1968: Desborda el Zócalo festiva marcha de 400 mil personas; con tanquetas, soldados desalojan después
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1968: Desborda el Zócalo festiva marcha de 400 mil personas; con tanquetas, soldados desalojan después

La marcha convocada por el Consejo Nacional de Huelga (CNH) marcó el primer mes de existencia del movimiento y concluyó alrededor de las 10 de la noche con una escena insólita y surreal.
Especial
Por Viétnika Batres
28 de agosto, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.

Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.

Ciudad de México, 27 de agosto.- Alegres, ruidosos, exultantes, llegaron de todas partes y desbordaron cualquier cálculo previo. Cientos de miles de estudiantes, profesores y padres de familia marcharon durante horas por las calles de la capital y abarrotaron el Zócalo, donde se realizó un mitin con las luces de la Catedral encendidas y las campanas al vuelo.

La marcha convocada por el Consejo Nacional de Huelga (CNH) marcó el primer mes de existencia del movimiento, y concluyó alrededor de las 10 de la noche con una escena insólita y surreal en México: decenas de miles de antorchas encendidas, hechas con cartulinas y periódicos, como fugaces luciérnagas de papel, y miles de voces entonando el Himno Nacional.

Se calcula que al menos 400 mil personas participaron en la manifestación.

Tres horas después, el Ejército desalojó con tanquetas, batallones de paracaidistas y soldados con bayoneta calada a entre 3 y 5 mil estudiantes que habían decidido montar guardia y acampar en la plancha del Zócalo hasta el 1 de septiembre, día en que el presidente Gustavo Díaz Ordaz dará su IV Informe de Gobierno, para ejercer presión y forzar el diálogo público que han exigido a las autoridades.

Desde el mediodía los periódicos de la tarde anunciaban la realización de la marcha y, aunque estaba prevista para que partiera del Museo Nacional de Antropología a las cinco de la tarde, la expectación había cubierto a la ciudad desde antes. Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Cinco de Mayo lucían vacías. “En todas se había suspendido el tráfico desde muy temprano y la gente circulaba a media calle como si hubiera fiesta. En el mismo Zócalo ya había mucha gente esperando”.

Poco antes de las cinco de la tarde, un helicóptero hacía sobrevuelos por la zona del Museo Nacional de Antropología y el Bosque de Chapultepec. De hecho, el gobierno se adelantó a la protesta e hizo un despliegue militar unas horas antes.

A las 15:40, por ejemplo, “los tanques ligeros del Ejército que en número de 12 cruzaron Reforma y el Museo de Antropología (sic), van en dirección al centro de la ciudad, por Reforma (…); la embajada de Estados Unidos está custodiada por miembros del Ejército, granaderos y bomberos”, reportó el agente de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS), de la Secretaría de Gobernación encargado de cubrir la marcha.

Una hora antes de la cita, una gigantesca marea humana se movía frente al edificio del Museo Nacional de Antropología y la congregación llegó a ser tan grande que la caminata tuvo que iniciarse antes de la hora oficial.

En cuanto comenzó la marcha, la gente que esperaba el paso de los estudiantes empezó a sumarse a la columna. Encabezada por la Coalición de Padres de Familia y Maestros, los contingentes competían por ver cuál era el más nutrido.

Avanzaban las escuelas del Politécnico, las vocacionales, las preparatorias, la Escuela de Agricultura de Chapingo, la Normal de Maestros, la Escuela de Arte Dramático del INBA, el Colegio de México, las prepas, facultades y escuelas de la UNAM. Los acompañaron obreros, colonos, pequeños comerciantes o comerciantes ambulantes y hasta grupos campesinos.

En esta ocasión, a diferencia de la marcha del 13 de agosto pasado, no hubo banderas comunistas, con la hoz y el martillo, ni imágenes de conocidos líderes revolucionarios como Erensto Che Guevara o Ho Chi Min. Hoy, acatando la decisión del CNH, se reivindicaron imágenes de héroes nacionales, como Emiliano Zapata y José María Morelos.

La preocupación ostensible era evitar la infiltración de provocadores, y de allí el número elevado de vallas de protección. Entre las consignas más oídas, destacaron dos: “¡Únete, pueblo!” y “Muera Cueto!”. Hubo muchas más, por supuesto.

