1968: En un ambiente festivo, estudiantes dan el Grito en CU, Zacatenco, Santo Tomás y la voca 7
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Especial

1968: En un ambiente festivo, estudiantes dan el Grito en CU, Zacatenco, Santo Tomás y la voca 7

Miles de estudiantes, acompañados de familiares y amigos, decidieron hacer su propio Grito de Independencia.
Especial
Por Viétnika Batres
16 de septiembre, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.
 
Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.
 
Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre. Hubo un contexto que lo explica. Y eso es lo que les presentamos aquí:

Ciudad de México, 15 de septiembre de 1968.- Pese a los rumores de una inminente ocupación militar, miles de estudiantes, acompañados de familiares y amigos, decidieron hacer su propio Grito de Independencia, seguido de una “noche mexicana” tanto en Ciudad Universitaria como en las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en Zacatenco, el Casco de Santo Tomás y la vocacional 7, ubicada en la Plaza de la Tres Culturas de Tlatelolco.

A dos días de la multitudinaria Marcha del Silencio, realizada el pasado viernes del Museo Nacional de Antropología al Zócalo entre miles de ciudadanos que se volcaron a las calles para vitorear y abrazar a los estudiantes, el optimismo llevó a los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga (CNH) a considerar que había condiciones para que el movimiento tuviera su propia celebración de la Independencia.

La ceremonia en CU destacó de las que tuvieron lugar en el IPN porque tuvo como invitado principal a Heberto Castillo, profesor universitario y politécnico, y dirigente de la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas.

El ingeniero Castillo –que aún cojeaba visiblemente por la golpiza que le propinaron agentes de seguridad tras la marcha del 27 de agosto– arengó a los miles de estudiantes reunidos en la explanada de la Rectoría: “La celebración de esta fecha afirma el carácter mexicano del movimiento estudiantil, que ha devuelto su verdadero carácter a los conceptos de patria, pueblo, libertad, y hombre.

“Ahora en 1968, obreros, campesinos y estudiantes lanzamos un nuevo grito por la libertad y la democracia. ¡Vivan las luchas estudiantiles, obreras y campesinas por la libertad y la democracia! ¡Vivan los pueblos libres de la tierra! ¡Viva nuestro movimiento estudiantil! ¡Viva México, viva México, viva México!”.

A los vítores a los héroes patrios se sumó el aplauso “a la lucha que por su liberación dan los pueblos oprimidos del mundo”.

En CU y en las tres sedes del Politécnico elegidas se realizaron festivales populares por la tarde, en la noche las verbenas populares. Hubo música en vivo, antojitos tradicionales, ponche y la convivencia entre miles de personas, entre académicos, trabajadores, estudiantes y padres de familia.

“El presidentito”

El acto, que fue tomado en círculos políticos oficialistas como una “herejía cívica”, a los estudiantes les pareció genial porque expropiaba “la fiesta de fiestas del calendario patrio”. La hicieron suya.

Al respecto, Enrique Krauze, de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, destacó que su profesor Heberto Castillo desde un principio había intentado tender puentes entre el gobierno y los estudiantes; “esta vez subió al podio improvisado y coreó vivas al movimiento estudiantil, a los héroes y a México”, pero el gobierno lo interpretó como una profanación.

Como un efecto inesperado, el Grito en CU provocó molestia en el presidente Gustavo Díaz Ordaz, en particular el papel de Heberto Castillo. Tanto, que ha empezado a llamarlo con desprecio “el presidentito”.

Abucheos en el Zócalo

En tanto, las festividades en el Zócalo organizadas por el gobierno federal y encabezadas por Díaz Ordaz por cuarta ocasión, siguieron su curso normal, aunque con algunas diferencias en comparación con años pasados.

Primero, la presencia de uniformados recordaba la tensión latente. Además, esta vez las fuerzas del orden se encargaron de hacer una revisión meticulosa casi exclusivamente a los hombres antes de permitirles ingresar a la plancha, solos o con sus familias.

