PGR acumula pruebas contra el Ejército en caso de desaparición, y hallan su rastro en dos cuarteles
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PGR acumula pruebas contra el Ejército en caso de desaparición, y hallan su rastro en dos cuarteles

El ingeniero Francisco Herrera fue interceptado cuando conducía a su trabajo, en la ciudad de Tampico, Tamaulipas, en 2015; sus teléfonos registraron actividad en coordenadas que corresponden exactamente con la ubicación del Campo Militar Número 1.
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La mañana del 24 de febrero de 2015, el ingeniero Francisco Herrera, entonces de 39 años, fue interceptado cuando conducía a su trabajo, en la ciudad de Tampico, Tamaulipas, por al menos dos vehículos que lo encajonaron en una avenida y lo obligaron a parar la marcha.

Tal como registraron las cámaras del C4 de la ciudad, de uno de esos autos descendió al menos una persona, que abordó la camioneta del ingeniero Herrera, y luego los tres vehículos partieron, ya con el ingeniero bajo “privación ilegal de la libertad”, para luego perderse, tal como señalan las averiguaciones previas que por separado iniciaron tanto la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas, el mismo día de los hechos, como la Procuraduría General de la República, un mes después.

Desde entonces, el paradero del ingeniero Francisco Herrera (empleado de una empresa productora de papel, recién separado, que habitaba en una casa de interés social con una cama y una mesa de plástico como únicos muebles) es desconocido.

Aunque los indicios acumulados en los tres años y medio transcurridos desde el rapto apuntan a un presunto responsable, paradójicamente, las mismas averiguaciones previas emprendidas (a las que Animal Político tuvo acceso) evidencian omisiones y actos dilatorios por parte de la autoridad investigadora hacia el presunto involucrado, que es el Ejército Mexicano.

El rapto

Al mediodía del 24 de febrero de 2015, al no tener noticia del ingeniero Francisco Herrera, y al no lograr contactarlo en ninguno de sus dos teléfonos celulares, su familia comenzó a rastrearlo a través del servicio de geolocalización de su teléfono celular, que ubicó las instalaciones del 15 Batallón de Infantería, de Tampico, como último punto en donde su teléfono celular se había activado.

Tal como indicaba el rastreador GPS, el aparato se había activado dentro del cuartel militar a las 9:35 horas del 24 de febrero, es decir, alrededor de dos horas después de que el ingeniero fue raptado.

Con esta información del GPS, los familiares se trasladaron a dicho cuartel, al frente del cual estaba en ese entonces el general brigadier diplomado del estado mayor Jesús Alejandro Adame Cabrera.

Al rendir declaración ministerial sobre los hechos, este militar reconoció haber atendido a la familia del ingeniero Herrera, a quienes “llevé personalmente a la parte donde supuestamente estaba el teléfono, y no había nada, porque no hay instalaciones, es un área verde”.

Para entonces, habían transcurrido más de nueve horas desde que el teléfono se había activado en ese lugar.

Destaca un hecho: este militar subrayó en su declaración que, con la intención de ayudar a esta familia, él mismo les sugirió buscar en la colonia Tancol, que rodea el cuartel, específicamente en “las casas que colindan con la barda perimetral del campo militar”.

La familia no atendió dicha sugerencia, y en cambio acudió a la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas, para formular ante el Ministerio Público local una denuncia formal por la desaparición del ingeniero.

Según consta en la denuncia ministerial de esta familia, una serie de coincidencias peculiares ocurrieron justo cuando acababan de ingresar a las instalaciones del MP: primero, el teléfono del ingeniero Herrera volvió a dar una señal, y una nueva ubicación de GPS, una casa ubicada precisamente junto al 15 Batallón, colindante con su barda perimetral, tal como había sugerido el encargado del cuartel.

