¿Quiénes son los mexamericanos y por qué importan ahora más que nunca en EU?
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¿Quiénes son los mexamericanos y por qué importan ahora más que nunca en EU?

Cerca de 40 millones de personas de origen mexicano viven en Estados Unidos. Muchas no se sienten ni mexicanos ni estadounidenses. La escritora y periodista Fey Berman los ha estudiado durante 10 años. BBC Mundo habló con ella.
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10 de septiembre, 2018
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Si “Mexamérica” fuera un país, tendría 37,5 millones de habitantes.

Es la cifra que corresponde al número de mexicanos que residen en Estados Unidos, según datos del Pew Research Center, con base en Washington, EE.UU., y el Instituto Nacional Electoral de México (INE).

Pero “Mexamérica” no existe. “Es un territorio invisible”, asegura la periodista Fey Berman*, “mexamericana” convencida y autora de “Mexamérica, una cultura naciendo” (2017).

En este libro Berman explora la diversidad e historia de los mexicanos que viven en el país norteamericano a través de 16 relatos y entrevistas producidas a lo largo de una década.

Y según la escritora, “Mexamérica” -un concepto que introdujo en 1981 el periodista estadounidense Joel Garreau- es “el término más neutro y más usado en Estados Unidos para describir a la larga diáspora mexicana”.

Fey Berman

Cortesía Fey Berman
Fey Berman nació en México pero emigró a Estados Unidos hace décadas.

Berman nació en Ciudad de México, pero se mudó a Nueva York hace más de 30 años. La búsqueda de una identidad propia “in between la mexicana y la estadounidense” le llevó a investigar la cuestión más a fondo.

BBC Mundo habló con ella en el contexto del Hay Festival de Querétaro, que se celebró del 6 al 9 de septiembre en dicha ciudad.


Dices en tu libro que “Mexamérica” es una cultura “naciente”. Sin embargo, los mexicanos llevan años emigrando a Estados Unidos. ¿Cuál es la diferencia entre un chicano y un “mexamericano”?

Todo depende del lugar de Estados Unidos del que hablemos. El movimiento chicano fue muy específico; se trataba de la gente de origen mexicano que vivía en el sur de Estados Unidos.

Yo no quise usar ese término porque ya pasó a la historia. Casi toda la gente de origen mexicano que ahora vive en Estados Unidos -que, además, vive por todo el territorio estadounidense- vino después de ese suceso. Y la mayoría vino para quedarse.

Camisetas celebrando a los chicanos y mexicanos

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Para Berman, el término mexamericano es más inclusivo que el de chicano.

Donde yo vivo, en la ciudad de Nueva York, somos como un millón y medio de personas de origen mexicano. Ninguno es chicano. Aquí la inmigración empezó en los 80.

Personas como yo -quienes vinieron en las décadas de 1980, 1990 o 2000- no fuimos parte de ese movimiento.

¿Y por qué te parece importante hablar ahora de los “mexamericanos”?

Estamos buscando nuestra propia identidad. Y ahora es más urgente que nunca hablar de ello, cuando somos, oficialmente, víctimas de racismo, de prejuicios, de estereotipos… y cuando resulta más importante resolver la situación de los indocumentados.

Frontera en Tijuana

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Los indocumentados que cruzan ilegalmente la frontera también forman parte de “Mexamérica”, pero son una porción pequeña.

Hay que hacer esa gran diferencia de que la gente mexicana y la gente “mexamericana” son dos grupos distintos.

La mayoría de la gente que emigró o que es segunda o tercera generación es distinta. Su identidad se ve impregnada por vivir en Chicago o en Los Ángeles, por estar en contacto con otras minorías, por el American Way of Life, por pertenecer a comunidades en donde los diferentes grupos latinoamericanos se juntan.

Pero ser mexicano y vivir el American Way of Life puede implicar algunas contradicciones…

Es lo más humano del planeta. Yo le tengo cariño a ciertas cosas de México y de Estados Unidos, y a otras no. Quienes somos inmigrantes siempre tenemos un pie de un lado y un pie del otro.

Pero no creo que sea una contradicción. Creo que es una vivencia nueva que está cuajando y que, precisamente ahora, o puede hundirse o puede surgir como un elemento importante de la cultura norteamericana.

