Cómo es vivir con el rostro de Instagram una semana (con 25 productos en la cara)
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Cómo es vivir con el rostro de Instagram una semana (con 25 productos en la cara)

La periodista Alexandra Jones se maquilló como las Kardashian para tener un "rostro de Instagram" durante una semana. Así fue la experiencia de vivir como una "selfie".
BBC Three
Por Alexandra Jones BBC Three
21 de agosto, 2018
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“Parece 3D” no es como me gustaría que se describiera mi maquillaje, en términos generales. Así que siento un profundo rubor que se extiende por mi pecho y mi cara.

Si no estuviese usando una base de cobertura completa, corrector, bronceador, polvos traslúcidos, dos tipos de delineador, iluminador y seis sombras de ojos, me preocuparía que el viejo colega con el que me había topado pudiera ver mis mejillas poniéndose rojas de vergüenza.

Había previsto que esto saldría de manera muy diferente. En las imágenes, parecía impecable: acababa de pasar más de una hora fotografiándome a mí misma y desde todos los ángulos, sin defectos.

Imagen tras imagen, sin importar la iluminación, mi cara se reflejaba hacia mí: cincelada y con un extraño aire de muñeca. Me veía sensual, sexy.

“Has creado un monstruo”, le dije a la maquilladora, que acababa de pasar 90 minutos pintando esta cara. “No puedo dejar de tomar fotos de mí misma”.

#contouring by @zoelmoore and 🎥 by @annamichphoto –> step 1) draw on a new face.

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Mi rutina habitual de maquillaje consiste en cinco productos -aplicados en cuatro minutos y 37 segundos- que me pongo en el autobús en el camino al trabajo (sí, lo he cronometrado).

Pero decidí pasar una semana en modo “Rostro de Instagram” (“The Face”), el look de maquillaje que ha dominado las redes sociales durante los últimos tres años.

Y a juzgar por mi primera interacción, va a ser más difícil para mi ego que lo que pensé.

El look ha sido popularizado por las Kardashian (¿quién más?) y copiado por miles de influenciadoras como NikkieTutorials (10,6 millones de suscriptores en YouTube), Patrick Starrr (4,5 millones de seguidores en Instagram) y Sonjdra Deluxe (1,1 millones de seguidores en Instagram).

Y cada vez también aparece más en los rostros y las redes sociales de personas normales como yo (que cuento con unos 850 seguidores en Instagram).

Eliminar textura

“Te va a resultar difícil usarla en el exterior, a la luz del día”, me había advertido ya Zoe Moore, la artista de maquillaje que me transformó en “The Face” utilizando no menos de 25 productos diferentes.

“Se trata de borrar imperfecciones y, en la medida de lo posible, eliminando la textura de la piel”, explica la maquilladora.

Según Moore, para lograr el look la nariz tiene que ser delicada, un efecto que se logra al contornear los lados y la punta para cambiar su forma como una ilusión óptica.

Los ojos y los labios, por su parte, tienen que ser enormes.

“Lo siento por las chicas jóvenes que están inmersas en este mundo de Instagram”, me dice Moore. “Es mucha presión para ellas”.

La primera foto

Subo un selfie a Instagram, con una nota de que estoy probando un nuevo aspecto. Los “me gusta” comienzan a rodar casi de inmediato, cada pocos segundos más y más.

Estoy desconcertada, mis seguidores son en gran parte amigos y familiares, mis publicaciones generalmente reciben cerca de 40 “me gusta” en total.

Refresco una y otra vez la pantalla. Ya estoy en 35 “me gusta” solo diez minutos después. Es adictivo. Estoy enganchada.

Al día siguiente ya he sumado más de 100 “me gusta” y numerosos comentarios elogiosos: emojis de fuego, varios “te ves fascinante” y casi 20 nuevos seguidores. Todo a partir de una imagen.

Mi cerebro está borracho de dopamina, el neuroquímico que se libera cada vez que tenemos una interacción social positiva, nos hace sentir bien y refuerza nuestro deseo de hacer lo que acabamos de hacer (la misma respuesta física que causa la adicción).

Desde una perspectiva evolutiva, este efecto está destinado a ayudar a formar hábitos que nos mantengan vivos: recibir un golpe de dopamina cuando tienes relaciones sexuales te hace querer hacerlo de nuevo, y la especie está asegurada.

Pero en un mundo de validación y “me gusta” instantáneos, los científicos están advirtiendo que nuestro sistema de dopamina está perdiendo el control.

La mañana siguiente…

Una mañana intento recrear “The Face” yo misma por primera vez. Reúno un montón de maquillaje, en gran parte obsequios de cumpleaños viejos, y me pongo a trabajar.

Desafortunadamente, solo me levanto 20 minutos antes de lo normal, y eso no es tiempo suficiente.