Segundo, durante la breve salida del presidente al balcón principal de Palacio Nacional para dar el Grito, parte de la gente que escuchaba bajo una lluvia finita pero constante lo abucheó, le silbó, le dedicó numerosas mentadas de madre.

Y tercero, se registró una asistencia mucho menor. Incluso se llegó a decir en la propia Plaza de la Constitución que en el Grito de Ciudad Universitaria había más gente.

Clases, cuando se cumpla el pliego petitorio

En la víspera, 60 representantes de la UNAM, el Consejo Universitario, Escuelas, Facultades e Institutos nombraron una comisión presidida por el rector, Javier Barros Sierra, para redactar un comunicado en respaldo a las demandas de los Comités de Lucha, con la precisión de que el Consejo Universitario –el que firma el documento– no está suplantando a ninguno de ellos ni es su pretensión servir de intermediario ante el régimen.

Por otra parte, el CNH dio a conocer su resolución de no regresar a clases el próximo martes 17, como habían propuesto los Consejos Técnicos.

“No cederemos ante la presión de las autoridades y continuaremos el movimiento hasta la resolución total de los seis puntos del pliego petitorio”, fue la postura de la representación estudiantil, de acuerdo con el Novedades en su edición vespertina.

En una reunión del CNH realizada ayer sábado en Ciudad Universitaria, en la que también se analizó el desarrollo y resultado de la Marcha del Silencio, los estudiantes “dijeron que estaban dispuestos a escuchar las propuestas del gobierno para la solución de los seis puntos del pliego petitorio” y volvieron sobre el asunto de los Juegos Olímpicos, reportó por su parte el Excélsior.

Tras más de 50 días fuera de las aulas, dijeron que volverán “siempre y cuando el gobierno tenga una propuesta firme para dialogar o para la resolución de los seis puntos del pliego petitorio”.

Y, según el diario, reconocieron que Díaz Ordaz “había dado el primer paso para la resolución de uno de los seis puntos del pliego, que tenía que ver con la derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal”.

Otro brutal ataque de desconocidos

En el análisis sobre la Marcha del Silencio que hizo el CNH, se mencionó el brutal ataque a los vehículos que los participantes dejaron estacionados en las inmediaciones del Museo Nacional de Antropología.

Testigos indicaron que “desconocidos uniformados de negro y blanco, y armados con metralletas, cobraron venganza de lejos contra el éxito de la manifestación”.

En el informe que rindió sobre ese día, un agente de la policía política apunta: “Se hace notar que al regresar muchos manifestantes al lugar donde habían dejado sus vehículos frente al Museo de Antropología, se encontraron con que muchos tenían los vidrios rotos, llantas ponchadas y otras averías, por lo que se reunieron en número de 300 para protestar señalando lo negativo de dicha acción por el gobierno, diciendo que las llantas habían sido ponchadas con bayonetas’”.

Al menos 123 autos fueron dañados a tiros y culatazos. En la asamblea se acordó que se presentarían las denuncias correspondiente ante la Procuraduría capitalina.

Este mismo sábado, el oficial mayor de la Secretaría  de Gobernación, José Heredia Fernández, envió una carta al CNH, en la que propuso un intercambio de cartas en lugar de una discusión abierta con los estudiantes: “el diálogo público puede legalmente realizarse, en términos del propio mandato constitucional, si a las peticiones escritas y a los acuerdos, también escritos, que dicten las autoridades, se les da difusión pública”.

Los confunden con comunistas y los linchan

En la comunidad de San Miguel Canoa, en Puebla, cinco trabajadores y estudiantes de la Universidad Autónoma de Puebla que pretendían escalar el volcán La Malinche fueron linchados por más de 2 mil habitantes, armados con machetes, palos, pistolas e incitados por el párroco del pueblo, Enrique Meza Pérez.

Mataron a cuatro personas y una más sobrevivió, aunque por la gravedad de sus lesiones podría quedar paralítica. La llegada del Ejército y la policía evitó más desgracias.

“Quedaron destrozados y no era posible identificarlos”, describió el Excélsior.