Varios contingentes, entre ellos el de la Facultad de Filosofía y Letras (FFL) de la UNAM, iban envueltos en banderas rojas. El Paseo de la Reforma estaba cubierto a todo lo ancho por autos y camiones, encima de los cuales la gente gritaba y aplaudía. El paso junto al Ángel de la Independencia era impresionante. “Se veía gente encimada desde la orilla del prado hasta las partes más altas de la base de la columna. A donde volteara uno veía un mar de cabezas, manos que aplaudían y gente que se apresuraba a integrarse a los contingentes”, declaró después Luis González de Alba, representante de la FFL de la UNAM ante el Consejo Nacional de Huelga.

La manifestación mostró un “ánimo victorioso y algarabía”. El escritor Carlos Monsiváis, quien forma parte del colectivo de artistas e intelectuales en apoyo al movimiento estudiantil, la definió así: “Aguerrida, regocijada y regocijante, triunfalista en el sentido más generoso del término”.

A la vanguardia de la columna se hallaba una camioneta de sonido de la UNAM. Atrás, las madres de los estudiantes heridos llevaban una manta con el siguiente texto: “Madres de los estudiantes heridos, libertad a los presos políticos”.

La marcha crecía conforme avanzaba. Los integrantes del CNH estaban más que satisfechos. Un mar de gente se volcó sobre el Paseo de la Reforma. Miles y miles de espectadores aplaudían con entusiasmo a los manifestantes, de modo que la columna creaba un gran estruendo a su paso; miles de gargantas coreaban al unísono: “México, libertad”, México, libertad”, “México, libertad”.

Al llegar a la embajada de Estados Unidos, los dirigentes estudiantiles tomaron la precaución de colocar “una guardia de 3 mil muchachas con batas blancas” de la Facultad de Medicina de la UNAM, “en una muestra de poder muy sólida”, para evitar que se produjeran actos de provocación. El griterío de la marcha continuó su recorrido por Reforma y en el cruce con Bucareli –donde se encuentra los edificios de los periódicos Excélsior y El Universal–  se gritaron consignas “contra la prensa vendida”.

“Entramos al Zócalo como en un sueño”

En la avenida Juárez había un tumulto incontenible. Entre la multitud caminaba González de Alba, quien después expresó con intensidad lo que vivió en esos momentos:

“Fue más emocionante la llegada a 5 de Mayo porque en la esquina con San Juan de Letrán, donde la acera es muy alta, nos esperaba una multitud de mujeres, tal vez maestras por su aspecto, quienes, en cuanto oyeron la porra de ‘¡El pueblo al poder!’ y vieron ondear encima la masa compacta de banderas rojas, se pusieron de pie y empezaron a aplaudir sin parar. Todas tenían lágrimas en los ojos y algunas no podían contenerlas, pues les llegaban hasta las mejillas”.

Los estudiantes siguieron por 5 de Mayo, donde la gente les aplaudió, desde los edificios les lanzaron papel picado, en un ambiente de festejo popular.

El Zócalo ya estaba completamente lleno y un gran número de contingentes de muchas escuelas aún faltaba por llegar. Cuando la vanguardia de la marcha alcanzó la Plaza de la Constitución, muchos grupos aún no salían del Museo Nacional de Antropología. De hecho, tardaron al menos cuatro horas en entrar.

El grupo en que marchaba González de Alba llegó hasta las inmediaciones del Zócalo. Y la sorpresa fue aún más gratificante: “Nos esperaba lo mejor: las campanas de la Catedral echadas a vuelo y todas las luces encendidas. Entramos al Zócalo como si fuera en un sueño; la anterior manifestación había sido muy grande, alrededor de un cuarto de millón y, con todo, no habíamos llenado ni la mitad de la gigantesca plaza que es el Zócalo”.

La mancha de manifestantes se extendió como gigantesca alfombra hasta cubrir toda la superficie de la plancha de concreto. Una bandera roja y negra, el símbolo internacional de las huelgas, ondeaba del asta enclavada en el centro de la misma.

Eran aproximadamente las 18:50 cuando “las campanas de la Catedral fueron lanzadas a vuelo, ignorándose los motivos”, según reportaron los agentes de Gobernación, aunque después se supo que “el sacerdote Jesús Pérez dio permiso a los estudiantes para que entraran al templo y subieran a tocar las campanas. Después, encendió las luces del templo a petición de los estudiantes”.

“¡Voy a decir lo que siento! ¡Lo que traigo aquí adentro!”

