Policías de Veracruz balearon a conductor por llevar volumen alto; Fiscalía los encubrió
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Policías de Veracruz balearon a conductor por llevar volumen alto; Fiscalía los encubrió

Policías municipales de Altotonga abrieron fuego en contra del conductor de un vehículo particular, cuyo único delito fue manejar frente a las oficinas de ese ayuntamiento, de madrugada, con el volumen de su estéreo a un nivel alto.
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Por Paris Martínez
1 de agosto, 2018
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Tras un año de investigaciones, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Veracruz (CEDHV) concluyó que, en marzo de 2017, policías municipales de Altotonga, en dicha entidad, abrieron fuego en contra del conductor de un vehículo particular, cuyo único delito fue manejar frente a las oficinas de ese ayuntamiento, de madrugada, con el volumen de su estéreo a un nivel alto.

Los policías, además, utilizaron pruebas falseadas para atribuir al conductor la responsabilidad de los hechos, al acusarlo de haber disparado contra las oficinas del municipio.

No obstante, al conductor del vehículo no le fue encontrada ningún arma.

“El lunes 6 de marzo de 2017 –narró la víctima del ataque policiaco, cuyo nombre se mantuvo en reserva para proteger su intimidad–, aproximadamente a la 1:20 de la mañana pasaba por el palacio municipal de la ciudad de Altotonga, a bordo de mi unidad, color blanco, modelo atrasado, con dirección a mi domicilio, iba escuchando música y con mis vidrios arriba”, momento en el que, denunció, “escuché que se hicieron disparos e inmediatamente sentí que me dolía la espalda, a la altura del omóplato derecho: una bala me había alcanzado”.

Al detener la marcha del automóvil, el conductor herido se percató que los disparos (que no cesaban) provenían de dos patrullas estacionadas frente al ayuntamiento, de las que descendieron entre 10 y 15 policías municipales.

“Aún estando ya detenido completamente mi vehículo –señaló la víctima–, los policías me siguieron disparando, se me acercan varios elementos policiales y uno de ellos me dice ‘¡bájate hijo de tu puta madre'”.

Aunque el conductor les informó que estaba herido, señala su testimonio, “los policías me esposaron y me subieron a golpes a una patrulla”, en la que fue trasladado, sangrante, a la cárcel municipal.

Ya ahí, el “comandante” a cargo les ordenó a los agentes llevar al detenido al Hospital General de Altotonga, donde fue atendido por la herida de bala en la espalda. Luego, los mismos agentes municipales lo condujeron a la “Unidad Integral de Procuración de Justicia” de Jalacingo, Veracruz, en donde, en contubernio fue puesto a disposición del Ministerio Público estatal, que forma parte de la Fiscalía General del estado.

Las declaraciones rendidas por los policías involucrados en la agresión, sin embargo, son contradictorias: mientras unos aseguraron que el conductor disparó contra el palacio municipal (a pesar de que no le fue encontrada ningún arma), otros policías aseguraron que les “aventó” el auto, y por eso abrieron fuego, y unos más dijeron que en la detención no se usaron armas, aún cuando el detenido llevaba un disparo en la espalda.

En un último intento de incriminarlo, el personal de la Fiscalía estatal extrajo una muestra de sangre al detenido, de forma obligada, para verificar si estaba alcohilizado o bajo los efectos de alguna droga, intento igualmente fallido.

Por ello, el conductor finalmente fue puesto en libertad, por lo que él mismo interpuso en ese momento una denuncia contra los funcionarios involucrados en el ataque que acababa de sufrir.

Cuando la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Veracruz solicitó a la Fiscalía del estado conocer los avances en la investigación por dichos abusos, este organismo de gobierno le notificó oficialmente su negativa a abordar el tema.

Esta postura fue calificada por la CEDHV como un acto de “obstrucción” de sus investigaciones.

Aunque las conclusiones de esta investigación fueron emitidas por la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Veracruz desde abril pasado, su contenido no se hizo público sino hasta julio.

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Por qué cada vez más indios cruzan la frontera entre México y EU; así es su largo viaje

En el último año se ha disparado el número de personas de la India que buscan asilo en EU, muchos de ellos perseguidos por su religión, sus ideas políticas o su orientación sexual.
27 de octubre, 2022
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Abiertamente gay en una región especialmente conservadora del Punjab en la India, Jashan Preet Singh tuvo una vida muy dura por mucho tiempo.

Singh, de 24 años, estaba acostumbrado a la discriminación diaria en su ciudad natal, Jalandharm, donde sufría el acoso y las palizas de sus vecinos y su familia, que en gran medida le había dado la espalda.

Pero lo que sucedió a finales del año pasado fue aún más grave.

“Unas 15 o 20 personas intentaron matarme”, declaró a BBC desde Fresno, California. “Me escapé de allí y salvé mi vida. Pero cortaron varias partes de mi cuerpo”.

El ataque le dejó un brazo mutilado y un pulgar cercenado.

La fuga de Singh le llevó en un viaje por Turquía y Francia para alcanzar finalmente la frontera entre México y Estados Unidos, a casi 12.800 km de distancia, donde cruzó a California para comenzar una nueva vida en el país norteamericano.

Durante años la llegada de inmigrantes indios a EU venía siendo lenta pero constante, con decenas e incluso cientos cada mes.

En 2022, sin embargo, las cifras se han disparado.

Desde el inicio del año fiscal (el pasado octubre) las autoridades estadounidenses han detenido a una cifra récord de 16.290 ciudadanos indios en la frontera con México.

