¿Por qué no deja de llover? ¿Qué intenta decirnos la naturaleza?
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¿Por qué no deja de llover? ¿Qué intenta decirnos la naturaleza?

Los científicos están investigando cómo el calentamiento global supercarga tormentas monstruosas como el huracán Florence.
Por Fred Guterl, Nina Godlewski y Ml Nestel/Newsweek en Español
30 de septiembre, 2018
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Conforme el huracán Florence se acercaba a la diminuta población costera de Wilmington, Carolina del Norte, Steven Pfaff se consoló con la idea de que no había llovido mucho en agosto.

Confiaba en que el absorbente suelo asimilaría cualquier escarmiento que Florence impusiera, pues cuando en 2016 el huracán Matthew arribó en la entidad, el suelo ya estaba empapado y los vientos derribaron fácilmente los árboles arraigados en la tierra reblandecida.

Pfaff se refugió en las oficinas del Servicio Meteorológico Nacional (NWS), donde el meteorólogo coordinaba alertas. El sitio estaba adaptado con contraventanas y un refugio contra tornados; mas los vientos de 160 kilómetros por hora no serían la peor parte de la tempestad. Cuando Florence tocó tierra, avanzó con extrema lentitud, soltando aguaceros torrenciales. Desde su escritorio, Pfaff pudo oír el crujir de la madera cuando los árboles cedían al embate. La oficina olía a carpintería.

“El suelo se saturó rápidamente”, recuerda. “Esa defensa se perdió de inmediato. Los ríos que yacían por debajo del nivel de inundación alcanzaron niveles históricos en algunas zonas. Así de intensa fue la lluvia”.

Anthony Norris observaba el diluvio desde la vecina Elizabethtown. Como subjefe de bomberos, ya había experimentado condiciones climáticas adversas por lo que, al principio, Florence no lo impresionó. “Se parecía a las tormentas pasajeras normales”, revela. Pero, entonces, las calles se inundaron una tras otra, hasta que la población quedó aislada: nadie podía entrar ni salir.

Poco después, NWS publicó cifras que contaron toda la historia: más de 65 centímetros de precipitación en Wilmington y casi 90 en Elizabethtown, equivalentes a un semestre de lluvia. En solo una semana, Carolina del Norte recibió más de 8 billones de galones de agua. La tormenta dejó a 10,000 personas en refugios y cientos más sin energía eléctrica. Al menos 37 personas murieron durante la tempestad.

Si bien son raras las tormentas que sueltan tal cantidad de lluvia, estos fenómenos se han vuelto más frecuentes que antes. Solo en las últimas semanas, varias tormentas han cuestionado el concepto de normalidad. Mientras Florence asolaba Carolina del Norte, un ciclón tropical soltaba casi la misma cantidad de lluvia en Texas, aunque la precipitación abarcó un área mucho mayor. El tifón Mangkhut golpeó el sureste asiático y mató, por lo menos, a 81 filipinos; muchos de ellos por derrubios que sepultaron viviendas y refugios.

Imagen: Chip Somodevilla/Getty Images

La reciente andanada de tormentas forma parte de una tendencia que ha reactivado las divisiones partidistas sobre el cambio climático (página 29). Están aumentando las grandes tempestades con precipitaciones intensas; y los datos de la Evaluación Nacional sobre el Clima de Estados Unidos demuestran que, entre 1958 y 2012, las lluvias de los “fenómenos de precipitación intensa” han aumentado en todo el territorio estadounidense, aunque la mitad oriental del país se ha llevado la peor parte. En el noreste, la precipitación aumentó 71 por ciento, mientras que los incrementos en el medio oeste y el sureste han sido de 37 y 27 por ciento, respectivamente.

También van en aumento las tormentas violentas —aunque su velocidad ha disminuido y ahora anegan el suelo—. El año pasado algunas partes de Houston recibieron más de 127 centímetros de lluvia del huracán Harvey y sufrieron daños por 125,000 millones de dólares (poco después llegaron los huracanes Irma y María, que dejaron daños por más de 100 millones de dólares en Florida, Puerto Rico y el Caribe).

Más que el viento, la lluvia fue la principal fuerza destructora cuando la tormenta se detuvo durante días sobre Texas. Y Florence siguió el mismo patrón. Cruzó el Atlántico como un huracán categoría 5, y perdió velocidad al aproximarse a la costa. “Justo después de tocar tierra, se desplazaba a 3.2 kilómetros por hora —habrías podido correr más rápido que su velocidad de avance—”, comenta Scott Weaver, director del Programa Nacional para Reducción de Impactos por Huracanes en Gaithersburg, Maryland.

