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Cuartoscuro

Se disparan más del 100% las denuncias por narcomenudeo en 10 delegaciones de la CDMX en 2018

Tláhuac continúa siendo el ‘foco rojo’ del narcomenudeo: de apenas cuatro carpetas de investigación abiertas por la Procuraduría capitalina entre enero y junio de 2017, se pasó a 82 en el mismo periodo de este año.
Cuartoscuro
1 de agosto, 2018
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El pasado mes de febrero, tras la aparición de supuestos mensajes intimidatorios entre células del narcotráfico que operan en el sur de la Ciudad de México (CDMX), el entonces jefe de gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera aseguró en una conferencia de prensa que la delegación Tláhuac era el único punto de la ciudad donde existía un problema de narcomenudeo.

Cinco meses después, las cifras oficiales muestran que las denuncias contra este delito se expandieron por casi toda la ciudad. En lo que va del primer semestre de 2018, las denuncias por narcomenudeo se dispararon por arriba del 100 % hasta en 10 de las 16 delegaciones, y un 116 % en toda la ciudad, según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Tláhuac, como mencionó Mancera en su conferencia, continúa siendo el ‘foco rojo’ del narcomenudeo: de apenas cuatro carpetas de investigación abiertas por la Procuraduría capitalina entre enero y junio de 2017, se pasó a 82 en el mismo periodo del presente año. Esto significa un aumento de 1950 %.

El llamado Cártel de Tláhuac ha protagonizado múltiples hechos violentos en esta delegación, como una balacera en junio de 2017 contra elementos de la Marina, que dejó ocho civiles muertos; entre estos Felipe de Jesús Pérez, alias el Ojos, presunto líder del grupo.

Iztacalco es la segunda delegación con mayor aumento de las denuncias por narcomenudeo: 683 %. De solo seis casos en 2017, pasó a 47 en este 2018.

Miguel Hidalgo, Benito Juárez, y Coyoacán, cierran el top 5 de aumento en este delito, con repuntes del 197 %, 190 %, y 182 %, respectivamente.

Otras delegaciones donde también se registraron aumentos por arriba del 100 % son la Cuauhtémoc (144 %); Iztapalapa (130 %); Magdalena Contreras (125 %); Venustiano Carranza (114 %) y la Álvaro Obregón (100 %).

En la Gustavo A Madero (72 %) y Xochimilco (70 %) también hubo aumentos, pero por debajo del 100 %. Mientras que, en Cuajimalpa, Milpa Alta y Tlalpan, este delito no aumentó, y solo en Azcapotzalco hubo un retroceso de las denuncias: -29 %; de 67 carpetas de investigación en 2017, se pasó a 47.

En toda la ciudad, suman 2 mil 132 carpetas de investigación por narcomenudeo; 116 % más que en 2017, cuando se registraron 985; y hasta 180 % al alza en comparación con 2016, con 761 carpetas de investigación por este delito.

 

¿Dónde hay más narcomenudeo en la capital?

Aunque las anteriores cifras se refieren al aumento proporcional de las denuncias en las diferentes delegaciones, esto no significa que sean las demarcaciones donde hay más narcomenudeo.

Al medir la tasa de este delito por cada 100 mil habitantes, que es la fórmula que se utiliza internacionalmente para medir cómo se comportan otros crímenes de alto impacto como los homicidios o los secuestros, se obtiene que Tláhuac, que es donde más crecieron las denuncias, no es actualmente el epicentro del narcomenudeo en la capital, ya que no está ni entre los cinco primeros lugares.

El primer lugar en narcomenudeo es la delegación Cuauhtémoc, con una tasa de 84.3 delitos por 100 mil habitantes. Casi el cuádruple de la media nacional de México, que es de 24.1.

El actual jefe de gobierno capitalino, José Ramón Amieva, informó el pasado 19 de junio que en la zona centro de la capital, Cuauhtémoc, hay dos grupos delictivos —La Unión de Tepito y la Antiunión—que se están disputando el liderazgo del narcomenudeo en la zona, lo cual ya ha provocado balaceras, y el hallazgo de restos humanos en plena Avenida Insurgentes, una de las principales arterias vehiculares de la capital.

Además, Amieva admitió que estos grupos de narcomenudistas tienen vínculos con grandes cárteles delictivos en el país, que los surten de drogas y armas.

La segunda delegación con más narcomenudeo es la Venustiano Carranza, con una tasa de 42.12. Le siguen la Miguel Hidalgo con 34.29; Iztapalapa, 28.44; Coyoacán, 25.9; la Gustavo A Madero, 22.8; y Tláhuac, con 22.6, en séptimo lugar.

A pesar de que la Benito Juárez e Iztacalco aparecen entre las demarcaciones donde más aumentaron las denuncias por narcomenudeo en el primer semestre del año, sus tasas por este delito aún están lejos de los primeros lugares: 7.6 y 12.04, respectivamente.

