1968: El Ejército desocupa CU; el CNH acepta encuentro con enviados del gobierno
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Especial

1968: El Ejército desocupa CU; el CNH acepta encuentro con enviados del gobierno

La UNAM solicitó un informe sobre las condiciones en que el Ejército devolvió los planteles y oficinas.
Especial
Por Viétnika Batres
30 de septiembre, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.
 
Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.

 
Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre. Hubo un contexto que lo explica. Y eso es lo que les presentamos aquí:

Ciudad de México, 30 de septiembre de 1968.- Después de 12 días de ocupación y sin que ninguna autoridad universitaria hiciera una solicitud formal, como insistió el gobierno en los últimos días, el general José Hernández Toledo entregó al mediodía de este lunes las instalaciones de Ciudad Universitaria a las autoridades de la máxima casa de estudios, y los soldados y los mandos del Ejército comenzaron a salir del campus.

De esta forma, el rector Javier Barros Sierra se mantuvo “fiel a sus palabras: si no había sido avisado de ningún modo de la toma de la CU, no tenía por qué convalidarla pidiendo su devolución”.

A las 12:30, Hernández Toledo se encontró, como se había acordado previamente, con el director general de Administración, Ernesto Patiño Hernández, y el director de Patrimonio Universitario, Octavio Roca Marín, quienes recibieron las instalaciones. Posteriormente, informaron de haber encontrado una serie de “destrozos”.

En un comunicado, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) solicitó este mismo lunes a los funcionarios y directivos un informe sobre las condiciones en que el Ejército devolvió los planteles y oficinas.

“El rector Barros Sierra convoca a todos los investigadores, técnicos, personal de difusión cultural y administración a que de inmediato reanuden sus labores y reitera la exhortación que implícitamente hizo a todos los miembros de la comunidad universitaria en su último discurso a la Junta de Gobierno de la UNAM”.

Poco a poco, en el transcurso del día, directores de escuelas, facultades e institutos de la UNAM, académicos, estudiantes y personal administrativo se fueron presentando en la Universidad. Cerca de las 14 horas, Barros Sierra llegó a sus oficinas en Rectoría, acompañado por el secretario general de la UNAM, Fernando Solana Morales.

La huelga continuará: CNH

En cuanto los tanques y soldados desalojaron Ciudad Universitaria, delegados del Consejo Nacional de Huelga (CNH) se concentraron frente al auditorio de la Facultad de Ciencias, donde realizaron una asamblea y, luego, una rueda de prensa para anunciar que “la huelga continuará hasta la solución del pliego petitorio. Lo ocurrido en el Casco de Santo Tomás y en otros centros escolares constituyó un acto de legítima defensa del IPN (Instituto Politécnico Nacional) ante las violentas represiones de las fuerzas públicas”.

Asimismo, destacaron como condiciones para dialogar con el gobierno “la salida de las fuerzas públicas de todos los planteles educativos, libertad de todos los encarcelados a raíz del conflicto y cese a la persecución y represión de los actos públicos”.

También anunciaron la realización de dos mítines mañana martes 1 de octubre en CU y ratificaron el llamado a realizar el miércoles 2 de octubre un mitin en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, al que seguirá una manifestación que partirá de la vocacional 7 hacia el Casco de Santo Tomás, para demandar la salida de las tropas de los planteles educativos.

El CNH denunció, además, el envío de cartas con textos amenazadores y una cruz roja a los estudiantes que han sido liberados luego de haber sido detenidos temporalmente.

De paso, aprovecharon para reiterar que nunca se han propuesto boicotear los Juegos Olímpicos, pero que éstos “no pueden mediatizar el movimiento estudiantil ni postergar sus justas demandas populares”.

Cuestionados sobre si tienen suficiente poder para forzar al gobierno al diálogo, respondieron: “Lo único que sabemos es que nos asiste el derecho de pedirle que nos atienda. Esto es un clamor popular”.

Y cuando un reportero de Los Angeles Times preguntó si el rector Barros Sierra apoya el movimiento estudiantil, afirmaron: “La lucha estudiantil no pertenece a ninguna autoridad educativa; pertenece a los estudiantes y al pueblo”.