El servicio meteorológico lo reclasificó como ciclón tropical debido a que los vientos eran más moderados de lo esperado, pero la lentitud de su avance permitió que las lluvias tuvieran más tiempo para causar estragos.

¿Qué intenta decirnos la Madre Naturaleza? Tal vez lo mismo que han dicho los científicos climáticos desde hace años: las emisiones de gases de invernadero, en particular el dióxido de carbono derivado de los combustibles fósiles, hará que aumente la intensidad de las grandes tormentas de alta precipitación.

Esto es lo que revelan sus “modelos climáticos”, unos enormes programas computarizados que sirven para predecir el clima de los próximos 50 a 100 años. Dichos modelos combinan datos sobre el comportamiento de las tormentas y el ambiente circundante, incluyendo la cantidad de gases de invernadero que hay en la atmósfera, cuánto se han fundido los casquetes polares, cuánto calor hay en los océanos, y demás información. Esos modelos son de una complejidad fabulosa, pero su física básica es bastante simple: el aire caliente retiene humedad y esto se traduce en más lluvia.

Imagen: REUTERS/Jason Miczek

Los modelos climáticos recogen todos esos datos y hacen proyecciones, igual que los modelos meteorológicos predicen la cantidad de lluvia en determinado fin de semana, si bien expresan sus resultados en estadísticas, en vez de hacer afirmaciones de causalidad. Sabemos que el tabaquismo aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer pulmonar, pero es imposible determinar si tu tío enfermó porque fumaba dos cajetillas al día.

Por esa razón, los científicos no pueden asegurar que el cambio climático engendró a Florence. Debido a la polarización política del cambio climático, la probabilidad pone a los científicos en aprietos retóricos. Es difícil convencer al público o a los legisladores con proyecciones de un futuro a largo plazo, expresadas como probabilidades. Por ejemplo, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático afirma que, para el año 2100, las temperaturas promedio de Estados Unidos aumentarán entre 1.6 y 6.6 grados centígrados, una afirmación que hemos escuchado en muchas ocasiones.

Kevin Reed reflexionaba en este problema mientras Florence se aproximaba a la costa este. Científico climático de la Universidad de Stony Brook, Reed se reunió con varios colegas —entre ellos Michael Wehner, del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley— y decidieron averiguar cuánto estaba influyendo el cambio climático en la tormenta inminente; algo parecido a investigar qué habría pasado si tu tío nunca hubiera fumado.

Lo que llevó a Reed a siquiera considerar semejante esfuerzo es la creciente potencia de las computadoras que corren los modelos climáticos. Hasta hace poco, los modelos climáticos y meteorológicos eran dos cosas completamente distintas. Los modelos meteorológicos podían hacer predicciones de hasta una semana, pero se saturaban al pronosticar las condiciones a uno o 50 años en el futuro.

Los modelos climáticos presentaban la dificultad opuesta: podían visualizar una imagen más amplia, mas carecían de la resolución necesaria para centrarse en fenómenos específicos, como un huracán. Los científicos han superado este obstáculo en años recientes. Y para lograr su objetivo, Reed tomó un modelo climático y lo ajustó para hacer predicciones de Florence.

El 10 de septiembre, mientras Florence seguía sobre el Atlántico y avanzaba hacia Carolina del Norte, Reed y sus colegas fueron a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y consiguieron montones de datos que describían, exactamente, el aspecto de Florence justo a las 20:00 horas horario del este: miles de lecturas de temperatura, humedad, presión barométrica, velocidad de los vientos y otros muchos datos que habían recogido los satélites, las sondas y los barcos meteorológicos.

Después de ingresar toda la información en el modelo climático (las “condiciones iniciales”, en jerga nerd), Reed corrió el programa y obtuvo una predicción sobre la evolución de la tormenta durante los siete días siguientes. El modelo mostró lo mismo que decían los informes meteorológicos: Florence llegaría a la costa de Carolina del Norte, cerca de Elizabethtown y Wilmington; perdería velocidad y soltaría más de 50 centímetros de lluvia.

