Derechos Humanos de la CDMX ordena que grupo independiente investigue asesinato del estudiante Carlos Sinuhé
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Rodrigo Crespo

Derechos Humanos de la CDMX ordena que grupo independiente investigue asesinato del estudiante Carlos Sinuhé

La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México ha realizado alrededor de 5 mil diligencias periciales sobre el caso, aunque ninguna de ellas ha resultado útil para identificar a los responsables del crimen.
Rodrigo Crespo
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A casi siete años del asesinato del joven universitario Carlos Sinuhé Cuevas, perpetrado en la capital del país el 26 de octubre de 2011, la Comisión de los Derechos Humanos de la Ciudad de México demandó a las autoridades regionales conformar un grupo interdisciplinario de expertos independientes, que haga su propia indagatoria para esclarecer el homicidio, ante la deficiente labor del Ministerio Público.

Calos Sinuhé fue asesinado cuando descendió de un vehículo de transporte público, en el km 28 de la carretera federal México-Cuernavaca, luego de recibir amenazas en los meses previos por su participación en movimientos sociales y estudiantiles, en su calidad de alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Carlos Sinuhé, además, era músico y encabezaba talleres de enseñanza musical entre sus compañeros universitarios y de preparatoria.

Tal como constató la Comisión de los Derechos Humanos capitalina, durante los siete años transcurridos desde el asesinato, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México ha realizado alrededor de 5 mil diligencias periciales, aunque ninguna de ellas ha resultado útil para identificar a los responsables del crimen.

En contraste, durante todo ese tiempo la Procuraduría se ha negado a explorar y agotar las líneas de investigación que señalan a una ejecución extrajudicial, es decir, que Carlos Sinuhé fue asesinado por autoridades, subrayó la Comisión de los Derechos Humanos.

Asimismo, en estos siete años, la investigación judicial se ha visto caracterizada por omisiones que, según la Comisión, se traducen en diversas violaciones a los derechos humanos tanto de Carlos Sinuhé, como de sus familiares.

Por ejemplo, al no haber preservado la escena del crimen, ni los indicios que en ella quedaron del asesinato, tanto la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, como la Instituto de Ciencias Forenses violaron los derechos de la víctima y su familia al debido proceso, al acceso a la justicia, y a la verdad.

Esos mismos derechos fueron nuevamente violados por la Procuraduría al omitir investigar diligentemente, y al incumplir su obligación de agotar todas las líneas de investigación, “especialmente la de una posible ejecución extrajudicial”, tal como afirmó durante el acto de presentación de conclusiones, la primera visitadora general Hilda Téllez.

La negativa a investigar la posible participación de autoridades en el asesinato, de hecho, fue calificada por la Comisión de Derechos Humanos como un acto de “obstaculización para acceder a la justicia”.

Por el contrario, se destacó que tras el asesinato la Procuraduría de la Ciudad de México, en voz de su entonces titular, Miguel Ángel Mancera, criminalizó y difundió juicios estigmatizantes en contra de Carlos Sinuhé, culpabilizándolo de su propio asesinato. 

La difusión de esas posturas estigmatizantes, señaló la Comisión, se traduce en una violación al derecho a la integridad personal, que sigue vigente para las personas fallecidas en lo tocante al respeto a su honor, memoria, intimidad y su vida privada.

Además, se señaló, la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México también violó el derecho a la integridad personal de la mamá de Carlos Sinuhé, la señora María de Lourdes Téllez, “por el uso indebido de la fuerza durante una protesta social relacionada al caso”, al ser sometida a “sufrimiento y revictimización”.

Las diversas ocasiones en que la mamá de Carlos Sinuhé fue desalojada durante la realización de manifestaciones pacíficas, por último, representan una violación “al derecho a la protesta social, en ejercicio de la libertad de expresión”, lo cual realizaron las autoridades capitalinas siempre de manera “arbitraria”, tal como concluyó la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.