Aceptan ver a enviados del presidente

La propuesta de diálogo del gobierno federal, hecha el 29 de septiembre por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, fue transmitida a los estudiantes por el secretario general Fernando Solana, quien buscó a los estudiantes con el conocimiento del rector.

Según comentó Solana a la dirigencia estudiantil, reunida afuera del auditorio de la Facultad de Ciencias, los representantes presidenciales serían Jorge de la Vega Domínguez y Antonio Caso.

Los 30 o 40 integrantes del CNH presentes deliberaron en torno a la propuesta oficial. Tras discutir al respecto, se decidió tener un primer encuentro con los enviados de Díaz Ordaz y se designó a Gilberto Guevara Niebla, Luis González de Alba y Anselmo Muñoz para acudir a la cita con el objetivo de sentar las bases del diálogo público exigido por los estudiantes para dar respuesta satisfactoria al pliego petitorio.

Como los dirigentes del movimiento no accedieron a ir a ninguna oficina del gobierno ni los funcionarios a instalaciones de la UNAM o del IPN, el rector Barros Sierra medió y ofreció su casa en San Ángel.

Aparte de ese punto, vital en la agenda del movimiento estudiantil, en la sesión del CNH hubo incidentes “extraños”. Por ejemplo, la intervención de Sócrates Campos Lemus, representante de la Escuela Superior de Economía del IPN, y de otros representantes politécnicos, quienes “mostraron de pronto y cínicamente pistolas de calibre muy alto”.

Hasta ese momento, en el Consejo Nacional de Huelga nunca se había planteado la posibilidad de recurrir a las armas como una opción defensiva para el movimiento. Sin embargo, Campos Lemus propuso que se integraran “columnas armadas” para proteger a los dirigentes del CNH, en particular a Raúl Álvarez Garín y a Gilberto Guevara Niebla.

Argumentaron que en los últimos mítines del movimiento había llegado mucha gente sospechosa y que había peligro de un atentado contra los líderes del CNH. Para éstos, la reunión fue “muy pesada por esa sugerencia de formar “columnas y recurrir a las armas”. La mayoría de los integrantes del CNH rechazó la propuesta.

Ante el temor de que el gobierno federal aprovechara para capturar a la dirigencia del movimiento estudiantil, también se acordó que los integrantes del CNH no asistieran a los actos del 2 de octubre. “Acordamos no asistir al mitin de Tlatelolco porque era posible que nos detuvieran a pesar de las negociaciones”.

REFERENCIAS

Jardón, Raúl, 1968: El fuego de la esperanza, Siglo XXI Editores, México, 1998, pp. 97 y 98.

Diego Ortega, Roberto, “1968: El ambiente y los hechos. Una cronología”, Nexos, 1 septiembre 1978, en www.nexos.com.mx/?p=3199.

“50 años del 68”, Gaceta Universitaria, en www.gaceta.unam.mx/desocupa-el-ejercito-cu/

Jardón, Raúl, op. cit., pp. 97 y 98.

Ídem.

González de Alba, Luis, “Tlatelolco, aquella tarde”, en Nexos, 1 de noviembre de 2016, disponible en www.nexos.com.mx/?p=30019.

Guevara Niebla, Gilberto, “Volver al 68”, en Nexos, 1 de octubre de 1993, disponible en www.nexos.com.mx/?p=6899.

Ídem.

González de Alba, op. cit.

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Colombia: por qué está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro)

A pesar de la violencia, Colombia fue un país reconocido por su estabilidad económica y política. Pero todo esto parece haber cambiado.
6 de mayo, 2021
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Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo.

Colombia ha vivido muchos momentos delicados al largo de su traumática historia, pero ahora parece estar recorriendo un camino desconocido en al menos tres ámbitos distintos: la protesta social, la economía y la representación política.

Hubo momentos en el pasado que rompieron la historia en dos como la ola de violencia que antecedió a la firma de la Constitución de 1991 o las revueltas de 1948 tras el asesinato del candidato Jorge Eliécer Gaitán que dieron origen a las guerrillas.