“Los confundieron con comunistas y los mataron a machetazos”, encabezó El Heraldo de México su nota. Luego detalló lo ocurrido antes de la matanza: las campanas de la capilla repicaban y por el micrófono del zócalo se informó –falsamente– “que un grupo de comunistas amenazaba con alterar el orden y ya se disponía a izar la bandera rojinegra”.

Raúl Álvarez Garín, uno de los líderes del CNH, responsabilizó de “los vergonzosos crímenes” de Canoa al “clima de satanización y condena de los estudiantes en general, y de la manipulación de los sentimientos patrióticos y religiosos del pueblo por supuestos actos de agravio y profanación de símbolos e imágenes”.

Referencias:

Diego Ortega, Roberto, “1968: El ambiente y los hechos. Una cronología”, Nexos, 1 septiembre 1978. En https://www.nexos.com.mx/?p=3199

“Heberto Castillo. Grito de Independencia en CU”. Grabación disponible en https://soundcloud.com/ccu-tlatelolco/heberto-castillo-grito-de-independencia-en-cu

Krauze, Enrique, “Los puentes de Heberto Castillo”, 13 de abril de 1997. En www.enriquekrauze.com.mx/joomla/index.php/biogr-retrato/99-biogra-de-la-sociedad-civil-y-la-ciudadania/255-puentes-heberto-castillo.html

Castillo Juárez, Itzel, “Si te agarran, te van a matar”, El Universal, 26 de septiembre de 2012. En http://www.eluniversalmas.com.mx/columnas/2012/09/97974.php

Jardón, Raúl, 1968: El fuego de la esperanza, Siglo XXI Editores, México, 1998, p. 75.

Gómez Nashiki, Antonio, “1968. Cronología del movimiento estudiantil mexicano”, Nexos, 1 de enero de 1988. En https://www.nexos.com.mx/?p=4996

Jardón, Raúl, op. cit. p.75.

Mejía Madrid, Fabrizio, “El 68 desde el poder: Tres expedientes”, Proceso, 2 de octubre de 2016. En https://www.proceso.com.mx/457075/68-poder-tres-expedientes

Jardón, Raúl, op. cit. p.75.

Álvarez Garín, Raúl, La estela de Tlatelolco, Ed. Ítaca, 2002, México, p. 72.

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Cómo es Palm Beach, la isla de Florida con la población más blanca y rica de EU, el nuevo hogar de Trump

Vecinos de Palm Beach recibieron con banderas y aplausos a Donald Trump el pasado 20 de enero. Pero no todos los residentes están igual de felices.
23 de enero, 2021
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Intentar entrar en una isla a la que pocos días antes ha llegado un expresidente de Estados Unidos con la idea de convertirse en un vecino más no es tarea sencilla.

Menos si ese expresidente es Donald Trump, con toda la pasión, el fervor, la controversia y las medidas de seguridad que lo acompañan.

Carreteras cortadas, desvíos obligatorios y un férreo control policial hacen que sea imposible acercarse a Mar-a-Lago, el resort donde Trump ha pasado largos fines de semana y períodos vacacionales en estos últimos cuatro años y donde ahora tiene intención de establecer su residencia permanente.

Una decisión que ha generado incomodidad entre algunos de los vecinos de Palm Beach, la ciudad en la que se encuentra la imponente construcción y que es conocida por su exclusividad, elitismo y riqueza, pero -sobre todo- por su deseo de mantener ese estatus.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
Las fincas de Palm Beach tienen una flora exuberante.

¿Cómo es este selecto rincón del sur de Florida que Trump definió como paraíso en la Tierra?

Un lugar de retiro

Palm Beach es una ciudad que durante todo el año tiene apenas 11.000 habitantes, una cifra que se triplica en temporada alta (de noviembre a abril), cuando llegan las llamadas “aves migratorias”, personas que normalmente residen en lugares más fríos del país.

Separada del continente por una enorme masa de agua, el lago Worth, los residentes hablan de su ciudad como una isla a la que se puede acceder por la carretera de la costa o a través de una serie de puentes, uno de los cuales conduce directamente hasta Mar-a-Lago.