Esta nueva ubicación GPS le fue comunicada inmediatamente al general brigadier Jesús Alejandro Adame, quien informó a la familia del ingeniero que, por voluntad propia y sin notificarles, él había integrado un contingente de 50 soldados para salir a buscarlo en la colonia aledaña al cuartel.
Según el militar, el contingente de soldados acudió rápidamente al domicilio señalado por la familia del ingeniero, pero no encontró nadie que les abriera la puerta.

“Fui a tocar –declaró el militar ante el Ministerio Público– y no salió nadie”. Esa fue toda la búsqueda.

Control de daños

Al día siguiente de la desaparición del ingeniero Herrera, su madre denunció ante el MP que un grupo de al menos cuatro militares estaba vigilando la vivienda de su hijo, y la de otros integrantes de la familia.

Aunque vestían de civil, la familia pudo constatar que se trataba de militares ya que, al detectarlos, se comunicaron al 15 Batallón para denunciar que personas extrañas estaban haciendo rondines en sus viviendas, ante lo cual, el general brigadier Jesús Alejandro Adame les confirmó que se trataba de soldados que realizaban investigaciones para apoyar la búsqueda.

Cabe destacar que, según el marco legal mexicano, el Ejército no está facultado para realizar ningún tipo de investigación relacionada con la comisión de delitos del orden común ni violaciones a derechos humanos cometidas por sus integrantes, facultad exclusiva de las autoridades civiles.

Al rendir declaración ministeral, el encargado del 15 Batallón subrayó que en todo momento los militares actuaron de buena fe, para apoyar en la búsqueda. Sin embargo, de su misma declaración se desprende que la información que admite haber recabado el Ejército, luego le fue ocultada a la familia y a las autoridades judiciales.

En el reporte interno titulado “Urgente. No. PTN.INF.333”, el general reporta que entró en contacto con la encargada del C4, para que personal militar realizara “una exhaustiva búsqueda en los registros de grabación con que cuentan en el citado centro de monitoreo”, para identificar el momento, lugar y forma en que fue privado de la libertad el ingeniero Herrera.

Ese rastreo en los archivos del C4, realizado por los militares, permitió identificar el momento en que fue interceptada la camioneta del ingeniero Herrera, y éste raptado.

No obstante, tal como informó el encargado del 15 Batallón, una vez que las imágenes fueron recabadas y llevadas al cuartel “ahí las dejé, en el batallón, porque no tenía yo ningún objeto (sic) de mandárselas a nadie”, y luego añadió: “esas imágenes no se las mostré a la familia Herrera”, bajo la lógica de que ellos, por su cuenta, “en algún momento iban a pedir esa información” al C4.

Esos videos también revelaron que el contingente de vehículos en el que iba secuestrado el ingeniero Herrera se detuvo, por unos minutos, en una gasolinería.

Esa gasolinería tiene ocho cámaras de seguridad, por lo que, según la declaración ministerial del general brigadier, al lugar acudieron elementos de la Policía Militar Ministerial, cuyo nombre y grado afirmó no recordar, para confiscar los videos del día del secuestro, cuyo contenido no ha sido incluido enteramente a la investigación, porque el Ejército, hasta la fecha, sólo ha entregado a la PGR fragmentos editados.

Dos días después del rapto, el mismo encargado del 15 Batallón elaboró un informe interno, en el cual concluyó, sin aportar ningún elemento de prueba, que el ingeniero Herrera es “parte de algún grupo de la organización delictiva Cartel del Golfo que opera en el área, y pudo haber sido objeto de una agresión por parte de la misma organización delictiva”.

Con eso, el Ejército dio por concluida su participación en la búsqueda, y se deslindó de cualquier responsabilidad.

Tres semanas después del rapto, el general brigadier Jesús Alejandro Adame Cabrera fue relevado de sus funciones al frente del 15 Batallón de Infantería en Tampico, y reubicado por el mando militar en Badiraguato, Sinaloa.