El desenlace de la crisis actual es desconocido y por eso es difícil entrar en comparaciones sobre su relevancia histórica.

Lo que parece evidente, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que la actual es una situación sin precedentes. Y que mucho se explica porque el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016 abrió una caja de pandora de demandas y problemáticas antes prohibitivas por cuenta de la guerra.

“Yo tengo 74 años y le digo que nunca vi una élite política tan incapaz de llegar a resoluciones“, dice el historiador Carlos Caballero Argáez.

El gobierno de Iván Duque ha lanzado una nueva mesa de negociación para rebajar la tensión y buscar salidas consensuadas. Es lo que hizo en noviembre de 2019, cuando las protestas eran más pacíficas y puntuales y la situación del país menos grave.

Hoy el mandatario tiene desafíos por donde se mire: en su partido, en las calles, dentro de las fuerzas armadas, en materia fiscal y en lo político.

Dentro de exactamente un año Colombia estará celebrando elecciones generales y presidenciales: todo desarrollo en este momento tiene una clave electoral.

Mientras la violencia sigue siendo la principal preocupación de los colombianos, BBC Mundo habló con varios expertos para hacer un ejercicio de distancia que permita entender lo que está ocurriendo.

Un paro sostenido y amplio

Un primer elemento nuevo de esta crisis es la dimensión de la protesta social.

“La cobertura y la sostenibilidad han sido inéditos”, dice Mauricio Archila, experto en movimientos sociales.

Una manifestación en Colombia

Getty Images
Las protestas en Colombia han sido masivas y se han extendido a muchas ciudades y poblados del país.

Las protestas esta vez llegaron a pequeños y medianos municipios. Fueron convocados por jóvenes, pero cuentan con el apoyo de adultos mayores y poblaciones minoritarias. Han paralizado la producción, el abastecimiento y el transporte en rincones inesperados.

Este paro ha llegado a lugares donde antes no se solía protestar y se ha mantenido por varios días sin dar tregua”, añade Archila.

Y concluye: “Soy muy escéptico de las comparaciones, y no quiero entrar a hablar del Bogotazo (1948) ni el paro cívico de 1977, pero es cierto que este paro ha producido una alianza obrero-campesina-indígena que tal vez nunca había estado tan equilibrada”.

En efecto, al Paro Nacional es un movimiento heterogéneo plagado de contradicciones y conflictos internos. Su líder no es claro y en su interior hay representaciones de casi todos los sectores. Su futuro depende de cómo logra sortear esa diversidad.

“Pero lo que sí es evidente es que la fuerza del Paro sorprendió a toda la clase política”, opina Daniel Hawkins, investigador de la Escuela Nacional Sindical.

“En la mitad de la tercera y más fuerte ola de contagio y luego de la orden del tribunal de Cundinamarca que prohibió aglomeraciones, los políticos nunca creyeron que la gente iba para la calle de forma masiva”, apunta Hawkins.

Una protesta en Colombia

Getty Images
Las protestas se han recrudecido tras las confrontaciones con las fuerzas de seguridad pública.

Las protestas ya lograron dos efectos inesperados en un país donde la movilización social, que era esporádica y tachada de “subversiva”, rara vez tuvo consecuencias políticas: las retirada de la reforma tributaria y la caída del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Lo que es difícil de pronosticar es si este movimiento, que en origen se mostró fresco y novedoso, terminará en una situación que sí tiene precedentes en Colombia: la de una violencia desbordada.

Una economía desestabilizada

La economía colombiana ha sido durante décadas la más estable de América Latina: la que menos recesiones tuvo en el siglo XX, la que no presentó hiperinflación y la que no incumplió sus compromisos de deuda en 80 años.

Pero ahora la situación es distinta.

“Pocas veces —por no decir nunca— había visto al país en una situación tan difícil como la que estamos viviendo hoy“, escribió en su columna el prestigioso economista y exministro Mauricio Cárdenas.

Iván Duque

EPA
Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma fiscal.

