El misterio y la tragedia que dejó la última víctima mortal de la viruela en el mundo
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El misterio y la tragedia que dejó la última víctima mortal de la viruela en el mundo

En 1978 se reportó el último caso de viruela en el mundo, que acabó matando a una mujer británica de 40 años en la ciudad de Birmingham. Cómo se contagió con una enfermedad que había sido ya prácticamente erradicada continúa siendo un misterio hasta hoy.
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27 de agosto, 2018
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El viernes 11 de agosto de 1978, hace cuarenta años, Janet Parker empezó a encontrarse mal.

En cuestión de unos cuantos días, a Parker, una fotógrafa médica que trabajaba en el departamento de anatomía de la Facultad de Medicina de Birmingham, le empezaron a salir unos feos abultamientos en la espalda, en las extremidades y en la cara.

Cuando llamaron al médico, este dijo que tenía varicela.

Pero su madre, Hilda Witcomb, se mostró escéptica.

Recordaba haber cuidado a su hija de pequeña por varicela y veía que las grandes pústulas que se volvían ampollas que tenía ahora su hija en el cuerpo eran notablemente diferentes.

Enfermo de viruela

Getty Images
La aparición de grandes pústulas es uno de los síntomas de la viruela.

Como no mejoraba, al final la ingresaron en un hospital especial de aislamiento en Solihull, Inglaterra. Era 20 de agosto.

Para entonces, 9 días después de empezar a encontrarse mal, Parker estaba tan débil que no se podía mantener en pie sin ayuda.

Fue entonces cuando apareció por primera vez en sus notas médicas la temida palabra: viruela.

Pronto los doctores confirmarían sus peores sospechas.

300 millones de muertos en el siglo XX

El último caso oficial de viruela en el mundo se había reportado en Somalia en 1977.

Este virus, que aterrorizó al mundo entero durante miles de años, mataba a un tercio de los contagiados.

Paciente con viruela

Education Images/Getty Images
Paciente con viruela gravemente afectado en la cara.

Solo en el siglo XX se estima que 300 millones de personas murieron de viruela.

La minoría que lograba sobrevivir quedaba marcada de por vida con grandes cicatrices.

Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó un programa global de vacunación que prácticamente acabó con el virus, y para la década de los 70 ya era raro encontrar casos.

Tanto era así, que en 1978 la OMS estaba a punto de declara la enfermedad como erradicada a nivel mundial.

Campaña de vacunación contra la viruela entre niños de escuela primaria en Inglaterra en 1962.

Keystone-France/Getty
Campaña de vacunación contra la viruela entre niños de escuela primaria en Inglaterra en 1962.

El último sitio donde las autoridades internacionales de la salud esperaban encontrar un caso de viruela era Reino Unido, donde el último paciente de viruela había sido identificado cinco años atrás.

Por eso el caso de Janet Parker tuvo un impacto mundial.

Semanas de pánico

“Era una enfermedad temida. No solo había pánico en Birmingham, había pánico en el gobierno y en la OMS por si regresaba”, le dijo a la BBC el doctor Alastair Gedder, que era especialista en enfermedades infecciosas en el hospital del Este de Birmingham cuando apareció este caso.

“Muy muy rápidamente apareció allí la prensa nacional e internacional”, recuerda, “se volvió un gran tema global“, dijo Geddes.

Alasdair Geddes,

Alasdair Geddes
Alasdair Geddes trabajaba como especialista en enfermedades infecciosas en el hospital del Este de Birmingham cuando apareció el caso de Janet Parker.

“El período de incubación de la viruela es bastante largo, unos 12 días, así que tuvimos una gran ansiedad durante dos semanas por si iban a aparecer más casos”.

Las autoridades sanitarias locales empezaron a movilizarse y los primeros en ser vacunados y puestos en cuarentena fueron los más allegados a la fotógrafa.

Su marido, Joseph, y sus padres Hilda y Frederick Witcomb, fueron interrogados sobre sus últimos movimientos, por temor a que la enfermedad pudiera propagarse.

Para el 28 de agosto, dos semanas después de que Parker tuviera los primeros síntomas, más de 500 personas habían sido ya vacunadas.

Pero la pregunta clave que todos tenían en mente era ¿cómo se contagió?

Un misterio

El día en que la señora Parker fue diagnosticada de viruela, el profesor Henry Bedson se unió al equipo del profesor Geddes para examinar las muestras.

Bedson era el director del laboratorio de viruela en la Facultad de Medicina de Birmingham, donde la fotógrafa médica trabajaba.

Henry Bedson

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El profesor Henry Bedson, un experto reconocido a nivel internacional, se quedó destrozado ante la noticia del brote de viruela en su propia facultad.

Su laboratorio era uno de los escasos centros de investigación de la viruela comisionados por la OMS.

