A 50 años del movimiento estudiantil, jóvenes reviven la #MarchadelSilencio
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Arturo Daen

A 50 años del movimiento estudiantil, jóvenes reviven la #MarchadelSilencio

La protesta conmemoró los 50 años de la marcha estudiantil de 1968, a la que acudieron casi 300 mil personas.
Arturo Daen
Por Paris Martínez y Jorge Ramis
13 de septiembre, 2018
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Encabezados por los alumnos y alumnas del CCH Azcapotzalco (atacados por grupos porriles a principios de mes), así como por padres y madres de universitarios y universitarias asesinadas en la UNAM, y por integrantes del Comité del 68, miles de jóvenes caminaron este 13 de septiembre del Museo de Antropología al Zócalo capitalino, para conmemorar los 50 años de la Marcha del Silencio, aquella con la que el movimiento estudiantil de 1968 se plantó ante la sociedad mexicana como una respuesta ordenada y organizada a la represión, y no como el grupo de “vándalos” que el gobierno presentaba en sus mensajes políticos.

“Hoy se actualiza el movimiento del 68 –explicó Gastón Martínez, que en 1968 representó a la Prepa 8 en el Consejo Nacional de Huelga, la directiva del movimiento estudiantil–, porque nuestra intención en ese entonces fue salir a las calles para informar al pueblo, para platicarle a la gente los problemas que existían de violaciones a derechos humanos, para platicarles de los presos políticos… o sea, estábamos como hoy, que requerimos que se respeten los derechos humanos, que aparezcan los desaparecidos, porque los gobiernos del PRI y del PAN convirtieron este país en un baño de sangre, de crímenes y de desapariciones forzadas.”

Tal como en 1968, subrayó por su parte Marcia Gutiérrez, quien en su juventud representó a la Facultad de Odontología ante el CNH, “sigue viva la demanda de desaparición de los grupos porriles… cuando yo era estudiante, nosotros, en nuestro plantel, peleábamos con los porros hoy, peleábamos mañana y pasado mañana, para nosotros los porros eran lo peor, porque son grupos que se intersectan con la autoridad, que es al final la que controla a estos grupos. Hace 50 años, como ahora, nosotros estábamos seguros de que el problema de la violencia, de los grupos porriles en las universidades, el problema de la represión, sí se pueden resolver.”

Entre el contingente de estudiantes del CCH y el contingente de los sobrevivientes de la represión de 1968, un pequeño grupo de manifestantes sirvió de puente: el de familias de universitarios asesinados en los últimos años, portando en silencio las imágenes de Luis Roberto Malagón Gaona, asesinado en 2017 dentro de la UNAM; y de Carlos Sinuhé Cuevas y Mónica Guadalupe Gutiérrez Vega, asesinados en 2011 y 2017 respectivamente, siendo alumnos de la máxima casa de estudios.

Y detrás del Comité 68, marcharon los compañeros y familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa, detenidos y desaparecidos hace 4 años en Iguala, Guerrero.

Estos cuatro grupos conformaron la vanguardia de la Marcha del Silencio, seguida por una fila de contingentes estudiantiles no sólo de la UNAM, sino también de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, el Instituto Politécnico Nacional y el Instituto Nacional de Bellas Artes, entre otros.

Casi todos respetaron el acuerdo de la asamblea interuniversitaria de replicar la manifestación silenciosa de hace 50 años, aunque el conteo del 1 al 43, en reclamo de justicia para los normalistas de Ayotzinapa, y el grito “Fuera porros de la UNAM”, brotaron innumerables veces a lo largo del recorrido.

Y otros más, como los alumnos de danza de la UNAM, respetaron el acuerdo de no lanzar consignas verbales, pero marcharon siempre con un rítmico zapateado tradicional, ondeando al aire paliacates rojos, abanderados por una pancarta en la que se leía “Por mi raza danzará mi espíritu”.

Sin presencia policiaca, y estorbada sólo por la lluvia que por momento caía sobre Reforma, la vanguardia de la marcha tardó dos horas en ingresar al primer cuadro de la ciudad, y ese avance se realizó, al mismo tiempo que desde el equipo de sonido que acompañaba la marcha se daba lectura al discurso que, hace 50 años, leyó el representante estudiantil Eduardo Valle, en la Marcha del Silencio del 68.

