1968 Triunfo del CNH: marchan 150 mil estudiantes al Zócalo sin incidentes violentos

La convocatoria tuvo gran éxito. Los asistentes festejaban lo que consideraron un triunfo del movimiento estudiantil

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Especial

Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.

Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.

Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre.

 

Ciudad de México, 13 de agosto de 1968.- El recientemente conformado Consejo Nacional de Huelga (CNH) del movimiento estudiantil superó su primera prueba: a su convocatoria acudieron al menos 150 mil alumnos que salieron del Casco de Santo Tomás y llegaron por primera vez al Zócalo para exigir al presidente Gustavo Díaz Ordaz una respuesta satisfactoria a su pliego petitorio de seis puntos y la realización de un diálogo público.

La marcha de este martes se destacó por dos hechos: la total ausencia de fuerzas policiacas durante el recorrido, lo que, a su vez, permitió que la multitudinaria manifestación se desarrollara sin ningún incidente de violencia y con un ánimo festivo e irreverente no visto antes.

Con el respaldo de la Coalición de Profesores de la UNAM y el IPN, la manifestación convocada por el CNH –tan sólo a una semana de su creación– tuvo una asistencia que superó las expectativas. La columna que avanzaba del Casco de Santo Tomás hacia el Zócalo “tenía una extensión de varios kilómetros” y se requería de “una hora con 20 minutos para ver de la vanguardia a la retaguardia”.[1]

La fila de nutridos contingentes salió del Casco de Santo Tomás, cruzó hasta el Paseo de la Reforma, continuó por esa avenida hasta la estatua de El Caballito y dio vuelta por la avenida Juárez, para dirigirse al Zócalo.

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Al frente, en la descubierta, iban los maestros de la coalición y detrás de ellos se mostraba una manta gigantesca en la que aparecía un estudiante caído frente a las bayonetas. Por delante, avanzaba una camioneta dotada de sonido y desde ella se lanzaban consignas que la multitud coreaba.[2]

Pese a los exhortos, la semana pasada, tanto de las autoridades del Politécnico como del PRI, a regresar a clases y presentar exámenes, la huelga anunciada en el pliego petitorio y acordada en las numerosas asambleas estudiantiles ha paralizado completamente a la UNAM y al IPN. En los últimos días se confirmó el paro en la Escuela Nacional de Maestros, la Escuela Normal Superior, la Escuela Nacional de Agricultura (Chapingo), la Escuela Nacional de Antropología y la Escuela de Bellas Artes.

En la marcha de este martes 13 participaron también contingentes de la Universidad Iberoamericana, El Colegio de México, el Conservatorio Nacional de Música, entre muchas otras instituciones de educación superior.

A los estudiantes se sumaron maestros y grupos de trabajadores electricistas, ferrocarrileros y sindicatos magisteriales. “Durante todo el trayecto recibieron innumerables muestras de simpatía por parte del pueblo”.[3]

Festiva, ruidosa, nutrida, la marcha fue un catálogo también de ingenio mostrado en pancartas. “Los profesores reprobamos al gobierno por su política de terror”; “Libros sí, bayonetas no”; “Al hambre no se le doma, se le educa”.

Asombrados ante la irreverencia estudiantil, miles de capitalinos que se reunieron a ver a los estudiantes conforme la marcha recorrió las calles escucharon estallar consignas de todo tipo: “Respeto a la Constitución”, “Libertad Vallejo”, “Libros sí, tanques no”, “Presos políticos, libertad” y “No más bayonetas”.

“¡Sal al balcón, hocicón!”

La columna de manifestantes avanzó hacia el Centro del Distrito Federal. Al llegar al cruce de San Juan de Letrán y 5 de Mayo se produjo una “grata sorpresa”, como la calificó Luis González de Alba, representante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM:

“Los pesados edificios de esta avenida, su altura y disposición, la convierten en una maravillosa caja acústica. Al entrar en 5 de Mayo ocurrió lo mismo: escuchábamos, retumbantes, las porras de los contingentes delanteros. La sorpresa producía un breve silencio que no duraba más de algunos segundos”.[4]

Así fue: cuando las consignas retumbaban al paso de la marcha, en seguida se desencadenó una explosión de alegría, porras, gritos y, por supuesto, duras palabras para las autoridades.

De pronto, de muchas cuadras adelante, rebotando por encima de los manifestantes, de un lado a otro de la calle, empezó a llegar un grito dirigido al presidente Díaz Ordaz, un grito “rítmico, sonoro, producido por decenas de miles de gargantas, el grito de entrada al Zócalo: “¡Sal al balcón, hocicón! ¡Sal al balcón, hocicón! ¡Sal al balcón, hocicón!”.[5]

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A diferencia de las marchas anteriores en que se produjeron hechos de violencia, en las que la policía mantuvo fuerte presencia en el Centro de la ciudad y los comercios cerraban, ahora la situación fue totalmente distinta. “Todos los establecimientos comerciales continuaron abiertos en la confianza de que, según se observaba, no intervendría la policía”.[6]

La ausencia de incidentes violentos y de granaderos, incluso de los encargados del tránsito, no escapó a los agentes de civil que informaban a la Secretaría de Gobernación y a la Procuraduría General de la República.

