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César Reveles

Multifamiliar Tlalpan: vecinos lidian con reconstrucción lenta e irregularidades

Cinco constructoras trabajan en la rehabilitación de 9 edificios y en la reconstrucción del 1C, donde murieron 9 personas. A un año de la tragedia, damnificados narran su experiencia y dan testimonio sobre los trabajos que ahora se llevan a cabo.
César Reveles
Por César Reveles
17 de septiembre, 2018
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Doce meses de incertidumbre, de vivir en campamentos improvisados, de manifestarse, de exigir a las autoridades, pero siempre con una certeza: sus vidas no podían detenerse aquel 19 de septiembre de 2017.

Los vecinos del Multifamiliar Tlalpan aguardan la rehabilitación en los 9 edificios que quedaron de pie, y la reconstrucción del edificio 1C que colapsó con el sismo de magnitud 7.1 que sacudió el centro del país.

Leer: Roban pertenencias a damnificados del Multifamiliar Tlalpan

Sus caras demuestran el cansancio de un año de lucha. Aunque los trabajos iniciaron hace algunas semanas, el proceso para los damnificados no ha sido fácil, y están conscientes de que sus condiciones de vida podrían mantenerse así por lo menos 10 meses más.

“Vivir en un campamento es pesado, nos inundamos, se echan a perder nuestras cosas, hemos perdido mucho pero no nos podemos victimizar, sino sacar nuestra fortaleza”, comenta a Animal Político Guadalupe Padilla, propietaria del departamento 25 del edificio 4A.

Tras varias asambleas con los vecinos del Multifamiliar, el gobierno capitalino, a través de la Comisión de Reconstrucción, inició los trabajos para el edificio 1C el pasado 24 de julio; el 13 de agosto comenzaron las obras de rehabilitación en los otros nueve edificios que complementan el complejo habitacional.

Animal Político visitó las obras y recopiló los testimonios de los damnificados. Algunos de ellos reconocen que si bien la Comisión de Reconstrucción cumplió con dar luz verde al proceso de rehabilitación, los trabajos hechos hasta ahora no han cumplido del todo con sus expectativas iniciales.

Actualmente en las obras trabajan cinco constructoras distintas. Cuatro de ellas se encargan de 9 edificios y una se dedica, en coordinación con el INVI, a la reconstrucción del 1C.

El presupuesto asignado por la Comisión de Reconstrucción al Multifamiliar Tlalpan ronda los 315 millones de pesos, aunque el dinero no ha sido depositado.

Carlos Luz, otro de los damnificados, y quien es parte del equipo de vecinos que trabaja con las constructoras, explica que para la elección de éstas no hubo ninguna licitación.

“Al inicio la Comisión de Reconstrucción nos entregó un catálogo con 61 constructoras, citamos a todas pero solo llegaron 11, de esas declinaron 3 porque consideraron que no podrían con la complejidad de la obra. De las 8 restantes solo quedaron 5, las cuales aceptaron el proyecto y ahí fue cuando se asignaron los edificios”.

Las cinco constructoras que laboran en el multifamiliar son:

Constructora REM (se encarga de los edificios: 3B, 4A, 4B y 4C); Corporación de Servicios Nacionales (3A); Tabicón y Mecate (1C); Constructora DPE (3C), y Constructora Gabsa (2A, 2B y 2C).

Carlos detalla que cada una de estas constructoras presentó su catálogo de conceptos, es decir, evaluaron los daños de los edificios que les fueron asignados y calcularon la cantidad que requerían para los trabajos de rehabilitación. Los montos fueron autorizados por la Comisión de Reconstrucción, y fue así que se asignaron los 315 millones de pesos.

“Para los edificios tipo 3 (3A, 3B y 3C) se asignaron alrededor de 50 millones de pesos; para los tipo 2 (2A, 2B y 2C) 100 millones de pesos, y para los tipo 4 (4A, 4B y 4C) entre 110 y 120 millones de pesos, los recursos restantes son los correspondientes a la reconstrucción del 1C”, agrega Carlos.