“Las vendas quemadas no serán colocadas en nuestros ojos de nueva cuenta –se escuchó en las calles del Centro, tal como hace medio siglo–, porque algo importante hemos ganado: la conciencia de la acción. Ahora discutimos cómo romper las cadenas, no si se pueden romper. Nadie piensa ahora que no importa estar atado, hemos vivido la libertad en las calles, hemos vivido democracia en miles de asambleas, mítines y manifestaciones. Cuando se conoce lo dulce de la libertad, jamás se olvida, y se lucha incansablemente por nunca dejarla de percibir.”

 

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El inquietante aumento de los suicidios entre las mujeres en Japón durante la pandemia

Los efectos económicos y sociales de la pandemia y una conducta de imitación por casos de suicidio entre celebridades están impulsando este "impactante" fenómeno en el país asiático.
23 de febrero, 2021
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Japón informa de los suicidios con mayor rapidez y precisión que cualquier otro país del mundo. A diferencia de la mayoría de los países, se recopilan las cifras al final de cada mes.

Durante la pandemia de covid-19 los números han contado una historia inquietante.

En 2020, las tasas de suicidio en Japón subieron por primera vez en 11 años. Lo más sorprendente es que, mientras los suicidios masculinos descendieron ligeramente, las tasas entre las mujeres se dispararon casi un 15%.

Solo en octubre, la tasa de suicidios femeninos en el país dio un salto de más del 70%, en comparación con el mismo mes del año anterior.

¿Qué está ocurriendo? ¿Y por qué la pandemia parece estar afectando mucho más a las mujeres que a los hombres?

*Advertencia: Algunos pueden encontrar el contenido de esta historia perturbador

Encontrarse cara a cara con una joven que ha intentado suicidarse en repetidas ocasiones es una experiencia inquietante. Ha despertado en mí un nuevo respeto por quienes trabajan en la prevención del suicidio.

Estoy sentada en un centro de acogida en el barrio rojo de Yokohama, dirigido por una organización benéfica dedicada a la prevención del suicidio que se llama Proyecto Bond.

Al otro lado de la mesa hay una mujer de 19 años, con el pelo recogido. Está sentada. Muy quieta.

En silencio, sin mostrar emoción alguna, empieza a contarme su historia.

Dice que todo empezó cuando tenía 15 años. Su hermano mayor empezó a abusar de ella con violencia. Al final se escapó de casa, pero eso no puso fin al dolor y la soledad.

Acabar con su vida parecía la única salida.

“Desde el año pasado por estas fechas, he estado entrando y saliendo del hospital muchas veces”, me cuenta.

“Intenté muchas veces suicidarme, pero no lo conseguí, así que ahora supongo que he renunciado a intentar morir”.

Lo que la detuvo fue la intervención del Proyecto Bond. Le encontraron un lugar seguro para vivir y empezaron a darle asesoramiento intensivo.

Jun Tachibana es la fundadora del Proyecto Bond. Es una mujer fuerte, de 40 años, con un optimismo infatigable.

Jun Tachibana

BBC
Tachibana, del Proyecto Bond, afirma que la covid-19 parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

“Cuando las chicas tienen verdaderos problemas y sufren, realmente no saben qué hacer”, asevera.

“Nosotros estamos aquí, dispuestos a escucharlas, a decirles: estamos con vosotras”.

Tachibana afirma que la pandemia parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

Describe algunas de las desgarradoras llamadas que ha recibido su personal en los últimos meses.

Escuchamos muchas frases como “Quiero morir” o “No tengo adónde ir”, asegura. “Dicen: ‘Es tan doloroso, me siento tan sola que quiero desaparecer'”.

Para quienes sufren abusos físicos o sexuales, la pandemia ha empeorado mucho la situación.

“Una chica con la que hablé el otro día me confesó que su padre la acosa sexualmente”, cuenta Tachibana.

“Pero, debido a la pandemia, su padre no trabaja mucho y está más en casa, así que no puede escaparse de él”.

Un patrón “muy inusual”

Si se observan los anteriores periodos de crisis en Japón, como la crisis bancaria de 2008 o el colapso del mercado bursátil y la burbuja inmobiliaria a principios de la década de 1990, el impacto se dejó sentir sobre todo en los hombres de mediana edad.

Se observaron grandes picos en las tasas de suicidio masculino.

Pero la crisis de la covid-19 es diferente, está afectando a los jóvenes y, en particular, a las mujeres jóvenes. Las razones son complejas.

Número de suicidios en Japón. 2008 - 2020. .

Japón solía tener la tasa de suicidio más alta del mundo desarrollado.

En la última década, ha tenido un gran éxito en la reducción de las tasas de suicidio: han caído alrededor de un tercio.

