close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro Archivo

En 2018 jueces desechan el 80% de los casos que envía la PGR; seis veces más que al inicio del sexenio

La Procuraduría se ha hecho más lenta para integrar y resolver casos: hoy el promedio es de más de tres años por expediente.
Cuartoscuro Archivo
5 de septiembre, 2018
Comparte

La ineficacia de la Procuraduría General de la República (PGR) para integrar investigaciones exitosas se ha disparado en el actual sexenio. Mientras que en 2013 los jueces federales desechaban o devolvían solo el 13 por ciento de los casos que consignaba la dependencia, en 2018 ese porcentaje rebasa el 80 por ciento.

Además, la Procuraduría se ha hecho más lenta para integrar y resolver casos – hoy el promedio es de más de tres años por expediente- mientras que la cantidad de órdenes de aprehensión que sus agentes cumplen ha caído casi 50 por ciento.

Este es el panorama que arrojan los indicadores contenidos en los anexos técnicos del Sexto Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, correspondientes al Programa Nacional de Justicia 2013 – 2018.

Una de las metas establecidas para 2018, dentro del referido programa, era que los jueces devolvieran o desecharan solo el 8.2 por ciento de las investigaciones que la PGR consigna. Sin embargo, en lugar de mejorar, la PGR ha retrocedido año con año en este aspecto.

Prueba de ello es que en 2013 el porcentaje de casos desechados o devueltos por un juez era de 12.9 por ciento; para 2014 el indicador creció a 13.5 por ciento de casos rechazados; en 2015 llegó a 17.3 por ciento; en 2016 se disparó a 29.4 por ciento; en 2017 llegó hasta 59.9 por ciento; y en lo que va de este año los casos regresados por los jueces, respecto a los consignados, alcanzan el 80.2 por ciento.

Lo anterior significa que a lo largo del sexenio la proporción de casos fallidos se ha multiplicado por seis, y que hoy apenas 1 de cada 5 carpetas de investigación que se consignan se convierten en procesos penales exitosos.

Y en perspectiva, a la PGR le desechan en proporción 10 veces más casos (80 por ciento) respecto a la meta que el gobierno federal había fijado alcanzar para 2018.

Aunque desde 2013 la PGR ya padecía de una tendencia al alza en cuanto a casos que los jueces federales le rechazaban, su caída en eficacia se ha recrudecido a partir de 2017, año en el que entró en funcionamiento pleno el nuevo sistema penal acusatorio, que exige investigaciones mejor integradas y con pruebas más robustas.

Los números del Sexto Informe de Gobierno evidencian el bajo número de casos que la Procuraduría ha conseguido judicializar, es decir, que los jueces federales los acepten e inicien procesos en contra de los posibles responsables.

Las cifras muestran que de enero a diciembre de 2017 la PGR inició 94 mil 536 nuevas carpetas de investigación que sumadas a las rezagadas dieron un total de 134 mil 564 casos. De ese total señala que atendió 98 mil 381 pero, en la mayoría de los casos, fue para determinar que no había elementos para proceder.

En total, la PGR informa que solo consiguió judicializar 14 mil 929 carpetas de investigación, poco más del 10 por ciento de todas las que trabajó. Y la mayoría de las que fueron judicializadas (9 mil 319) fueron sin personas detenidas.

Atención lenta y pocas aprehensiones

Existen dos indicadores más que el gobierno de Peña Nieto fijó para evaluar su Programa Nacional de Justicia 2013 – 2018: el de atender y resolver en el menor tiempo posible las carpetas de investigación, y el de incrementar el número de órdenes de aprehensión que se ejecutan. Ninguno de ellos se ha cumplido.

En el caso del tiempo que le lleva a la PGR integrar una averiguación previa (hoy carpetas de investigación), al arranque del sexenio (2013) el promedio era casi 250 días. Por ello se estableció como objetivo para 2018 que dicho promedio de tiempo descendiera a 200 días. Pero lejos de acercarse a esa meta, la Procuraduría ha empeorado.

Para 2014 el tiempo promedio requerido para la integración de un caso creció a 273 días; en 2015 subió a 317 días; en 2016 dicho promedio creció a 384 días; en 2017 se disparó a 951 días; y para 2018 dicho promedio ya es de mil 283 días.

Lo anterior significa que, actualmente, a la PGR le toma un promedio de más de tres años integrar y resolver un caso.