Se improvisó entonces una tribuna en el toldo de un autobús y, encaramados en su techo, hablaron los oradores. El primer turno le correspondió a Marcelino Perelló, representante de la Facultad de Ciencias de la UNAM, quien leyó un poema escrito por Isaías Rojas, uno de los estudiantes presos en Lecumberri.

Enseguida habló un obrero de Ecatepec, Enrique Díaz; siguió la lectura de la lista de los 86 estudiantes y profesores detenidos e inmediatamente después se leyó una carta que envió el líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo, que estaba encarcelado por motivos políticos desde 1959 y se había declarado en huelga de hambre desde hacía días, pero a quien las autoridades estaban coaccionando para forzarlo a suspenderla:

“Después de tenerme por más de 21 días con la torturante sonda gástrica en la vía nasal para obligarme a tomar alimentos líquidos, hoy me la quitaron cuando posiblemente quedaron convencidos de que a pesar de los crueles dolores que me causaba, mi actitud seguía invariable. Pero debido al tiempo en que me tuvieron con la sonda, es probable que esa demora me llegue a causar graves lesiones en mi organismo, por lo que una vez más hago público que el único responsable es el presidente de la República por las ulteriores consecuencias que llegue a sufrir por el brutal y torturante procedimiento a que fui sometido o se me llegue a someter en el futuro, ya que a partir de hoy he continuado mi huelga de hambre hasta que la palabra presidencial sea cumplida y se haga plena justicia”.

Mientras, en la plancha se repartían copias de la carta enviada por el periodista Víctor Rico Galán, preso por “intentona guerrillera”, quien se pronunció por la radicalización del movimiento.

Decía el texto de Rico Galán: “Creo que ustedes lo comprenden muy bien. Pero hay que fortalecer esa convicción. Cuando, en las grandes manifestaciones que ustedes realizan, el pueblo les lanza desde los edificios pedazos de plástico o de papel para protegerse de la lluvia; cuando gentes pobres, que muestran en su indumentaria que apenas disponen de lo necesario para sobrevivir, se acercan a los manifestantes, los aplauden, acogen su propaganda y tratan de corresponder repartiendo entre ellos pan o frutas; cuando todo eso sucede es porque el pueblo, aun sin el control de sus propias organizaciones, aun sin la posibilidad de hacer oír su gran voz, busca los canales para expresarles su apoyo, su solidaridad, su aliento. ¡Oíd al pueblo, estudiantes! Aguzad el oído para sensibilizarlo al rumor que crece, porque ese rumor será muy pronto el clamor inmenso de las luchas decisivas!”.

La masiva asistencia a la marcha impregnó de un ánimo victorioso a los presentes, quienes mostraron un gozo y espíritu festivo hasta hoy no visto plenamente. Grupos de estudiantes comenzaron a gritar en dirección de Palacio Nacional: “Sal al balcón, hocicón!”. Al cronista Carlos Monsiváis no le pasó desapercibido el hecho. “No es cualquier cosa exigirle a Díaz Ordaz, tutearlo y aplicarle un mote”.

La manifestación de este día ha sido gigantesca, la gente ha vitoreado a los estudiantes y los oradores no atinaban a saber dónde colocar tanto optimismo. Uno de ellos, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, representante de la Escuela Superior  de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), se encontraba extasiado, como todos.

Así que Luis Tomás decidió dejar a un lado el texto preparado por una comisión encargada de redactar los discursos de los participantes. “¡Yo no entiendo esto! ¡Yo no voy a leer! ¡Voy a decir lo que siento! ¡Lo que traigo aquí adentro!”, gritó tras leer frente al micrófono unas cuantas de las palabras que le habían preparado.

El discurso de Luis Tomás fue vitoreado por las decenas y decenas de miles de manifestantes que permanecieron en el Zócalo. Se apreciaba un extendido júbilo que contrastaba con las señales de endurecimiento: 12 tanques del Ejército avanzaban sobre Reforma en dirección al Zócalo.

Luego vino Eduardo Valle Espinosa, representante de la Facultad de Economía de la UNAM conocido como El Búho, que leyó con voz grave y pausada un discurso en torno a los presos políticos.

Le siguió el ingeniero Heberto Castillo, profesor y matemático de 40 años, quien desde el techo del camión del Instituto Politécnico Nacional en que los oradores pasaban, guardaba el equilibrio en más de un sentido.