La profesora Michiko Ueda es una de las principales expertas en suicidios de Japón. Me cuenta lo impactante que ha sido presenciar el fuerte retroceso de los últimos meses.

“Este patrón de suicidios femeninos es muy, muy inusual”, me revela.

“Nunca había visto un aumento tan grande en mi carrera como investigadora en este tema. Lo que ocurre con la pandemia de coronavirus es que las industrias más afectadas son las que cuentan con personal femenino, como el turismo y el comercio minorista y las industrias alimentarias”.

Japón ha visto aumentar considerablemente el número de mujeres solteras que viven solas -muchas de ellas optan por ello en lugar de casarse- lo que desafía los tradicionales roles de género que aún perviven en el país.

La profesora Ueda afirma que las mujeres jóvenes también son mucho más propensas a tener empleos precarios.

depresión

Getty Images
En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

“Muchas mujeres ya no están casadas”, relata.

“Tienen que mantener su propia vida y no tienen trabajos permanentes. Así que, cuando ocurre algo, por supuesto, se ven afectadas muy duramente”.

“El número de pérdidas de empleo entre el personal no permanente es enorme en los últimos ocho meses”.

Hay un mes que destaca. En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

Los titulares de los periódicos dieron la voz de alarma.

Algunos comparaban el número total de suicidios de hombres y mujeres en octubre (2.199) con el número total de muertes en Japón por coronavirus hasta ese momento (2.087).

Algo particularmente extraño estaba ocurriendo.

El 27 de septiembre del año pasado, una actriz muy famosa y popular llamada Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa. Después se conoció que se había quitado la vida.

Yuko Takeuchi

Getty Images
La actriz japonesa Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa y los expertos han percibido un efecto de imitación.

Yasuyuki Shimizu es un antiguo periodista que ahora dirige una organización benéfica dedicada a combatir el problema del suicidio en Japón.

“Desde el día en que se hace público que un famoso se ha quitado la vida, el número de suicidios aumenta y se mantiene así durante unos 10 días”, estima.

“A partir de los datos podemos ver que el suicidio de la actriz el 27 de septiembre provocó 207 suicidios femeninos en los 10 días siguientes”.

Si se observan los datos de los suicidios de mujeres de la misma edad que Yuko Takeuchi, las estadísticas son aún más reveladoras.

“Las mujeres de 40 años fueron las más influenciadas de todos los grupos de edad”, sostiene Shimizu.

“Para ese grupo (la tasa de suicidio) se duplicó con creces”.

Otros expertos coinciden en que existe una conexión muy fuerte entre los suicidios de famosos y un repunte inmediato de los suicidios en los días posteriores.

El fenómeno de los famosos

Este fenómeno no es exclusivo de Japón, y es una de las razones por las que informar sobre el suicidio es tan difícil.

Cuanto más se hable del suicidio de un famoso en los medios de comunicación y en las redes sociales, mayor será el impacto en otras personas vulnerables.

Una investigadora de este tema es Mai Suganuma. Ella misma vivió de cerca un suicidio. Cuando era adolescente, su padre se quitó la vida.

Ahora colabora en apoyar a las familias de otras personas que se han suicidado.

Y al igual que el coronavirus está dejando a familias sin poder llorar a sus seres queridos, también está haciendo más difícil la vida a los parientes de las víctimas de suicidio.

“Cuando hablo con los familiares, su sentimiento por no poder salvar a su ser querido es muy fuerte, lo que a menudo hace que se culpen a sí mismos”, explica Mai Suganuma.

People walk past the entrance of an Karaoke store closed due to the spread of the conoravirus in Tokyo

Getty Images
Las calles de Japón se han vaciado por la tercera ola de la pandemia.

“Yo también me culpé por no haber podido salvar a mi padre”.

“Ahora les dicen que deben quedarse en casa. Me preocupa que el sentimiento de culpa se haga más fuerte. Para empezar, los japoneses no hablan de la muerte. No tenemos una cultura de hablar de los suicidios”.

Japón se encuentra ahora en la tercera ola de infecciones por covid-19, y el gobierno ha ordenado un segundo estado de emergencia.

Es probable que se prolongue hasta bien entrado febrero. Más restaurantes, hoteles y bares están cerrando sus puertas. Más personas están perdiendo sus empleos.

Para Ueda hay otra pregunta persistente. Si esto ocurre en Japón, sin cierres estrictos, y con relativamente pocas muertes por el virus, ¿qué está ocurriendo en otros países donde la pandemia es mucho peor?


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