era optimizar el aprovechamiento de todos los recursos de todas las instancias vinculadas a la seguridad, pero estimamos una serie de modificaciones legales que en este momento no tiene sentido para nosotros impulsar”, dijo el colaborador del presidente electo.

La propuesta de Guardia Nacional fue variando al paso de los meses.

En noviembre pasado, todavía como presidente de Morena, López Obrador presentó  su proyecto de Nación, que planteaba un retiro “paulatino y programado” de las Fuerzas Armadas, sin especificar fechas, y decía que se analizaría la conveniencia de crear una Guardia Nacional.

Esta última propuesta se hizo más explícita en diciembre, cuando se registró como precandidato oficial de la coalición Juntos Haremos Historia.

“Se creará la Secretaría de Seguridad Pública. Habrá mando único, porque desde el primer día del nuevo gobierno democrático asumiré la coordinación del gabinete de seguridad pública, como en el tiempo en que fui jefe del Gobierno capitalino. Se creará la Guardia Nacional, como lo establece la Constitución, para reorganizar e integrar a todas las corporaciones militares y policíacas”, señaló entonces.

Durante varios meses mantuvo esa postura y explicó que no hacían falta modificaciones legales para integrar ese cuerpo, porque en la Constitución ya estaba establecido que el presidente puede constituir una Guardia Nacional para trabajar en todo el país.

“Habrá mando único y una Guardia Nacional integrada por elementos de todas las corporaciones policiacas y militares. Para la integración de la Guardia Nacional, no se requiere para ello de reforma constitucional, también está establecido en la Constitución”, dijo el 18 de febrero, cuando la Asamblea Nacional Electiva de Morena lo confirmó como su candidato a la presidencia.

Pero empezó a cambiar su versión el 8 de mayo, en un diálogo con víctimas de la violencia al que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad convocó a los candidatos presidenciales. Ahí pasó de hablar de integrar las corporaciones a sólo coordinarlas mejor, con lo que dejaba entender que los militares seguirían siendo parte del combate a la inseguridad.

“Se coordinará a las instituciones encargadas de garantizar la seguridad pública, que ahora están totalmente desorganizadas, porque por un lado actúa el Ejército, por otro actúa la Marina y por otro lado la policía federal, así como las policías estatales, no hay coordinación”, fue el punto siete de diez compromisos firmados para solucionar la violencia.

Ahí fue cuestionado sobre si vetaría la Ley de Seguridad Interior que dio a las Fuerzas Armadas mayores facultades en tareas de seguridad pública, pero dijo que esperaría la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al respecto. Tampoco fijó una postura concreta al ser cuestionado sobre si sacaría al Ejército de las calles.

“Eso lo vamos a ver. En muchas partes la gente dice ‘si se van, nos quedamos en el desamparo completo’. Eso lo vamos a ver poco a poco, no es un asunto maniqueo, hay que ver qué conviene más para conseguir la paz”, dijo.

Un día después de ganar las elecciones, el 2 de julio, en una entrevista, el periodista Carlos Loret de Mola le preguntó si mantenía la idea de combinar elementos del Ejército, Marina y policías en un solo cuerpo, a lo que contestó:

“Vamos primero a trabajar de forma coordinada todas las corporaciones para que haya mejores resultados. Ahora hay mucha dispersión. El Ejército actúa por su cuenta, hace lo propio, la Marina lo mismo, la policía federal, las policías ministeriales. Lo que queremos es unir a todas las corporaciones”.

En su nueva referencia al tema, en la conferencia del viernes pasado, el presidente electo anunció que después de reunirse con los actuales secretarios de Defensa y Marina, analizaría sus sugerencias para nombrar nuevos titulares de esas dependencias en octubre próximo, y así empezar el gobierno el 1 de diciembre ya con quienes trabajará para coordinar las acciones de seguridad. Descartó hacer cambios por el momento en la estructura del combate a la violencia.

“Necesitamos resolver el problema, en definitiva, con lo que  más convenga. Y lo vamos a hacer en el mediano y largo plazo. Vamos a actuar ahora en el corto plazo con el apoyo del Ejército y la Marina, vamos a llevar a cabo nuestro programa de manera conjunta, y de acuerdo a los resultados que se obtengan vamos a tomar ya una decisión que puede consistir en cambiar el marco jurídico. Pero no hacer ningún cambio ahora a la ley de la materia de seguridad pública en tanto no tengamos resultados. Vamos primero a operar en el marco legal actual. Tengo confianza de que vamos a salir adelante con la coordinación”, aseguró.

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Ómicron: ¿es realmente tan peligrosa la nueva variante del COVID?

La detección de una nueva variante del SARS-CoV-2 ha disparado una vez más las alertas a escala mundial, pero ¿qué tan preocupados debemos estar y cómo cambia eso la estrategia contra la pandemia?
29 de noviembre, 2021
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La identificación de una nueva variante del SARS-CoV-2 en Sudáfrica, caracterizada por un gran número de mutaciones (55 en todo el genoma, 32 en la proteína S o espícula) y el aumento vertiginoso de su incidencia relativa en esa población ha disparado una vez más las alertas a escala mundial.

