Satanás se disfraza de ángel: la respuesta del Papa a los abusos de sacerdotes en Pensilvania
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Satanás se disfraza de ángel: la respuesta del Papa a los abusos de sacerdotes en Pensilvania

El Vaticano publicó una carta escrita por el Papa y dirigida al "Pueblo de Dios", en la que reconoce que la Iglesia católica silenció casos de abusos de menores y no actuó a tiempo. Se trata de una misiva sin precedentes.
Reuters
20 de agosto, 2018
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El papa Francisco lo considera una “atrocidad”, un “crimen”.

En una carta sin precedentes, el Papa se dirige directamente a la comunidad católica romana y condena duramente los abusos sexuales de menores supuestamente cometidos por sacerdotes de la Iglesia católica.

La semana pasada, un gran jurado de Estados Unidos presentó un informe en el que documentó siete décadas de abusos sexuales supuestamente cometidos por sacerdotes católicos en el estado de Pensilvania.

El documento, de más de 1.300 páginas, identifica a más de 1.000 menores que supuestamente fueron abusados o violados por parte de 300 “sacerdotes depredadores” desde 1940, si bien se cree que el número real de víctimas puede ser mucho mayor.

El informe detalla cómo la iglesia “encubrió sistemáticamente” lo ocurrido durante más de 70 años. Muchos de los casos ya han prescrito.

El papa, en la catedral metropolitana de Santiago de Chile.

Getty Images
El Papa no especifica las medidas que la iglesia está emprendiendo o emprenderá para erradicar el problema.

Dos días después de su publicación, la Santa Sede aseguró que el papa Francisco estaba del lado de las víctimas y este lunes el Vaticano publicó la carta del pontífice en su página web.

Pese a la firmeza de la misiva de Francisco, el Papa no especifica las medidas que la iglesia está emprendiendo o emprenderá para erradicar el problema, si bien insta a apoyar “todas las mediaciones judiciales” que sean necesarias.

“Cultura de muerte”

En la misiva dirigida al “pueblo de Dios”, el Papa pide unidad “para erradicar esta cultura de muerte”.

“Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos”, señala.

Francisco, que durante su pontificado ha creado una comisión para la protección de los menores, admite que la iglesia no estuvo a la altura.

“Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas”, reconoce el Papa.

“Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”.

Theodore McCarrick

Getty Images
El anterior arzobispo de Washington, el cardenal Theodore McCarrick, renunció tras acusaciones de que había abusado de un menor en la década de 1970.

Refiriéndose directamente al informe estadounidense, el pontífice señala que la “mayoría de los casos corresponden al pasado”.

Sin embargo, apunta que “con el correr del tiempo hemos conocido el dolor de muchas de las víctimas y constatamos que las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades (…) las heridas “nunca prescriben”.

En ese sentido, el Papa menciona el trabajo que la iglesia realiza “en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la ‘tolerancia cero’ y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos”.

No obstante, admite: “Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias”.

“Pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro”, señala Francisco sin entrar en más detalles.

En la carta, el Papa insta a todos los miembros de la iglesia a “denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona”, les invita a la “oración y el ayuno” y pide “solidaridad”.

“Solidaridad que reclama luchar contra todo tipo de corrupción, especialmente la espiritual, «porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co 11,14)”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 165)”, escribe en la misiva.

 

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Especial

Samantha, reina de belleza trans en Puebla, fue asesinada con dolo; FGE evade hablar con la familia

La joven de 23 años murió el pasado 20 de agosto, en Atlixco, Puebla, luego de ser impactada intencionalmente por un automóvil.
Especial
Por Lucero Hernández
31 de agosto, 2020
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Los padres, hermanos y abuelitos de Samantha Rosales Barrios colocan en el patio de la casa sillas para su novenario. El silencio de pronto se rompe por los gritos y el llanto de la abuelita con quien Samantha, mujer trans, vivió hasta antes de que el jueves 20 de agosto muriera embestida con “dolo” por un automóvil mientras circulaba en una motocicleta en Atlixco, Puebla. 

