Qué está matando a las orcas y las tiene al borde de desaparecer en varios mares de mundo
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Qué está matando a las orcas y las tiene al borde de desaparecer en varios mares de mundo

En Reino Unido, el estrecho de Gibraltar, y frente a las costas de Brasil, Japón y California están condenadas a desaparecer por compuestos químicos que utilizados en la producción de innumerables artículos, desde plásticos hasta pinturas, equipos eléctricos y selladores.
28 de septiembre, 2018
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Las orcas se encuentran en grave peligro debido a la persistente contaminación química del medio ambiente, afirman científicos.

Un nuevo estudio indica que la viabilidad a largo plazo de más de la mitad de los diferentes grupos de orcas en el mundo está en duda.

Algunas poblaciones, como las que habitan en torno de Reino Unido, el estrecho de Gibraltar, y frente a las costas de Brasil, Japón y California están condenadas a desaparecer.

La investigación se publicó en la revista especializada Science y apunta a un problema:

Los bifenilos policlorados o PCB, por sus siglas en inglés.

Son compuestos químicos que, en una época, se produjeron en vastas cantidades y fueron utilizados en la producción de innumerables artículos, desde plásticos hasta pinturas, equipos eléctricos y selladores.

Pero son altamente tóxicos y, aunque fueron prohibidos hace décadas, se han acumulado en el medio ambiente y filtrándose en los océanos.

Los PCB entran en los organismos marítimos a través del sistema digestivo. Pero, como las orcas son máximas depredadoras, éstas absorben toda la contaminación de PCB acumulada en las presas de su cadena alimenticia, desde peces hasta focas y tiburones.

Los PCB atrofian los ovarios de las orcas hembras, limitando su capacidad de dar crías. Los químicos también reprimen el sistema inmune.

Pronóstico sombrío

El nuevo estudio creó un modelo a futuro del éxito reproductivo y supervivencia de las orcas frente al desafío químico.

Lulu

John Bowler/RSPB Scotland
Se ha encontrado que las orcas de Escocia están altamente contaminadas.

Para aquellas poblaciones viviendo en aguas limpias, el pronóstico es positivo. Las orcas en sitios como el Antártico y el Ártico deberían aumentar en números.

Pero para aquellas viviendo en los mares más contaminados, los próximos 30 a 50 años serán sombríos.

Las orcas que habitan en la costa occidental de Escocia, por ejemplo, se han reducido a sólo ocho individuos y no han producido una cría en más de 20 años.

Paul Jepson, de la Sociedad Zoológica de Londres, asegura que ese grupo “desaparecerá durante mi vida”.

“Más de 50% de las poblaciones de las que tenemos datos colapsarán según nuestro modelo”, expresó al programa de la BBC Science In Action (Ciencia en acción).

“Los PCB son químicos altamente tóxicos que persisten en el medio ambiente. Y son las orcas las que, por mucho, están más expuestas a altos niveles que ninguna otra especie en la Tierra; definitivamente más que cualquier otra especia mamífera”.


La maldición de los bifenilos policlorados o PCB

Fórmula química de PCB

Getty Images
  • Los bifenilos policlorados fueron producidos en los años 1920
  • Prohibidos en EE.UU. en 1979. En la UE en 1981
  • Europa produjo unas 300.000 toneladas entre 1954 y 1984
  • La mayoría no se ha destruido ni almacenado de forma segura
  • PCB fueron líquidos de refrigeración muy utilizados en aparatos eléctricos
  • Aplicados en construcción, particularmente en selladores
  • También en fluidos lubricantes para el corte de metales, y en papel de copia sin carbón
  • En la actualidad, sólo Corea del Norte sigue produciendo bifenilos policlorados

¿Por qué están tan expuestas las ballenas?

Toda esta situación va en contra de las orcas.

No sólo acumulan los contaminantes por los principales depredadores acuáticos, pero los efectos tóxicos las afectan donde están más vulnerables: su habilidad de reproducción.

