Cómo diferenciar el reggaetón del trap, el género musical que arrasa en medio mundo
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Cómo diferenciar el reggaetón del trap, el género musical que arrasa en medio mundo

Los géneros urbanos latinos están de moda, pero el conocido reggaetón está dando paso a un estilo aún más criticado por sus letras que consigue llenar estadios con sus seguidores: el trap. Muchos creen que ambas músicas son muy parecidas, pero ¿son realmente lo mismo?
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13 de agosto, 2018
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Que la mitad del planeta vibra y baila al ritmo de la música urbana latina desde hace años no es algo nuevo.

Sus grandes estrellas viven momentos dulces de éxito y llenan estadios con fans enfervorizados por sus canciones pegadizas y transgresoras.

Artistas consagrados en otros géneros como Shakira, Enrique Iglesias o Romeo Santos ya se rindieron a la evidencia y compiten por colaborar con ellos, conscientes de que son sinónimo de un éxito asegurado.

Otros, directamente, cambian su estilo musical. No está de más recordar que Luis Fonsi, antes de arrasar con “Despacito”, hacía baladas y pop latino.

Pero al siempre polémico reggaetón le salió en los últimos años un hermano aún más conflictivo: el trap.

Este género, que escandaliza a los padres de niños que lo escuchan sin saber muy bien a qué se refieren sus letras, tiene hoy en el puertorriqueño Bad Bunny a uno de sus máximos exponentes.

Distinguir el reggaetón del trap hecho en España es más sencillo que diferenciarlo del llamado “trap latino”, sobre todo porque muchos artistas de la región juegan con uno y otro estilo y apuestan por la fusión en sus canciones.

Pero ¿son realmente parecidos el reggaetón y el trap, como muchas personas piensan? En BBC Mundo te explicamos algunas de sus diferencias para entender que, aunque a los dos se les califica como estilos de música urbana, no son lo mismo.

Grupo de hip hop Arrested Development en Atlanta, 1992.

Getty Images
Grupos de rap y hip hop de los 90 en ciudades como Atlanta son considerados el germen del famoso trap.

1. Su origen

Es innegable el auge que el trap está viviendo en América Latina y España desde hace dos o tres años gracias a los éxitos de muchos artistas en español.

Pero, pese a lo que muchos piensan, este género no es nuevo en absoluto. El llamado “trap latino” viene a ser una variante de un estilo que nació hace ya décadas a cientos de kilómetros de América Latina.

En concreto, fue en el sur de Estados Unidos a inicios de los 90 cuando comenzó a hacerse popular, sobre todo entre raperos de raza negra aficionados al hip hop en ciudades como Atlanta.

“El sonido del trap no es latino. Lo que ocurre es que lo tomaron los puertorriqueños, tomaron ese sonido y las letras de los estadounidenses negros y empezaron a explotar el género”, le dice a BBC Mundo el periodista colombiano especialista en música Víctor Sánchez Rincones.

En 2006, algunos artistas comenzaron a coquetear con canciones de trap en español. Fue el caso de Arcángel y Randy “Nota Loca”, quienes se atribuyen ser los pioneros en el género con su tema “El pistolón”.

Sin embargo, no fue hasta 2016 que el trap latino vivió su gran explosión de la mano de artistas como Anuel AA, Bryant Myers, Ozuna o el archiconocido Bad Bunny.

Por su parte, el origen del reggaetón (o reguetón) se ubica en Panamá en la década de los 70, impulsado por el reggae que la comunidad jamaiquina había llevado hasta el país centroamericano.

Pero fue ya a inicios de los 90 cuando Edgardo Franco “El General”, considerado el “padre del reggaetón”, triunfó con éxitos como su versión de “El Meneaito” o “Muévelo”, e hizo famosos unos ritmos pegadizos y divertidos que siguen bailándose en fiestas populares casi tres décadas después.

 

Y aunque nació en Panamá, de nuevo, se puede decir que el reggaetón “creció” en Puerto Rico años más tarde gracias a artistas como Vico C o Big Boy y discjockeys como DJ Negro o DJ Nelson.

Su éxito se disparó hasta dominar la escena musical de la primera década del siglo XXI con el surgimiento de los máximos “reggaetoneros” puertorriqueños que casi todos conocemos: desde el primer ‘boom’ de aquel “La gasolina” de Daddy Yankee hasta Don Omar, Wisin y Jandel o Nicky Jam.

