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¿Qué es un país en bancarrota y por qué México no lo está, como dijo AMLO? Esto dicen los expertos

En México, aunque en este sexenio el endeudamiento ha crecido de forma importante, alrededor de 15 puntos porcentuales del PIB de 2013 a 2016, está “a años luz” de llegar a la bancarrota, opinan expertos.
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Por Itxaro Arteta
18 de septiembre, 2018
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En su primer día de vuelta a los mítines multitudinarios, en lo que Andrés Manuel  López Obrador ha llamado “gira de agradecimiento” por su triunfo, el presidente electo dijo que el país está “en bancarrota”. Una declaración que no solo contrasta con su postura de hace dos semanas, cuando consideró que recibía un país sin crisis financiera, sino que además no es real, según especialistas en finanzas públicas.

La directora de México ¿cómo vamos?, Valeria Moy, explica que una declaración de bancarrota es cuando una persona, empresa, o incluso un país, anuncia que ya no puede pagar las deudas que tiene. En México, detalla, aunque en este sexenio el endeudamiento ha crecido de forma importante, alrededor de 15 puntos porcentuales del PIB de 2013 a 2016, está “a años luz” de llegar a la bancarrota.

“No ha llegado a ser un tema que preocupe a los mercados financieros. Incluso esta deuda que consideramos alta, los mercados financieros y sobre todo las calificadoras empezaron a cuestionarla, y se contuvo, en 2017 se frenó la subida. Entonces yo creo que a nivel macroeconómico tenemos cosas sólidas; sí a nivel microeconómico hay muchos temas que resolver, como salarios, productividad, distribución del ingreso, pobreza”, aseguró.

Según datos de la Secretaría de Hacienda, al cierre de 2017 la deuda externa del sector público federal ascendía a alrededor de 194 mil millones de dólares, lo que representó el 46.2% del Producto Interno Bruto (PIB).

Mariana Campos, experta en gasto público de México Evalúa, coincide en que no hay un riesgo de bancarrota, aunque advierte que el país sí viene de un periodo en el que fue creciendo el déficit, es decir, que se gastaba más de lo que se ganaba. En 2017 hubo una pequeña recuperación, agrega, pero muy insuficiente.

“Hemos venido manejando desde 2009 las finanzas públicas de una manera insostenible, con un indicador que se llama balance primario que es negativo. Eso nos dice que nuestros ingresos no son suficientes para cubrir los intereses de nuestra deuda, entonces para pagar los intereses nos tenemos que endeudar.  Es como si pagas con una tarjeta los intereses de otra tarjeta”, señala.

México sí estuvo en bancarrota… en 1982

“El país lleva 30 años en bancarrota, desde que se está aplicando la política neoliberal”, fue lo que dijo López Obrador el domingo pasado.

Lo cierto es que el país sí entró en bancarrota hace 36 años, justo antes de que empezaran a aplicarse políticas neoliberales. En agosto de 1982, en el fin del gobierno de José López Portillo, el entonces secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, anunció la suspensión de pagos a acreedores extranjeros, e inició una renegociación de la deuda con Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Se sufre un castigo muy fuerte cuando un país entra en moratoria de pagos porque los demás préstamos que te den, te los van a dar en una tasa altísima, por el riesgo de que no pagues. A México le tomó más de una década poner en orden sus finanzas públicas y generar nueva credibilidad”, subraya Campos.

En el mundo no es común que un país se declare en bancarrota. Grecia llegó en 2015 a no poder pagar sus deudas, pero pasó por varios rescates con duras condiciones impuestas por la zona Euro, desde que su economía se fue a pique por la crisis mundial de 2008.

Argentina es identificado por las especialistas como el caso más claro de un país que cayó en bancarrota, cuando en 2001 declaró cesación de pagos de su deuda externa.

¿Hay crisis o no?

El pasado 4 de septiembre, después del sexto y último informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, López Obrador mostró una visión más optimista del país al ser cuestionado por los resultados del último sexenio.

“No tenemos una crisis financiera, no nos está pasando lo que está sucediendo en Argentina. Eso también hay que considerarlo. Sí tenemos problemas graves, hay mucha pobreza, mucha inseguridad, violencia, pero hay condiciones también, hay ánimo, esperanza en la gente de que las cosas van a mejorar”, declaró en un viaje a Monterrey.

Animal Político buscó  al equipo económico del equipo de transición para pedir detalles sobre la situación económica en que considera que está el país, pero no obtuvo respuesta.

Tras las declaraciones de López Obrador, el secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, negó en un foro con empresarios que México esté en bancarrota, aseguró que tiene finanzas públicas sanas y dijo que el crecimiento económico ha sido superior al de países como Chile, Brasil, Estados Unidos y Colombia.

“Me parece que también exagera Hacienda diciendo que las finanzas públicas gozan de cabal salud, que la deuda es incluso baja en relación a otros países. Comparar eso es como decir que el vecino tiene cinco tarjetas de crédito, pero gana diez veces más que yo”, critica Campos.

Las expertas consultadas coinciden en que no hay una crisis, ni siquiera una situación de recesión económica, pero sí hay mucho que mejorar.

Campos pone como ejemplo de la situación la salud de una persona: no es lo mismo alguien que aunque tiene una salud débil y se fatiga, sigue con su vida y va a trabajar, que cuando llega a un punto de en el que tiene que ser internado en el hospital. Así México tiene mala salud económica, pero no está en crisis.

“No estamos en problemas graves”, considera Valeria Moy. “El tema es que el crecimiento económico ha sido muy mediocre a lo largo de mucho tiempo; no es que no hayamos crecido, pero sí hemos crecido poco. Problemas hay muchísimos, dista de estar donde tendría que estar, tendría que haber más crecimiento, más rápido, empleo mejor pagado; o sea, en todo eso estoy completamente de acuerdo, pero no daría el brinco a decir que estamos en bancarrota”.