Estos animales toman mucho tiempo antes de alcanzar la madurez sexual y, aún entonces, apenas tendrán una cría cada varios años. Esto aplica una presión muy precisa contra la población.

Además, los PCB son solubles en grasa y las orcas son organismos con un alto contenido de grasas. La leche materna estaría cargada de PCB que pasará a su cría durante la lactancia.

Orca en aguas de Noruega

Audun Rikardsen

¿Qué se está haciendo contra el problema de los PCB?

La mayoría de los PCB no han sido destruidos ni almacenados de forma segura.

En ese sentido, algunos países han respondido mejor que otros. En Estados Unidos, donde se han destinado “superfondos” federales para la limpieza de las áreas más contaminadas, el nivel de PBC entrando al océano ha bajado.

Pero se necesitan más medidas urgentes en lugares como Europa.

“La eliminación inapropiada de equipos que contienen PCB en vertederos puede generar filtraciones y desagües hacia arroyos, ríos, estuarios y océanos cercanos“, explicó el director del informe, Jean-Pierre Desforges, de la Universidad Aarhus, en Dinamarca.

“Sabemos que los PDB están en las pinturas y selladores de antiguos edificios y en las capas externas de los buques así que, si el material contaminado se elimina inapropiadamente, puede entrar al medio ambiente, y la demolición de edificios hace que los PDB entren al aire”.

Demolición de edificio

Getty Images
La demolición de edificios antiguos también contribuye a la contaminación del aire con PCB.

¿Qué podemos hacer?

Es muy poco lo que se puede hacer para recuperar los PCB una vez penetran el océano. La robustez de los químicos significa que rondarán en el medio ambiente durante muy largo tiempo.

Pero hay problemas paralelos que muy probablemente podríamos corregir, según la coautora del informe Aisla Hall, de la Unidad de Investigación de Mamíferos Acuáticos, de la Universidad de St. Andrews, Escocia.

“Debemos reconocer que este es uno de muchos factores de estrés para los animales”, comentó a la BBC.

“Hay factores como el ruido, cambios de hábitat, cambios en disponibilidad de presas, en los que podemos influir. Si hacemos algo al respecto, tal vez podríamos reducir la carga total de estrés y, tal vez, nuestras predicciones no serían tan nefastas”.

Paul Jepson añadió: “No creo que jamás se volverá a dar una historia como la de los PCB”.

“Me parece que las industrias químicas han aprendido la lección: sabemos que el ser soluble en grasa es un factor de alto riesgo, porque eso es lo que permite la bioacumulación (de los tóxicos)”.

Aunque el científico asegura que hoy en día no se permitiría el uso de un químico con esas propiedades, “los PCB son tan difíciles de eliminar que estaremos lidiando con ese legado durante mucho tiempo”.


 

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Foto: Robert Sturman

Yoga y meditación en prisión, una ‘nueva esperanza’ para construir la paz y repensar la justicia

El Proyecto Yoga en Prisiones tienen presencia en más de 200 cárceles estadounidenses, en Europa, y en México comenzó su labor en 2017.
Foto: Robert Sturman
19 de septiembre, 2021
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Desde la primera vez que se subió al tapete de yoga, Juan José experimentó la sensación de ser libre y dejar atrás sus frustraciones y dolencias. Jamás lo había practicado y lo conoció estando encarcelado en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México.

“Estuve trece años preso, caí a la edad de 20 años y salí a los 34. Me gustó el yoga cuando estuve en prisión, es diferente a otras disciplinas deportivas que te hacen sentir alterado o a la defensiva… y pues estando en reclusión me ayudó mucho a reflexionar”, cuenta Juan José.

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Cuando llegaron por primera vez los instructores de yoga a la prisión donde estuvo recluido, él, al igual que sus compañeros, dudó en asistir a las clases por ideas como que era “algo para mujeres” o “para putos”. Fue un amigo que baila break dance quien lo convenció de que podía ser buena idea practicarlo. Y así fue.