2. Las influencias musicales

Aunque reggaetón y trap comparten algunas raíces, también es posible fijar diferencias entre sus influencias.

En el reggaetón confluyen el rap latino con sonidos caribeños y, obviamente, el reggae de Jamaica que también fue determinante para “bautizar” el nuevo género.

Una de las teorías sobre su nombre asegura que Michael Ellis, productor del panameño El General, describió aquella nueva música en español como “un reggae muy grande”: un “reggaetón”.

Otra teoría apunta a la costumbre de escuchar reggae durante horas en el Puerto Rico de los 90.

“Se hacían fiestas de reggae los fines de semana, eran como una especie de maratón. Por eso, para abreviar, empezaron a llamar a las fiestas “reggae-tón”, en lugar de maratón de reggae”, según el periodista Sánchez Rincones.

El trap, en cambio, nació marcado por el rap y hip hop del sur de Estados Unidos y la influencia de músicas electrónicas como house o dub music, un género que, curiosamente, también surgió a partir de la experimentación del reggae en los 60. Después llegarían otros influencias como las de los ritmos africanos.

La explicación de su nombre es, en este caso, menos discutida: “trap” es en argot estadounidense la acción denarcotraficar o el lugar en las ciudades donde se realiza.

Y tiene sentido, teniendo en cuenta la frecuencia con la que el tema de las drogas aparece en sus letras.

3. Las letras

Aunque muchos creen que trap y reggaetón hablan por igual de violencia y sexo explícito, los críticos musicales trazan una diferencia entre las letras de ambos.

En el reggaetón, rodeado durante años de críticas a la cosificación de las mujeres en sus letras machistas, algunos artistas optan ahora por canciones con el amor como protagonista yun lenguaje más romántico y menos vulgar.

“La letra del trap suele ser más vulgar. Habla de sexo, de egocentrismo, de droga, de infidelidad desenfrenada…”, afirma Sánchez Rincones, quien confiesa que le causa “estupor” el mensaje que este género lanza a la juventud que lo consume de forma masiva y llena los conciertos de sus estrellas.

Un ejemplo de letra polémica es la del trap “Cuatro babys” de Maluma, que le valió al colombiano grandes críticas y campañas de boicot por considerarlo “machista y misógino” debido a sus versos de alto contenido sexual explícito.

También muy criticada fue “Mayores”, de Becky G junto a Bad Bunny, cuyos juegos de palabras con connotaciones sexuales le valió a la artista ser censurada en algunas emisoras de radio. En canales como TVE, la televisión pública española, tuvo que cambiar algunas de las estrofas para que le permitieran actuar.

La gran popularidad de Maluma y Bad Bunny hizo que sus polémicas se hicieran pronto conocidas, pero lo cierto es que hay muchas otras canciones circulando por la red con letras tanto o más explícitas.

“Si ahora la gente escuchara las atrocidades que cantan Noriel o Bryant Myers… es desagradable. Maluma con “Cuatro babys” era una Caperucita”, asegura Sánchez Rincones.

Muchos artistas como el propio Maluma, J Balvin, Daddy Yankee o Nicky Jam se iniciaron en el reggaetón, pero fueron girando su estilo o el de algunas de sus canciones hacia el trap u otras fusiones.

Sin embargo, otros “reggaetoneros” se desmarcan radicalmente del trap para dejar claro que el estilo de sus letras es otro.

“Se me hace difícil aceptar que un niño quiera referirse con ese tipo de letras hacia mi hija”, dijo en 2016 a la revista Uforia Music el puertorriqueño Don Omar, quien aseguró que el trap debería “arreglarse un poco”.

Y esto, como era de esperar, hizo que muchos artistas del trap lo criticaran al considerar que estaba tirando piedras sobre su propio tejado.

4. El ritmo

El hecho de que artistas que empezaron en el reggaetón se pasen ocasionalmente al trap contribuye sin duda a una de las creencias más extendidas: que ambos géneros “suenan igual”.

Pero lo cierto es que esta afirmación, que saca de sus casillas a los defensores del trap, es fácil de derribar con solo prestar un poco de atención a los sonidos y ritmos de uno y otro.

El reggaetón se caracteriza por un ritmo movido y pegadizo, logrado por unas letras cargadas de rimas y un “beat” (golpe) de música marcado y característico en la base de sus canciones llamado “dembow”.