Después, volvieron a correr el modelo con otro conjunto de condiciones iniciales; esa vez, simulando cómo habría sido el clima en la época preindustrial, hacia 1850, antes de que las “siniestras fábricas satánicas” de William Blake cubrieran de hollín a Inglaterra y desataran la Revolución Industrial que tantos problemas climáticos ha causado desde entonces. En julio de 1850, Millard Fillmore llegó a la presidencia de Estados Unidos, la población estadounidense era de 23 millones, y los gases de invernadero en la atmósfera sumaban alrededor de 284 partes por millón (hoy ascienden a 407 ppm).

Lee la nota completa en la nueva edición de Newsweek en Español

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5 alimentos peligrosos con los que debes tener cuidado

Pueden causar malestares estomacales e incluso la muerte. Aquí una lista de alimentos con los que extremar la precaución para evitar males indeseados.
Getty Images
9 de abril, 2020
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Algunos de ellos, por habituales, podrían parecer inofensivos.

Pero lo cierto es que no todos los alimentos se pueden comer sin escogerlos correctamente, cocinarlos de forma adecuada o sin quitarles algunas partes no comestibles o tóxicas.

En mal estado y sin la debida conservación o la incorrecta cocción, pueden enfermar al consumidor y provocarle síntomas como náuseas, falta de aliento, psicosis e incluso la muerte.

Estos son cinco alimentos con los que hay que extremar la precaución antes de ingerirlos. De hecho, si no estás seguro de algunos de los aspectos que mencionamos abajo, incluso mejor evitar algunos de ellos.

1. Pez Globo

Pez globo.

Getty Images
Consumir pez globo es bastante popular en Japón.

El pez globo es mortal. Se considera incluso más letal que el cianuro. Sin embargo, a pesar de los riesgos que presentan, también son un manjar exclusivo en algunos países.

Especialmente popular en Japón, el fugu (el nombre del pez globo preparado) a menudo se sirve crudo y en rodajas finas o se agrega a la sopa.

Entonces, ¿por qué correr el riesgo de comerlo cuando hay mucho en juego? Bueno, en Japón (y en otros países) los chefs reciben una amplia capacitación durante varios años antes de que se les permita preparar el pescado y servirlo a los clientes.

Una mano sujetando partes del pez globo.

Getty Images
Para que se consuma con seguridad, los chefs se capacitan para retirar del pez globo todos los órganos que contienen una peligrosa toxina.

La clave es asegurarse de que para cuando el fugu llegue al plato, se hayan retirado del pescado sus partes venenosas, que incluyen el cerebro, la piel, los ojos, los ovarios, el hígado y los intestinos, ya que contienen la peligrosa tetrodotoxina, una sustancia venenosa temida por la rapidez y violencia de sus efectos.

2. Queso casu marzu

Suena raro, pero lo que ha hecho que este alimento destaque es la presencia de gusanos en su interior.

No parece el lácteo más atractivo, pero este queso de Cerdeña, en Italia, tiene numerosos seguidores.

Queso casu marzu.

Getty Images
El queso casu marzu tiene un potente sabor debido en parte a los excrementos de las larvas en su interior.

Casu marzu se hace agregando larvas al pecorino, un queso de sabor y consistencia similar al parmesano. Con el tiempo, los pequeños gusanos suavizan el queso para que cuando esté servido, el centro tenga consistencia casi líquida.

A menudo se dice que tiene un sabor parecido al gorgonzola. Con gusanos y todo, el casu marzu tiene un sabor bastante fuerte y distintivo, debido en parte al excremento de larvas.

Para probarlo, se deben tener algunas cosas en cuenta.

Primero, tener reflejos rápidos para atrapar a los gusanos, ya que pueden saltar hasta 15 cm en el aire mientras comes una porción.

Casu marzu.

Getty Images
Al casu marzu se le considera el “queso más peligroso del mundo”.

En segundo lugar, la dificultad para encontrarlo. De hecho, por ejemplo, es un queso que no está incluido en la lista de alimentos aprobada por la Unión Europea.

En tercer lugar, su estado. La razón principal por lo que está en esta lista es porque a menudo se describe como “el queso más peligroso del mundo” ya que representa un riesgo para la salud.

Esto es especialmente cierto si los gusanos están muertos (a menos que sea porque el queso ha estado en el refrigerador), ya que eso significa que se ha echado a perder.

Los síntomas de consumirlo en mal estado incluyen malestar estomacal, vómitos y diarrea.