Campo Militar Número 1

Los peritajes elaborados por la PGR revelaron que el 28 de febrero de 2015, cuatro días después del rapto del ingeniero Francisco Herrera, los dos teléfonos celulares que portaba consigo registraron actividad, y la señal de uno de estos aparatos pudo ser rastreada mediante sistemas de geolocalización hasta un lugar preciso: latitud 19º, 26″, 14′ Norte, y longitud 99º, 14″ 20′ Oeste, coordenadas que corresponden exactamente con la ubicación del Campo Militar Número 1, en la frontera entre la Ciudad de México y el municipio mexiquense de Naucalpan, el cuartel central del Ejército Mexicano.

Tal como consta en la averiguación previa, la PGR no hizo ninguna diligencia para saber por qué el teléfono de esta víctima de desaparición emitió una señal, cuatro días después de su rapto, desde el principal cuartel militar del país.

El auto

Cuando el ingeniero Francisco Herrera fue raptado, los perpetradores también se llevaron consigo su camioneta, un Jeep Grand Cherokee con 14 años de antigüedad.

La versión oficial indica que este vehículo fue localizado cinco meses después, tras un enfrentamiento con integrantes del crimen organizado ocurrido en el rancho “El Perro”, del ejido Ruiz Cortines, en el municipio de González.

No obstante, la versión oficial, sin embargo, queda desmentida con la misma averiguación previa.

La dueña del rancho El Perro, por ejemplo, declaró ante el MP que su propiedad no se encuentra en el ejido Ruiz Cortines, y que en su rancho nunca hubo enfrentamientos entre fuerzas oficiales y grupos del crimen organizado.

Asimismo, aclaró que tampoco era un lugar llano y despoblado, como fue descrito por la autoridad, sino que es un rancho en constante producción agrícola, con permanente presencia de trabajadores y comercializadores.

Por su parte, la bitácora del servicio privado de grúas convocado, revela que la solicitud para la remoción del Jeep Grand Cherokee se dio en un municipio distinto al señalado por las autoridades.

Según la bitácora, el vehículo tenía las llaves, aunque le faltaba una de las llantas delanteras, por lo que no se explica cómo llegó la camioneta hasta el lugar de donde fue remolcada, un camino de terracería custodiado por militares.

El vehículo fue entregado en el Hotel Miramar, de Ciudad Madero, a un teniente de infantería del 15 Batallón, aunque terminó en un corralón de la PGR.

Dentro de la camioneta fue reportado el hallazgo de un uniforme de la Secretaría de Marina, que pudo ser vinculado a un marino que estuvo asignado a Tamaulipas entre 2012 y 2013, es decir, un año antes del rapto del ingeniero Herrera.

Según la declaración de ese marino, él entregó su uniforme gastado en 2013, una vez que concluyó su asignación en Tamaulipas y salió del estado, al cual, desde entonces, nunca fue nuevamente destacamentado.

Las puertas

La última prueba que destaca, de entre el cúmulo de indicios recabados en tres años y medio de investigación judicial de este caso, es un conjunto de llaves y llaveros encontrados por la Procuraduría de Tamaulipas en la vivienda ubicada junto al cuartel del 15 Batallón de Infantería, en Tamaulipas, en donde el teléfono del ingeniero Herrera pudo ser geolocalizado por segunda ocasión el día de su rapto.

Se trata, explica el peritaje realizado, de un inmueble adyacente a la barda del cuartel, que estaba pintado con el mismo color que las instalaciones militares.

Según el peritaje, el inmueble estaba deshabitado, aunque en una repisa fueron encontradas las llaves y llaveros, entre los cuales la familia del ingeniero Herrera pudo reconocer el llavero de la víctima.

Luego de ese hallazgo, la Procuraduría estatal dejó pasar 48 horas para acudir a la vivienda del ingeniero Herrera, a verificar si esas llaves abrían las puertas, lo que permitiría comprobar que la víctima, o sus captores, sí habían estado en el inmueble aledaño al cuartel militar.