Alexandra Jones

AlEXANDRA JONES
Lucir así requiere de una importante inversión de tiempo y dinero.

También me doy cuenta de que hay una serie de productos esenciales que de hecho no tengo: delineador líquido de ojos, una paleta de contorno y un delineador de labios. Tendré que ir de compras en el almuerzo.

A la hora del almuerzo, busco los productos más baratos que puedo encontrar, peroigual gasto US$44.

Esa noche veo un video tras otro de personas creando diferentes versiones de “The Face”. Las estadísticas muestran que vemos miles de millones de horas de contenido cada año sobre maquillaje en YouTube.

Al día siguiente me despierto a las 6 am, estoy atontada y molesta, pero tengo éxito. Cada día logro reducir el tiempo que me lleva recrear “The Face” hasta que logro reducirlo a 45 minutos.

Pero también tengo que volver a aplicarme (principalmente rubor y corrector) durante todo el día.

En la oficina, mi colega, Vicky, me mira: “Me olvido de que esto es un experimento y verte completamente maquillada por la mañana me está haciendo sentir muy ansiosa. Siento que necesito esforzarme más“.

Carrera contra el calor

Es típico de mi suerte que todo esto suceda durante una ola de calor abrasador.

Así que me encuentro evitando a toda costa la luz solar directa: después de levantarme temprano en las mañanas, de los gastos y el esfuerzo, prefiero arriesgarme a la deficiencia de vitamina D que dejar que mi cara se derrita a la hora del almuerzo. Y lo de derretirse es literal.

Más de una vez en mi viaje de una hora al trabajo, siento sudor en forma de perlas en mi labio superior y me entra el pánico y me aplico polvos para no manchar el delineador de labios. (¿Quién soy?) La boca, no lo olvides, es muy importante para “The Face”.

Más de una vez, las personas en el transporte público, principalmente hombres, hacen comentarios como “No necesitas usar tanto maquillaje”. En otra ocasión, una mujer se sentó a mi lado y me dijo que “me arruinaré la piel”.

Me encuentro con amigos hacia el final de la semana. Después de un día de trabajo, y casi dos horas de viaje con un calor de 800 grados (realmente se sentía como 800), el maquillaje se siente profundamente arraigado en mi piel.

“¿Vas a algún lado?”, pregunta uno. “Te ves como si estuvieras a punto de hacer una sesión de fotos”, me dice, y le hago tomarse una selfie conmigo para demostrar lo bien que me veo en la imagen.

“Parece un poco pornográfico”, se ríe. “Parece que estás jugando el papel de bibliotecaria en una película porno”.

El fin

Al final de la semana, a pesar de que logré hacer la rutina en un tiempo cómodo, me alegra dejar atrás a la “Rostro de Instagram”.

Quitárselo por la noche lleva casi tanto tiempo como ponérselo en la mañana. Necesito más crema hidratante, porque mi piel está seca y, en algunos lugares, estalla en algunos puntos.

I wasn't gonna post but have had an influx of younger women messaging me about my latest piece. above is my ACTUAL face. How I actually look. *** I'm not immune. I wish I could do The Face every day so that people tell me how hot I am. I want to be beautiful too. I really want it. *** & not gonna lie, wearing as much #makeup as in the piece looks fucking great on screen. that’s because you can't see where it cracks when you move your face. Like I said to @zoelmoore , "I just need to stick to a neutral expression or it'll be ruined before we get the picture." but, pals, life is not about neutral expressions. fuck. that. *** honestly, I thought this would be a bit of a vanity piece. where I get to have my picture taken looking quite nice. and it was definitely that (lol) but also, just made me realise how insidious and exploitative the world of Instagram beauty really is. because we can't help but want to look nice, and have people approve of us. and this particular look is at the apex of all our insta-induced anxieties. it's a look that requires us to all have small noses, and chiseled cheekbones and big lips. It's a look that will make 99% of us feel ugly, because we don't have those proportions. *** AND YET this look is also relentlessly marketed at teens and women in their early 20s by dozens of huge beauty brands. it took 25 products to recreate. TWENT FIVE. and yet young women are being told, via way of clever marketing and even cleverer product placement, that's what they need to look normal and acceptable. *** yesterday @superdrug announced they'd be offering botox and fillers on the high street. they're the brand who sponsored @loveisland — seems to me their target audience are teens and women in their early 20s. pals, you tell me, are we not living in an age where young people are being told that their faces are somehow wrong, in need of tweaking, a little alteration here and there, whether by way of make-up or, indeed, something more permanent. brands are exploiting our deepest fears to sell products and services which "correct" flaws that they created in the first place. DON'T LET THEM MAKE YOU FEEL UGLY.