“Dijo que se iba morir siendo reina y así fue, se murió siendo reina”, dijo su hermano Silvestre Flores Rosales, cinco años menor que Samantha. 

Entre lágrimas recuerda a su hermana de 23 años, quien en 2019 obtuvo el titulo de “Señorita Atlixco Gay” de la firma Carlos y Meche, la de mayor prestigio en la comunidad gay a nivel nacional. 

Aunque pareciera un número mas en la cifra de homicidios en Puebla, el asesinato de Samantha advierte también del persistente odio hacia las mujeres transgénero. Su corona llena de brillos luce colgada en su cuarto, una habitación con piso de cemento; en el otro extremo, un crucifijo. 

Lee: La historia de Jeidy, joven indígena que sufrió un ataque transfóbico en Tehuacán, Puebla

En su cama descansan sus muñecos de peluche. La cortina del cuarto se encontraba en el suelo. Su mamá la levanta y con una sonrisa advierte que al parecer Samantha los vino a visitar, porque la cortina estaba bien sujetada. 

Samantha fue encontrada muerta la madrugada del jueves 20 de agosto sobre el pavimento en el bulevar Ferrocarriles, en Atlixco, Puebla, de donde era originaria. 

Videos de vigilancia en la zona muestran que un automóvil impactó la motocicleta en la que ella y un acompañante viajaban, ambos cayeron. El acompañante se levantó, tomó la motocicleta y se retiró dejando a Samantha en el suelo. 

Su abuelo recibió la llamada que alertó a su familia sobre la muerte de la joven. Cuando llegaron al lugar, les impidieron acercarse al cuerpo de la muchacha. Aunque le explicaron a los policías municipales que la víctima era su hija, no los dejaron pasar. 

Sus padres Fabiola Rosales y Silvestre Flores, en ningún momento vieron llegar a los peritos para resguardar el cuerpo de su hija. Fue la funeraria la que levantó el cuerpo. 

La Fiscalía General del Estado (FGE) Puebla no ha querido atender a la familia. Un encuentro en persona y una llamada es lo único que han recibido. Llegaron al absurdo de pedirles pruebas o algo que pudiera ayudarlos a identificar al asesino, pero ellos sólo saben que esa noche Samantha había salido y las amistades que le conocen no saben a dónde fue. 

Para su padre, el trabajo de la Fiscalía ha sido “deficiente”. Incluso les pidieron que llamaran a una amiga de Samantha para que acudiera a declarar, cuando ellos mismos les dijeron que la chica estaba en disposición de ayudar a ubicar al agresor. 

La familia tiene claro que fue un asesinato y pide justicia. Quieren encontrar al homicida y por ello convocaron, junto con el colectivo LGBTT+, a dos manifestaciones el viernes 28 y sábado 29 de agosto en la FGE y en la Casa de Justicia de Atlixco, donde colocaron listones con la exigencia de justicia. 

El pasado 21 de agosto, el fiscal Gilberto Higuera Bernal declaró que investigan el asesinato de Samantha como feminicidio, considerando “la calidad de la persona” y “el dolo” con el que fue asesinada. 

El Código Penal de Puebla en su artículo 338 Bis establece una pena de 40 a 60 años de prisión y una multa de 500 a mil días de salario a quien cometa un feminicidio. De incluir la agravante por odio establecida en el artículo 330 Bis, por género o preferencias sexuales, la sanción aumentaría 20 años más. 

“Iban exclusivamente sobre la moto porque el carro bien podía seguir derecho, pero los embistió y la otra persona de la moto ni siquiera se agachó, no la auxilió, se montó sobre su moto y jamás volvió a ver a Sam (…) Sí nos lástima porque quedó tendida. La persona de la moto, si hubiera obrado de buena manera, se hubiera quedado ahí. Le hubiéramos dado las gracias por acompañarla, pero no lo hizo, se vio cobarde”, expresó su padre. 