La demarcación con la tasa más baja es Milpa Alta, con tan solo una averiguación en seis meses.

No obstante, la Ciudad de México, con una tasa de 23.9 denuncias por cada 100 mil habitantes, no está entre los primeros lugares por narcomenudeo en el país.

La entidad en primer lugar es Chihuahua, con 4 mil 444 carpetas de investigación, y una tasa de 124 por cada 100 mil habitantes. En segundo lugar, Baja California, con 4 mil 062 carpetas, y una tasa de 122.5. Y en tercer lugar, Coahuila, con 3 mil 015 carpetas, y una tasa de 102.

En total, en todo el país se abrieron 28 mil 824 carpetas de investigación por narcomenudeo, 37 % al alza en comparación con 2017.

Un delito ‘nuevo’

Sobre el aumento de las denuncias en la capital, Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano, dijo en entrevista que, si bien se trata de cifras “preocupantes”, hay que tener en cuenta que las denuncias por narcomenudeo se empezaron a publicar hace apenas tres años.

“No quiero minimizar el problema. Pero hay que tener en cuenta que el aumento en las cifras puede deberse a un alza del delito, sí, pero también a la mejora de cómo se está registrando este delito en varios estados”, planteó.

“Es decir, no es que hace tres años no hubiera narcomenudeo en la Ciudad de México. Si no que ahora se está empezando a registrar mejor”, añadió.

A pesar de esa mejora sobre cómo se está registrando el delito, Rivas matizó que en la actualidad “todavía no hay mucha claridad” sobre qué contabiliza la autoridad como narcomenudeo. Por ejemplo, explicó, “no sabemos si por narcomenudeo se refieren a una persona que fue detenida por superar el gramaje permitido de droga, o al tipo que vende droga en una discoteca, o a las tienditas que venden drogas”.

En el caso de la Ciudad de México, el director del Observatorio Nacional Ciudadano subrayó que, por tratarse de las zonas más turísticas y de negocios de la capital, las autoridades deberían “focalizar” el combate al narcomenudeo en las delegaciones Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo.

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Cuál es el poder de los narcos mexicanos en Colombia

La presencia de narcos mexicanos en Colombia no es nueva, pero sí las estrategias que usan para adaptarse a las condiciones del país. Los emisarios de los carteles de México no buscan fomentar la guerra entre organizaciones colombianas, solo abaratar costos.
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18 de julio, 2019
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“Son sujetos foráneos con un acento raro, como el de las novelas”.

Así describieron algunos pobladores de áreas de cultivo de coca a los emisarios de los cárteles de droga mexicanos llegados a Colombia, según un informe reciente de la Defensoría del Pueblo.

La presencia de narcos de México en el país no es nueva, pero por diferentes razones su influencia ha crecido en los últimos años.

Ellos no necesitan traer sus ejércitos ni instalarse en grandes extensiones de terreno.

Llegan a Colombia, identifican a las organizaciones que les pueden ofrecer lo que buscan (cocaína, logística de traslado de la mercancía o seguridad), las contratan, pagan y se van.

Actúan como empresarios y aprovechan que, desde que en Colombia se terminó la era de los grandes cárteles, el negocio se ha atomizado.

Submarino de cocaína

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Este sumergible, confiscado en 2018, iba a trasladar cocaína colombiana comprada por mexicanos.

Otro factor determinante y más reciente es que ya no está la exguerrilla de las FARC como regulador en varios territorios que ahora se han convertido en zonas de disputa entre bandas criminales, paramilitares y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Su inmensa capacidad económica les da la ventaja decisiva para contratar a las organizaciones colombianas, exigirles un producto de calidad e imponerles plazos de entrega.

La Defensoría del Pueblo no es la única entidad que ha advertido del incremento de la influencia de los narcos provenientes de México, la Fiscalía y el gobierno también lo han hecho y señalan que su presencia está en al menos 10 de los 32 departamentos de Colombia.

La transición

Para los cárteles de Cali y Medellín, los mexicanos eran sobre todo sinónimo de mano de obra en los 80.

México ni siquiera era la plaza más importante para ingresar cocaína a Estados Unidos, como sí lo eran las rutas por Las Bahamas y sus alrededores.

A mediados de los 90, esa situación comienza a cambiar en medio de la caída de los dos grandes cárteles y la guerra entre las organizaciones de narcotraficantes colombianas que luchaban entre ellas para remplazarlas.

Policía con droga decomisada.

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Paquetes de droga decomisada en Colombia.

“En los años 80, habían estructuras como la de Pablo Escobar o la de los hermanos Rodríguez Orejuela que eran capaces de controlar desde el cultivo, la producción, la transformación de la hoja en cocaína, el traslado de la mercancía en lanchas o aviones y la distribución en las calles de Estados Unidos, pero eso cambió mucho”, explica a BBC Mundo el investigador Daniel Rico.