3. Ruibarbo

Los tallos de ruibarbo son bastante populares, por ejemplo, en la gastronomía británica. Muchos de los postres o bebidas favoritas de los británicos llevan este ingrediente como parte de sus recetas.

Tallos de ruibarbo.

Getty Images
Los tallos de ruibarbo se usan en la gastronomía.

Pero hay que tener especial cuidado con el ruibarbo, ya que las hojas verdes que acompañan a los sabrosos tallos contienen veneno. Concretamente, ácido oxálico, que en grandes cantidades provoca náuseas y problemas en los riñones.

Sin embargo, hay mucho debate sobre cuán peligrosas son realmente las hojas de ruibarbo debido al nivel de ácido oxálico que se encuentra en ellas.

Dulces de ruibarbo.

Getty Images
El ruibarbo se usa con frecuencia en repostería.

En realidad, el ácido oxálico está presente también en los tallos, pero su cantidad es mucho mayor en las hojas.

La sustancia provoca insuficiencia renal y, aunque tendrías que comerte una muy abundante porción de hojas para morir, lo mejor es evitarlas.

En una sesión de preguntas y respuestas sobre el tema, por ejemplo, la Universidad Estatal de Oregón explicó: “Las hojas de ruibarbo son tóxicas y los humanos nunca deberían ingerirlas”.

4. Frijoles rojos y granos de soya

Frijoles rojos

Getty Images
Los frijoles rojos, sin el debido proceso de cocción, también pueden perjudicar la salud.

Generalmente está aceptado que los frijoles y las legumbres son buenos para la salud, pero hay algunos tipos que, si no se preparan adecuadamente, puedan enfermar al consumidor.

El humilde frijol rojo y el frijol de soya de sabor suave entran en esta categoría de alimentos peligrosos.

Comencemos con los frijoles.

Por el lado positivo, están repletos de proteínas, fibra, vitaminas y minerales.

Por el negativo, cuando están crudos contienen un tipo de lecitina llamada fitohemaglutinina. Difícil de escribir, es igualmente difícil de digerir. Y si haces esto último, prepárate para un doble golpe de dolor de estómago y vómitos.

La buena noticia es que al cocinarlos adecuadamente podrás evitar esta desagradable combinación.

Potaje de frijoles.

Getty Images
Los frijoles rojos forman parte de múltiples recetas y guisos alrededor del mundo.

Lo recomendable es remojar los frijoles secos en agua durante al menos 12 horas, luego escurrirlos y enjuagarlos.

Después, cubrirlos con agua fresca para así hervirlos vigorosamente durante al menos 10 minutos antes de hervirlos a fuego lento durante 45-60 minutos para que estén tiernos.

Si suena demasiado trabajoso, entonces merece la pena pensar en comprarlos en su versión enlatada.

Al igual que los rojos, los frijoles de soya están llenos de proteínas y también se dice que vienen con antioxidantes. Desafortunadamente, también vienen con una toxina natural (inhibidor de la tripsina), que puede evitar que digieras los alimentos adecuadamente.

Para cocinar los frijoles de soya secos adecuadamente, de nuevo, hay que sumergirlos en agua durante al menos 12 horas, luego escurrirlos y enjuagarlos. Cúbralos con agua fresca y hiérvalos vigorosamente durante 1 hora antes de hervirlos a fuego lento durante 2-3 horas para ablandarlos.

5. Nuez moscada

Nuez moscada.

Getty Images
La nuez moscada se usa en diversas recetas y su consumo en exceso puede provocar efectos psicóticos.

Este ingrediente procede de un árbol originario de las islas Molucas o islas de las Especias, en Indonesia.

Se trata de un producto clave para la preparación de ciertas galletas y es una adición deliciosa al arroz con leche y pudines.

Más allá de los postres, se utiliza para condimentar papas, carnes, salsas, vegetales e, incluso, bebidas como el ponche de huevo.

Sin embargo, si se consume en grandes cantidades, la nuez moscada tiene algunos efectos secundarios horribles como náuseas, dolor, falta de aire e, incluso, convulsiones.

Aunque la intoxicación por su consumo rara vez acarrea la muerte, no se trata de una experiencia agradable.

Entonces, ¿por qué alguien elegiría ingerir muchas especias de una vez? Bueno, aparentemente solía ser un popular alucinógeno.

Claro que, dados los efectos secundarios, definitivamente no vale la pena “darse un viaje” de este tipo.


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