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Es difícil saber las cifras exactas de las selfies, pero según las últimas estadísticas de Google se cargaron 24 mil millones en su sitio en solo un año. Y esas estadísticas provienen de 2016. Otra encuesta, realizada en 2013, descubrió que 30% de las fotografías tomadas por personas entre los 18 y 24 años era un autoretrato.

Con cada nuevo filtro de Snapchat y las actualizaciones de la plataforma Instagram, la cultura de las selfies ha estado apretándonos tan fuerte como una pitón.

Justo la semana pasada Kylie Jenner rompió aún más la línea entre Instagram y la vida real al lanzar un nuevo conjunto de filtros faciales de Instagram que se aproximan al efecto de su maquillaje. Ni siquiera tienes que comprar un pintalabios, pero una vez que hayas visto lo bien que se ve, ¿por qué no?

En el baño me vislumbro en el espejo. Me vuelvo de aquí para allá: soy simple y humana. No soy simétrica. Luego salgo a beber, reír y bailar hasta sudar sin preocuparme, ni por un minuto, por mi cara.

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Atelopus palmatus. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

La carrera contra el tiempo para salvar de la extinción a las ranas arlequín en Latinoamérica

Durante las últimas décadas, muchas especies de rana arlequín han sufrido graves declives poblacionales y extinciones, principalmente por culpa de un hongo.
Atelopus palmatus. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.
Por Antonio José Paz Cardona/Mongabay Latam
10 de octubre, 2021
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En 2019 la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES) dio uno de los mensajes más alarmantes de los últimos tiempos sobre la flora y fauna de nuestro planeta: alrededor de un millón de especies de animales y plantas están ahora en peligro de extinción y muchas podrían desaparecer en pocas décadas, lo que representa una amenaza sin precedentes en la historia de la humanidad.

Los anfibios están en gran peligro con aproximadamente el 40 % de sus especies bajo alguna categoría de amenaza. Entre ellos, uno de los géneros que más preocupa es Atelopus, originario del neotrópico, cuya distribución va desde Costa Rica hasta Bolivia, extendiéndose al oriente hasta la Guayana Francesa.

De las 94 especies evaluadas por la UICN, el 83 % se encuentran en la Lista Roja de Especies Amenazadas. Es más, un 40 % de las especies de este género son consideradas como posiblemente extintas en la naturaleza y cuatro ya desaparecieron oficialmente del planeta.

Debido a este preocupante panorama nació la Iniciativa de Supervivencia Atelopus (ASI, por sus siglas en inglés), una alianza de más de 40 organizaciones de 13 países que buscan salvar de la extinción a este género de anfibios. Además, hace pocas semanas ASI publicó el Plan de Acción para la Conservación de las Ranas Arlequín (Atelopus) 2021-2041.

Entérate: La carrera por salvar especies amenazadas en tiempos de COVID-19

Un llamado urgente al trabajo colaborativo

Una de las principales causas de las declinaciones poblacionales y extinción de algunas especies del género Atelopus, más conocido como ranas arlequín, es el Batrachochytrium dendrobatidis, unhongo quítrido mortal que tuvo sus peores efectos en los anfibios en la década de los ochenta.

“Hace cerca de tres años Re:wild, la organización en que trabajo y que auspicia la Lista Roja para anfibios de la UICN, debido a la grave situación de las ranas arlequín, empezó a indagar y nos dimos cuenta que mucha gente, en varios países, estaba trabajando activamente por la conservación de algunas especies, pero no había mucho intercambio de conocimientos y experiencias, ni un esfuerzo articulado a nivel de región para salvar el género”, dice Lina Valencia, bióloga colombiana fundadora de ASI, co-coordinadora del Grupo de Trabajo Atelopus del Grupo Especialista en Anfibios de la UICN y coordinadora de los países andinos para Re: wild.

En noviembre de 2019 lograron reunir, en el parque Explora en Medellín, a más de 40 personas de distintos países y concluyeron que era vital una gran iniciativa que promoviera la participación activa de diversos grupos, no solo científicos y académicos, sino también de representantes de comunidades locales, personal de ministerios y parques nacionales, ONG, zoológicos, entre otros.

De esa primera reunión salió la idea de crear el primer plan de acción para la conservación de las ranas arlequín, el cual fue publicado hace pocas semanas. Dicho plan se sustenta en cinco objetivos: producir conocimiento de línea base, asegurar poblaciones viables en hábitats naturales, mantener y manejar colonias de rescate, aumentar la visibilidad de las Atelopus y crear un mecanismo de colaboración y participación.

El primer objetivo se centra en recopilar y producir información científica clave sobre el estado poblacional actual, la historia natural y las amenazas a las poblaciones de Atelopus. En segundo lugar se desarrollarán y aplicarán estrategias y protocolos para reducir los impactos de las principales amenazas que afectan al género. El tercer objetivo se enfoca en crear capacidades técnicas y científicas y compartir mejores prácticas para implementar tecnologías de reproducción asistida en los casos de los anfibios más amenazados, así como aplicar programas de reintroducción y de seguimiento posterior a la liberación.