“Le dije ‘¿Puedes ver algo, Henry?’ y nunca contestó”, dijo Geddes.

“Así que suavemente le moví la cabeza hacia un lado para poder mirar por el microscopio y allí vi las partículas en forma de ladrillo que son tan características del virus de la viruela”.

“Estaba horrorizado, porque quedaban pocas dudas de que de alguna manera el virus debió haberse escapado de su laboratorio y así se había contagiado la señora Parker”.

“Creo que en cuanto lo vio supo que de alguna forma había salido de su laboratorio. Y sabía lo que se le venía encima”, dijo la profesora Symmons, que fue la primera que examinó a Parker cuando llegó al hospital de aislamiento.

Triple tragedia en Birmingham

Todo el foco de la atención cayó entonces sobre el profesor Bedson y su laboratorio, dijo el profesor Mark Pallen, autor del libro “Los últimos días de la viruela: tragedia en Birmingham”.

El especialista de 49 años, un experto reconocido a nivel internacional en el tema, quedó destrozado por el brote.

Había periodistas acampados en las inmediaciones de su casa.

A medida que pasaron los días Parker siguió en aislamiento y su condición se fue deteriorando.

Se quedó prácticamente ciega en ambos ojos por las pústulas y los médicos dijeron que entró en un fallo renal.

Imagen de una portada de diario local de la época.

Birmingham Mail/Library of Birmingham
Imagen de una portada de diario local de la época.

Después Parker tuvo también neumonía y dejó de responder verbalmente.

El 5 de septiembre, mientras ella estaba en el hospital, su padre, de 77 años y que también estaba en cuarentena, sufrió un aparente paro cardíaco que acabó con su vida.

Se cree que el estrés sobre el estado de su hija fue el detonante, pero no le hicieron un examen post mortem para confirmar su muerte por miedo al riesgo potencial que representaba un contagio de viruela.

Un día después de esta “primera” víctima indirecta del brote, el profesor Bedson se suicidó en la caseta del jardín de su casa.

Dejó una nota que decía: “Siento haber traicionado la confianza que tantos amigos y colegas pusieron en mí y en mi trabajo”.

Y cinco día más tarde, el 11 de septiembre, exactamente un mes después de haber aparecido los primeros síntomas, la señora Parker también murió.

Cuando a su madre, que también había desarrollado “una versión muy suave de viruela”, le dieron el alta el 22 de septiembre, ya se había perdido los funerales de su hija y de su marido.

Un enigma hasta hoy

El 16 de octubre de 1978 las autoridades declararon que Birmingham estaba libre de viruela, pero la pregunta sobre cómo exactamente se había contagiado la señora Parker nunca tuvo una respuesta satisfactoria.

Al año siguiente se celebró un juicio, pero tres magistrados desestimaron las evidencias de la acusación que denunciaban que la Universidad de Birmingham había infringido la ley de Salud y Seguridad en el trabajo.

A ojos de la ley, el profesor Bedson había quedado exonerado de culpa alguna.

En 1980 un informe comisionado por el gobierno dijo que “no había duda” de que la señora Parker se había contagiado en el laboratorio.

El documento sugería que eso habría podido ocurrir de tres maneras distintas: por una corriente de aire, por contacto personal o a través del uso de un equipo o aparato contaminado.

De acuerdo al profesor Pallen, el autor del libro sobre la tragedia de Birmingham, nadie realmente creía en la teoría de la corriente de aire ¿Por qué solo se había contagiado ella?.

“¿Por qué se murió?, ¿por qué se enfermó tanto?”, se pregunta la profesora Symmons. Pero añade: “Si no pudimos averiguar qué pasó hace 40 años no lo vamos a saber ahora de repente”.

Con el tiempo todo volvió a su normalidad, y no hubo más brotes de viruela.

En 1980, dos años después de la muerte de Parker, la viruela fue oficialmente declarada como una enfermedad erradicada por la medicina.

 

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Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas

'Ya basta de injusticia': Jornaleros agrícolas piden al gobierno salario mínimo de 300 pesos

Una vez más los trabajadores del campo exigieron mejores condiciones laborales y de vida. Reprochan que se les considere como esenciales y no puedan parar de trabajar, pero se les escatimen los derechos más básicos.
Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas
21 de octubre, 2020
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La Alianza por el Campo Justo, integrada por jornaleros y jornaleros agrícolas, organizaciones de la sociedad civil y académicos, que se presentó de manera oficial este miércoles, lanzó una primera demanda al gobierno mexicano: salario mínimo justo para los trabajadores del campo, que, de acuerdo al costo de vida para ellos fuera de sus lugares de residencia, debe ser de 300 pesos diarios. 