Varios países han cerrado el tráfico aéreo con Sudáfrica y hay expertos que indican que es “la variante más preocupante que hemos visto hasta la fecha”. La OMS la ha elevado a la categoría de “variante preocupante” y la ha designado con la letra griega ómicron.

Pero, con los datos disponibles, ¿podemos aceptar la pertinencia de estas afirmaciones?, ¿se basan en demostraciones o son conjeturas?, ¿cuándo podemos definir una nueva variante como de preocupación y qué consecuencias tiene eso sobre nuestra estrategia frente a la pandemia? Intentaré en los siguientes párrafos arrojar un poco de luz sobre estos temas.

La secuencia genómica de la variante ómicron (linaje B.1.1.529 en el sistema PANGO, o linaje 21K de NextStrain) muestra 55 mutaciones respecto al virus original de Wuhan, 32 de ellas situadas en la proteína S o espícula, la más importante por su papel en la infección de las células y la respuesta inmunitaria.

Muchas de esas mutaciones se han detectado previamente en variantes de preocupación (VOCs) o de interés (VOIs) del virus, como las mutaciones N501Y (presente en las VOCs alfa, beta y gamma), las T95I, T478K y G142D (todas en delta), o se ha demostrado su papel en la interacción con el receptor celular ACE2 (S477N, Q498R), o se encuentran en regiones de unión de algunos anticuerpos (G339D, S371L, S373P, S375F).

Esta acumulación de mutaciones con efectos conocidos ya es motivo de interés y preocupación, pero todavía se tienen que realizar los experimentos adecuados para demostrar sus efectos cuando se encuentran simultáneamente.

Gráfico de la mutación.

BBC

Los efectos de dos mutaciones no son siempre aditivos y las interacciones (epistasias en lenguaje técnico) pueden ser tanto en sentido positivo (aumentando el efecto de cada una) como negativo (disminuyéndolo).

Hasta que no dispongamos de resultados de laboratorio y de datos epidemiológicos y de vigilancia genómica que nos demuestren una mayor transmisibilidad o mayores posibilidades de escape frente a la respuesta inmunitaria no es razonable pasar de vigilancia a alerta o, menos aún, a alarma.

La razón esgrimida por la OMS para declararla como VOC es que puede estar asociada a un mayor riesgo de infección, si bien no hay todavía información pública que respalde esta afirmación.

Vigilancia genómica sudafricana

Sin embargo, las señales de alerta se han disparado debido al rápido aumento de casos detectados en Sudáfrica con esta variante. No es extraño que una nueva variante se detecte en este país, uno de los que tiene mejor sistema de vigilancia genómica del SARS-CoV-2 y en el que, como en casi todos los países del continente africano, la vacunación no ha progresado de la misma forma.

Una mujer con mascarilla trabaja en el laboratorio de la empresa de biotecnología Afrigen, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 5 de octubre de 2021

Getty Images
Sudáfrica cuenta con uno de los mejores sistemas de vigilancia del virus que produce la covid-19.

Gracias a su vigilancia, rápidamente se obtuvo la secuencia del virus responsable de un brote de covid-19 observado en la provincia de Gauteng, en un momento con una incidencia acumulada muy baja de la infección (alrededor de 10 casos por 100.000 habitantes).

En esas circunstancias, cualquier variante asociada a un brote alcanza rápidamente una alta frecuencia relativa, lo que puede indicar una mayor transmisibilidad pero también que crece donde apenas había nada.

Si la principal causa de alarma es la transmisibilidad, otras propiedades asociadas a mutaciones en la espícula no dejan mucho lugar a la tranquilidad, como hemos indicado previamente. De nuevo nos planteamos la pregunta de cómo surge un virus con tantas mutaciones.

La respuesta no es definitiva, pero la principal sospecha es que ha evolucionado en un paciente con un sistema inmunitario debilitado infectado durante un periodo prolongado de tiempo, al cabo del cual se ha transmitido a otras personas en una cadena que nos es desconocida por ahora.

¿Qué podemos hacer frente a una nueva variante de preocupación?

Personas con mascarillas caminan por un centro comercial en España

Getty Images
Varios países ha vuelto a imponer el uso obligatorio de mascarillas y distanciamiento social.

Por el momento, tenemos las mismas herramientas que contra las demás: vacunar, usar mascarillas, mantener distancias, ventilar los recintos cerrados, es decir, reducir al máximo la exposición y circulación del virus, aumentar la población inmunizada en todos los países del planeta, limitando las oportunidades de que aparezcan nuevas mutaciones en el virus.

Aunque pensábamos que tras la variante delta sería difícil que aparecieran variantes de preocupación, la variante ómicron nos ha vuelto a sorprender.

Con independencia de que tenga o no las graves consecuencias que justifican su declaración como VOC, es evidente que la evolución del SARS-CoV-2 puede seguir deparando sorpresas. Cuanto antes reduzcamos esas posibilidades, mejor para todos.

*Fernando González Candelas es Catedrático de Genética. Responsable Unidad Mixta de Investigación “Infección y Salud Pública” FISABIO-Universitat de València. Su artículo original se publicó en The Conversation.


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