Finalmente, cuando la Procuraduría estatal acudió al domicilio del ingeniero, a verificar si las llaves abrían las puertas, se encontró con que los sellos de aseguramiento habían sido quebrantados, y las chapas destruidas, lo que impidió realizar la comparación.

Curiosamente, el objetivo de violentar las chapas de las puertas no fue robar la vivienda, ya que la televisión, el aparato de aire acondicionado y el equipo de sonido del ingeniero, los únicos objetos de valor dentro del inmueble, aún permanecían ahí.

La Procuraduría estatal no realizó ningún acto orientado a rastrear huellas dactilares de las personas que destruyeron las chapas.

Ante ese escenario, la familia propuso una segunda forma para verificar si las llaves encontradas en el inmueble adyacente al cuartel militar pertenecían al ingeniero Herrera: compararlas con el juego de llaves de la vivienda de la víctima, que la misma familia había entregado al MP cuando esta autoridad puso su casa bajo resguardo.

Sin embargo, la Procuraduría estatal les informó que tampoco podían realizar dicha confronta, ya que esa copia de las llaves de la casa del ingeniero (que la familia había entregado al MP) se extraviaron.

El presente

A lo largo de dos años, la PGR requirió al Ejército (a través de una decena de oficios) que entregara la lista del personal que estaba asignado al 15 Batallón el 24 de febrero de 2015, así como los partes de novedades y la bitácora del cuartel, sin obtener respuesta.

Finalmente, en enero de 2017, el Ejército anunció oficialmente a la PGR que no entregaría esa información (aunque la ley obliga a todas las instituciones de gobierno entregar al Ministerio Público la información que se les requiera como parte de sus investigaciones), bajo el argumento de que está “reservada por comprometer la Seguridad Nacional”.

Parapetándose en esa respuesta del Ejército, la PGR informó a la familia del ingeniero Herrera que no había logrado recabar información suficiente y que “no es posible acreditar la probable responsabilidad de elementos adscritos a la Secretaría de la Defensa Nacional” en el rapto.

Además, les notificó y que este caso no puede ser investigado como una “desaparición forzada de personas”, ya que dicho tipo penal exige la participación, directa o indirecta, de agentes del Estado. Lo anterior, a pesar del cúmulo de pruebas recabadas por la PGR, empezando por la geolocalización de los teléfonos de la víctima en dos cuarteles militares, de forma posterior a su rapto.

El argumento de la PGR con el que descarta la participación de agentes del Estado en el rapto es contradictorio, ya que en la misma notificación aclara que no puede investigar al Ejército en este caso, pues “autoridades del fuero común también pudieran estar implicadas en la desaparición de Francisco Herrera”.

Tal como muestran las averiguaciones previas estatal y federal, las autoridades investigadoras no han realizado ninguna acción orientada a determinar si, además del Ejército, otras autoridades locales “también” están implicadas en esta desaparición.

Para conocer la postura del Ejército en torno al rapto y desaparición del ingeniero Francisco Herrera, Animal Político solicitó una entrevista con un representante de la Secretaría de la Defensa Nacional, sin que se obtuviera respuesta.

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El daño que sufren de por vida quienes comienzan a trabajar en tiempos de crisis

Pobreza, muertes prematuras, rupturas sentimentales… Los efectos de una crisis no acaban cuando éstas pasan de largo. Y ahora dos generaciones están amenazadas.
14 de diciembre, 2020
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“No hables más sobre ello, no lo pienses más: la crisis de hoy es el chiste de mañana”. Cuando el presente es sombrío, el futuro es siempre un lugar tentador donde ir a calmar las ansiedades, una promesa de consuelo para muchos, como la invocada por el escritor H.G. Wells en labios de uno de sus personajes.

Sin embargo, saltar de la literatura a la vida puede ser difícil, especialmente cuando azota una crisis económica y tienes que comenzar tu andadura laboral.