Representante de la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas, Castillo expresó su inocultable gozo: “Nos encontramos aquí, en la Plaza de la Constitución, después de pasear nuestras convicciones por las calles. Hemos venido con el pueblo, estudiantes y maestros para expresar nuestra voluntad de que el gobierno escuche la voz del pueblo, de que se percate de que el diálogo público sólo puede reportar beneficios a la nación (…). La Plaza de la Constitución recibe ahora el calor, el amor, de más de 200 mil voces que proclaman la necesidad de que la dignidad, el decoro, la valentía y la razón conduzcan las manifestaciones populares de México”.

En su discurso, insistió en el profundo valor democrático de respetar a la Carta Magna. “Hemos llegado aquí para reivindicar la Constitución Política, sistemáticamente violada (…). Su estricto cumplimiento abre caminos de libertades democráticas para que el pueblo trabajador se libere de la opresión que pesa sobre sus hombros”.

“¿Dónde quieren que sea el diálogo?”

 A otro de los integrantes del CNH, identificado como “Barrón”, de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA) del IPN, le correspondió leer uno de los discursos que se habían preparado, en el que la representación estudiantil proponía que el diálogo público con el gobierno se realizara en Bellas Artes.

“Cuando la gente oyó Bellas Artes, empezó a gritar: ¡No!, ¡no!, y el compañero que estaba leyendo, muy inexperto, se quedó azorado”, contó Raúl Álvarez Garín, representante ante el CNH de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional.

Entonces apareció otro dirigente politécnico, Sócrates Campos Lemus, de la Escuela Superior de Economía, que le arrebató el micrófono y lanzó lo que muchos consideraron una provocación.

Monsiváis, presente en el acto, lo vio con preocupación y así lo describió: “colérico y conminatorio”, Sócrates pidió “que se fije el día, fecha y hora del debate público. El presidente tiene que dialogar, porque éste no es cualquier movimiento”.

Campos Lemus preguntó directamente a las 200 o 300 mil personas presentes: “¿Dónde quieren que sea el diálogo?”. La respuesta es tajante: “¡En el Zócalo! ¡Aquí!”.

Campus Lemus decidió en ese momento que estaba bien, se haría como lo habían pedido, y puso un plazo: hasta el 1 de septiembre. El diálogo público tendría lugar en esas condiciones y con el presidente en persona a las 10 de la mañana.

Las decenas de miles de asistentes cantaron entonces el Himno Nacional entre miles de antorchas de papel. “El paisaje ígneo es francamente hermoso y melancólico”, registró Monsiváis.

Posteriormente, quedó una “guardia” de unos 3 mil a 5 mil manifestantes, con la intención de acampar en la plancha del Zócalo y frente a la puerta central de la Catedral Metropolitana. En cuanto se disolvió el mitin, a la luz de algunas hogueras se improvisaron casas de campaña con cartones, lonas y cualquier material disponible.

Al respecto, Álvarez Garín comentó: “Aunque nos dábamos cuenta de lo improcedente de la audacia, lo cierto es que tampoco se podía corregir ahí mismo el desaguisado, o en todo caso nadie tuvo el coraje para hacerlo. Sin embargo, el error político más costoso fue dejar en el Zócalo una guardia de más de 3 mil estudiantes en espera del diálogo público. Esa medida de presión la habíamos convenido previamente y la gente iba preparada para el caso con cobijas y utensilios de cocina”.

“Tienen cinco minutos para abandonar la plaza”

Cinco minutos antes de la medianoche, según el reporte de agentes de Gobernación, “tanques y carros ligeros del Ejército” comenzaron a circulan alrededor de las calles circunvecinas al Zócalo, hecho que reportaron a sus superiores.

Una hora después, aproximadamente a la una de la mañana, el Ejército alistó a sus cuadros para desalojar a los estudiantes: un batallón de paracaidistas, los batallones 43 y 44 de infantería, 12 carros blindados de Guardias Presidenciales, cuatro carros de bomberos, 200 patrullas azules y cuatro batallones de tránsito, más contingentes del cuerpo de tránsito.

Unos minutos más tarde, de los magnavoces instalados en Palacio Nacional, salió un ultimátum: “Están ustedes violando el artículo noveno constitucional. Tienen ustedes cinco minutos para abandonar la plaza. Se les dejó hacer su mitin y realizar su manifestación. Han estado demasiado tiempo y no se puede permitir que la plaza para usos comunes sea dedicada a otros menesteres. Dentro de cinco minutos intervendrá la fuerza pública”.