Mar-a-Lago a lo lejos, Palm Beach

BBC Mundo
Los controles y cortes de carretera impidieron que nos acercáramos al resort de Mar-a-Lago.

Después de manejar una hora y media desde Miami, me dirigía hacia él cuando me encontré con la primera barrera: un letrero con una gran flecha que desviaba todo el tráfico hacia la izquierda.

Quería seguir el recorrido que hizo el convoy que transportó a Trump y familia el pasado miércoles 20 de enero, horas después de haber abandonado la Casa Blanca y la presidencia del país.

Ese día, decenas de seguidores colocados a ambos lados de la carretera le dieron la bienvenida con banderas y carteles de apoyo.

Seguidores de Trump lo reciben en Palm Beach

Getty Images
Los residentes de Palm Beach votaron mayoritariamente por Trump en las pasadas elecciones de noviembre.

Este viernes, lo que había era un caos de autos que daban la vuelta en busca del camino para poder llegar a su destino.

Los atascos y los cortes de carretera son la principal fuente de frustración para una comunidad de personas que, en su mayoría, eligieron Palm Beach como lugar de retiro para no tener que lidiar precisamente con estos fastidios de la vida diaria.

Lujo por todas partes

Encontrada la alternativa para acceder a Palm Beach, llama la atención el contraste con la ciudad que queda atrás, West Palm Beach. No son solo lugares separados por un puente, sino también por millones de dólares.

Un deportivo blanco en la avenida Worth, Palm Beach

BBC Mundo
Los autos de lujo son comunes en las calles de Palm Beach.

Grandes fincas escondidas tras la maleza, con enormes arbustos y plantas cubriendo los muros, una playa larga y estrecha, tiendas de moda con las firmas más exclusivas, galerías de arte y restaurantes con terrazas al sol esperan al curioso visitante.

Los residentes, sin embargo, no se muestran tan abiertos hacia quienes llegamos de fuera.

Ante la pregunta de cómo se sienten ahora que Trump no está de paso, la mayoría prefiere no contestar.

Melissa, una joven que fuma en el exterior de la tienda de ropa en la que trabaja en la avenida Worth, eje del lujo comercial de la ciudad, le dice a BBC Mundo que para ella nada cambia.

“Trump lleva cuatro años viniendo a Mar-a-Lago como presidente, y antes de eso también venía, estamos acostumbrados a los controles y las esperas. Lo único que cambia es que ahora somos más conocidos, aunque la atención también pasará”.

No todos los vecinos asumen la presencia de Trump en la ciudad con tanta naturalidad.

Una batalla legal

“He recibido correos y llamadas de residentes que no quieren que el presidente viva en el condado de Palm Beach”, le cuenta a BBC Mundo Mack Bernard, comisionado del condado de Palm Beach para el distrito 7, al que pertenece Mar-a-Lago.

“Él está en la ciudad, tendrá que alcanzar un acuerdo con la ciudad para ver si puede continuar usando Mar-a-Lago como residencia, tengo entendido que hay limitaciones” explica.

Fachada de Mar-a-Lago

Getty Images
Donald Trump compró Mar-a-Lago en 1985 por US$10 millones.

Las limitaciones a las que se refiere el comisionado datan de 1993, año en el que Trump y el Ayuntamiento de Palm Beach firmaron un pacto por el que el entonces magnate recibía permiso para transformar la mansión en un club social, pero con la contrapartida de no poder usar el edificio como residencia.

Según el convenio, las estancias en el club solo podían ser de 21 días al año, distribuidos en tres semanas no consecutivas. Además, se le imponía al club un máximo de 500 miembros y Trump se comprometía a que al menos un 50% de esos miembros residieran o trabajaran en Palm Beach.

El pasado 15 de diciembre, el abogado Reginald Stambaugh en representación de la familia DeMoss, propietaria de una finca junto a Mar-a-Lago, envió una carta al ayuntamiento y al Servicio Secreto de Estados Unidos en la que denuncia la violación del mencionado acuerdo.

Donald Trump y Xi Jinping

Getty Images
Trump recibió en Mar-a-Lago a líderes internacionales como el presidente de China, Xi Jinping.