Respecto al tema de las órdenes de aprehensión la Procuraduría también muestra un balance negativo. Luego de que en 2013 el promedio era de 31 por ciento de órdenes giradas que los agentes lograban ejecutar, se estableció como meta para 2018 elevar ese porcentaje a 37 por ciento. Pero la realidad hoy, de acuerdo con los datos presentados, es que apenas se ejecutan el 19.6 por ciento de las órdenes de aprehensión que conceden los jueces.

La estadística desglosada de las órdenes de aprehensión muestra que por ejemplo, en 2008 y 2009 se ejecutaban más de 7 mil órdenes de aprehensión al año. Entre 2010 y 2012 descendieron a 6 mil. Para 2013 y 2014 la cifra cayó a 5 mil órdenes. En 2015 fueron apenas cuatro mil;  y en 2016 y 2017 la cifra se ha desplomado a menos de tres mil órdenes cumplidas.

De la misma forma han descendido las órdenes de reaprehensión cumplidas por los agentes ministeriales de PGR. Mientras que en 2014 la PGR reportó 3 mil 99 órdenes de este tipo ejecutadas; para 2015 la cifra descendió a 2 mil 765; en 2016 fueron dos mil 255; y el año pasado apenas mil 786.

Recursos humanos estancados

Los recursos humanos de la Procuraduría General de la República (PGR) no han visto ningún crecimiento relevante a lo largo del actual sexenio. Incluso en algunos casos han disminuido.

Prueba de ello es el número de agentes del Ministerio Público Federal, que son los fiscales responsables de coordinar las investigaciones. Mientras que en 2013 había 4 mil 188 agentes, para 2018 la cifra descendió a 4 mil 176.

Otro dato relevante es el de agentes de la Policía Federal Ministerial, que son los encargados de la investigación en el campo y de la ejecución de las órdenes de aprehensión, entre otros. En 2006 la PGR llegó a contar con más de 8 mil elementos pero en los años siguientes  la cifra ha descendido. De acuerdo con el informe en 2018 la Procuraduría cuenta con 5 mil 239 elementos, que es un crecimiento de apenas 3.5 por ciento

Cabe señalar además que no todos los policías ministeriales se dedican a investigar delitos, pues hay varios comisionados como guardias de seguridad o escoltas.

Y en cuanto a peritos, en 2018 la PGR reporta mil 975 expertos  en 2018 en sus filas que si bien, es una cifra menor a la del año pasado, es 15 por ciento mayor respecto a los peritos con los que se contaba al arranque del sexenio.

Incompetencia comprobada

Animal Político ha publicado recientemente dos ejemplos, con datos oficiales de la propia dependencia, que muestran cómo la PGR inicia carpetas de investigación pero no las resuelve.

Uno de ellos es en el tema de los homicidios. En ocho años la Procuraduría ha investigado más de 400 casos de asesinatos de agentes federales o de crímenes de alto impacto vinculados a la delincuencia organizada, pero en ese periodo apenas ha conseguido obtener dos sentencias condenatorias. Una efectividad inferior al uno por ciento.

Otro ejemplo son los desvíos de recursos reportados por la Auditoría Superior de la Federación. La PGR reportó que ha iniciado 486 averiguaciones y carpetas de investigación por las denuncias de los auditores, sin embargo, al día de hoy no hay una sola persona detenida ni una sentencia conseguida. Algunos de estos casos datan de hace más de diez años.

Violaciones a derechos humanos, al alza

Otro indicador negativo para la Procuraduría General de la República es el de recomendaciones a derechos humanos. De acuerdo con el anexo estadístico del informe, entre 2013 y 2015 la dependencia recibió menos de cinco recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos por año.

Sin embargo para 2017 la PGR reportó 11 recomendaciones recibidas de parte de la CNDH que es la mayor cifra recibida en un año por lo menos desde el 2000 que es cuando hay registro. Y en los primeros seis meses de 2018 la cifra ya era de ocho recomendaciones recibidas, por lo que podría superarse la cifra récord del año pasado.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo los seres humanos aprendimos a comer plantas que podrían matarnos

La capacidad innata del ser humano de imitar y aprender de otros nos permitió evolucionar culturalmente y desarrollar procesos complicados, como la preparación de alimentos que en su estado natural son dañinos.
8 de septiembre, 2019
Comparte
Ilustración de Robert Burke, William Wills y John King llegando a Cooper's Creek, en 1861

Getty Images
Robert Burke, William Wills y John King llegando a Cooper’s Creek en 1861.