El cuarto eje del plan tiene que ver con concientizar a las personas sobre la existencia de las Atelopus “y promover las ranas arlequín como joyas de los bosques, páramos y arroyos del Neotrópico, convirtiéndolas en un género emblemático y en un símbolo internacional, regional y nacional de prosperidad, esperanza y biodiversidad”, dice el documento.

Atelopus varius. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

Finalmente, otro de los objetivos clave es garantizar el apoyo técnico, logístico y financiero necesario para asegurar la conservación a largo plazo de las ranas arlequín.

Sobre este último objetivo, Valencia dice que es muy importante desarrollar estrategias para fomentar la colaboración, comunicación y el trabajo interdisciplinario. “Fue interesante ver cómo en nuestra primera reunión había personas que llevaban décadas trabajando con el género y no se habían visto las caras antes” y añade que lo que buscan no es solo publicar un documento, “sino de verdad cambiar el estatus de conservación de las ranas. Si no trabajamos colectivamente, este género se nos va a extinguir”.

Aunque las intenciones son las mejores, los integrantes de la iniciativa saben que uno de los principales obstáculos es la escasez de recursos económicos para implementar estrategias de conservación. Por eso, el trabajo colaborativo se presenta nuevamente como la principal apuesta. Lina Valencia comenta que en lugar de que 10 personas u organizaciones compitan por un mismo fondo, la iniciativa pretende que se junten experiencias y capacidades para aplicar como equipo a fondos más grandes y así reducir esa competencia que suele darse para obtener unos recursos que son bastante limitados.

Trabajo en el Centro de Conservación de Anfibios (AMARU), Ecuador. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

Trabajo en el Centro de Conservación de Anfibios (AMARU), Ecuador. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

El ataque mortal de un hongo

¿Por qué el género Atelopus fue uno de los más afectados por el hongo quítrido? Para el biólogo ecuatoriano Juan Manuel Guayasamín, esa es la pregunta del millón. Existen varias hipótesis pero es enfático al indicar que mucho todavía está en el plano de la especulación pues hace falta demasiada información sobre este tema, además que los principales impactos de la enfermedad causada por el hongo ocurrieron hace varias décadas, cuando pocos científicos trabajaban con anfibios y se desconocía la existencia de este patógeno.

Lo que se sabe es que el hongo empezaba afectando la piel de las ranas, causándoles luego muchos problemas fisiológicos, desde respiratorios hasta circulatorios. “Muchas de estas ranas mueren de ataques cardíacos por estrés asociado a la enfermedad”, dice Guayasamín, investigador de la Universidad San Francisco de Quito y también co-coordinador del Grupo de Trabajo Atelopus del Grupo Especialista en Anfibios de la UICN.

Para el biólogo lo que está claro es que el hongo está asociado con declinaciones y extinciones de más de 500 especies de anfibios. “Si hablamos de pandemias que tienen un efecto en la biodiversidad esta es la peor pandemia reportada en la historia, no hay un caso similar de un patógeno que infecte y afecte a tantas especies”, destaca.

Sin embargo, el hongo no actúa solo y los biólogos creen que se trata de una combinación de factores que incluye la destrucción y degradación de los hábitats —como resultado de la agricultura, la ganadería, la tala, la minería y el desarrollo de infraestructura—, la introducción de especies invasoras como la trucha arcoíris que se alimenta de renacuajos de ranas arlequín, la contaminación, la recolección ilegal para el comercio de mascotas y los efectos del cambio climático.

“Parece que también tiene que ver con el sistema inmune de las Atelopus, no tienen un mecanismo para protegerse de la enfermedad”, dice Guayasamín y asegura que el hongo está bastante diseminado entre los anfibios pero, al parecer, muchas especies ya han generado mecanismos de tolerancia. O por lo menos, eso esperan.

Por otro lado, el biólogo comenta que es muy interesante que en los últimos 10 años varias especies que se pensaban extintas han sido redescubiertas, “aunque siempre se redescubren en densidades muy bajas y en pocas localidades, bajo escenarios que podríamos determinar como catastróficos”.

Guayasamín y un grupo de investigadores que forman parte de la  nueva Iniciativa de Supervivencia Atelopus  ganaron recientemente un fondo para ir a campo a estudiar a la redescubierta Atelopus ignescens, que antes de la década de los ochenta era muy abundante en los Andes ecuatorianos, incluso muy cerca de Quito. Esta especie no se había visto por décadas a pesar de que era muy común y recientemente pasó de Extinta a en Peligro Crítico.

Lee el reportaje completo en Mongabay Latam

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