“Según el acuerdo de uso de 1993, Mar-a-Lago es un club social y nadie puede residir en la propiedad”, escribió Stambaugh.

“Para evitar una situación embarazosa para todos y darle al presidente tiempo para hacer otros planes de vivienda en la zona, confiamos en que trabajarán con su equipo para recordarles los parámetros del acuerdo de uso ”, proseguía la carta.

“Palm Beach tiene muchas propiedades encantadoras a la venta y seguro que puede encontrar una que satisfaga sus necesidades”.

Sin embargo, el expresidente hizo caso omiso de esta misiva y la Organización Trump emitió un comunicado que decía: “No hay un documento o acuerdo en vigor que prohíba al presidente Trump usar Mar-a-Lago como su residencia“.

Una vivienda en Palm Beach

BBC Mundo
Las propiedades en Palm Beach están muy resguardadas del exterior.

BBC Mundo intentó hablar con el abogado Stambaugh, pero no recibió respuesta.

Una figura extravagante

Conocedores de Palm Beach como el cronista social Laurence Leamer o el agente inmobiliario Rick Rose han apuntado en distintas entrevistas que el desprecio de una parte de la sociedad de Palm Beach hacia Donald Trump no es nada nuevo.

El periodista Ronald Kessler, autor de más de 20 libros sobre la Casa Blanca, el Servicio Secreto y agencias de inteligencia como el FBI o la CIA, cree que esta imagen de rechazo se está exagerando.

Donald Trump saluda

Reuters
Trump goza de apoyo en Florida, estado que ganó en las elecciones de 2016 y 2020.

En entrevista con BBC Mundo, Kessler recuerda que, tanto en 2016 como en 2020, una mayoría de la gente de Palm Beach votó por Trump.

“Siempre ha habido la conocida ‘vieja guardia’ que tiende a ser antisemita y antinegros y a la que nunca le cayó bien. El club de Trump admitía negros y judíos”, indica.

“A algunos no les gusta su estilo, piensan que es extravagante, algo en lo que casi todo el mundo está de acuerdo, pero creo que es solo eso, un segmento de la población”.

Para Kessler, la idea de la carta no tiene fundamento legal.

“El hecho de que vaya a vivir allí no es tan distinto de lo que hacía cuando era presidente, que estaba de viernes a domingo o dos semanas en Navidad, o incluso antes de la presidencia”, afirma.

Map

La ciudad de las donaciones

Palm Beach es el segundo municipio del condado del mismo nombre y recibió categoría de ciudad el 17 de abril de 1911, tras descubrirse que la vecina West Palm Beach iba a intentar anexarse la isla ese mismo año.

Después de más de 100 años de elegante evolución, Palm Beach es una comunidad volcada en los eventos sociales, no en vano el conjunto de sus residentes dona más dinero per cápita a organizaciones caritativas que cualquier comunidad de todo Estados Unidos.

“La ciudad gira en torno a los bailes caritativos que se organizan”, señala Ron Kessler.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
En Palm Beach se celebran numerosos eventos de recaudación de fondos para donarlos a causas sociales.

“Ponen tanta atención en las decoraciones y en la comida como en el dinero que donan. Hay comités para estos bailes, se dan peleas internas para ver quién es el miembro de la alta sociedad más querido o la reina social de Palm Beach”, agrega.

“Esa es su industria. Son todos ricos, no necesitan trabajar, por lo tanto, tienen esa forma de socializar y estas jerarquías”.

Mar-a-Lago

Trump aterrizó en ese ambiente en 1985 cuando compró Mar-a-Lago por US$10 millones.

La mansión de 126 habitaciones había sido propiedad de Marjorie Merriweather Post, dueña de General Foods, que murió en 1973 y se la dejó en herencia al gobierno de Estados Unidos como una posible “Casa Blanca de invierno”.

El gobierno la devolvió en 1981. Después de comprarla, Trump se gastó millones en rehabilitar la propiedad mientras vivía allí por temporadas, generalmente entre noviembre y mayo, cuando el clima de Florida es atemperado.