Ya no hubo tiempo para nada más. En ese momento el Ejército ingresó al Zócalo por las calles de Pino Suárez y Moneda; los soldados se encontraban frente a Palacio Nacional, con pie a tierra. Los tanques ligeros entraron por las calles de Seminario y Moneda. Un cordón de soldados replegó a los estudiantes sobre la plancha y por el sonido local se llamó a la cordura.

Otros testimonios reportaron que las tanquetas salieron del Palacio Nacional.

Los agentes de la Secretaría de Gobernación anotaron lo que ocurría: “El Ejército va con bayoneta calada y los carros blindados destruyen los campamentos (levantados con cartones de pancarta y mantas) de los estudiantes. La primera fila es de soldados y detrás de ellos siguen granaderos, cuatro carros de bomberos y patrullas; los carros ligeros desalojan a la gente (…) Todo el Zócalo está lleno de patrullas formando un cordón”.

De acuerdo con los agentes, los estudiantes empezaron a gritar “¡México, libertad!, ¡México, libertad!”, y se retiraron por la calle de Francisco I. Madero; “otros trataron inútilmente de detener la marcha de los tanques ligeros tirándose a su paso o subiéndose a ellos. Al final todos fueron desalojados del Zócalo”.

Monsiváis, quien había ido a cenar, regresó al Zócalo y luego escribió: “Las unidades blindadas arrasan con mantas y pancartas. Enloquece el sonido de las sirenas. Los estudiantes en su salida airosa vitorean a México y entonan de nuevo el Himno Nacional. Si hay diferencias entre los términos, lo que percibo no es miedo sino susto. Es la hora de partir”.

Álvarez Garín relató también: “Como los estudiantes empezaron a retirarse lentamente y con reticencia, una tanqueta embistió un autobús del IPN para urgirlo a moverse más de prisa (…) los grupos de estudiantes que se retiraban a pie cantando el Himno Nacional por las calles de Madero y 5 de Mayo fueron perseguidos y agredidos a golpes”.

En su último reporte, los agentes de Gobernación señalaron que aunque los estudiantes habían izado la bandera nacional a las 10 de la noche, a la 1:35 de la mañana había vuelto a ondear en el Zócalo una bandera rojinegra. Sólo que ésta era mucho más grande.

Referencias:

Diego Ortega, Roberto, “1968: El ambiente y los hechos. Una cronología”, Nexos, 1 de septiembre de 1978. En https://www.nexos.com.mx/?p=3199 y Gómez Nashiki, Antonio, “1968. Cronología del movimiento estudiantil mexicano”, Nexos, 1 de enero de 1988. En  https://www.nexos.com.mx/?p=4996

González de Alba, Luis, Los días y los años, editorial Era, México, 1971, p. 97.

Castillo, Gustavo, “Persecución militar y desalojo del Zócalo”, La Jornada, 27 de agosto de 2008. En www.jornada.com.mx/2008/08/27/index.php?section=politica&article=012n1pol

Guevara Niebla, Gilberto, “El verano democrático”, 11 de noviembre de 2017. En www.cronica.com.mx/notas/2017/1051998.html

Ídem.

Monsiváis, Carlos, Democracia, primera llamada: el movimiento estudiantil de 1968, Conaculta y gobierno del estado de Colima, México, 2010, p. 97. En www.mty.itesm.mx/dhcs/deptos/ri/ri-802/lecturas/nvas.lecs/1968-monsi/mc0292.htm.

González de Alba, Luis, op. cit., p. 98.

Monsiváis, Carlos, op. cit., p. 97.

Castillo, Gustavo, op.cit.

Guevara Niebla, Gilberto, op. cit.

Álvarez Garín, Raúl, “Las ondas expansivas”, Nexos, 1 de enero de 1998. En www.nexos.com.mx/?p=5006.

Informe preliminar de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp). Disponible en https://nsarchive2.gwu.edu//NSAEBB/NSAEBB180/index2.htm.

González de Alba, Luis, op. cit., p. 98.

Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), op. cit.

Álvarez Garín, Raúl, op. cit.

González de Alba, Luis, op. cit., p. 98.

Monsiváis, Carlos, op. cit., p. 98.