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El empresario que gastó más de un millón de dólares para vivir 180 años

Se inyecta células madre en el cuerpo, electrodos en la cabeza, toma baños de luz infrarroja y nitrógeno. Así vive el empresario Dave Asprey, fundador del café Bulletproof, cuya receta proviene de Tíbet.
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26 de junio, 2019
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Dave Asprey planea vivir hasta los 180 años. De verdad, no es una broma, él está convencido de que puedo lograrlo.

“No creo que sea ciencia ficción”, dice el empresario estadounidense de 45 años, fundador de la marca de culto de café, Bulletproof.

“Alguien tiene que hacerlo, y yo estoy dispuesto a morir intentándolo”.

Mientras mucha gente lo describe como un excéntrico, Asprey se define como “el primerbiohacker profesional del mundo”.

Un biohacker es una persona que usa la ciencia y la tecnología para intentar mejorar su salud “pirateando” o “hackeando” su propia biología, a menudo haciendo cosas que el resto de nosotros consideraríamos un poco locas.

Y el régimen al que ha sometido a su cuerpo no decepciona. Su búsqueda de la inmortalidad lo ha llevado a que le extraigan parte de la médula ósea cada seis meses, para conseguir algunas de sus células madre y luego inyectárselas en todo el cuerpo.

Dave Asprey

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Asprey mantiene un estricto régimen de ejercicios.

También usa parte de su tiempo en una cámara de crioterapia, que utiliza nitrógeno para enfriar su cuerpo. Y como si fuera poco, se da “baños” de luz infrarroja y se pone electrodos en la cabeza.

Cuenta que ha gastado más de US$1 millón para mejorar el funcionamiento de su cuerpo y su cerebro.

El financiamiento de sus aventuras proviene de la popularidad de su marca de café Bulletproof, un producto que él califica como un biohackeador del cuerpo.

El café se hace con una inusual receta que requiere que los consumidores compren tres productos por separado: café, al que se le agrega mantequilla, y una forma purificada de aceite de coco.

Aunque se le podría agregar cualquier mantequilla o aceite de coco, él vende “la versión original”.

Asprey asegura que el producto puede ayudar a mejorar la salud física y mental de una persona. Y tiene sus adeptos.

Bulletproof

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El empresario asegura que su receta de café ayuda a mejorar la salud mental y física.

Desde que Asprey comenzó a vender el producto en 2012, estima que se han consumido más de 160 millones de tazas.

El exitoso emprendimiento ha conseguido inversiones por más de US$68 millones, dice Asprey, y se ha expandido hasta convertirse en una marca más amplia que incluye productos alimenticios como barras de proteínas, camisetas y libros de dietas.

Asprey ha sido objeto de duras críticas, especialmente de profesionales de la salud, quienes argumentan que el emprendedor no tiene ninguna certificación médica ni entrenamiento nutricional.

Y señalan que agregarle mantequilla al café no es saludable.

La idea del café se le ocurrió en 2004 mientras viajaba por el Tíbet.

Nacido en Nuevo México, Asprey desarrolló una carrera exitosa como ejecutivo de tecnologías de la información en Silicon Valley.

Pero con el paso de los años adquirió sobrepeso y se enfermó. Dice que en su peor momento llegó a pesar 136 kilos.

Tibet

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La idea del café Bulletproof se le ocurrió durante un viaje a Tíbet.

Como una forma de mejorar su salud, Asprey viajó al Tíbet para aprender a meditar.

Y mientras hacía una caminata por la montañas, le ofrecieron una taza de té con mantequilla de yak (un pariente del búfalo y el visón).

“Después de tomarlo me di cuenta de que mi cerebro se sentía mejor“, dice.

Después de volver a California, comenzó a experimentar hasta llegar a su propia versión del brebaje.

El emprendedor asegura que toma su café todas las mañanas y que le ayudó a “cambiar mi vida y perder 45 kilos”.

Yak

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En vez de utilizar leche de yak, Asprey usa mantequilla de vaca.

Desde que nació el negocio en 2012, su crecimiento fue gradual, hasta que en 2016 las ventas aumentaron cuando comenzó a distribuirlo en la cadena de supermercados Whole Foods Market.

Jonny Forsyth, investigador del grupo Mintel, dice que aunque los cuestionamientos al café Bulletproof persisten, la marca ha logrado ser bastante influyente.

“La ciencia detrás de los beneficios para la salud del producto sigue siendo difusa”, explica.

“Pero tiene una poderosa narrativa para los consumidores“.

Dave Asprey

Dave Asprey
Bulletproof ha sido objeto de duras críticas.

Sin embargo, Aisling Pigott, nutricionista y portavoz de la Asociación Británica Dietética, tiene una mirada crítica.

Nunca recomendaría el café Bulletproof, porque tiene calorías y grasa extra sin proveer ningún otro valor nutricional”, argumenta.

“No hay ningún beneficio en agregarle mantequilla al café”.

Asprey se muestra consciente de las críticas, pero apunta que otros profesionales dicen que las dietas altas en grasas -y bajas en azúcar- son buenas.

“Tenía artritis en mis rodillas y síndrome de fatiga crónica. Tenía disfunción cognitiva y estaba bajo el riesgo de un ataque al corazón. Era pre-diabético y me sentía terrible todo el tiempo”, cuenta.

“Logré cambiar todo eso”.

Asprey además destaca que, a diferencia de las dietas modernas, su producto está basado en un costumbre tibetana ancestral.

“Me siento bien de ser parte de una dieta con más de 4.000 años”.


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