“Aunque los manifestantes no realizan actos violentos a su paso, ejercen una extrema violencia verbal y escrita. Las mantas y pancartas que llevan contienen lemas y pronunciamientos injuriosos, como lo son también los gritos, porras y canciones que vierten a lo largo de todo el trayecto”,[7] escribieron en sus reportes.

A los agentes les llamó también la atención otro hecho: “Enormes retratos de Ernesto Che Guevara presiden la manifestación, que entre sus pancartas lleva (sic) varias en contra de las Olimpiadas, pidiendo que no se celebren”.[8]

Cuando la vanguardia de la marcha llegó al Zócalo, ya se encontraba ahí una multitud que aplaudió la llegada de los estudiantes. Poco a poco, los contingentes ingresaron en la plaza y el ánimo festivo y de triunfo se extendió entre ellos.

Los asistentes festejaban lo que consideraron un triunfo del movimiento estudiantil. Por todos lados estallaron gritos, porras, cantos.

En ese ánimo, un grupo de estudiantes prendió fuego junto a Palacio Nacional a un monigote de cartón con la figura de un gorila, que representa al general Luis Cueto, el odiado jefe de la policía capitalina.[9]

Poco después inició el mitin. Montados sobre un autobús del IPN, utilizando un poderoso aparato de sonido, los oradores se dirigieron a la multitud. Félix Hernández Gamundi, representante de la Escuela Superior de Ingeniería Eléctrica y Mecánica del Poli, afirmó que la marcha era la respuesta estudiantil ante el silencio de las autoridades y la falta de respuesta a las seis demandas del movimiento. “El problema de México –expuso– es la falta de libertad, el uso repetido de la fuerza sólo contribuye a menguar más las libertades”. La lucha de los estudiantes es contra la represión y por la democratización de las instituciones, recordó a los presentes.[10]

Siguieron las intervenciones de los representantes de la Universidad de Chapingo y de la Escuela Nacional de Maestros. Al concluir, le tocó el turno al representante de la Coalición de Profesores, el maestro Fausto Trejo, de la Vocacional 7. “Cuando estaba a la mitad de su discurso, surgió una exclamación de asombro y de coraje porque, por un costado del mitin, se desplazaron de súbito cuatro convoyes del Ejército en un acto descarado de provocación”.[11]

El último orador fue Eduardo Valle Espinosa, representante de la Escuela de Economía de la UNAM a quien se le conoce como El Búho, quien hizo énfasis en la dimensión social de la lucha estudiantil y llamó a prepararse para los nuevos desafíos que, seguramente, habría de enfrentar el movimiento estudiantil.

Al terminar el mitin, las decenas de miles de asistentes cantaron el Himno Nacional y emprendieron el regreso. Se dispersaron por todas las calles y avenidas del Centro sin que se presentara queja alguna por parte de los comerciantes.

De todas las bocacalles salía gente con banderas, muchachos y muchachas que guardaban mantas y carteles; camiones atestados de estudiantes que regresaban a sus escuelas, a las guardias en las azoteas.

Algo más llamó la atención de González de Alba: el alumbrado público estaba apagado. Por eso “siempre encontramos las calles a oscuras; y se trataba, precisamente, del Centro de la ciudad. Era un espectáculo como de un sueño. Caminábamos por la avenida Juárez y por Paseo de la Reforma como si fueran callejuelas de los suburbios”.

Él, como todos los demás, esta noche se retiró tranquilamente del Centro. “Emprendimos el regreso por una ciudad desconocida: una ciudad nuestra”.[12]

[1] Castillo, Gustavo, “Los jóvenes se apropian de todo espacio público”, La Jornada, 13 de agosto de 2008. Consultado en www.jornada.com.mx/2008/08/13/index.php?section=politica&article=013n1pol

[2] Guevara Niebla, Gilberto, “Los estudiantes en el Zócalo”, Crónica, 14 de octubre de 2017. Consultado en www.cronica.com.mx/notas/2017/1047754.html

[3] Ramírez, Ramón, El movimiento estudiantil de México, Editorial Era, México, 1969.

[4] González de Alba, Luis, Los días y los años, Editorial Era, México, 1971, pp. 60-61.

[5] Idem.

[6] Ramírez, Ramón, op. cit.

[7] Castillo, Gustavo, op. cit.

[8] Ídem.

[9] Castillo, Alberto, “La mirada del poder y la óptica ciudadana”, La Jornada, 13 de agosto de 2008. Consultado en www.jornada.com.mx/2008/08/13/index.php?section=politica&article=013n1pol

[10] Guevara Niebla, Gilberto, op. cit.

[11] Ídem.

[12] González de Alba, Luis, op. cit., p.61.

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