Cuando la economía se enferma, los periódicos y las televisiones se llenan de gráficos de curvas y barras. El resumen que nos hacemos casi todos es inmediato: cuando esas líneas rojas van hacia abajo, es que vienen años duros; cuando suben con colores verdes, lo peor ha pasado. Y por el medio, el que más o el que menos se habrá dejado algunos pelos en la gatera. Pero la vida sigue, pensamos.

Pero la vida no sigue. Al menos, no igual para todos: no para los jóvenes. Las generaciones que comienzan a trabajar en tiempos de recesión quedan dañadas incluso cuando la crisis termina, algunos de por vida, advierten los expertos.

Es como el dolor de un miembro amputado, que permanece y hormiguea durante años pese a que lo que lo provocó ya no está ahí. Dolor fantasma, lo llaman los médicos. Histéresis, dicen los economistas.

Y pronto los televisores van a volverse a llenar de líneas y barras. Rojas. La crisis sanitaria incuba (y manifiesta ya) una nueva crisis mundial. La segunda en una década para una generación atrapada entre ellas (los millennials, nacidos entre 1981 y 1993) y otra que va a recoger su testigo: la generación Z (de 1994 a 2010), que ya teme ser conocida como la Generación Covid.

Joven despedido.

Getty Images
Algunas generaciones quedan atrapadas en sus comienzos laborales: acaban siendo demasiado inexpertos y demasiado mayores.

La trampa vital

“Muchas de las personas que entran en el mercado de trabajo durante una crisis no sólo sufren un mayor riesgo de desempleo e infraempleo durante ese periodo, sino que se ven lastradas en su porvenir. Esa caída transitoria de ingresos tiene una alta probabilidad de tener efectos permanentes”, advierte Ignacio González, investigador y profesor de Economía de la American University (Washington D.C, EE.UU).

González le explica a BBC Mundo cómo es esa trampa vital.

Primero llega el daño: la crisis económica, y la competencia por los escasos puestos de trabajo es feroz, especialmente si se genera mucho desempleo persistente.

Y los jóvenes comienzan a escuchar argumentos repetidos.

Primero es: “No te contrato porque no tienes experiencia suficiente”.

Con el paso del tiempo eso se convierte en: “No te contrato porque tienes espacios en blanco en tu CV”.

Y cuando acaba la recesión, pasa a ser: “No te contrato porque, en realidad, puedo tener a alguien más joven con la misma experiencia“.

De alguna manera, ya están marcados: acaban de convertirse en perfiles inexpertos para puestos acordes a los de su edad y candidatos demasiado mayores para competir con los nuevos jóvenes por esos puestos iniciáticos y de escaso salario.

Y como toda maldición, va acompañada de su profecía.

“A partir de ahí, es muy probable que sus carreras laborales acaben caracterizándose por trabajos intermitentes o de escasa calidad, sufriendo una caída de ingresos que condiciona toda su vida”, sentencia González.

“Estas personas acumulan menos riqueza (ahorros), tienen dificultades para acceder a la vivienda en propiedad (su escaso ahorro se va en el alquiler y tampoco les van a dar un crédito por su discontinuo historial laboral) y, en general, ven truncados sus planes de vida y de formación de familia, con todos los problemas psicológicos que van asociados a ello”, explica el economista de la American University.

Puerta.

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Si se te cierra la puerta al mercado laboral al principio, los planes de vida quedan condicionados para siempre porque es un momento clave, advierten los expertos.

Pobreza, divorcios y vidas sin hijos: la generación que ya estuvo allí

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9).

A su manera, la ciencia económica sigue la misma lógica que ese proverbio bíblico. Cuando un economista te habla de lo que va a pasar en el futuro, suele tener su cabeza en el pasado: en la evidencia acumulada.