El caso de los “mexamericanos” es bastante específico porque México está aquí, juntito, a la vuelta de la esquina.

Hay mucha gente en el norte de México que cruza y regresa a diario y que no sabe si son “mexamericanos”, estadounidenses o mexicanos.

San Ysidro, agosto de 2018

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Entre 70.000 y 100.000 personas cruzan a diario la frontera entre México y Estados Unidos.

Al mismo tiempo, Estados Unidos se jacta de ser un país de inmigrantes. Y su grupo inmigrante más grande es el “mexamericano”.

¿Mejor “mexamericano” que estadounidense o mexicano?

Yo creo que la diversidad es lo que enriquece a las culturas.

Estados Unidos tuvo una época gloriosa -que probablemente se está terminando- porque continuamente se alimentaba de inmigrantes que le traían nuevas ideas y formas de vida. Durante mucho tiempo, hicieron de Estados Unidos una sociedad muy libre, abierta y respetuosa hacia lo diferente.

Yo creo que la inmigración, el vivir en un territorio distinto y estar en contacto con la cultura anglosajona y con las diferentes minorías que viven en Estados Unidos te transforma.

¿En qué momento sentiste la necesidad de definirte como “mexicoamericana”?

Hace como unos 10 u 11 años empecé a enfocarme en ese tema porque me di cuenta del gran cambio que estaba sucediendo en Nueva York.

Cuando yo vine, oías español en las calles. Pero lo oías con acento puertorriqueño o dominicano, si acaso.

Mexicanos en Nueva York

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Más de un millón de personas de origen mexicano residen actualmente en Nueva York.

Después de vivir varios años en Estados Unidos me di cuenta de que ya no soy mexicana. Sé decirte a dónde ir de vacaciones, pero no estoy al día en la vida cotidiana de México. Llevo aquí décadas.

Entonces, ¿qué soy? No me siento cien por ciento gringa, aunque soy güerita. La parte mexicana, los 20 años de mi vida que estuve en México, donde fui educada, donde aprendí mi lengua materna, el español, colorea quien soy.

¿Hay también distintos colores en “Mexamérica”?

¡Ah, claro que hay diferencias! “Mexamérica” no es un grupo homogéneo.

Es muy distinto vivir en una ciudad como Nueva York, donde todo el mundo celebra que tienes acento y estás rodeado de gente inmigrante, que en Maricopa, Arizona, en donde hasta hace muy poquito el sheriff Joe Arpaio hizo que fuera legal que te detuvieran en la calle si te ves mexicano. Eso, definitivamente, te marca.

Mural mexamericano

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Los mexamericanos no son un grupo homogéneo.

Además, en Nueva York la mayoría de los inmigrantes mexicanos vinieron de Puebla o de otras zonas de la Mixteca, generalmente pueblos indígenas. Algunos no hablan ni español. En cambio, en Phoenix hay mucha gente del norte de México: Sonora, Durango, Chihuahua…

Los muchos “Méxicos” también se reflejan en las muchas “Mexaméricas”.

Pero entonces, ¿qué define a un “mexamericano”?

Está el asunto de que no somos mexicanos del otro lado. Que somos más que remesas y folclor. Que somos transnacionales en muchos sentidos. Y que nuestras contribuciones afectan a México y a Estados Unidos.

Su principal preocupación política -como la de cualquier norteamericano- es el asunto económico. Y hay una gran diversidad.

¿Cuáles son los estereotipos errados?

El primero, que somos mexicanos. Podemos llevar 200 años en Estados Unidos y seguiremos siendo mexicanos.

Mariachi estadounidense

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“Mexamérica” es mucho más que tacos y mariachis.

Otro, que nuestra cultura se reduce a la cocina y al folclor.

Y también que equivale a ser criminal.

Un “mexamericano”, ¿habla más inglés o más español?

Todo depende. Creo que no hay estadísticas. Pero cuanto más tiempo lleva en Estados Unidos, menos habla español.

Mucha gente con la que hablé me contó que les obligaron a no hablar español para que no estuvieran desaventajados en la escuela. Existía esa idea del melting pot (crisol cultural), de que tenías que perder todo lo que traes.

Sin embargo, ahora vivimos en una época en la que se da uno cuenta de que ser bilingüe o trilingüe es una gran ventaja. Vivimos en un mundo global, aunque las situaciones políticas que están ocurriendo parezcan rechazarlo.

