El gobierno de AMLO no vetará la Ley de Seguridad; esperará resolución de la Corte: Sánchez Cordero
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El gobierno de AMLO no vetará la Ley de Seguridad; esperará resolución de la Corte: Sánchez Cordero

La exministra asegura que aunque la Ley de Seguridad es inconstitucional en varios artículos y sería benéfico reformar algunos de ellos, aguardarán a la resolución del Tribunal. Colectivos insisten en que se trata de una estrategia fallida.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
14 de agosto, 2018
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La próxima administración del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, descarta la posibilidad de abrogar la Ley de Seguridad Interior, como lo han solicitado organizaciones civiles integradas en el colectivo Seguridad sin guerra que, según advierten, ratifica la permanencia del Ejército en labores de seguridad pública que corresponde a autoridades civiles y vulnera derechos humanos.

Olga Sánchez Cordero, propuesta para encabezar la Secretaría de Gobernación, afirma en entrevista con Animal Político que el gobierno entrante esperará la resolución de la Suprema Corte de Justifica de la Nación (SCJN) respecto a las controversias constitucionales interpuesta por gobiernos municipales.

En tanto, el colectivo considera que la abrogación sería el camino ideal para evitar que la Ley resulte, en la práctica, en violación a los derechos humano. “Podría ser que la Corte sólo quitara algunos artículos que son evidentemente inconstitucionales, pero dejaran lo demás. Nos preocupaba mucho”, dice Ixchel Cisneros, directora de Cencos, una de las organizaciones del colectivo.

“Teniendo mayoría en el Congreso, (Morena) tendría la capacidad de sacar una ley distinta y abrogar la de Seguridad Interior, que es una de las solicitudes de las víctimas. Está bien respetar el proceso de la Corte, pero ellos también podrían incidir, haciendo su trabajo aparte. Podrían pensar en otra ley distinta”, asegura Cisneros.

Sánchez Cordero asegura que están esperando la resolución del máximo Tribunal, “podríamos avanzar en la derogación, pero por respeto a la Corte debemos esperar el resultado”. Ella, como exministra de la nación advierte que la Ley efectivamente “es inconstitucional en varios artículos y sería benéfico cuando menos reformar los artículos que veo inconstitucionales”, pero por el momento no la abrogarán.

En diciembre pasado, el Legislativo aprobó la Ley de Seguridad Interior pese al rechazo de diversas organizaciones civiles y organismos internacionales como la ONU, Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional por integrar preceptos contrarios al respeto a los derechos humanos contenidos en tratados internacionales.

Entre las críticas expuestas por la ONU está la utilización de “conceptos ambiguos y laxos que favorecen una aplicación extensiva, discrecional y arbitraria”, como “seguridad interior”, “acciones de seguridad interior”, “amenazas a la seguridad interior”, “riesgo a la seguridad interior”.

Por ello, los  escenarios que permiten habilitar las acciones previstas en la ley “son demasiado generales y poco precisos, de modo tal que se podrían activar los mecanismos previstos en la ley en una cantidad indeterminada de supuestos”.

Incluso, el precepto de “uso legítimo de la fuerza” no se ajusta a los estándares internacionales en la materia. En su definición, sólo se hace referencia al uso “racional y proporcional”.

En tanto, el colectivo Seguridad sin guerra ha insistido que la Ley de Seguridad Interior normaliza la actuación del Ejército en las labores de seguridad pública, la cual ha significado una estrategia fallida en el combate al narcotráfico que inició el expresidente Felipe Calderón y continuó el actual mandatario, Enrique Peña Nieto.

Luego de la aprobación, los municipios de Nezahualcóyotl, Ocuilan y Cocotilán en el Estado de México; Hoctun, Oxkutzcab y Tepakan en Yucatán, Ahuacatlán y Tepeyahualco presentaron recurso de inconstitucionalidad ante la Corte, mismos que fueron aceptados por el ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo, en febrero pasado.

Por otra parte, parte de la petición de abrogar esta ley es crear una estrategia real del combate a la violencia. Por ello, el colectivo Seguridad sin guerra ya tuvo reuniones con Alfonso Durazo, quien fue propuesto por López Obrador para dirigir la próxima Secretaría de Seguridad Pública, quien expuso que la política en esta materia incluye que los militares regresen a los cuarteles en los próximos tres años y el fortalecimiento de las policías civiles.

Ambos puntos siempre han sido exigencia de las organizaciones ciudadanas, para que exista una “estrategia integral de seguridad y que no se enfoque sólo a los militares, que pase por el mejoramiento de policías civiles, prevención de la violencia, discusión de la despenalización de la mariguana”, advierte Cisneros.

Aunque es una buena señal que el colectivo ya fue escuchado por el equipo del próximo presidente, cosa que nunca ocurrió con el actual mandatario y Calderón, aún no hay precisión sobre cómo se aplicará en lo particular la estrategia de seguridad. “Esperemos que no sólo se quede en dichos sino que vaya más allá; es fundamental para que se diferencie el futuro gobierno, que tanta credibilidad tiene con respecto a los otros”, dice la directora de Cencos.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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