Esto hace que puedan sonar similares muchas de sus canciones, creadas sobre todo para bailar (por todos es conocido su característico “perreo”).

El trap, en cambio, es mucho más lento. “El bajo es más lento, no retumba y es más suave. La revolución es mas baja y la musicalidad se torna más lenta”, explica Sánchez Rincones.

Según el periodista musical, “muchos le dicen reggaetón al trap porque es la etiqueta que le han puesto a todos los géneros urbanos. Pero no tienen nada que ver”.

De hecho, el experto destaca cómo muchas canciones no tienen el “beat” del reggaetón pero tampoco se enmarcan en el trap, sino que exploran otras fusiones con, por ejemplo, ritmos traídos de África como se aprecia en “X” de Nicky Jam o “Mi gente” de J Balvin.

“Estos músicos urbanos se están dando cuenta de que el género tiene que evolucionar para conquistar nuevos mercados”, asegura.

Preguntado sobre si el reggaetón acabará desapareciendo y dejando su lugar al trap, como muchos aseguran que ya está sucediendo, el periodista lo tiene claro.

“Hace diez años que están matando al reggaetón y diciendo que está cayendo… y eso es mentira. Mira “Dura”, de Daddy Yankee, que parece que estás escuchando un reggaetón como los de hace 10 años”, asegura.

Sin embargo, sí que admite que será necesaria una renovación en estos géneros de música urbana.

Según el periodista, “empieza a haber una saturación con este tipo de música. Mucha de esa música suena a lo mismo y cansa. El éxito de los artistas debería estar en su originalidad, pero muchos solo quieren subirse al carro de la moda”.

“Hay un estancamiento a nivel musical y no sé hasta qué punto esto se va a mantener”, reconoce.

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Cuartoscuro

Más cerca de las pantallas y la comida chatarra: las consecuencias de la pandemia en niños

El encierro por la pandemia tendrá consecuencias no solo en la salud de los menores, que se volvieron más sedentarios, también en su comportamiento.
Cuartoscuro
18 de marzo, 2021
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La pandemia de COVID-19 ha dejado a las niñas y los niños fuera de su principal entorno de socialización, la escuela, y los ha enviado directo a “convivir” con los dispositivos electrónicos. El encierro también los tiene más cerca de la comida chatarra y más lejos de las visitas al médico para recibir vacunas y revisiones sobre su desarrollo. Los impactos están por verse. 

17% de un grupo muestra de niños de 0 a 5 meses estuvo diario frente a un dispositivo electrónico durante lo que va de la pandemia, de acuerdo a los resultados de la Encuesta de Salud y Nutrición en Niñas y Niños Menores de 12 años  (ENSARS- CoV-2). El porcentaje de uso sube con la edad hasta llegar a alrededor de 97% en los mayores de dos años. 

A eso hay que agregarle el encierro al que han estado sometidos los menores debido al confinamiento, un encierro que los ha sacado de su principal entorno de socialización: la escuela. Pero que también los ha dejado sin hacer actividades físicas por las tardes y sin la opción de ir a los parques y lugares de recreación los fines de semana, confirmó el estudio. 

Lee: Tristes y estresados: COVID afecta más a niños de preescolar y adolescentes

El objetivo de la ENSARS-CoV-2 dedicada a los menores, explicó Juan Rivera Dommarco, director del Instituto Nacional de Salud Pública (institución encargada de realizarla) fue describir las condiciones de salud de niñas y niños durante la pandemia de COVID-19. Se realizó entre septiembre y octubre a 3,007 madres, padres, o cuidadores que tuvieran niñas o niños menores de 12 años de edad, a través de una encuesta electrónica en la que  se les solicitó comparar los hábitos de sus hijos e hijas de marzo a la fecha de respuesta.  

Es impactante ver lo que arroja la Encuesta en relación al tiempo frente a pantalla, aseguró Nashieli Ramírez, titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, durante la presentación oficial de la ENSARS-CoV2 dedicada a los menores de 12 años. 

“De los niños de 2 a 4 años, según los resultados de la encuesta,  más de la mitad usó todos los días algún dispositivo. Nos tenemos que empezar a cuestionar los impactos que esto va a tener, será otro tipo de generación completamente diferente a la de hace 10 años”, advirtió Ramírez. 