Además de notar cambios emocionales y físicos positivos, pudo obtener beneficios en su proceso gracias a que acreditó que realizó actividades enfocadas en meditación y relajación. Fue encarcelado por cometer un delito con violencia, por lo que practicar box o pesas, otras opciones que tienen dentro de la prisión, no era tomado en cuenta por las autoridades para permitirle reducir su condena.

Aún después de abandonar la cárcel, Juan José considera que el yoga continúa siendo útil para sostener “que ya tienes otro pensamiento, que es verdad lo que decías allá adentro de haber cambiado”, pero también, dice, como un instrumento de supervivencia.

“En lo personal me gusta ver cada práctica como una reflexión, como un reto. A veces no te sale una postura y es un reto para la siguiente clase, esforzarte para que salga, y con el tiempo también el ir aceptando, que lo que digan de ti no importa, que las decisiones pasadas que tomaste son eso, decisiones… que puedes cambiar”.

Reconoce que “a veces todavía tengo pensamientos negativos, hay malas amistades que te van a decir que cuando salgas te necesitan para hacer un negocio, situaciones que a veces ocurren… a veces todavía piensas en tomar las mismas decisiones, pero practicar yoga me ayuda mucho a pensar en el sentido de mi vida”.

Él forma parte del grupo de instructores que da clases en varios centros penitenciarios del país como parte del  Proyecto Yoga en Prisiones México, que entre 2017 y 2019 -antes de la pandemia- instruyó a 634 personas privadas de libertad en esta disciplina.

Actualmente trabaja como comerciante, y en su tiempo libre practica e instruye yoga. Por el momento, a través de videollamadas, aunque antes de la pandemia acudía directamente a los centros penitenciarios.

‘Karma yoga’ y justicia restaurativa

El Proyecto Yoga en Prisiones (Prison Yoga Project) nació en 2002 en San Quintin, en San Francisco, California, gracias a la labor de un empresario e instructor llamado James Fox, quien desarrolló una metodología especial, al percatarse de que trabajar con población penitenciaria era distinto a dar una clase al público general.

Actualmente tienen presencia en más de 200 prisiones estadounidenses, en Europa, y en México comenzó su labor en 2017, cuando Luisa Pérez, directora del proyecto en nuestro país, decidió acercarse con las autoridades para plantearles la posibilidad de impartir clases a personas privadas de libertad, con quienes había tenido contacto previo por su carrera como abogada.

“Yo estudié derecho. Soy abogada y me dediqué por más de 15 años a la defensa de los derechos humanos, y entrar a prisiones era una actividad habitual. Al salir siempre practicaba yoga. Para mí ese era mi refugio, en el que podía encontrar un poco de balance por toda la presión laboral, las angustias y los enojos con los que vivía” recuerda.

“Siempre al salir de prisión, al ir a algún contexto penitenciario me preguntaba ¿Por qué aquí la gente no practica yoga? Yo me voy a mi clase y podré dormir tranquila, descansar y relajarme. Tenía esa inquietud, de que algo tan sencillo, que solo necesita quien acompañe la práctica y un tapete -si acaso, porque antiguamente no se utilizaban- no se hiciera ahí, pero sí en centros exclusivos que pocos pueden pagar”, explica Luisa.

Por ello, se certificó como instructora de yoga, se especializó en la práctica con personas en contexto de encierro, y decidió abandonar la abogacía para dedicarse de tiempo completo a la labor en prisiones.

“Hace ya algunos años decidí dejar la abogacía, alejarme del mundo de los derechos humanos por salud mental, física y emocional. Conocí la justicia restaurativa, que para mí es como una nueva esperanza. Antes, como abogada, todo era estar en contra, peleando, principalmente con autoridades o personas con poder. Y con la justicia restaurativa descubrí que hay otras formas. Que las personas no solo podemos hacernos daño, sino también ayudar a repararnos mutuamente”, cuenta.