Vista aérea de Mar-a-Lago

Reuters
El club Mar-a-Lago tiene 7 hectáreas de extensión.

A principios de los 90, Trump entró en dificultades financieras por la caída de los precios de los inmuebles y el fracaso de varios de sus negocios y le dijo al ayuntamiento que no podía hacerse cargo de los US$3 millones anuales que costaba el mantenimiento.

Fue entonces cuando se firmó el acuerdo por el que Trump pudo convertir Mar-a-Lago en un club social en el que, hoy día, los miembros pagan una cuota inicial de US$200.000 y una tarifa anual de US$14.000.

Mar-a-Lago es lo más cercano al paraíso. Lo dice Trump y yo estoy de acuerdo”, sostiene Ron Kessler, que ha visitado el lugar en varias ocasiones.

“Cualquiera que está allí queda deslumbrado por la belleza, el follaje, el agua a los dos lados de la isla, el beach club que está en el océano, las dos piscinas climatizadas a unos 25 grados todo el año, la comida, las bebidas… es espectacular, una maravilla”.

Autoridades esquivas

La descripción que realiza el escritor estadounidense encaja con el porte de las otras mansiones que se adivinan detrás de las verjas y las frondosas palmeras.

Fachada en la avenida Worth

BBC Mundo
Hay mucha reserva de las autoridades y los residentes de Palm Beach para hablar con la prensa.

Cuando intento acercarme a Mar-a-Lago desde la zona norte, una barrera similar a la que había en el puente indica que el paso de todos los vehículos, excepto los de los residentes, está prohibido.

Hay un control policial a un kilómetro y medio de distancia de la casa de Trump. Los agentes explican que el perímetro seguirá activo durante unos días.

“Poco a poco recuperaremos la normalidad, ahora está todo muy reciente y las amenazas son reales“, nos dice uno de los policías.

Tanto la Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach como el Departamento de Policía de la ciudad responden a nuestras preguntas con el mismo mensaje: “La prioridad es garantizar la seguridad no solo de Trump sino de todos los residentes”.

Seguidores de Trump y un vehículo del sheriff del condado de Palm Beach

EPA
La Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach lleva años colaborando con el Servicio Secreto para la protección de Trump y su familia.

Respecto a la disputa por la posible residencia permanente de Trump, las autoridades de la ciudad se muestran esquivas.

Desde el Ayuntamiento, la alcaldesa, la republicana Gail Coniglio, no reacciona a nuestra solicitud de entrevista.

El administrador de la ciudad, Kirk Blouin, nos hace llegar un escueto mensaje: “El Ayuntamiento no está al tanto de la intención de Trump en este sentido. Cuando sepamos, como un hecho, que el presidente Trump pretende residir en Mar-a-Lago abordaremos el asunto de la forma apropiada”.

Una función positiva

Por su parte, el comisionado Mack Bernard, del gobierno del condado, intenta encontrar las ventajas de tener una figura tan relevante en el vecindario.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
La diferencia de riqueza entre Palm Beach y su vecina West Palm Beach es abrumadora.

“Cuando tienes un expresidente que vive en tu distrito, mi forma de pensar es preguntarme qué cosas positivas pueden salir de esto”, le dice Bernard a BBC Mundo.

Para el comisionado, Trump podría ayudar a la ciudad y al condado a abordar mejor los problemas causados por la pandemia.

“Tenemos muchos residentes que no han sido vacunados y también hay muchos de sus seguidores que no creen en el distanciamiento social o en la importancia de llevar mascarilla”, expone.

Playa de Palm Beach

BBC Mundo
La playa de Palm Beach tiene unos 5 kilómetros de extensión.

“Al igual que hay expresidentes que adoptan causas que son monumentales y pueden cambiar el país, espero que mientras Trump sea uno de nuestros residentes use su poder y su micrófono para influir en la actitud de sus seguidores y abogar por que los residentes del condado de Palm Beach sean vacunados”.

Queda por ver si los reservados habitantes de Palm Beach verían con buenos ojos esta nueva función del expresidente y terminarían por acogerlo como uno de los suyos.


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