Para conformar parte de esa evidencia, los académicos Hannes Schwandt y Till M. von Wachter (Northwestern University y Universidad de UCLA, EEUU) bucearon, en un estudio reciente, por los registros estadísticos de EEUU para seguir la vida de cuatro millones de estadounidenses que saltaron al mercado laboral durante la crisis de 1982.

Como si fueran fantasmas de Cuento de Navidad de Dickens, los agarraron de la mano y revisitaron los nervios de sus primeras experiencias laborales, anotaron sus salarios, se colaron en sus momentos felices (compra de vivienda, bodas, niños) y pasaron por sus días aciagos (divorcios y alcohol, enfermedades, depresiones, etc.) hasta llegar con ellos a la vejez e, incluso, al final de sus vidas.

Y entonces compararon sus trayectorias con las generaciones colindantes a ellos cuya andadura comenzó en tiempos mejores.

Poco más de un año de recesión -comenzó en julio de 1981 y terminó en noviembre de 1982, según la Reserva Federal- provocó que aquellos desafortunados jóvenes acumularan unas pérdidas de ingresos media de un 9% solo en los primeros 10 o 15 años, según los cálculos de von Wachter, siendo peor para los trabajadores con menos formación.

boda

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La generación de 1982 tuvo menos matrimonios, más divorcios y menos hijos.

Esto significa que sus pérdidas en ese periodo de más de una década pudieron oscilar entre los 19 mil y los 36 mil dólares (a precios actuales), según su investigación.

Pero no solo eso, al llegar al corte de edad de 50-55 años habían tenido menos matrimonios y, al mismo tiempo, sufrido más divorcios. Y sus posibilidades de tener un hijo también fueron inferiores a las de las otras generaciones.

Muertes por desesperación

El deterioro de su vida también llegó a su salud, desgrana la investigación.

Su esperanza de vida se había recortado de seis a nueve meses respecto a la media esperada. El efecto que tuvo la crisis fue de “una muerte adicional cada 10 mil personas por cada punto porcentual de aumento en la tasa de desempleo” en sus inicios laborales.

“Estos aumentos de la mortalidad derivaban principalmente de enfermedades relacionadas con conductas poco saludables como fumar, beber y mala alimentación. En particular, descubrimos un riesgo significativamente mayor de muerte por sobredosis de drogas y otras conocidas como ‘muertes por desesperación’ (suicidios y deterioro por adicciones)”, explica Schwandt.

La crisis desaparece y los daños permanecen. 16 meses sobre toda una vida. La histéresis de nuevo, en todo su esplendor.

Depresivo.

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El desempleo influye negativamente en la salud, sobre todo en la mental.

Estos hallazgos no le sorprenden a Rosa M. Urbanos-Garrido, profesora de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, quien estudió los efectos que tuvo sobre la salud de los españoles la Gran Recesión de 2008.

“El desempleo suele asociarse con problemas relacionados con la salud mental”, le explica a BBC Mundo.

“Depresión, ansiedad… el miedo a no poder ganarse la vida influye, pero no solo: el trabajo es una plataforma de contactos sociales y de autoestima”, reflexiona.

Urbanos-Garrido cuenta como al principio de encontrarse en una situación de desempleo, la salud general puede incluso mejorar, pero poco a poco la sensación de angustia va creciendo y, para muchos, la falta de empleo acaba siendo una obsesión que va quitándole color e importancia al resto de la vida, incluida la salud.

“Al principio, el estrés desciende al tener más tiempo libre y se benefician de no sufrir enfermedades relacionadas con el trabajo -como los accidentes-; pero a medida que la situación de desempleo se alarga su estado se va deteriorando en forma de ansiedad, consumo de alcohol, de tabaco, obesidad y mala alimentación en general… se va descuidando, pero el individuo sigue reportando que su salud es buena. Sus pensamientos están en su situación laboral y lo demás no lo considera un problema”, explica.

También advierte de que no es irrelevante el momento de sufrir el desempleo: “Si el problema no es individual, sino una situación general de crisis, los problemas mentales se agravan”, cuenta.