Los trabajos de reconstrucción del edificio 1C se mantienen en pausa. Foto: César Reveles.

Aun quedan algunas varillas retorcidas del 1C, a lado, las varillas que serán usadas para el nuevo edificio. Foto: César Reveles.

La diferencia de presupuesto para cada uno de los edificios tiene que ver directamente con el tipo de daño y los trabajos de rehabilitación que se harán. Según Carlos, los tres edificios tipo 4 son los que presentan mayores daños y por ende requieren más dinero.

Caso especial es el del 3B, el cual estuvo a punto de colapsar, sin embargo el cálculo para su rehabilitación es menor pues son departamentos más pequeños.

Carlos detalla que las obras del 1C se frenaron hace más de 10 días pues el proyecto presentado por la inmobiliaria encargada (Tabicón y Mecate) no convenció del todo a los dueños de los departamentos, y al personal del INVI, pero esperan que en los próximos días se hagan los ajustes necesarios y continúen con las obras.

Explica que los recursos de la Comisión de Reconstrucción no han sido depositados ya que el contrato aún se está detallando. “Queremos unificar el contrato, que sea uno solo para los 9 edificios y otro para el 1C. Mientras tanto las constructoras empezaron a trabajar con sus propios fondos, pero en estos días tendremos listo el contrato y los recursos estarían disponibles”.

Denuncian irregularidades en las obras

Guadalupe Padilla asegura que, a la fecha, como dueños de los departamentos no han recibido una copia del proyecto a realizar, además de que, según cuenta, el trato de la Constructora REM, encargada de las obras de su edificio, ha sido inadecuado.

“A partir de que llegaron nos dieron solo cinco días para sacar nuestros muebles de los departamentos, los ingenieros nos apresuraron. Yo me negué a sacar mis pertenencias y entregar mis llaves pues no hay un contrato firmado aún, así yo no tengo la certeza de qué es lo que harán”.

Hace unos días Guadalupe fue víctima de un robo. Por la mañana hizo una visita a su departamento, salió y cerró con llave, pero cuando regresó por la tarde-noche la chapa estaba forzada y la puerta abierta. Se llevaron sus alhajas, una pantalla y unas cobijas.

Más allá del robo, lo que ella reclama es la irregularidad y falta de seguridad que impera en las obras. “No puede ser que a plena luz del día los trabajadores abran a la fuerza los departamentos para robar lo poco que tenemos, y que ni los policías ni los ingenieros se percaten”.

Desde ese día tiene que cerrar su departamento con una cadena.

La chapa de la casa de Guadalupe fue forzada. Foto: César Reveles.

Le robaron algunas alhajas y una pantalla. Foto: César Reveles.

Algo parecido le sucedió a Cheryl Mackey, dueña del departamento 35 del edificio 2B.

Cheryl cuenta que los ingenieros encargados de su edificio (Constructora Gabsa) les explicaron a grandes rasgos, sin mostrar planos o un proyecto en forma, los trabajos que llevarían a cabo.

“Dijeron que el mayor daño estaba en las cocinas y en los baños, y preguntamos qué harían en las escaleras pues están sumamente dañadas, y contestaron que esas no estaban contempladas en el proyecto. Desde ahí perdí la confianza porque no entendía por qué los habían contratado a ellos”, comenta.

Señala que ha habido mucha omisión en cuanto a la información, “la administradora de mi edificio no nos ha mostrado los contratos. Nuestra pregunta es: ¿por qué nos corrieron, por qué la premura si no hay contratos?”

Ante estas condiciones, y por la falta de dinero para pagar una mudanza, Cheryl decidió no vaciar su departamento, sin imaginar que esto le traería más problemas.

El día que los vecinos del edificio 2B fueron citados para entregar sus llaves, ella no lo hizo y, como represalia y por una decisión entre vecinos, asegura, le cortaron el agua.

