Comisiones de la verdad por regiones, como propone AMLO, no darían resultados, según expertos 

Las comisiones regionales para la verdad "fragmentan a las víctimas", no permiten que se conforme un colectivo nacional, opinó Guillermo Trejo, experto en temas de justicia transicional y profesor de la Universidad de Notre Dame.

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Cuartoscuro Archivo

La propuesta del equipo de Andrés Manuel López Obrador de crear comisiones de la verdad por región significa “fragmentar a las víctimas”, no serviría para entender la problemática como país y no llegaría a fincar responsabilidad a nivel institucional, por eso ese esquema no se ha aplicado en experiencias internacionales, afirma Guillermo Trejo, experto en temas de justicia transicional y profesor de la Universidad de Notre Dame.

La estrategia, dijo el experto, debería incluir sólo una comisión de la verdad lo suficientemente robusta para cumplir con los objetivos de un proceso de esta naturaleza: entender los patrones de problemáticas y conductas a nivel nacional, y alcanzar la verdad como insumo para alcanzar la justicia y reparación.

“Ante problemas extraordinarios se requieren mecanismos extraordinarios”, por lo que la pacificación del país debe incluir una comisión de la verdad, pero a la par de investigaciones judiciales para disminuir la violencia en el país, dijo el experto durante el Seminario para periodistas en búsqueda de verdad y justicia, organizado por la organización Quinto Elemento Lab. 

Olga Sánchez Cordero, propuesta para dirigir la Secretaría de Gobernación, informó que una de las estrategias rumbo a la pacificación del país es la creación de comisiones de la verdad sólo en los estados donde se han registrado mayores índices de violencia, por crimen organizado y violaciones a derechos humanos, como Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Chihuahua, Veracruz, y el Estado de México.

Además, habló de hacer comisiones de la verdad por tema, como la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Guerrero, ocurrida el 26 de septiembre de 2014.

Sin embargo, esto último tampoco es recomendable, afirma Jacobo Dayán, especialista en Derechos Humanos y analista internacional. En este caso, por ejemplo, es más recomendable hacer una “comisión de investigación”, porque en una comisión de la verdad se busca explicar las causas del hecho, las consecuencias y entender el fenómeno, pero no hallar a los responsables.

En una comisión de investigación se podría establecer la estrategia para acceder a archivos oficiales, hacer declarar a funcionarios implicados, y conocer el expediente de las instituciones de impartición de justicia para conseguir así resolver el caso, lo que no ocurre en una comisión de la verdad. 

Comisión de la verdad, ¿para qué?

El investigador Guillermo Trejo explicó que la literatura respecto a la justicia transicional sostiene que las comisiones de la verdad deben ser “robustas” y sólo en esa medida sabremos “la magnitud del horror”.

Deben responder al menos cinco cuestiones: quién, qué, a quién, por qué y cómo. Es decir, explicar quiénes son los victimarios, cuál es el tipo de violencia y violaciones a derechos humanos; a quiénes, es decir, las víctimas, por qué ocurre y cómo lo hicieron.

Con esto, además de conocer las historias de las víctimas, la comisión estaría en posibilidad de reunir todos los datos en diferentes fuentes de información, y con método estadístico para dar cifras contundentes. 

Por eso es que Trejo recomienda que sólo haya una comisión nacional y no por estado. “Si uno ve las mejores prácticas a nivel internacional como Perú, Guatemala, Chile, las comisiones regionales no existen porque fragmentan a las víctimas, porque cuando lo regionalizas no permites que se conforme un colectivo nacional”.

Lo peor de ceñirlo sólo a lo local sería “debilitar” los efectos. Es decir, el no explicar una problemática a nivel nacional e incluso internacional no permitiría entender los patrones nacionales en los que se cometen graves violaciones a derechos humanos, y que podrían constituir crímenes de lesa humanidad. Es decir, sería difícil llegar a “una responsabilidad institucional”.

También se necesitaría de múltiples acompañamientos como la ONU, pero un organismo como este no podría estar acompañando a cada comisión regional. Si bien una comisión nacional debe nutrirse de lo local, con oficinas regionales, sólo debe hacerse en función de una estrategia de amplio alcance y no fraccionando.

Las comisiones de la verdad, agregó, deben operar al menos por tres años, y estar integradas por especialistas nacionales e internacionales, que generarán reportes que se hacen públicos y se informan al Ejecutivo.

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