El profesor universitario y consultor internacional en la materia explica que en Colombia, desde el fin de los dos grandes cárteles, las organizaciones que quedaron solo pueden controlar alguno de los eslabones de la cadena y desde entonces los mexicanos tomaron protagonismo.

“El ingreso promedio de los narcotraficantes colombianos se redujo a un tercio porque las principales organizaciones mexicanas comenzaron a comprar de manera directa acá. La ganancia, por ejemplo, por un kilo de cocaína pasó de US$20.000 a US$7.000”, indica el experto.

Rico añade que, desde entonces, los cárteles de México aprovechan que los grupos criminales de Colombia necesitan de sus recursos para financiar sus disputas territoriales y con ello se garantizan la cocaína que necesitan.

Cultivadores de coca

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Las plantaciones de coca en Colombia se han disparado en los últimos años, según la ONU.

De acuerdo a estimaciones de la Administración para el Control de Drogas estadounidense (DEA por su sigla en inglés), el 82% de la cocaína salida de Colombia rumbo a Estados Unidos pasa por Centroamérica o México.

El factor FARC

La salida de las FARC, que tenían presencia fuerte en la mayoría de las zonas de cultivo de coca, supuso nuevos enfrentamientos entre organizaciones como el Clan del Golfo, los Rastrojos y el ELN, entre otras, en departamentos como Cauca, Chocó, Córdoba, Nariño y Valle del Cauca.

La desmovilización del grupo armado no solo supuso el incremento de la violencia entre bandas criminales, también un aumento de las plantaciones de coca que alcanzó cifras récord.

Según el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la Organización de Naciones Unidas, en la última medición hecha (2017) se estableció que en Colombia existen más de 171,000 hectáreas de coca cultivada, algo nunca antes visto desde que la ONU realiza estas estimaciones.

El reporte correspondiente a 2018 será presentado en los siguientes meses.

Restos de laboratorio de cocaína

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Ahora los mexicanos buscan supervisar la calidad en la producción de clorhidrato de cocaína.

Este incremento en las plantaciones, indican los expertos, también supone un aumento lógico en la oferta de clorhidrato de cocaína, pues en Colombia el uso tradicional de la hoja de coca es muy pequeño (a diferencia de países como Bolivia y Perú).

Esta situación fue advertida por Estados Unidos, pero también por los cárteles mexicanos.

Es por ello que, de acuerdo al portal de investigación Verdad Abierta, estas organizaciones comenzaron a relacionarse con grupos colombianos dedicados desde los cultivos y la producción de pasta base, hasta la exportación y distribución local para el narcomenudeo.

El jefe de operaciones de la policía antinarcóticos colombiana, Carlos Bueno, sostiene que los emisarios mexicanos quieren eliminar a los intermediarios y por eso desembarcaron en Colombia.

“Entendemos que han venido a hacer parte de la cadena. Han venido a contactar las organizaciones ellos mismos y para verificar el producto, la cocaína que están comprando, y, posteriormente, enviando a México”, dijo el coronel.

En abril de este año, Bueno dirigió el operativo que terminó en la captura en Bogotá de alias Rafa, emisario de Ismael “Mayo” Zambada y el Cártel de Sinaloa en Colombia.

Ladrillo de cocaína

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Las organizaciones mexicanas buscan abaratar costos en Colombia.

El excomandante de las FARC y ahora prófugo de la justicia Jesús Santrich es acusado por la Fiscalía de Colombia y por Estados Unidos de conspirar para entregar cocaína a la organización criminal sinaloense.

Empresarios

No solo existen emisarios en Colombia llegados desde Sinaloa, reportes policiales también advierten de la presencia de miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación e incluso de Los Zetas.

A los cárteles de México no les interesa fomentar la guerra entre las organizaciones criminales colombianas ni tomar partido por una de ellas, tampoco tener el control de un territorio, como sí lo hacen en su país.

Lo que buscan, en esencia, es abaratar costos.

Actúan como empresarios que invierten en una franquicia. Ya no se quedan en México esperando a que les vendan la cocaína en US$12,000 o US$15,000, sino que vienen para acá y compran a los laboratorios directamente. Incluso invierten en los laboratorios y consiguen el kilo en US$2,000 o menos”, señala Daniel Rico.

Fabricación de cocaína

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La producción de cocaína en Colombia ha crecido en los últimos años

El experto añade que esta estrategia no solo elimina a los intermediarios, sino que les garantiza obtener un producto de calidad.

“Durante muchos años a los mexicanos les vendían cocaína mezclada con otras sustancias y eso ha venido cambiando”, concluye.

Los predecesores de Joaquín Guzmán Loera fueron los primeros en aproximarse a Colombia, después el Chapo supo aprovechar ese mercado abierto para convertirse en multimillonario.

Y los que le siguen, han demostrado que son capaces de adaptarse a las nuevas condiciones que se viven en el país.


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