Violencia, marginación y factores culturales, la historia detrás de un sicario en México
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Violencia, marginación y factores culturales, la historia detrás de un sicario en México

La Radiografía del sicario mexicano, realizada por la psicóloga Arcelia Ruíz Vázquez, reveló que la pobreza, la violencia y la narcocultura son factores que pueden predisponer a los jóvenes para que opten por participar en actividades delictivas.
Cuartoscuro
24 de agosto, 2018
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Detrás de una persona que elige el asesinato como forma de trabajo en México hay situaciones de pobreza, violencia y, en ocasiones, perfiles psicopáticos, que se combinan con factores socioculturales que enaltecen la actividad delictiva, indica una investigación realizadapor la doctora en psicología Arcelia Ruíz Vázquez, cuyos resultados fueron difundidos por Conacyt.

Mediante pruebas psicométricas realizadas a personas presas en el Centro de Readaptación Social de Acapulco, Guerrero, y consultorías con expertos en psicología criminal, la doctora Ruíz elaboró la Radiografía del sicario mexicano, en la que explica rasgos predominantes entre quienes se dedican a esta actividad, que ha cobrado auge durante los últimos cinco años, en los que los homicidios han aumentado 28.48%.

De acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2013, en México se cometieron 18 mil 106 homicidios dolosos, y para 2017 se registraron 25 mil 316.

El estudio arrojó que existen cuatro perfiles predominantes de sicarios en el país: marginal, antisocial, psicopático y sádico.

Ser sicario, una salida a la pobreza

Los sicarios de perfil “marginal”, explicó la investigadora, son aquellos que usualmente tienen un origen en ambientes rurales de extrema pobreza, y buscan en el crimen organizado una opción económica ante sus carencias personales, por lo que en principio aceptan realizar labores como el cultivo y recolección de drogas, para posteriormente incursionar en otras actividades “de mayor rango”.

Entre las actividades denominadas “de mayor rango” está el cuidado de casas de seguridad, además de ser acompañantes en extorsiones y ejecuciones, lo que de acuerdo con la doctora Ruíz, logra “desensibilizarlos y entrenarlos lo suficiente para sus primeros asesinatos”.

En cuanto a rasgos de personalidad, estas personas comparten la motivación criminal del crecimiento económico y posteriormente manifiestan “una necesidad de aceptación y reconocimiento social”, indicó.

Violencia desde el nacimiento

De acuerdo con la especialista, aquellos sicarios que se encuentran en el perfil “antisocial”, se caracterizan porque su origen tiene lugar en ambientes delictivos de las zonas conurbada de las ciudades, “donde el pandillerismo y la comisión de delitos son una constante que incluso llega a ser aceptada y alentada por la sociedad próxima”.

“Este perfil se distingue por tener una familia disfuncional donde hay comisión de delitos, violencia, consumo de drogas o abusos en la niñez. Este tipo de sicario incursiona en la vida criminal a muy temprana edad, uniéndose a pandillas y cometiendo delitos de bajo rango”, agregó.

La doctora Ruíz Vázquez indicó que este perfil presenta conductas antisociales desde la infancia y adolescencia, que se manifiestan con expulsiones de la escuela, riñas, problemas con la autoridad o comisiones de delitos de menor gravedad.

Cuando llegan a la adultez, apuntó, el trastorno antisocial de la personalidad se consolida, haciéndose presente la comisión de delitos mayores “e intensificándose los rasgos de intolerancia a la frustración, impulsividad, hedonismo, temeridad y la búsqueda de satisfacciones inmediatos”.

La investigadora destacó que este tipo de sicarios son los que más comúnmente se encuentran en los centros penitenciarios, “debido a que características en su personalidad, como la impulsividad, ostentación y bravuconería suelen comprometer las actividades de los grupos criminales, por lo que pueden ser asesinados o delatados a las autoridades para que los encarcelen”.

Sicarios psicopáticos, los “más peligrosos”

Según el análisis, el 85% de la población vicarial entrevistada tiene su origen en la necesidad económica y el reconocimiento social, y el 15% restante corresponde a los perfiles psicopático y sádico.