Castillo, Gustavo, op.cit.

Idem.

Guevara Niebla, op. cit.

Monsiváis, Carlos, op. cit., p. 97.

Ídem.

Guevara Niebla, Gilberto, op. cit.

Discurso leído por Heberto Castillo Martínez el 27 de agosto de 1968 en el Zócalo de la Ciudad de México. Disponible en www.fundacionhebertocastillo.org.mx/heberto-castillo/textos-historicos/27-de-agosto-de-1968/.

Ídem.

Álvarez Garín, Raúl, La estela de Tlatelolco, Ed. Ítaca, 2002, México, p. 61.

Monsiváis, Carlos, op. cit., p. 98.

González de Alba, op. cit., p. 99.

Monsiváis, Carlos, op. cit., p. 99.

Álvarez Garín, Raúl, op. cit, p. 61.

Castillo, Gustavo, op. cit.

Monsiváis, op. cit., p. 100.

Idem.

Castillo, Gustavo, op. cit.

González de Alba, Luis, op. cit., p. 100.

Castillo, Gustavo, op. cit.

Idem.

Monsiváis, Carlos, op. cit., p. 100.

Álvarez Garín, Raúl, op. cit, p. 62.

Castillo, Gustavo, op. cit.

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Viruela del mono: en qué se diferencia de la devastadora viruela humana erradicada hace 40 años

Comparten prácticamente el mismo nombre, pero la viruela humana y la viruela del mono tienen diferencias que analiza BBC Mundo.
20 de mayo, 2022
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El surgimiento de varios brotes de viruela del mono en Estados Unidos, Canadá y varios países en Europa ha recordado al patógeno que durante siglos devastó a la humanidad.

La viruela humana es una de las enfermedades más letales que han existido y estudios en momias egipcias sugieren que pudo estar circulando entre personas desde hace al menos 3 mil años.

Solo en el siglo XX se estima que mató a alrededor de 300 millones de personas.

Por fortuna, la viruela humana se convirtió en la primera enfermedad erradicada de la historia hace más de 40 años, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) certificó su fin en 1980 tras una exitosa campaña de vacunación global.

Ahora, la viruela del mono está causando el mayor brote jamás visto en Europa de la enfermedad y los científicos estudian a fondo sus implicaciones.

De momento, las autoridades médicas indican que las probabilidades de ver una transmisión descontrolada son bajas y señalan que su letalidad está lejos de la causada por la viruela humana.

En BBC Mundo analizamos las diferencias entre estos dos virus muy parecidos de la misma familia de los orthopoxvirus.

Mortalidad

¿Qué tan mortal es?

Es la pregunta que seguro muchos se hacen al escuchar hablar de una enfermedad desconocida. Sobre todo si comparte el nombre con una de las más mortales de la historia.

“Afortunadamente, la viruela del mono es bastante más leve que la versión mayor de la viruela humana, que llegó a alcanzar un 30%“, explica a BBC Mundo Raúl Rivas González, catedrático de microbiología en la Universidad de Salamanca en España.

La viruela humana se presentaba en dos versiones: variola mayor y variola menor. La mayor era la más la mortal, la que podía llegar al 30%. La menor provocaba una enfermedad más leve y en pocas ocasiones causaba la muerte.

Paciente con viruela.

Getty Images
La versión más mortal de la viruela podía alcanzar una mortalidad de hasta el 30%.

Sucede de forma parecida con la viruela del mono, aunque con porcentajes inferiores de mortalidad. Existen dos “clados” o versiones: la de África occidental y la de África central.

“El de África occidental es el más leve, con una mortalidad de entre el 1% y el 10%, y parece ser el que está originando el brote en Europa”, dice Rivas.

“El de África central, por otra parte, es más virulento y peligroso y puede llegar a matar a alrededor del 20% de infectados”, agrega.

Jacob Lorenzo Morales, director del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias en España, ofrece los mismos porcentajes y explica que los niveles más altos de letalidad se concentran en poblaciones determinadas.

“Por los datos que hemos visto, las mayores letalidades se dan en zonas rurales muy pobres en África y, en general, en muchos niños por su sistema inmune menos desarrollado”, apunta para BBC Mundo.

Transmisión

Estamos en medio de la pandemia de coronavirus donde nos enfrentamos a un patógeno altamente transmisible, pero este no es el caso de la viruela del mono.