¿Y en el caso de los “dreamers”?

Algunos “dreamers” hablan los dos idiomas. En muchos casos, las oportunidades que han tenido en Estados Unidos no las hubieran tenido en México.

Pero tal vez tampoco hubieran sentido rechazo por parte de una parte de la sociedad…

Por supuesto. Tiene sus grandes desventajas ahora que el racismo está oficializado. Eso nos está afectando de una manera tremenda.

Trump en campaña

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El clima político actual está ayudando a fomentar la imagen de que los “mexamericanos” son invasores, dice Berman.

Durante la administración de Barack Obama había el mismo número de deportaciones, pero las detenciones no eran tan crueles. No se separaban familias. Y hay muchas redadas. Eso afecta a los indocumentados, que son el 16%.

Pero los documentados también lo sufren porque existe la idea de que somos invasores, y no parte de este país; de que los mexicanos vienen a Estados Unidos a robar los trabajos de los norteamericanos, lo cual no es cierto.

Unos 25 millones de “mexamericanos” nacieron en Estados Unidos. La gente no se da cuenta de eso.

¿También hay rechazo por parte de México?

No se tiene una visión negativa, sino incorrecta. En México se sigue hablando de la presencia “mexamericana” como indocumentados, como un asunto de frontera.

Y hay una ilusión de que mañana regresan, de que son igualitos a sus primos de Pátzcuaro… Pero no lo son. Es muy distinto vivir en un pueblo de México que en uno de Arizona.

Mexicamericana protestando

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Muchos mexamericanos se asumen antes que nada como ciudadanos estadounidenses.

La mayoría no van a regresar, son ciudadanos norteamericanos por generaciones.

¿Definirte como “mexamericana” es, de alguna manera, una reivindicación personal?

Para mí, sí. Supongo que para otras personas no. Hay gente que no quiere hablar español porque se avergüenza de esa parte de su identidad.

Si Donald Trump se come un taco bowl y en eso consiste, pues, la parte mexicana de Estados Unidos, es una tragedia, ¿para qué quiero ser eso?

Yo me he topado con gente de origen mexicano que cree que su país son los tacos y los mariachis. Pero si no sabes quién eres, ¿cómo te vas a defender? ¿Cómo nos vamos a defender si ni siquiera nosotros sabemos quiénes somos?


*Fey Berman nació en Ciudad de México y vive en Nueva York hace décadas. Escribe crónicas sobre la vida cultural y política de la comunidad hispana en Estados Unidos. Es la autora de “Mexamérica, una cultura naciendo” (2017), un conjunto de ensayos, entrevistas, crónicasy artículos escritos a lo largo de una década en los que explora la diversidad y la historia de los mexicanos que viven en Estados Unidos.


Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro 2018, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 6 y el 9 de septiembre.


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Cuartoscuro

Empleados de la Auditoría Superior denuncian contagios de COVID por obligarlos a ir a oficinas

Empleados de la Auditoría Superior denuncian que son obligados por sus jefes a acudir a las oficinas, pese a que pueden cumplir sus labores vía remota, lo que ha derivado en contagios y muertes por COVID.
Cuartoscuro
18 de enero, 2021
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Empleados de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) denuncian que han sido obligados por sus jefes directos a acudir a las oficinas, pese a que pueden cumplir con sus labores vía remota, lo que ha derivado en el contagio de COVID entre sus compañeros e incluso decesos.

Si bien durante mayo, cuando la Ciudad de México estuvo en semáforo rojo, los funcionarios trabajaban desde casa, comenzaron el regreso en julio pasado con horarios reducido de 10 am a 5 pm sin hora de comida sino sólo un ‘refrigerio’ en sus lugares, alternando una semana trabajo presencial, y otro, vía remota, pero en la práctica no se ha respetado, aseguran.

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Además, si bien sólo iría la mitad del personal cada semana, en total hay 3 mil 500 empleados en el edificio del Ajusco, lo que significa que más de mil 700 personas conviven en oficinas, elevadores, transporte institucional o en transporte público.

