Fonatur remató 2 predios en Cancún, con precios por debajo de su valor catastral
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Fonatur remató 2 predios en Cancún, con precios por debajo de su valor catastral

En abonos y a un costo por debajo del valor catastral, Fonatur permitió a una sola empresa adquirir dos predios en la zona hotelera de Cancún, Playa Delfines y Playa Coral. 
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Por Agustín Ambriz / Luces del Siglo
24 de septiembre, 2018
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El Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) puso de oferta y remató dos predios costeros en la zona hotelera de Cancún, a un solo postor.

En similar proceso de licitación, aunque con tres meses de diferencia entre sí, la empresa Pulso Cancún Nizuc SAPI de C.V. ganó la oferta de los predios K-56 en Playa Delfines y 4A-1 en Playa Coral, a precios por debajo de su valor catastral y con facilidades de pago a cinco años.

El monto total por ambos predios –con superficie de 17 mil 212.76 metros cuadrados– suma 55 millones 008 mil 990 pesos, y para amarrar la compra Pulso Cancún Nizuc desembolsó de entrada la cantidad de 11 millones 126 mil 092 pesos, el 20 por ciento, por los conceptos de “depósito en garantía de seriedad” y “enganche”.

El saldo restante, de 43 millones 882 mil 898 pesos, lo pagará la empresa en 60 cómodas mensualidades, es decir hasta el año 2023, ya cuando los predios seguramente adquieran un valor superior.

De acuerdo con documentos oficiales, la venta del predio K-56 de Playa Delfines, con una superficie de 9 mil 215 metros cuadrados, se realizó el 21 de diciembre de 2017, mediante la oferta de 2 mil 090 pesos el metro cuadrado, con base en la cotización realizada por el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indaabin).

El avalúo final de 19 millones 269 mil 893 pesos, representa apenas el 45.4 por ciento del valor que se le asigna a este predio en la cédula catastral del municipio de Benito Juárez, el cual asciende a la cantidad de 42 millones 369 mil 450 pesos.

Aún así, el Fonatur informó que el concurso público de este terreno se realizó cumpliendo lo establecido en las Políticas de Comercialización internas.

“Fonatur siguió todos los procedimientos indicados dentro de sus Políticas de Comercialización para la venta de este lote mediante concurso público, en el cual solo se presentó un postor al que a la postre, y de acuerdo a lo establecido en las Políticas mencionadas, se le asignó el predio con la oferta que presentó”, expuso Martín Guillermo Merino Westphal, director de Comercialización.

Y efectivamente, la venta se realizó a partir de la “oferta unilateral” presentada por el comprador Carlos Kamkhaji Ambe en su calidad de representante de la empresa Pulso Cancún Nizuc, quien igualmente estableció el esquema de abonos mensuales (de 224 mil 698 pesos) durante los próximos cinco años.

La operación para la venta del lote 4A-1 en Playa Coral, se realizó el 22 de marzo de 2018, a partir también de una “oferta unilateral de compra” presentada por Kamkhaji Ambe bajo el mismo esquema de pago en abonos y a un costo por debajo del valor catastral.

Dicho predio está ubicado en el kilómetro 25 del Bulevar Kukulkán, a un costado del centro de diversiones Ventura Park, y a siete kilómetros  de Playa Delfines.

El 27 de abril, Fonatur aprobó la “oferta unilateral” presentada por la empresa y mediante escrito firmado por el subdirector de ventas, Francisco Javier Cervantes Costa, el organismo federal prácticamente le tendió una alfombra roja de bienvenida al comprador:

“Le agradecemos la confianza que ha depositado en este Fondo al adquirir un bien que, sin duda, se trata de una sólida inversión y un excelente patrimonio para usted y su familia o su empresa.

“Al haber celebrado la compraventa de su inmueble, le informo que las áreas de comercialización y/o administración de ventas de las direcciones regionales podrán orientarle y brindarle la atención que usted se merece en cuanto a los procesos subsecuentes, siendo la ventanilla única de atención en lo que respecta a los siguientes trámites: escrituración de terrenos, proyectos arquitectónicos y seguimiento de obligaciones contractuales”.

El contrato se formalizó el 4 de mayo. Por parte de Fonatur el contrato fue firmado por el entonces director de Comercialización, Juan Bechara Abdo Feres, mientras que por la empresa Pulso Cancún Nizuc lo hizo su representante Carlos Kamkhaji Ambe.

Según el contrato, cuya copia tiene este medio, el lote 4A-1 de Playa Coral mide 7 mil 997.50 metro cuadrados y fue vendido en mil 566.60 pesos metro cuadrado, que en total sumó la cantidad de 12 millones 528 mil 944 pesos, cuando su valor catastral registrado hasta la fecha de la operación era de 12 millones 639 mil 540 pesos (110 mil 506 pesos menos).

Para amarrar la operación, la empresa dio un pago inicial de 626 mil 447 pesos por concepto de “depósito en garantía de seriedad” y como “enganche” otro pago por la cantidad de 3 millones 758 mil 683 pesos.

Los 8 millones 770 mil 260 pesos que restan como saldo, serán pagados por la empresa en 60 abonos mensuales de 146 mil 171 pesos, que se liquidarán hasta junio de 2023, si el comprador no falla.

Ambos terrenos rematados por Fonatur fueron entregados al comprador tras el pago del enganche, por lo que actualmente se encuentran en la etapa de sus respectivos proyectos que contemplan la construcción de “áreas comerciales con un cajón de estacionamiento por cada 60 metros cuadrados construidos”, “restaurante con 1 cajón por cada 40 metros cuadrados” y “áreas de oficina con 1 cajón por cada 50 metros cuadrados”.

Aunque Fonatur informó que tanto el inventario de terrenos del patrimonio federal como los concursos para su venta son públicos, en su página web no existe constancia de tales operaciones.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

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