Todo ese acceso a los medios digitales tiene muchas oportunidades, pero también muchos riesgos, agregó,  “y debe colocar en la agenda de derechos de las niñas y los niños la parte de la protección en estos espacios que el mundo adulto conoce poco y para los que no tenemos casi ninguna política pública”. 

La ombusperson destacó que habrá retos médicos y científicos en esto, “no sabemos qué impacto puede  tener en los procesos de desarrollo neurológico durante los primeros tres años de vida este contacto con los dispositivos, pero tampoco sabemos el impacto en la socialización, por un año completo de cuarentena. Como mundo adulto esto nos coloca frente a un reto mayúsculo, para generar más información respecto a las repercusiones y políticas de protección”. 

Lejos del médico y cerca de la comida chatarra

Entre los resultados de la Encuesta de Salud y Nutrición en Niñas y Niños Menores de 12 años Durante la Pandemia de COVID-19, también destaca la reducción de las visitas al médico, en etapas de la vida en las que esto resulta crucial para la salud y el desarrollo. 

Solo 18% de los menores de 6 meses y 51% de los de 6 a 23 meses fueron llevados a algún centro de salud, hospital o médico para la aplicación de vacunas, consulta de seguimiento de control del niño sano, o por alguna gripe, diarrea o problemas intestinales. Mientras que en los niños y niñas de 2 a 4 años el porcentaje fue de 30% y de 22% entre los de 5 a 7 años, precisó el director del INSP, Juan Rivera Dommarco. 

El porcentaje general en todas las edades es bajo, apuntó Nashieli Ramírez, “y es un respaldo más para la preocupación en cuanto a la disminución de vacunación y seguimiento médico entre las niñas y niños”. 

Entérate: ENCOVID-19 Infancia: la importancia de conocer las afectaciones de los hogares con niños

En cuanto a alimentación, más del 60% de las familias encuestadas reportó que las niñas y los niños de entre 2 y 11 años de edad consumió refrescos o bebidas azucaradas en un día promedio. Mientras que el 23% reportó que la niña o niño bebe al día al menos 250 mililitros de refresco o bebidas azucaradas. 

Mientras que una tercera parte de los menores de cinco meses son alimentados con fórmula infantil, la principal razón que argumentaron las madres para esto es que se habían quedado sin leche. 

En tanto que 90% de los niños y niñas en edad escolar consumieron azúcares añadidos al menos cuatro días a la semana y 70% consume a diario grupos de alimentos no recomendados como grasas saturadas, bebidas azucaradas y botanas, dulces y postres. 

El etiquetado frontal que está ya vigente en México ha ayudado, dijo Mauro Brero, jefe de Nutrición de Unicef, pero todavía hay un consumo excesivo de alimentos no saludables, esto no es culpa de los cuidadores o padres, es también responsabilidad de los entornos en los que hay una oferta excesiva de productos que son baratos, muy accesibles y poco saludables, aunada a un bombardeo de publicidad de estos mismos productos sobre los niños y niñas. 

“Se requiere una mayor regulación sobre esa publicidad y lineamientos sobre lo que se venderá en las escuelas ahora que regresen las clases presenciales”, subrayó Brero. 

El impacto emocional

En la Encuesta, explicó Rivera Dommarco, se identificaron como posibles detonantes del estrés en los hogares de las niñas y los niños, las afectaciones en la economía familiar, los cambios en la rutina diaria y la pérdida del empleo de algún miembro de la familia. 

En población escolar, los padres información pocos cambios en su comportamiento comparado con la etapa previa a la pandemia, pero entre estos resalta un menor cansancio, preocupaciones, pesadillas y sentimientos de tristeza. 

Un porcentaje considerable, más de 70% mencionó que los menores dedican más tiempo durante la pandemia a actividades de ocio y conviven más con sus familiares, aunque ha disminuido el tiempo dedicado a realizar actividad física y han aumentado el consumo de alimentos y disminuido las horas de sueño. 

En cuanto a la educación, entre los niños en edad escolar, más de 90% de los encuestados se mantuvieron inscritos y un porcentaje menor (6.6% en el grupo de 5 a 7 años y 3.8% en el gurpo de 8 a 11) fueron dados de baja. 

Los participantes en la presentación de la encuesta coinciden en que las implicaciones para los niños y las niñas de todos estos hallazgos están por evaluarse. 

 

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