“Exigimos justicia, porque no merecía morir en esas circunstancias; queremos que paguen. No queremos que el proceso se alargue”, enfatizó su madre antes de empezar el novenario que realizan en la casa que habitó Samantha en La Magdalena Axocopan.

Un libro pendiente 

A los 16 años de edad Samantha decidió su género y empezó a consumir hormonas. Sus padres y hermanos la apoyaron. Estudió una carrera universitaria, aprendió zumba y se convirtió en instructora. Amaba las pasarelas y concursar, logró lo que quería, y sólo le faltó escribir su libro. 

Quería compartir su historia, decir: “yo nací hombre, pero me fui transformando y quiero que los jóvenes que tengan esa inquietud lo hagan, que no se queden estancados”, compartió Fabiola, su madre, en entrevista con Animal Político. 

Lee: Congreso de Puebla congela iniciativa trans sobre derecho al cambio de identidad

Hace seis años empezó a hacer pasarelas mientras estudiaba la preparatoria. En el día era Santiago y en la noche Samantha hasta que decidió su género. “Nunca hubo un rechazo, porque uno como padre nunca rechaza a sus hijos…hay que apoyarlos … ya no estamos como para espantarnos”, expresaron sus padres. 

Silvestre, su hermano, recuerda que cuando platicaron del tema “le dijimos que la íbamos a apoyar siempre, que decidiera su felicidad, no tenía que preocuparse sobre lo que dijeran los demás, que fuera feliz… No lo vamos a juzgar porque es nuestra sangre”. 

Sus padres, tres hermanos y dos abuelos convivieron con Samantha sin rechazarla. Su guardarropa cambió y fue común ver vestidos y maquillajes “es su casa al final de cuentas, podía hacer y deshacer”. 

Para Samantha era un orgullo mostrarse libre con su identidad de género y así lo compartía en sus redes sociales, lo mismo hacía con sus logros académicos. Desde primaria hasta la universidad siempre fue de primeros lugares en aprovechamiento, era una alumna ejemplar. La que fue su preparatoria, el CBTIS en Atlixco, la invitó a dar pláticas a las nuevas generaciones. 

Tenía un año de haber terminado su carrera. Era Licenciada en Administración de Pequeñas y Medianas Empresas por la BUAP. Su abuelo cada día viajaba con ella de Atlixco a la ciudad de Puebla para que tomara sus clases. Eligió esa carrera porque quería emprender su propio negocio, tener una boutique o su propia marca de ropa. 

En vida, halagos; ya muerta, transfobia

En vida Samantha no vivió agresiones por su identidad de género como las que vive ahora con su muerte. En redes sociales se transmite odio y agresiones contra la hija de la familia Flores Rosales: con groserías y violencia hay quienes se han llegado a burlar de su muerte y de la atención mediática que genera un caso más por crimen de odio.

“Nos lastima ver comentarios transfóbicos. ¿Por qué si la veían en la calle nunca le dijeron nada?, siempre eran miradas lascivas de cualquier hombre. A mí me decían ‘oye qué guapa’. Mientras estaba aquí, eran halagos, y ahora sí lástima porque no se puede defender”, manifestó molesto su padre. 

Lee: Vinculan a proceso a dos de los agresores de Jeidy, a quien dispararon por ser mujer trans

Por un lado eran las miradas por su belleza, pero también por reconocerla como mujer transgénero. En una ocasión su madre le preguntó si eso le incomodaba y ella contestó que no, que estaba acostumbrada.