Como si se tratara de un contagio de desesperanza para el que no hay mascarillas.

¿Es ya el destino de la generación millenial y la generación covid?

Fernando tiene pareja y un niño de dos años. Fernando ha sido conductor de autobús, vigilante de seguridad y albañil, a veces (muchas) en la economía informal. Fernando y su familia se fueron a vivir hace un año con sus padres a Soria (España) porque perdió su trabajo y sus ahorros no eran suficientes. Fernando, 34 años, ni siquiera se llama Fernando porque no quiere que aparezca su verdadero nombre en este reportaje de BBC Mundo. Dice que siente vergüenza.

“Fíjate tú, vergüenza, con lo joven que empecé a trabajar. Pero me ocurre”, dice.

Marta Vegas García es también española. Más joven, 23 años. Es ingeniera biomédica y además tiene un máster. Hace una semana publicaba una llamada si no de auxilio, sí de incredulidad en su cuenta de Linkedin:

“Actualizo mi CV, no hay respuesta; adapto mi CV dependiendo de la posición a la que aplico: no hay respuesta; contacto con empresas y trato de ser proactiva […]. No hay respuesta. Me siento invisible”.

“No se nos valora”, le dice Vegas a BBC Mundo. “Vemos frustrados nuestros sueños y nuestro futuro”, se lamenta, y aunque asume que la crisis sanitaria influye, no parece muy convencida de que sea el único motivo.

“Coincidimos todos -dice refiriéndose a sus amigos-, vemos imposible la emancipación, acceder a una vivienda y no digamos ya formar algún día una familia”.

He ahí el hilo que une la Gran Recesión de 2008 y la crisis de la covid-19 en 2020. A dos desconocidos como Fernando y a Marta. Uno, millennial; la otra, de la generación Z.

No están solos. Parecen representar los sentimientos de muchos de sus coetáneos.

Eviction

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Los jóvenes tienen muchos problemas para acceder a una vivienda en propiedad, según muestran los datos. Y la covid va a empeorar la situación.

Basta con escribir en el buscador de alguna red social “A mi edad, mis padres y los mensajes se repiten en varios idiomas:

“A mi edad, mis padres tenían trabajo y casa, yo solo tengo ansiedad”.

“A mi edad mi padre tenía dos hijos, casa, trabajo fijo, coche y varios años cotizados. Yo no tengo nada de eso”.

“A mi edad, mi padre tenía cotizados 10 años y yo vivo de trabajos precarios y en una habitación”.

Y algunos aún ni se imaginaban que llegaría la crisis del coronavirus.

El coronavirus, ¿la puntilla?

“Yo creo que el bicho este ha sido la puntilla para nuestra generación”, dice Fernando refiriéndose al coronavirus.

Su intuición es buena. “Hay un número notable de trabajadores que, como consecuencia de haber sufrido desempleo en la anterior crisis y no haberse consolidado en un puesto de trabajo, también lo están sufriendo en ésta”, observa Ignacio González, de la American University.

“Hay mercados laborales, como el español, que nunca llegaron a recuperarse completamente, por lo que iniciamos esta crisis con unos niveles de desempleo muy altos”, señala.

Es decir, está hablando de vidas con problemas desde hace una década.

Así, si la crisis de 1982 tuvo efectos en las vidas de aquellos jóvenes, ¿qué se puede esperar de la de 2008, definida por el Fondo Monetario Internacional como “el colapso económico y financiero más grave desde la Gran Depresión de la década de 1930”?

¿O en esta del coronavirus, que el Banco Mundial prevé que el PIB se contraiga más del doble que en la anterior?

Algunos expertos ya ven algunos daños en la vida de los millennials, que se pueden apreciar haciendo una especie de gira mundial por el desastre.