Impunidad endémica

Durante la presentación de las conclusiones de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, su titular, Nashieli Ramírez, subrayó que “En México, y en esta ciudad, no se castigan los asesinatos”, y enlistó las principales causas.

En el caso del asesinato de Carlos Sinuhé, subrayó, las investigaciones de las autoridades responsables se caracterizan por “falta de efectividad y negligencia para garantizar la verdad, justicia y reparación; ausencia de líneas claras de investigación y demora para resolver”.

Todos estos factores, añadió, se agravan y se vuelven “mayormente sancionables si existe algún indício, por mínimo que sea, sobre la posible participación de agentes estatales”.

No obstante, lamentó, en México, la impunidad respecto de crímenes cometidos por servidores públicos tiene en la actualidad un “carácter endémico”.

Para suprimir estas prácticas que fomentan la impunidad, una de las exigencias principales de la Comisión, incluidas en las conclusiones de su propia investigación sobre el caso de Carlos Sinuhé, es que la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México conforme un “grupo interdisciplinario de expertos independientes”, que analice las deficiencias en las labores realizadas en estos siete años por el Ministerio Público, y “fije las líneas de investigación y las diligencias que se practicarán en la misma”, con el objetivo de emitir “en un término breve la determinación que corresponda”.
Asimismo, exigió que las autoridades capitalinas realicen un acto de disculpa pública, en el que se reivindique la honorabilidad del estudiante universitario, y se pondere su condición de “activista social”.

Para honrar su memoria, además, la Comisión de los Derechos Humanos de la Ciudad de México demandó que las autoridades designen un espacio simbólico, para la elaboración de un mural conmemorativo en honor a Carlos Sinuhé Mejía, elaborado por sus compañeros y compañeras activistas, así como por colectivos solidarios.

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"Desistí de mi sueño americano y el COVID me dio la oportunidad de ayudar a migrantes como yo"

La doctora cubana Aliuska Balmaceda decidió cancelar su proceso de asilo en EE.UU. para establecerse en la frontera de México. Ahora, la pandemia del nuevo coronavirus le permitió ponerse de nuevo su bata de médico.
12 de junio, 2020
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Aliuska Balmaceda recuerda emocionada el día que volvió a ponerse la bata de médico, hace solo unas semanas.

La doctora casi había perdido la esperanza de volver a ejercer tras salir de su Cuba natal el año pasado y recorrer una peligrosa ruta por Centroamérica rumbo a Estados Unidos.

Buscaba lo que, como tantos otros, llama su “sueño americano”.

Pero no fue allí sino en Ciudad Juárez, México, donde consiguió cumplir su ilusión de retomar la profesión.

Ahora lo hace además atendiendo a migrantes como ella, afectados por la pandemia de covid-19 en esta ciudad fronteriza con EE.UU., lo que asegura que le es aun más gratificante.

Tanto es así, que desistió de continuar con el proceso de asilo que había iniciado en EE.UU. y ahora planea su futuro en México, siempre con esa bata blanca que al fin logró recuperar.

Esta es parte de su historia que compartió con BBC Mundo.


Tengo 30 años y soy de Sancti Spíritus, Cuba. En 2013 me gradué como médico general y soy diplomada en terapia intensiva.

Hotel filtro en Ciudad Juarez

AFP
Balmaceda (a la izquierda) le relató a BBC Mundo su historia hasta lograr volver a trabajar como doctora voluntaria en el “hotel filtro” de Ciudad Juárez.

El año pasado, prácticamente me tuve que fugar del sistema castrista con el que no estoy de acuerdo, por problemas políticos y económicos. Me fui con mi esposo y nuestra idea era pedir asilo en Estados Unidos.

A mi niña la dejé en Cuba, porque no tenía el dinero para traerla y porque íbamos a atravesar por muchos países. Me daba miedo que la secuestraran o le hicieran algo.

Me fui el 19 de abril de 2019. Como a los médicos apenas los dejan salir de la isla, tuve que mentir.