Hoy su familia se queda con los recuerdos que en vida les entregó Samantha, como aquel concurso de pasteles en bicicleta en el que participaron sus hermanos pequeños y ganaron el pastel. Samantha no quería quedarse atrás e ingresó a la carrera, pero en ninguna vuelta la vieron pasar hasta que apareció llena de tierra y con raspaduras. Se había caído y perdió un diente. Pidió a su familia ayudarla a buscar ese diente, pero no lo encontraron. 

“Samantha quería brillar” 

Samantha logró ser reina de la mano de Miguel Ángel Martínez Cervantes, químico con especialidad en análisis clínicos, y también organizador de eventos de belleza gay en Puebla. 

Miguel Ángel tiene ocho años con el colectivo LGBTTIQ en Atlixco. Su incursión en concursos de belleza gay comenzó cuando inició el programa de VIH, con las pruebas rápidas gratuitas a la población de la comunidad. 

En 2002 una chica trans le pidió apoyo para participar en un evento de belleza, así fue como ingresó en la organización de eventos y notó que era la única manera de acercarse a ese grupo más vulnerable no sólo por la preferencia sexual sino por la forma en cómo expresan esas preferencias. 

“Cuando vi sus necesidades encontré la puerta para entrar al colectivo y jalarlos al terreno de la salud; desde 2002 comencé a tener demasiados casos de VIH en el municipio, pero no sabía cómo jalarlos. Al empezar a apoyarlos, ellos se acercaban y me decían ‘siento este malestar, tengo este problema’ y yo los vinculaba”. 

Miguel Ángel conoció a Samantha en 2014 cuando tenía 16 años. De sus reinas de belleza es la segunda que matan. La primera fue Yokzana Martínez Vázquez, asesinada en 2015 cuando tenía 22 años, en un ataque transfóbico que aún no ha sido aclarado.

Ha contabilizado tres asesinatos contra mujeres transgénero en casos documentados, aunque advierte que ‘no documentados’ hay muchos más, pues ha sido testigo de insultos verbales y físicos que reciben las chicas de la sociedad atlixquense, de la que lamenta que no se permitan conocer a fondo a la comunidad LGBT+. 

Lee: Apuñalan en el Edomex a Karina, mujer trans; su estado de salud es delicado

“Samantha quería brillar, le encantaban los brillos y las piedras en los vestidos y lo está consiguiendo porque ahora es un angelito más que brilla con mucha intensidad allá y tenemos a alguien que nos va a estar cuidando”, compartió Ángel. 

Cuatro crímenes transfóbicos en Puebla

Con el asesinato de Samantha Puebla suman cuatro crímenes transfóbicos en lo que va del año. La región Puebla-Izúcar de Matamoros es peligrosa para las mujeres transgénero. 

El pasado 19 de julio Estephanie y Karla fueron amarradas a un árbol y golpeadas por dos hombres en un camino que conecta a los municipios de Huaquechula y Tepeojuma. 

El colectivo LGBTTTIQ en Atlixco está dispuesto a colaborar. Quieren poner un alto a las agresiones contra los integrantes de su comunidad. Les indigna lo sucedido, porque entre ellas saben protegerse, pero nadie supo de la salida de su amiga y con quienes se encontraba. 

Gabriela Chumacero, activista de la comunidad transgénero en Puebla, declaró a Animal Político, que la cifra es mayor por todos los casos que ha investigado la Fiscalía como crímenes pasionales y muchos otros que han quedado sin investigarse. 

Para la comunidad trans, señaló, el asesinato de Samantha es un motivo más para exigir que se detenga la transfobia, pero lamentó que en el país haya más casos que no se investiguen porque los encarpetan ante la nula exigencia de sus familiares. Se pronunció por un censo de mujeres transgénero para saber cuántas son y en caso de alguna agresión o desaparición, sea mayor la alerta. 

Que el homicidio de Samantha se investigue como feminicidio, dijo, es resultado de una lucha conjunta de las mujeres trans que espera pueda concretar un acercamiento con la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos de Violencia de Género contra las Mujeres en el estado de Puebla.

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