La cero efectividad de PGR para esclarecer homicidios: en 8 años obtuvo dos sentencias
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La cero efectividad de PGR para esclarecer homicidios: en 8 años obtuvo dos sentencias

Su nivel de resolución es aún peor que el de procuradurías locales; aunque estudios indican que hasta 75% de homicidios estarían ligados al narco, la PGR solo indaga 0.2% del total.
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16 de agosto, 2018
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La Procuraduría General de la República (PGR) no esclarece los homicidios en México. En los últimos ocho años, la dependencia inició o atrajo la investigación de más de 400 homicidios en el país, pero en ese mismo plazo solo cerró dos casos con sentencias condenatorias.

De hecho, la PGR ha detenido a probables responsables en menos del dos por ciento de los casos que ha trabajado. Este nivel es aún peor que el de las procuradurías locales que, en conjunto, resuelven el cinco por ciento de los casos que indagan.

Datos oficiales de la PGR, obtenidos por Animal Político vía solicitud de transparencia, arrojaron que de enero de 2010 a mayo de 2018 dicha dependencia federal inició 402 averiguaciones previas y carpetas de investigación por el delito de homicidio doloso.

En este mismo plazo la dependencia reportó la consignación de 63 investigaciones abiertas por homicidio. Se trataría de una efectividad de apenas 15 por ciento si se compara los casos que manda a un juez respecto a los que ha iniciado.

Pero los datos revelaron que muchos de los casos que se mandaron al juez son “sin detenido”, sin que se haya logrado la captura de los probables responsables del crimen. Apenas ocho de los 63 casos consignados se hicieron con sospechosos ya capturados. Esto equivale  al 1.99 por ciento de todos los casos investigados formalmente.

Se solicitó a la PGR, dentro de este mismo periodo,  el número de casos en donde se logró una sentencia condenatoria en contra de los homicidas. La dependencia reportó solo dos casos con sentencias condenatorias, uno en 2016 y otro en 2017.

Los casos resueltos y cerrados por la PGR con una sentencia equivalen apenas al 0.4 por ciento del total de los que han iniciado.

Este promedio de resultados es aún peor que el de las fiscalías locales. El reportaje Matar en México: Impunidad Garantizada, reveló que de cada 100 homicidios indagados por las procuradurías locales, se dicta sentencia en cinco de ellos. Con la PGR la proporción es apenas 1 sentencia por cada 200 asesinatos.

Cabe señalar que de los 402 casos de homicidios atendidos por la PGR, 265 fueron casos iniciados en el viejo sistema penal (averiguaciones previas), mientras que 137 son casos del nuevo sistema (carpetas de investigación). La dependencia no reveló – aun cuando se le preguntó – a cuantas víctimas involucran estos casos.

Homicidios federales en epicentros del narco

En respuesta a la solicitud de transparencia, la PGR proporcionó el desglose por estado de las averiguaciones y carpetas de investigación que ha iniciado por homicidio doloso de 2010 a la fecha. Los datos confirman que los estados en donde hay una presencia activa de cárteles – de acuerdo con la misma PGR – concentran mayor cantidad de casos.

De las 402 averiguaciones y carpetas de homicidio iniciadas por la Procuraduría, 77 corresponden al estado de Tamaulipas, lo que equivale a casi el 20 por ciento de los casos. Entre los homicidios en dicho estado que públicamente se conoce que se indagan a nivel federal se encuentran los de las fosas de San Fernando.

La PGR reportó 63 casos de homicidio que son investigados por sus “áreas centrales”, es decir, por algunas de sus subprocuradurías como la de delitos federales o delincuencia organizada, o alguna fiscalía especializada. Estos casos se encuentran, por ejemplo, los distintos homicidios de periodistas.

El segundo estado con más homicidios indagados por la PGR en los últimos ocho años es Jalisco con 32 carpetas de investigación. Entre esos casos se encuentran los homicidios de agentes federales, e incluso soldados, a manos de presuntos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación, y el hallazgo de fosas clandestinas con múltiples cuerpos como las de La Barca, Jalisco en diciembre de 2013.

Sinaloa, entidad federativa en la que surgió el Cártel de Sinaloa, es el cuarto estado con más homicidios atraídos por la PGR con 26 averiguaciones y carpetas de investigación de 2008 a la fecha.

Después se encuentra Michoacán con 21 averiguaciones previas por homicidio abiertas por la PGR. Los datos evidencian que más de la mitad de estas averiguaciones corresponden a los años 2013 y 2014, justo en el periodo en que la PGR reforzó su presencia ministerial en dicha entidad en el contexto del conflicto con los grupos de autodefensa.

Los datos proporcionados revelan que, en este periodo, la PGR investigó al menos un caso de homicidio en todos los estados. Tabasco, Hidalgo y Querétaro son las entidades en donde solo se indaga un homicidio por el Ministerio Público Federal.

¿Qué tanta efectividad tiene la PGR?

Si sumamos la cantidad de averiguaciones y carpetas de investigación abiertas por homicidio doloso de 2010 a la fecha, tanto a nivel local como federal, el total es de 172 mil 263 casos. La PGR, sin embargo, solo investigó el 0.2 por ciento del total.

La cifra contrasta con el nivel de homicidios que varias mediciones y expertos atribuyen al crimen organizado, y que por ende deberían ser de competencia federal y no local. Por ejemplo, la organización Lantia Consultores – que por años ha calculado el tipo de homicidios que estarían ligados al narco – calcula que tan solo de enero a abril de 2018 hubo más de 7 mil homicidios vinculados con grupos de la delincuencia organizada

Otro ejemplo. La organización Semáforo Delictivo calcula que hasta el 75 por ciento de los homicidios en el país están relacionados con el crimen organizado. De nuevo, esto contrasta con el 0.2 por ciento que la PGR indaga.

De acuerdo con los resultados, que la PGR atraiga los homicidios ligados al crimen organizado no es garantía de efectividad en el esclarecimiento de los mismos.

Funcionarios de servicios periciales de la PGR, que hablaron con Animal Político durante la investigación del reportaje Matar en México, explicaron que la dependencia federal tiene los laboratorios periciales más avanzados del país para esclarecer homicidios, sin embargo, estos son insuficientes para atender el volumen de los crímenes en el país que además se encuentran en niveles record.

Un problema más grave es que muchos casos se quedan en el limbo, sin que nadie realmente los atienda.

Funcionarios de varios estados que también hablaron con Animal Político en el contexto del reportaje ya mencionado señalaron que hay muchos homicidios donde es clara el vínculo inicial con el crimen organizado, por lo que se pide a la PGR que los atraiga; sin embargo, la dependencia no lo hace.

Lo anterior deja esos homicidios abiertos en una instancia local, pero sin que se realice ninguna investigación debido al temor de funcionarios locales de profundizar en esos homicidios, o a la falta de herramientas de investigación que tienen para esclarecerlos dado su nexo con actividades delictivas organizadas.

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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