Este tipo de viruela, a su vez, también parece transmitirse con menor facilidad que la viruela humana.

“Es un virus que se transmite muy bien entre animales, pero una vez salta de animal a humano no tiene una alta capacidad de transmitirse”, dice Lorenzo Morales.

Las autoridades médicas señalan que todavía no hay mucha información sobre las posibles vías de transmisión entre humanos en los brotes actuales.

Por lo que se conoce, se transmite principalmente a través de contactos estrechos e intercambios de fluidos corporales. Muchos de los casos en Europa parecen estar vinculados a la transmisión sexual.

Campaña de vacunación en Benín en 1968.

Getty Images
Una campaña de vacunación histórica, especialmente en zonas de menos recursos, consiguió erradicar la viruela en 1980.

Pero se están estudiando todas las vías posibles, como la transmisión indirecta a través de objetos contaminados e incluso aerosoles.

“La viruela erradicada se transmitía de forma similar, pero el contagio entre humanos era mucho más fácil”, recuerda Lorenzo Morales, quien no descarta que en el futuro la viruela del mono pueda hacerse más eficiente en la forma de transmitirse.

Raúl Rivas explica que esta viruela es un virus bastante estable y que varía muy poco. Pero a su vez, Morales menciona que “es un patógeno relativamente nuevo, acostumbrándose a vivir entre nosotros, y todavía no está especializado en multiplicarse e infectarnos”.

La viruela humana solo podía transmitirse entre humanos. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos (CDC), no hay evidencia científica de que la viruela pueda transmitirse por insectos u otros animales.

El origen de la viruela es desconocido. En el caso de la viruela del mono, se le llama así por descubrirse en colonias de monos mantenidos para labores de investigación en 1958.

Síntomas

En ambas enfermedades, el cuadro clínico comienza de forma similar, aunque es algo más leve en la viruela del mono.

“Como en la mayoría de infecciones, empiezan con fiebre y también es común el malestar corporal, cansancio, dolor muscular y en la garganta”, describe Rivas.

Visión microscópica del virus que causa la viruela.

Getty Images
Visión microscópica del virus que causa la viruela.

Además, en ambas enfermedades también se desarrollan las inequívocas pústulas cutáneas que luego pueden dejar visibles cicatrices en la piel de los pacientes.

“Luego, con el paso de los días, la viruela del simio suele hinchar los ganglios linfáticos, tanto los cervicales, maxilares, axilares y en las ingles. Esto no ocurría con la viruela humana”, añade Rivas.

El periodo de incubación de la viruela símica suele ser de siete a 14 días, pero puede reducirse a cinco y elevarse a 21 días.

En el caso de la viruela humana, la incubación puede durar entre siete y 19 días, aunque la duración media era entre 10 y 14 días.

Tratamiento

La viruela fue erradicada gracias a una campaña de vacunación histórica que puso fin a miles de años de muertes causadas por el patógeno.

Dado que el virus de la viruela del mono está estrechamente relacionado con el que causa la viruela, la vacuna contra esta última también ha mostrado ser efectiva para las dos enfermedades.

En este caso, las personas mayores de 55-60 años que fueron vacunadas contra la viruela antes de su erradicación podrían tener entonces una inmunidad considerable contra la viruela del mono.

Edward Jenner.

Getty Images
Los estudios del inglés Edward Jenner en el siglo XVIII fueron clave para el desarrollo de la vacuna contra la viruela.

Sin embargo, mientras se define la mejor estrategia para tratar esta enfermedad, que científicos ven poco probable que se descontrole, los tratamientos disponibles son sobre todo paliativos para los síntomas.

Lorenzo Morales lamenta que no haya un tratamiento específico.

“Como es un patógeno que sobre todo ha afectado a África y no a los países desarrollados, no se invierte suficiente en la búsqueda de tratamientos“, dice.

Sin embargo, a pesar de no contar con tratamientos específicos, hay una diferencia muy grande entre esta viruela del mono y la erradicada: el avance de la ciencia y el conocimiento.

Por cientos de años, la viruela humana hizo estragos sin que se lograse comprender la enfermedad y cómo detenerla.

“Esta viruela del mono es una enfermedad que conocemos bien. Quizás para el público general es algo nuevo, pero se descubrió en 1958. Está bien estudiada también porque es muy parecida a la viruela humana”, dice Rivas.


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