Ruíz Vázquez explicó que en el perfil psicopático “son una constante los rasgos de frialdad emocional, ausencia total de remordimientos, crueldad y falta de empatía que, aunado a sus desarrolladas habilidades cognitivas y capacidad de liderazgo, lo convierten en un sicario líder de células criminales y de alto riesgo”.

La especialista aseguró que este conjunto de características hacen a este perfil peligroso, pues su motivación primaria es el poder adquisitivo, “pues ve esta actividad como una fuente más de ingresos”.

En el caso de los sicarios sádicos, estos comparten características con el perfil psicopático, pero con la distinción de que “su motivación criminal se basa en la necesidad de ejecutar el asesinato con inminentes rasgos de sadismo, por lo que buscará producir el mayor sufrimiento posible a sus víctimas”, pues disfruta el proceso de ejecución.

El análisis realizado por la psicóloga también reveló que hay factores culturales, como el enaltecimiento de la actividad criminal, que pueden ser detonantes para ver el sicariato como modelo de vida a seguir.

Otros de los factores de riesgo en los perfiles sicariales son los factores ambientales como la disfunción familiar, pobreza, fracaso escolar o auge de la narcocultura, “ya que predispone a que jóvenes de clases menos privilegiadas opten por participar en actividades delictivas para alcanzar, aunque sea por un breve periodo, satisfacción con bienes materiales o reconocimiento social que no se adquiere en la legalidad”, explicó.

Actualmente, la especialista trabaja en la creación de un programa de prevención de actividades delictivas, con el que buscará que la población infantil y juvenil “sea más crítica en cuanto a su entorno y conozcan otras opciones de crecimiento social que no incluyan involucrarse en el crimen organizado”.

Por ello, dijo, se centrará en el desarrollo de habilidades emocionales, afectivas y cognitivas que les permitan enfrentar factores de riesgo en su núcleo social y ser agentes de cambio en su entorno.

La investigación surgió como parte de un trabajo en el doctorado interinstitucional en psicología, en el que participan la Universidad de Guadalajara, la Universidad de Guanajuato, la Universidad de Colima, la Universidad Autónoma de Aguascalientes y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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Martes 13 y otras situaciones, objetos y animales que ¿traen mala suerte?

Según las creencias, el 13 es mala suerte porque es el número de quienes participaron en la última cena de Jesús antes de ser crucificado.
13 de octubre, 2020
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En martes, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes.

El dicho popular recomienda no hacer nada arriesgado el martes, por considerarse un día de mala suerte.

Se trata de un famoso refrán del idioma español que tiene su base en la superstición.

Según detalla la página web del Instituto Cervantes, esto se debe a que este día de la semana estaba consagrado a Marte, el dios de la guerra en la mitología latina, por lo que se consideraba un día de mal agüero para emprender algo importante.

También aclara que en la antigüedad tenía la misma connotación para los egipcios y los turcos y que algunos historiadores españoles relacionaban la superstición porque “los martes se produjeron algunas importantes derrotas de los moros a las tropas cristianas”.

La complicación del 13

Pero parece que, además de martes, el problema se agudiza cuando es 13.

Los países anglosajones tienen su versión también del día de mala suerte: el viernes 13.

Según las creencias, el 13 es mala suerte porque es el número de quienes participaron en la última cena de Jesús antes de ser crucificado.

También es el capítulo del Apocalipsis o Revelación de la Biblia y en el que habla de una bestia, la causa de todo mal.

Y hasta existe la fobia al número 13: la triscaidecafobia.

Número 13

Lo concreto es que no hay una bibliografía que respalde cada una de estas creencias populares que muchas de ellas se remontan a tiempos inmemoriales.

Pero la mala suerte no solo está representada en el número 13 (para muchos), sino que también se aparece en animales, acciones y determinadas situaciones, etc.

Pero, ¿por qué y cuáles son? En BBC Mundo hicimos un listado.