Animal Político también obtuvo una grabación en la que el auditor especial, Gerardo Lozano explicó la forma en que retomarían labores en las oficinas, porque “todos tenemos que regresar. Todos tenemos que incorporarnos a esta nueva normalidad”. Mientras su asistente, Carlota Barroso, remató: “estamos contratados para un trabajo presencial”.

En tanto, en el manual “Medidas para la seguridad del personal en la ASF, derivado de la emergencia sanitaria ocasionada por el virus SARS-COV2”, establecen que quienes trabajen a distancia será con autorización de su superior jerárquico y “deberán desarrollarse en los mismos días y horarios oficiales y permaneciendo geolocalizados durante su jornada laboral, siendo necesario que el número de días en los cuales desempeñen actividades en esta modalidad, no podrán ser mayores a tres días hábiles”.

Los trabajadores de la Auditoría aceptaron hablar con Animal Político a condición de resguardar su identidad por temor a sufrir represalias, pues en todos los casos se trata de personal sin cargo de dirección y con años de antigüedad, por lo que se cambiaron los nombres para la publicación.

Juan advierte que se ha enterado de primera mano de casi 30 compañeros contagiados en lo que va de la pandemia, y aunque efectivamente durante el regreso implementaron una estrategia de trabajo alternado, a partir de noviembre “dieron la instrucción de trabajar en horario normal y comenzamos a asistir todos los días”.

“Esto provocó que mucha gente tomará su hora y media de comida y por lo tanto se reunieran en grupos para comer como antes. Sumado al uso de elevadores y baños”, dice en entrevista.

Si bien el personal con alguna comorbilidad se encuentra trabajando en casa, Francisco asegura que muchas de las actividades que realizan en su área de trabajo podría considerarse administrativa, y “no es una actividad prioritaria o que necesariamente nos obligue a estar en la oficina”, pero que le ha costado la vida a sus compañeros.

Sin embargo, la Dirección General de Difusión de la Auditoría respondió que “se ha privilegiado el trabajo en casa” y sólo en las áreas prioritarias implementaron medidas alternas y también mantienen el control de acceso, sanitización de áreas cuando ocurre alguna confirmación de contagio,  e incluso la compra de trajes de protección para utilizar en diligencias fuera de la oficina cuando son necesarias.

“Nuestro nivel de contagio es muy bajo, no llega ni a 1%. Y hacia al interior de la institución no hay quejas, y se revisan permanentemente los protocolos. La gente que está aquí está más segura que en sus casas”, afirmó la ASF.

Sin embargo, María, otra de las empleadas explica que la orden de asistir a oficinas depende de cada director, es decir, es completamente discrecional porque no hay ninguna orden por escrito desde Recursos Humanos. En su área, incluso compañeros han tenido que ir a trabajar aún cuando presentan síntomas porque en ese caso les exigen hacerse la prueba PCR para confirmar o descartar el contagio. Esto, dice, hace que en algunos casos prefieran ocultar algún malestar porque el pago de 3 mil o 4 mil por prueba no está a su alcance.

Juan, que pertenece a otra área, también coincide: “la idea era que si presentamos síntomas nos quedemos en casa, pero si te quedas en casa te piden que vayas al médico (aunque sólo sea dolor de cabeza) para que te justifiquen el día, si no, lo descuentan, y para regresar es necesaria la prueba negativa. Entonces mucha gente prefiere aguantarse”.

Martha, otra de las empleadas entrevistadas, agrega que el problema es como una “bola de nieve porque quien los jefes o no confían en el personal, que realmente puede trabajar en casa, o no sabe utilizar las herramientas para trabajo remoto”, lo que resulta en los contagios, que en su caso, han sido 10 compañeros.

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Los empleados que acuden al edificio en avenida Coyoacán, advierten la misma problemática, sobre todo porque dicen, ni siquiera necesitan consultar documentación en la oficina, pues los documentos se cargan a la nube y los oficios que llegan en físico se escanean para que todos puedan acceder a ellos.

Si bien la Auditoría debe entregar el siguiente paquete de informes individuales de fiscalización en febrero próximo y eso pone presión a su labor, insisten en que pueden cumplir desde casa.

Aunque la Secretaría de la Función Pública publicó un nuevo lineamiento para extender el trabajo a distancia hasta el 30 de abril de este año, sólo aplica para el Ejecutivo, pero la ASF depende del Legislativo, por eso “estamos en el limbo”, lamenta Francisco.

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