Se apresuró entonces para sacar sus pertenencias. “En esos días me detectaron Epoc (enfermedad pulmonar), para mí era muy difícil sacar mis cosas entre tanto polvo y sin agua para poder humedecer mis fosas nasales, solicité varias veces que me regresaran el servicio, pero no quisieron”.

Con el paso de los días Cheryl empeoró por el Epoc, tuvo que ausentarse 5 días, sin embargo dejó todas sus cosas listas solo para subirlas a la mudanza.

Al cabo de esos días regresó para sacar las cajas y bolsas que ya tenía preparadas. “El ingeniero no me dejó pasar, argumentando que era por seguridad, me dijo que estaban demoliendo cuando ni siquiera nos habían enseñado el proyecto”.

Ante la negativa, regresó cinco días después con la mudanza que se llevaría sus cosas. Un trabajador intentó detenerla nuevamente pero hizo caso omiso, y al llegar a su departamento se dio cuenta que estaba cerrado por dentro.

“Cuando por fin pude entrar vi que ya habían tumbado mi balcón, la ventana que estaba a lado de éste ya estaba rota, supongo que por ahí entraron. En las recámaras todas las cajas y bultos que había empacado estaban deshechas, todo estaba regado en el piso”.

A Cheryl le robaron toda su herramienta, por lo que asume que fueron los trabajadores de la obra, sin embargo a la fecha no ha denunciado los hechos pues aún no decide si iniciar un averiguación previa contra quien resulte responsable o solo levantar una acta de hechos, “de cualquier forma mis pertenencias no las recuperaré”.

Cuando Cheryl entró a su departamento encontró sus cosas tiradas en el piso y fuera de las bolsas que había preparado. Foto: Cheryl Mackey. 

A la fecha, Guadalupe y Cheryl se dicen inconformes por los hechos suscitados, y esperan que a la brevedad les sea entregada toda la información solicitada, incluyendo planos, contratos y calendario de trabajo.

Lamentan que las respectivas constructoras no asuman la responsabilidad de los robos y no asuman el compromiso de respetar sus pertenencias.

Al entregar las llaves de sus departamentos todos los vecinos firmaron una acta de entrega-recepción, en la que se estipula que los departamentos serán entregados en un lapso aproximado de 9 meses.

La carta firmada por los vecinos cuando entregaron las llaves de sus casas a las inmobiliarias. Foto: Cheryl Mackey. 

“Gracias por el apoyo y el amor”

A más de un mes de haber iniciado las obras la mayoría de los edificios muestran indicios de trabajo. Algunos ya no tienen balcones, en otros han retirado las ventanas, y tirado las paredes.

El recorrido de Animal Político en el Multifamiliar es guiado por Guadalupe, al llegar a su departamento suelta un suspiro y abre el candado que ahora es su única cerradura.

“Adquirir este departamento me costó mucho, por eso mi preocupación de recuperarlo. Quiero dejar algo a mis nietas, no me gustaría regresar a un lugar que solo tendrá una vida de 10 años”.

Al salir de su edificio solo hay que caminar escasos 50 metros para llegar al lugar donde colapsó el 1C. La maquinaria está parada, se nota que llevan días sin trabajar, solo queda un hueco en donde estaban los cimientos. Los escombros han sido retirados, en una esquina aún hay algunas varillas retorcidas, la desolación y el recuerdo de las nueve personas que murieron sigue latente.

La casa de campaña donde vive Guadalupe Padilla desde hace un año. Foto: César Reveles.

Guadalupe recuerda cómo hace un año ese mismo sitio estaba lleno de personas de la sociedad civil que retiraban, uno a uno, los escombros tratando de rescatar a quienes quedaron atrapados.

“A todos ellos quiero agradecerles el apoyo y amor con el que nos ayudaron, aquí estuvieron, nos cubrieron con su amor y a todos aquellos que vinieron a sacar cadáveres y auxiliar a los heridos, mil bendiciones por su fuerza y el valor que tuvieron, son las cualidades que debemos aprender”.