En 1860, Robert Burke y William Wills llevaron a cabo la primera expedición europea por el hasta entonces mayormente desconocido interior de Australia.

No les fue muy bien. Debido a una combinación de liderazgo pobre, mala planificación y mala fortuna, Burke, Wills y su compañero de viaje John King se quedaron sin comida en el trayecto de regreso.

Quedaron varados en un arroyo llamado Cooper’s Creek, ya que no pudieron encontrar la manera de transportar suficiente agua para cruzar un tramo de desierto hasta el puesto colonial más cercano, llamado irónicamente el Monte Hopeless (Sin Esperanza, en inglés).

“No hemos podido abandonar el arroyo”, escribió Wills. “Ambos camellos murieron y nuestras provisiones se agotaron. Estamos tratando de vivir de la mejor manera posible”.

La población local, la tribu yandruwandha, parecía prosperar a pesar de las condiciones que Wills y sus colegas encontraban tan difíciles.

Los yandruwandha le dieron a los exploradores pasteles hechos con semillas trituradas de una planta que conocían como nardoo (Marsilea drummondii), un helecho parecido a un trébol de cuatro hojas.

Nardoo flotando en un lago en Australia

Getty Images
El nardoo, que aparece flotando aquí en primer plano, es un tipo de helecho originario de Australia.

Burke se peleó con los aborígenes e, imprudentemente, los alejó con un disparo de su pistola.

Pero el trío pensó que, tal vez, había aprendido lo suficiente como para sobrevivir.

Así que, cuando encontraron nardoo fresco, decidieron hacer sus propios pasteles.

Al principio, todo parecía estar bien. Satisfacían su apetito, pero se sentían cada vez más débiles.

Una semana más tarde, Wills y Burke estaban muertos.

Resulta que preparar el nardoopara hacerlo comestible es un proceso complejo.

Este helecho está lleno de una enzima llamada tiaminasa, que es tóxica para el cuerpo humano. La tiaminasa descompone el suministro de vitamina B1 del cuerpo, lo que impide al organismo absorber los nutrientes de los alimentos.

A pesar de que Burke, Wills y King tenían sus estómagos llenos, estaban muertos de hambre.

Los yandruwandha cocinaban las esporas de nardoo, molían la harina con agua y exponían los pasteles a cenizas. Con estos pasos hacían que la tiaminasa fuera menos tóxica. No es algo que uno aprende a hacer por casualidad.

Apenas vivo, King se arrojó a la merced de los yandruwandha, quienes lo mantuvieron con vida hasta que llegó la ayuda europea, meses más tarde.

Fue el único miembro de la expedición que sobrevivió.

La otra yuca

Raíces de yuca

Getty Images
La yuca es un alimento básico en los países tropicales. Pero no hay que confundirla con la otra yuca, la amarga o brava.

Tan tóxica como el nardoo es la yuca amarga o brava, que no hay que confundir con la otra yuca, la dulce, un tubérculo que se consume a diario en varios países de América Latina, entre otros.

Los niveles de cianuro o ácido cianhídrico presentes la yuca amarga, si no es tratada y cocinada de forma adecuada, pueden causar desde intoxicación hasta un fallo masivo en los órganos vitales, como el hígado y el cerebro.

Y también una afección llamada konzo, cuyos síntomas incluyen la parálisis repentina de las piernas.

Pero en 1981, en Nampula, Mozambique, un joven médico sueco llamado Hans Rosling no sabía nada de esto. Como resultado, la situación que enfrentó fue profundamente desconcertante.

Cada vez más personas acudían a su clínica con parálisis en las piernas.

¿Podría ser un brote de polio? No. Los síntomas no aparecían en ningún libro médico.

Con Mozambique entrando en una guerra civil ¿podría ser el efecto de armas químicas?

Llevó a su esposa Agneta y a sus hijos pequeños a un lugar seguro y continuó sus investigaciones.

Fue la colega del doctor Rosling, la epidemióloga Julie Cliff, quien finalmente descubrió lo que estaba sucediendo.

Los enfermos estaban comiendo alimentos a base de yuca amarga que había sido procesada de manera incompleta.

Hambrientos y desnutridos, no podían esperar lo suficiente para que fuera segura para el consumo. Como resultado, desarrollaron konzo.

Prueba y error

Hay plantas tóxicas en todas partes.

A veces, adecuadamente procesadas, pueden ser comestibles.

Pero ¿cómo aprende alguien a realizar la preparación elaborada que necesita la yuca o el nardoo?