La sal derramada

sal

Durante siglos y siglos, la sal tuvo un rol importante en las culturas.

Desde utilizarla para condimentar y conservar los alimentos hasta utilizarla como una forma de moneda de intercambio que luego dio origen a la palabra salario.

Por eso, derramar sal es signo de mal presagio para muchos.

También existe la superstición de que no se debe pasar el salero de mano en mano, sino que se apoya en la mesa, por la misma razón anterior: por miedo a que se derrame.

¿Qué culpa tendrá el gato?

Gato negro

Muchas personas consideran que es mala suerte que un gato negro se cruce por delante.

Para el cristianismo, los gatos de color negro eran símbolos del mal y estaban asociados a las brujas.

Sin embargo, para la cultura egipcia eran animales de adoración.

La escalera

Mujer camina debajo de escalera

El origen de por qué pasar debajo de una escalera es de mala suerte también es variado.

Una escalera apoyada en una pared forma un triángulo, forma que el cristianismo representa la santísima trinidad, por lo que atravesarlo, era señal de desafiar lo sagrado.

Otra creencia sostiene que está relacionada a las ejecuciones por ahorcamiento, ya que el verdugo debía subir a una escalera para colocar la soga y luego para retirar el cuerpo.

Abrir paraguas bajo el techo

Este es otro caso de superstición que no tendría un origen común.

El paraguas es un antiguo invento chino que fue pasando de cultura a cultura para distintas funciones hasta la actualidad.

Pero en un principio el paraguas era utilizado por reyes como sombrilla para bloquear los rayos del sol, por eso abrirlo en un lugar con sombra era un sacrilegio.

Hombre sostiene un paraguas

Otra creencia sostiene que si una persona abre un paraguas bajo techo, se trata de una doble protección, por lo que trae mala suerte.

Y tal vez, el más racional de todos, es que si abres un paraguas dentro de tu casa, puedes causar un accidente.

Romper un espejo

Espejo roto

La creencia dice que si rompes un espejo tendrás 7 años de maldición.

Todo surge de la catoptromancia, que es la adivinación por medio del espejo.

El espejo era un elemento que se utilizaba para la magia por lo que si se rompía, el futuro sería aterrador.

La mala fama del pie izquierdo

Sin duda esta no aplicaría a los grandes jugadores de fútbol zurdos, pero es una creencia popular que la gente que se levanta por las mañanas de mal humor, es porque lo hicieron con el pie izquierdo.

Además, durante la historia, siempre se dio preponderancia a todo lo que sucedía a la derecha, por el movimiento de la tierra, la mayoría de las personas son diestras, los santos están a la derecha de Dios, etc.

Y, entre tantos otros motivos sobre lo malo del lado izquierdo, la mala suerte también estaría relacionada con que los pescadores no subían a una embarcación por babor, es decir por la izquierda.

Tijeras

Tijeras

La creencia popular sostiene que dejar las tijeras abiertas mientras no se usen son sinónimo de atraer mala suerte.

Otra sostiene que regalar tijeras equivale a desear el mal.

Si bien se desconoce su origen, en la mitología griega la Moira Átropos (una de las tres que decidían el destino) cortaba con tijeras el hilo de la vida.

Y hay más…

Si bien existen innumerables tradiciones que atraen la mala suerte, también existen muchas otras para evitarla y otras tantas que atraen la buena suerte.

Cruzar los dedos

Cruzar los dedos

Además de cruzar los dedos para protegerse de la mala suerte, también muchos lo hacen para pedir que un favor se cumpla, o cuando se quiere incumplir lo que se jura.

Aparentemente, en la antigüedad, existía la costumbre de que dos personas enlazaran sus dedos índices formando una cruz para expresar un deseo.

Tocar madera

Se cree que la madera es un elemento de protección, por eso cuando algo sucede muchos tocan madera para librarse de ese mal.

Su origen provine de los pueblos celtas en Europa que solían adorar a los árboles porque a través de ellos una persona se librara de una dolencia y la enviaba a la tierra.

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