El máximo anterior era de poco más de la mitad, 8.997, en el año 2018.

Los expertos enumeran una serie de razones para este aumento: el clima de discriminación en India, el fin de las restricciones por la pandemia, la percepción de que la actual administración de EU recibe a los solicitantes de asilo y el crecimiento de las redes de contrabando.

Migrantes de India detenidos en la frontera de EE.UU. y México. . El número de inmigrantes indios detenidos en la frontera ha aumentado constantemente desde 2014. .

Aunque algunos migrantes indios van a EU por razones económicas, muchos huyen de la persecución, asegura Deepak Ahluwalia, un abogado de inmigración que ha representado a ciudadanos de este país en Texas y California.

Estos abarcan desde musulmanes, cristianos o hindúes de “casta baja” hasta miembros de la comunidad LGBT que temen la violencia de nacionalistas hindúes extremos, así como partidarios de movimientos secesionistas y agricultores de la región de Punjab, sacudida por protestas desde 2020.

Las condiciones de vida de muchas de estas personas se han deteriorado en los últimos años, según los observadores internacionales.

Decisiones difíciles

Tomar la decisión de dejar su país no fue fácil para Singh.

Primero consideró mudarse a otra ciudad india, pero temía que lo trataran igual de mal.

“No hay una cultura de mente abierta hacia las personas homosexuales”, asegura. “Ser gay allí es un gran problema”.

India solo despenalizó el sexo entre personas del mismo género en 2018, y el matrimonio sigue siendo ilegal.

El hermano de Singh lo puso en contacto con una “agencia de viajes” india, en realidad una sucursal de una sofisticada y costosa red de contrabando.

Ciudadanos indios procesados por funcionarios de inmigración de EE. UU. después de cruzar la frontera

Getty Images
Ciudadanos indios procesados por funcionarios de inmigración de EU después de cruzar la frontera el 26 de septiembre.

Esta lo llevó primero a Turquía, donde “la vida era muy dura”, y luego a Francia, donde consideró quedarse, pero no pudo encontrar trabajo. Fueron más de seis meses de viaje.

Al final su “agente de viajes” hizo los arreglos para que se uniera a un pequeño grupo de indios que se dirigían a EU, donde muchos, también él, tenían familiares.

“Nos cobró mucho dinero”, dijo Singh. “De Francia me llevó a Cancún, y de ahí a Ciudad de México y al norte“.

Un viaje aún más complicado

Los migrantes como Singh suelen ver Estados Unidos como “la puerta de entrada definitiva” a una vida mejor, afirma Ahluwalia, el abogado.

Sin embargo, la enorme distancia hace que el viaje a los EU sea extremadamente complicado.

Tradicionalmente los inmigrantes indios que llegan a la frontera entre Estados Unidos y México han usado servicios de contrabando “de puerta a puerta”, con viajes organizados desde India hasta América del Sur.

A menudo les guían por todo el camino y viajan en pequeños grupos con sus compatriotas que hablan el mismo idioma, en lugar de hacerlo individualmente o solo con miembros de la familia.

Estas redes a menudo comienzan con “agentes de viajes” en India que subcontratan partes del trayecto a grupos criminales asociados en América Latina.

Jessica Bolter, analista del Instituto de Políticas Migratorias con sede en Washington DC, explicó que la afluencia de migrantes indios también está aumentando como resultado del “efecto llamada” que se produce cuando quienes han usado estos servicios los recomiendan a amigos o familia en la India.

“Naturalmente crecen y atraen a más migrantes”, dijo, aunque matizó que “por supuesto, eso no sucede sin que primero los migrantes quieran irse“.

La experiencia de Manpreet, un joven de 20 años de Punjab que pidió ser identificado solo por su nombre de pila, es la típica de quienes usan la ruta del sur.

Vocal crítico del partido gobernante BJP (Partido Bharatiya Jannata) de India, huyó del país tras ser perseguido por sus ideas políticas.

De Ecuador tomé un bus a Colombia y de Colombia otro a Panamá“, recordó Manpreet en una entrevista con BBC desde California.

“Desde allí, en un barco, (fui a) Nicaragua y Guatemala, luego a México, y entré a EU”.

Migrantes indios en un campamento humanitario en Panamá en 2019

Getty Images
Migrantes indios en un campamento humanitario en Panamá en 2019.

Un comienzo nuevo e incierto

Una vez en Estados Unidos, los inmigrantes como Singh inician un largo proceso legal para solicitar asilo.

La mayoría de las veces comienza con lo que los funcionarios estadounidenses denominan una “entrevista de miedo creíble”, en la que deben convencer a las autoridades de que se enfrentarán a una persecución si regresan a casa.

“Este primer paso es el más importante”, explica Ahluwalia.

Si el agente “considera que no hay un miedo creíble, su caso nunca avanzará. Eso es desastroso”.

Si, de lo contrario, cree que los temores son fundados, es probable que el aspirante a solicitante de asilo reciba un aviso para comparecer ante un juez de inmigración que considerará su petición.

El proceso es largo, con tiempos de espera de varios años -algo que últimamente se ha convertido en norma en EU- sin la garantía de un resultado positivo.

Singh, mientras, vive en Estados Unidos desde finales de junio y está ahorrando dinero para contratar a un abogado.

Aunque su viaje fue largo y nadie le garantiza un futuro estable en el país norteamericano, es mejor que la otra alternativa que tenía, asegura.

“Siempre iba a temer por mi vida”, afirma. “Desde que estoy aquí, nunca he sentido algo así”.


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