En Europa, su desempleo y precariedad laboral eran ya mayores antes de la crisis de la covid-19, que los sufridos por la generación que los precede cuando tenían su misma edad (véase gráfico superior), según un informe del centro de investigación CaixaBank Research.

En EEUU, la riqueza neta mediana (activos financieros e inmobiliarios menos las deudas) de los millennials de entre 25 y 34 años (en 2016) es un 60% inferior que la que disponía un joven de la generación X cuando se hallaba en la misma franja de edad, según el citado informe.

En España, los datos son aún más sangrantes: su riqueza mediana es de 3 mil euros, frente a los 63 mil 400 euros de los que disponían entonces sus homólogos de la generación anterior.

Y la vivienda, claro. El número de millennials con vivienda propia en EE.UU. es 8 puntos porcentuales menor, según el centro de investigación The Urban Institute. Peor en España: un 44% frente al 65% de la generación X (CaixaBank Research). Y en Reino Unido, un tercio de ellos nunca podrá permitirse una vivienda, según el think tank Resolution Foundation.

En América Latina la crisis de 2008 pasó de puntillas, pues la región se encontraba en un momento de creciente prosperidad. Y, sin embargo, el porcentaje de latinoamericanos que declararon no tener suficiente dinero para procurarse una vivienda creció en casi 20 puntos entre 2012 y 2019 hasta alcanzar un alarmante 40%”, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Además, esta vez la crisis no va a pasar de largo: tras los confinamientos, cerca del 65% de los hogares más pobres de la región había sufrido al menos una pérdida de empleo entre los miembros de la familia, de acuerdo al mismo organismo.

Y el BID señala: más de un millón de estudiantes dejarán los estudios debido a la pandemia, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo en el futuro.

Protesta en Chile

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Es la primera generación desilusionada con la democracia a nivel mundial, según una encuesta de la Universidad de Cambridge.

Algunos estudios pronostican el daño para las nuevas generaciones en US$10 billones a nivel mundial por este motivo, como señala el instituto Brookings, con sede en Washington.

Y hasta el Foro Económico Mundial ve peligrar sus pensiones para el año 2050, cuando llegue la edad de retiro para ellos, debido a su escaso ahorro.

¿Se puede hacer algo?

Llegados a este punto, ¿se puede hacer algo para detener esa aparente cuesta abajo de la generación millennial y sus sucesores?

“Hay mucho margen para mejorar la respuesta”, afirma el economista Ignacio González desde Washington D.C.

“En este contexto de estrés financiero para muchas familias, es fundamental diseñar políticas públicas que garanticen el acceso a una vivienda asequible y establecer mecanismos de transferencias de rentas desvinculados del historial laboral, como las rentas mínimas.En materia laboral, el objetivo sería evitar que la precariedad laboral y la caída de ingresos que sufren muchas personas durante la crisis se cronifiquen y, por supuesto, que eso no condicione a la baja sus futuras pensiones”, explica.

“Los afectados en estas generaciones, con dos crisis consecutivas, lo van a tener difícil sino se habilitan mecanismos de redistribución, tanto intrageneracional (de ricos a pobres dentro de una misma generación) como intergeneracional”, zanja.

La profesora Urbanos-Garrido, de la Universidad Complutense, concuerda en las medidas de transferencias de rentas, y añade: “Los sistemas de salud también deberían adaptarse para atender los crecientes problemas mentales que, probablemente, se van a repetir en la presente crisis”.

No parece muy claro que estas generaciones tengan esperanza en recibir alguna ayuda.

Una reciente encuesta realizada por la Universidad de Cambridge a casi cinco millones de personas reveló que los jóvenes de 18 a 34 años son los más desilusionados con el funcionamiento de la democracia.

“Esta es la primera generación de la que se tiene memoria en la que una mayoría global se muestra insatisfecha con la forma en que funciona la democracia”, alerta Roberto Foa, autor principal del informe.

Una llamada de auxilio o quizá un grito de advertencia.


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