Pedí vacaciones sin que casi nadie se enterara y una visa para Nicaragua diciendo que entraría como turista para comprar algunas cosas.

Nos juntamos con un grupo de cubanos y atravesamos Honduras y Guatemala hasta llegar a Chiapas, en el sur de México. Y de ahí fuimos hacia el norte, en busca del “sueño americano”.

Map

Quería ir allí porque tengo familia en Hialeah (Florida). Creo que en ese país hay libertad, puedes expresarte como quieras y tienes un buen salario.

En Cuba recibía US$40 mensuales, con lo que no podía ni comprar un pantalón a mi hija.

Durante mi viaje por Centroamérica no tuve que atravesar la selva, pero aún así fue bien difícil.

Esos “coyotes”, que son quienes te van pasando de país en país, te llevaban a un pueblo asegurándote que ya era Guatemala, y era mentira, aún era Honduras, pero ya te habían robado el dinero.

Pasan muchas cosas. A mí intentaron hasta violarme.

Uno de los hombres que iban a ayudarnos a pasar a Guatemala me llamó por la noche y me agarró por la cintura.

Empecé a gritar, otro de ellos me intentó tapar la boca, pero mi marido y el resto de cubanos del grupo ya me habían escuchado.

Empezaron a golpearse y todos salimos corriendo.

Junto a otra pareja nos escapamos, pero no podíamos contárselo a la policía porque teníamos miedo que nos deportaran.

La llegada a México

Tras pasar a Guatemala llegamos a México.

Queríamos pagar por un salvoconducto que nos permitiera llegar al norte, y unos falsos abogados nos estafaron US$1.500 a cada uno. Imagina cómo nos sentimos.

A mediados de mayo llegamos por fin a la frontera de El Paso y pasé a Migración de EE.UU. para solicitar asilo.

Frontera de El Paso

AFP
Balmaceda entró a EE.UU. por la frontera de El Paso.

Allí estuve en un lugar al que llaman “la hielera”, por el frio que hace, en el que no había camas, dormías en el piso en una especie de capullos (sacos de dormir) y había un solo baño.

Cuando llegué, éramos como 12 personas. Pero los días que volví a la corte, éramos como 23, unas arriba de las otras.

Al llegar solo me dijeron que debido al proceso MPP (Protocolo de Protección de Migrantes o “Quédate en México”), tenían que devolverme a Juárez y esperar el proceso de asilo desde México.

Esperé mis fechas de corte, que empezaron en agosto.

Pero en un momento vi una luz y pensé que podía quedarme aquí, porque vi la opción de trabajar en México mientras que en EE.UU. quizá no podría ejercer.

Además, vi casos de petición de asilo denegados pese a tener muchas pruebas. Y yo no podía pagarme un abogado que me asesorara.

Así que notifiqué que iba a abandonar el proceso para quedarme a vivir aquí con mi esposo y ya no acudí a mi tercera audiencia.

Médico para migrantes

Desde diciembre estoy tratando de legalizarme aquí, que es bien difícil. Por ahora estoy irregular. No me gusta decir “ilegal” porque es una palabra bien fea.

Aquí en México me han acogido bien, aunque también sé que es peligroso. Pero desde luego no voy a ser perseguida como en Cuba.

Cartel en Ciudad Juarez

AFP
Balmaceda decidió quedarse junto a su marido en Ciudad Juárez y abandonar su “sueño americano”.

Ha sido un año muy difícil. Trabajé de mesera, con mi esposo repartiendo hamburguesas, vendiendo ropa en el centro… Pero cuando la ciudad se puso en cuarentena por el covid-19, perdí mi trabajo.

Entonces una amiga doctora me avisó de que había una convocatoria para trabajar aquí en el “hotel filtro” de médico voluntario.

Enseguida me interesé, me entrevistaron, me hicieron unos exámenes, fue difícil, pero se pudo y aquí estoy.