No es algo que aprende una sola persona, según Joseph Henrich, un biólogo evolutivo.

Henrich sostiene que este conocimiento es cultural.Nuestras culturas evolucionan a través de un proceso de prueba y error análogo a la evolución en especies biológicas.

Al igual que la evolución biológica, la evolución cultural puede, con el tiempo suficiente, producir resultados impresionantemente sofisticados.

Alguien da con un paso que parece hacer que la planta tóxica sea menos riesgosa; eso se difunde y se descubre otro paso. Con el tiempo, pueden evolucionar rituales complejos, cada uno ligeramente más efectivo que el anterior.

En América del Sur, las tribus han aprendido los muchos pasos necesarios para desintoxicar por completo la yuca amarga: raspar, rallar, lavar, hervir el líquido, dejar reposar el sólido durante dos días y luego hornear, para hacer un pan ácimo llamado casabe.

Preparación de harina de mandioca en Brasil.

Getty Images
Preparación de harina de mandioca en Brasil.

Si les preguntas por qué hacen esto, no mencionarán el cianuro de hidrógeno. Simplemente dirán: “Esta es nuestra cultura”.

En África, la yuca se introdujo recién en el siglo XVII. No venía con un manual de instrucciones, así que la intoxicación por cianuro sigue siendo un problema ocasional.

La gente toma atajos porque el aprendizaje cultural aún es incompleto.

Henrich argumenta que la evolución cultural es a menudo mucho más inteligente que nosotros.

Ya sea para construir un iglú, cazar un antílope, prender un fuego, hacer un arco largo o procesar la yuca amarga, no aprendemos entendiendo los principios de las cosas, sino imitando.

Una mujer en la aldea brasileña de Bannibas preparando casabe de yuca.

Getty Images
Una mujer en la aldea brasileña de Bannibas preparando casabe de yuca.

Un estudio desafió a los participantes a colocar pesas en los radios de una rueda para maximizar la velocidad a la que rodaba por una pendiente.

Los datos sobre la prueba más exitosa de cada participante se le pasaban a una nueva persona.

Debido a que se beneficiaban de los experimentos anteriores, a los últimos participantes les fue mucho mejor.

Sin embargo, cuando se les preguntó, no podían explicar por qué algunas ruedas rodaban más rápido que otras.

Otros estudios muestran que los humanos somos los únicos primates que tenemos el instinto de imitar.

Las pruebas revelaron que los chimpancés y los humanos de dos años y medio tienen capacidades mentales similares, a menos que el desafío sea aprender copiando a alguien.

Los niños pequeños son mucho mejores copiando que los chimpancés.

Y los humanos copiamos rituales, algo que no hacen los chimpancés. Los psicólogos llaman a esto sobreimitación.

Podría parecer que en esto los chimpancés son los más inteligentes. Pero si estás procesando raíces de yuca amarga, la sobreimitación es exactamente lo que debes hacer.

Un niño jugando con un chimpancé

Getty Images
Un niño puede copiar comportamientos mucho mejor que un chimpancé de la misma edad.

Si Henrich tiene razón, la civilización humana se basa menos en inteligencia pura que en una capacidad altamente desarrollada para aprender unos de otros.

A lo largo de las generaciones, nuestros antepasados acumularon ideas útiles gracias a la prueba y el error, y la siguiente generación simplemente las copió.

Sin duda, algunas ideas menos útiles se mezclaron con ellas, como la necesidad de un baile ritual para que lleguen las lluvias, o la convicción de que sacrificar una cabra persuadirá al volcán para que no entre en erupción.

Pero en general, pareciera que nos fue mejor copiando sin preguntar que asumiendo, como los chimpancés, que éramos lo suficientemente inteligentes como para poder determinar qué pasos podríamos ignorar de manera segura.

Claro que la evolución cultural solo nos puede llevar hasta cierto punto.

Ahora tenemos el método científico para decirnos que sí, realmente necesitamos dejar reposar la mandioca durante dos días, pero no, al volcán no le importan las cabras.

Cuando comprendemos los principios de las cosas podemos avanzar más rápidamente que mediante prueba, error e imitación.

Pero no debemos menospreciar el tipo de inteligencia colectiva que salvó la vida de King.

Es lo que hizo posible la civilización, y también el funcionamiento de la economía.


Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=16AhQaStWxg

https://www.youtube.com/watch?v=gFkihTytGRU

https://www.youtube.com/watch?v=NqngeECM8oA

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.