Resignada Guadalupe cree que aún vivirá en el campamento un año más

“Trato de mejorar mi entorno, durante este año he sacado un aprendizaje muy grande, porque ahora entiendo que de las derrotas tienes que sacar las victorias. Estoy juntando material para hacer mi casita de madera, y la casa de campaña, para vivir en condiciones agradables durante este periodo”.

Espera que aquellos ciudadanos que no tuvieron pérdidas materiales ni humanas hayan aprendido el sentido de la unidad, “porque trabajando todos unidos las cosas caminan de otra manera, que no sea un 19 de septiembre el que nos una, deberíamos tener siempre la misma sintonía, y colaborar juntos como lo hicimos los primeros días después del sismo”.

Por su parte, Carlos Luz se dice contento por lo logrado tras meses de trabajo con el gobierno de CDMX, pero a la vez se confiesa un tanto desesperado pues ha sido un proceso largo.

Comprende la preocupación de algunos de sus vecinos, pero pide que tengan confianza en que las cosas se harán bien y todos podrán regresar a sus casas con la seguridad que merecen.

“Me gustaría que tengan la certeza de que velaremos por sus patrimonios, no dejaremos que se haga un mal trabajo, confiamos en que regresaremos a departamentos seguros y estaremos supervisando las obras para que así sea”.

Agradece a la sociedad que ayudó durante meses, “desde el primer momento se acercaron para apoyarnos y así como lo hicieron deben tener la certeza de que si el día de mañana les toca a ellos, nosotros estaremos ahí y no los dejaremos solos”, finaliza.

Será en estos días cuando los planos finales estén listos para que todos los vecinos conozcan a detalle las obras y la Comisión de Reconstrucción libere los recursos.

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Gordofobia: 'Me he pasado la vida temiendo que me llamen gorda'

Megan Jayne Crabbe tardó casi dos décadas en aceptar su cuerpo. Hoy, la "influencer" intenta ayudar a quienes se sienten incómodos con su apariencia a través de su cuenta de Instagram.
18 de noviembre, 2019
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Megan Jayne Crabbe

Natalie Lam
“La fobia a la gordura provoca discriminación y acoso en el mundo real todos los días”, dice Megan Jayne Crabbe, quien tiene más de un millón de seguidores en Instagram.

Megan Jayne Crabbe tenía cinco años cuando comenzó una guerra contra su cuerpo.

En su primer día de clases, en lugar de hacer amigos, se comparaba con sus compañeros y decía que era la “gordita”.

Hoy tiene más de un millón de seguidores en Instagram, e intenta usar la plataforma social para ayudar a quienes se sienten incómodos con su cuerpo.

Pero lo cierto es que Megan tardó casi dos décadas en aceptar su propio cuerpo. Los años que precedieron a eso estuvieron marcados por dietas, una anorexia devastadora e, incluso, un período en un hospital psiquiátrico.

A los 21 años, después de haber abandonado el colegio y luego la universidad, alcanzó su peso objetivo. Pero, aún así, ella “odiaba todo” sobre sí misma.

“Sabía que no importaba el peso que alcanzara. Nunca sería suficiente”, dice Megan, quien ahora tiene 26 años.

“No podía continuar con esa vida. Mi trastorno alimentario me había consumido, perdí mucho tiempo y me negué a que continuara consumiéndome más”, agrega.

Movimiento “positividad corporal”

Megan Jayne Crabbe

Megan Jayne Crabbe
“Sabía que no importaba el peso que consiguiera, nunca sería suficiente”, dice Megan, de 26 años.

Sin quererlo, Megan conoció el movimiento social “positividad corporal” que aboga por la aceptación de todos los cuerpos, independiente de la apariencia.

“No sé cómo me topé en Instagram con la imagen de una mujer en bikini que hablaba de aceptar su cuerpo, de no hacer dieta y vivir su vida tal como era. Nunca hasta entonces había creído que fuera una opción”, cuenta.

Fue entonces cuando su vida cambió.