Hasta ahora el Proyecto Yoga en Prisiones ha trabajado en el centro federal de máxima seguridad del Altiplano, en el Estado de México; en el Centro de Rehabilitación Psicosocial de Morelos (CEFEREPSI); en el complejo penitenciario de las Islas Marías, y recientemente con el Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) 5, en Veracruz, donde actualmente tienen clases en línea.

A nivel estatal, han trabajado en el Reclusorio Oriente, la prisión varonil de Santa Martha Acatitla, en el módulo de alta seguridad, así como en un centro de reclusión femenil en Nezahualcóyotl, y en el penal de Coatzacoalcos, Veracruz.

En las evaluaciones que realizan sobre la actividad, las personas privadas de libertad que han practicado yoga señalan que han tenido efectos como “respirar más relajadamente, desestresarme y pensar positivamente”.

Testimonio cortesía de Proyecto Yoga en Prisiones México.

Otros reportan que les “enriquece el alma”, o que cuando practican se sienten rodeados “por un campo de energía positiva protegido de las vibraciones negativas de la vida de la prisión”, y que se sienten más sanos, logran concentrarse mejor y presentan menos insomnio.

Testimonio cortesía de Proyecto Yoga en Prisiones México.

Además de dar clases de yoga en prisiones, el proyecto certifica a instructores, pero también a personas que estuvieron privadas de la libertad, en albergues, o cualquier contexto de encierro o de violencia, para que se dediquen a brindar acompañamiento en esta práctica a personas que han vivido situaciones de trauma.

En estas certificaciones, los instructores no solo enseñan los valores del “karma yoga”, o práctica “de servicio”, como apoyo comunitario, sino que reflexionan sobre los contextos de criminalización y población en prisiones, adiciones, clasismo, sexismo y salud mental.

Testimonio cortesía de Proyecto Yoga en Prisiones México.

Círculos de paz

Sergio está a punto de cumplir 50 años, de los cuales, la mitad, estuvo preso en varias cárceles de los Estados Unidos, y fue en una de ellas donde comenzó a practicar yoga y conoció la justicia restaurativa.

“Fue hermoso porque entendí que uno como persona puede decidir cosas saludables. Me di cuenta que muchos decimos que cometemos errores, pero tenemos que verlos como decisiones mal tomadas en su momento, sin excusas ni culpar a otros… y también trabajamos el tema del daño que se causó a las víctimas”, señala.

“Al principio está uno renuente, no quiere aceptar sus errores. Sin embargo, con las pláticas y los ejercicios que vamos haciendo vamos aprendiendo que cometimos crímenes, tomamos malas decisiones, pero nunca dejamos de ser humanos”, explica Sergio.

En estos conversatorios entre personas presas, y algunas que han obtenido su libertad, Sergio cuenta que se dio cuenta de “que quien estaba mal era yo, no las circunstancias. Que no fue la forma en que crecí ni las personas que estaban a mi alrededor. Fueron una influencia, pero las decisiones siempre fueron y son mías. Ahora asumo la completa responsabilidad y eso me ayuda a concientizarme, a saber el valor que tengo como persona y de quienes afecté”.

Al salir de prisión, dice que le ha costado trabajo retomar su vida en México y volver a encontrar un empleo, pero consiguió trabajo en el Hotel Hilton, como parte del servicio de meseros en fiestas, aunque este quedó suspendido por la pandemia, y desde entonces no ha conseguido otra fuente de ingresos estable. En casi todos lados le niegan la oportunidad por falta de documentos y cuando saben que estuvo preso.

“Ha sido complicado para mí, sin embargo”, -concluye- “el haber tomado la ayuda de los círculos de paz y el yoga me ayudaron a salir de prisión emocionalmente fortalecido, porque no me he dado por vencido. Es difícil, pero puedo salir adelante y sé que tarde o temprano se va a presentar una oportunidad de trabajo. Por ahora, hago esto voluntariamente, así me ayudo yo, y al mismo tiempo puedo influenciar a alguien”.

Si te interesa conocer más sobre esta iniciativa, consulta el manual “Yoga y meditación para personas privadas de la libertad en México”, publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Proyecto Yoga en Prisiones México y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

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