“Hacemos un llamado a la Comisión Nacional de Salario Mínimo (Conasa) para que discuta un salario especializado para jornaleros y jornaleras agrícolas, que sea justo y suficiente para quienes hacen posible que la comida llegue a nuestras mesas, haya o no pandemia”, solicitó Haydeé Pérez, directora ejecutiva de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, una de las organizaciones que integran la alianza. 

Abel Barrera, director ejecutivo del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, otra de las organizaciones participantes, precisó que los jornaleros de esa región de Guerrero ganan entre 120 a 150 pesos al día.

Lee: El campo sobrevivió a la crisis de COVID-19 gracias a cadenas colaborativas que impulsan el consumo local

Barrera refiere que de febrero a septiembre 8,800 personas de esa región dejaron su comunidad para ir a trabajar a los campos agrícolas del norte, en lo que es una migración anormal. En estos meses, precisó el director de Tlachinollan, los jornaleros y jornaleras suelen estar en sus comunidades. La migración inicia en octubre y noviembre. 

Pero ha habido más demanda de “estos trabajadores que se han considerado esenciales, que no han podido parar para llevar el alimento a la mesa de su familia y de todas las familias, pero a quienes no se les garantiza un salario justo ni sus derechos mínimos”, denunció Barrera. 

Además de un salario insuficiente, la Alianza subrayó que la mayoría de estos trabajadores no tienen un contrato, y cuando lo tienen es solo temporal. No cuentan con seguridad social, cuando se enferman, en el mejor de los casos, los patrones les dan un pase para el IMSS que sirve solo para esa consulta. En los campos agrícolas no hay centro de salud, como tampoco hay escuelas o guarderías para los hijos de las familias jornaleras. 

Rocío, jornalera de la comunidad de Ayotzinapa, en el municipio de Tlapa, en la Montaña de Guerrero, contó que los derechos de los trabajadores agrícolas se vulneran desde antes de llegar a los campos de cultivo. 

Los autobuses en los que los trasladan son vehículos en malas condiciones que sufren percances y los ponen en peligro de tener un accidente. Además van hacinadas decenas de personas en este momento de crisis sanitaria en el que se ha impuesto como una medida de protección la sana distancia. Pero a ellos les han hecho creer que no tienen derecho de pedir nada. “Hasta los choferes nos gritan y nos humillan”, dijo Rocío.

Entérate: Gobierno promete apoyar al campo, pero hay dudas sobre la estrategia para hacerlo

La jornalera contó como en los campos no hay un lugar seguro y apropiado para dejar a los hijos. “Una de mis paisanas, de Ayotzinapa, Juliana Reyes Flores, perdió a su bebé de un año en el campo El Gallo, de la empresa, El Sacramento, en Culiacán, Sinaloa. Lo dejó en la guardería y a la hora le avisaron que ya había fallecido. Nunca se aclaró qué había pasado”. 

Rocío aseguró que Juliana Reyes pidió una explicación sobre la muerte de su bebé y las cuidadoras de la guardería lo tomaron como un reclamo que ella no tenía derecho a hacer. 

“Las niñeras se molestaron. Le dijeron que si reclamaba la iban a correr y sí la sacaron de la empresa con su bebé muerto en brazos. El patrón no hizo nada, nadie hizo nada”, relató la jornalera. 

Por toda esa vulneración de derechos, Rocío hizo un llamado al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, “para que se reconozca ya nuestro esfuerzo. Hacemos jornadas de trabajo triples para que nuestra familia tenga para comer, pero también para llevar comida a la mesa de todos y no es justo cómo nos tratan. No pedimos limosna. Somos trabajadores, pedimos un salario justo y mejores condiciones laborales y de vida. Ya basta. Basta de tanta discriminación”. 

Otro problema en estos tiempos de pandemia es que como muchos de los trabajadores se trasladan y deben vivir en condiciones insalubres y hacinados, a veces en galeras con hasta dos familias, se han presentado brotes de COVID aunque no hay un registro total, porque las autoridades no lo han hecho. 

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Margarita Nemesio, de la Red Nacional de Jornaleras y Jornaleros Agrícolas, señaló que se han documentado algunos casos a partir del testimonio de los mismos trabajadores, de organizaciones o de algunos gobiernos municipales, pero no hay un diagnóstico nacional de cómo ha afectado la pandemia a esta población.  

Aunque se sabe que sí ha habido al menos una decena de fallecimientos por COVID entre jornaleros, y al menos cuatro brotes en campos agrícolas, pero las cifras podrían ser mucho mayores, debido a la falta de pruebas aplicadas a los jornaleros y al nulo seguimiento y documentación de casos. 

Una prueba más del estado de vulnerabilidad en el que se encuentran los jornaleros y jornaleras, reclamó Nemesio.

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