Comenzó a publicar mensajes y fotos positivas respecto a su cuerpo en su cuenta de Instagram, @bodyposipanda, acumulando cientos de miles de seguidores.

En sus publicaciones, ella se refiere a sí misma como “gordita” y anima a sus seguidores a adoptar este tipo de lenguaje.

“La palabra ‘gorda’ tenía el poder de noquearme. He pasado mi vida temiendo que me llamen gorda, ni siquiera podía ver la palabra”, explica.

“Cuando conocí el movimiento positividad corporal, empecé a ver la gordura de una forma diferente. La palabra gorda es solo una forma de describir un cuerpo y necesitamos recuperarla”.

Fobia a la gordura

Megan comenzó a hacer dieta a los 10 años, diciéndoles a sus padres que quería llevar una vida “más saludable”. Sin embargo, al poco tiempo sus padres se dieron cuenta de que se había convertido en algo dañino.

Cuando tenía 14 años, le diagnosticaron un trastorno alimentario y a los 20 años, odiando que su cuerpo le “ocupara tanto espacio cerebral”, dejó la universidad y asumió el cuidado de su hermana Gemma, que tiene parálisis cerebral.

Ahora se describe a sí misma como activista, modelo, escritora y oradora. Recientemente realizó una gira por Reino Unido en la que cantó, bailó y habló sobre la cultura de la dieta ante una audiencia de 2,000 personas.

Además, Megan fue invitada al Parlamento británico para hablar con la Oficina de Igualdad sobre la imagen corporal.

La influencer planteó que el tema de la “fobia a la gorduradebería reconocerse como una forma de prejuicio.

Megan y Gemma Crabbe

Megan Jayne Crabbe
Megan asumió el cuidado de su hermana Gemma, quien tiene parálisis cerebral.

“No podemos tener una conversación sobre la imagen corporal sin abordar la fobia a la gordura”, dice.

“Muchas de nuestras inseguridades tienen sus raíces en el miedo a estar demasiado gordas, y para las personas que efectivamente tienen cuerpos más grandes, la fobia a la gordura provoca discriminación y acoso en el mundo real todos los días”, agrega.

Megan dice que suele recibir críticas en las redes sociales de los que aseguran que sus mensajes promueven un estilo de vida poco saludable.

Pero ella afirma que el debate sobre qué es la vida sana no debería girar en torno al peso.

“No espero que las personas amen necesariamente sus cuerpos, sino que los respeten”, dice.

“Me siento afortunada de haber encontrado el movimiento de la positividad corporal a la edad a la que lo hice, porque recibo muchos mensajes de mujeres mayores que han pasado sus vidas odiando sus cuerpos, y acaban de aprender a aceptarse a ellas mismas”.

Respeto por el cuerpo

Megan Jayne Crabbe

Linda Blacker
Megan Crabbe cree que la fobia a la gordura debería reconocerse como una forma de prejuicio.
Megan Jayne Crabbe

Megan Jayne Crabbe
La activista, modelo y oradora realiza giras para hablar de la “cultura de la dieta”.

Aunque muchos clasifican a Megan en la categoría de influencer, ella prefiere evitar esta descripción, porque dice que “muchas personas lo hacen para su propio beneficio”.

Ella, más que nada, quiere utilizar las redes sociales para hacer frente a la cultura de la dietay con ello espera ayudar a otros a construir una vida basada en algo más que la apariencia.

“Ha sido un proceso muy largo para aceptar todo lo que creía sobre el peso y la belleza, y luego obligarme a cuestionarlo. Tuve que llegar a un punto de respeto básico por mi cuerpo y aprender a no odiar mi reflejo”, dice.

“Ahora quiero ayudar a otras personas a lograr esto”, añade.

“Cuando tenía cinco años pensé que estar gorda era lo peor que me podía pasar. Había internalizado ese mensaje a una edad tan temprana, que he recorrido un largo camino. He estado una vida odiándome a mí misma y no quiero que nadie más se sienta así”, conluye.


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