Y Caballero Argáez añade: “La última vez que se cuestionó la responsabilidad fiscal del país fue durante la crisis de la deuda latinoamericana (principios de los 80), pero ahí Colombia consiguió refinanciar la deuda y un acuerdo de monitoreo con el FMI que nos permitió ser el único país latinoamericano que no entró en recesión ni tuvo que reestructurar deuda”.

Hoy los bonos colombianos son calificados como “basura” en los mercados internacionales, el peso está alcanzando récords de devaluación y por primera vez en años la capacidad de pago y emisión de deuda del país están cuestionados.

“Colombia tienen un problema de recaudo (fiscal) cada vez que hay una crisis, porque su recaudo en tiempos normales siempre ha sido bajo”, dice la politóloga Mónica Pachón.

“Pero eso siempre lo habían podido solucionar con reformas tributarias de crisis con impuestos transitorios que lograban sacarnos del problema”.

“La diferencia ahora es que nunca una reforma nunca había generado semejante nivel de oposición, mucho menos sin entrar al Congreso, y su caída nos puso en un lugar incómodo”, explica la decana de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia

Getty Images
El número de fallecidos y heridos por los enfrentamientos en las protestas ha ido en aumento.

Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma cuanto antes que se pueda aprobar en el Congreso. Los economistas dudan que no se logre una resolución que probablemente recaude menos impuestos, pero al menos saque al país de la crisis.

Sin embargo, el famoso modelo de la estabilidad neoliberal y ortodoxo de Colombia mostró grietas por primera vez en su historia.

Una política radicalizada

Así como estable en lo económico, Colombia ha sido un país sin muchos altibajos en lo político: salvo durante un pequeño periodo en los años 50, la democracia en su sentido más formal —elecciones cada cuatro años y transiciones de poder sin problemas— se ha mantenido intacta.

Aunque la violencia no ha dejado de ser un problema desde los años 50, el bipartidismo entre liberales y conservadores (que llegaron a alternarse en el poder por convenio) permitió que se generara la idea de que las instituciones democráticas no estaban en peligro.

Colombia siempre fue considerada, al menos en el exterior, como una democracia estable.

Pero en esta crisis la clase política se ha visto incapaz de llegar a resoluciones, apuntan los analistas. Duque llamó a los militares a controlar la situación (aunque varios alcaldes se opusieron); algunos incluso barajan escenarios de golpes de Estado y el líder en las encuestas para las elecciones de 2022 es un candidato de izquierda que militó en las guerrillas, Gustavo Petro.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Muchos colombianos denuncian que el Estado ha sido represor.

“La violencia de las protestas, que además es seguida por la gente desde sus redes sin entrar a entender ni profundizar, hace que la política sea más polarizada y más ideológica, con la consecuencia de que llegar a soluciones es muchos más difícil”, explica Pachón.

Uno de los efectos del proceso de paz de 2016 fue el estatuto de oposición, un mecanismo que da garantías a los críticos del Ejecutivo, pero también aumenta su capacidad de entorpecerle sus iniciativas.

“Le sumas a eso que Duque es un presidente débil incluso dentro de su partido y tienes el caldo de cultivo de la desgracia“, dice Pachón.

En Colombia, como en toda América Latina, siempre ha habido una crisis de representación política, pero quizás nunca antes se había hecho tan evidente la desconfianza de la población sobre la clase política.

“Lo que estamos viendo es un descontento generalizado y quizá irremediable, es casi una situación pre revolucionaria”, dice Caballero.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Los escuadrones antidisturbios han sido culpados de varios fallecimientos durante las protestas.

Las consecuencias pueden ser muchas: desde la renuncia del presidente, inédita en Colombia desde los años 50, hasta la elección de un candidato, de izquierda o derecha, que rompa con las hasta ahora estables instituciones democráticas del país.

“Esto se soluciona con un candidato que pueda generar confianza entre las diferentes poblaciones al mismo tiempo que pueda incluir al establishmentpolítico”, dice Pachón.

“Pero me temo que eso, ahora, está más lejos que nunca”.


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