El “hotel filtro” es un hotel adaptado para que migrantes recién llegados a Ciudad Juárez o que no tengan alojamiento puedan pasar la cuarentena hasta confirmar si tienen o no covid-19.

En su mayoría procedentes de Honduras y El Salvador, los huéspedes pasan allí 14 días hasta confirmar que están libres del virus y ser trasladados a alguno de los albergues de la ciudad. Si presentan síntomas graves, son enviados a un hospital.

Migrante de Guatemala en el hotel filtro

AFP
Los migrantes pueden pasar los 14 días de cuarentena en el “hotel filtro” en Ciudad Juárez, implementado por organizaciones locales y organismos internacionales como la Organización Mundial Para la Paz y la OIM.

La crisis del coronavirus ha acentuado la precariedad de miles de migrantes varados en México que no pueden entrar en EE.UU. ni tampoco regresar a Centroamérica u otros países del sur.

Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en Ciudad Juárez se encuentran entre 5.000 y 7.000 migrantes en alojamientos por cuenta propia, albergues o en situación de calle.

Entre enero y mayo, transitaron por la ciudad unos 11.000 migrantes, 8.000 de los cuales fueron deportados de EE.UU.

En otros lugares de la frontera norte de México, como Matamoros, unas 2.000 personas sobreviven hacinados en un campamento mientras esperan a que avancen sus procesos de petición de asilo.

La presión aumentó desde que Donald Trump ordenó a finales de marzo negar la entrada a EE.UU. a todos los solicitantes de asilo debido a la pandemia. En cuestión de horas, son expulsados de vuelta a México.

Mientras, en la frontera sur de México, los migrantes deambulan por las calles de ciudades como Tapachula tras el cierre de albergues para evitar contagios.

En su caso, tampoco pueden viajar hacia Centroamérica hasta que no reabra la frontera guatemalteca.

Campamento de migrantes en Matamoros

Getty Images
Cientos de migrantes se concentran desde hace meses en campamentos improvisados en la ciudad de Matamoros a la espera de que se resuelvan sus peticiones de asilo en EE.UU.

EE.UU. reportó hasta este miércoles 3 de junio más de 107.000 fallecidos por coronavirus, mientras que México superó la barrera de los 100.000 casos confirmados y 11.000 muertes.

línea

BBC

Aquí en el “hotel filtro” estamos tres doctoras y tres enfermeros cubanos y personal de apoyo venezolano, aunque se busca ampliar el equipo. Somos un grupo bien fuerte y unido.

Les tomamos la temperatura y revisamos su sintomatología, los examinamos uno a uno dos veces al día y según su patología se les va a atendiendo, siempre con todo el equipo de protección.

El día que empecé fue increíble. Todo médico que se vuelve a poner la bata es un orgullo, un placer, es lo más grande (ríe). No pensé en volver a usarla, menos aquí en México.

Aliuska Balmaceda

Cecilia Tombesi
Balmaceda reconoce que había perdido la esperanza de volver a ejercer la medicina.

Lo más bonito es que como yo soy migrante, ellos se sienten identificados con nosotros.

Me dicen: “Pero doctora, no lo puedo creer ¿usted es migrante?”. Yo les digo que sí, y ellos se sienten a gusto con nosotros y muy agradecidos.

Otras veces me preguntan si yo también atravesé esos países, y respondo que sí, que igual que ellos.

En cuanto una llega a la puerta la saludan. Es muy gratificante.

Sobre mis planes de futuro, algunos doctores me vieron en los medios a raíz de entrar a este hotel filtro y se comunicaron conmigo.

Hay opciones trabajo, pero no puedo ejercer sin mi título legalizado.

Así que trato de reunir algo de dinero para tramitarlo y traer por fin a mi hija.

En México me dedico a lo que me gusta, atendiendo y ayudando personas, y no me va mal, ya tengo mis amistades… así que mi vida ahora está aquí.


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https://www.youtube.com/watch?v=XBfltfjAEZk

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