San Gregorio conmemora un año del 19S con el rescate de la biblioteca que conserva su historia
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San Gregorio conmemora un año del 19S con el rescate de la biblioteca que conserva su historia

Este fin de semana los pobladores de San Gregorio expondrán los objetos históricos del pueblo rescatados de los escombros que dejó el sismo del 19 de septiembre. Pobladores demandan falta de apoyo para la reconstrucción del centro cultural
Especial
Por Erendira Aquino
21 de septiembre, 2018
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A un año del sismo que cobró la vida de ocho personas y dañó cientos de casas en San Gregorio, Xochimilco, sus pobladores rendirán homenaje a las víctimas y realizarán una exposición con los objetos históricos del pueblo, rescatados de la biblioteca que se derrumbó el pasado 19 de septiembre.

Ingrid Castañeda, arqueóloga originaria de San Gregorio que lideró el rescate de las piezas sepultadas entre los escombros, explica que, con el evento que se realizará este sábado y domingo en el pueblo, “queremos conmemorar a las víctimas y dar a conocer los avances a un año del rescate del acervo, para que la gente lo conozca, porque a la fecha, muchas personas aún ignoran que existe este pequeño museo”.

El equipo de arqueólogos y antropólogos voluntarios que trabajaron en el rescate de los objetos sepultados bajo los escombros de la biblioteca rescató aproximadamente 6,000 piezas arqueológicas, objetos de uso cotidiano, libros, fotografías y pinturas, algunas con hasta 400 años de antigüedad.

Se eligieron las piezas representativas para los habitantes. Foto: Erendira Aquino.

De ellas, señala Ingrid, escogieron las piezas más antiguas y mejor conservadas, “porque el mensaje que queremos dar con los objetos que mostraremos es que San Gregorio y su historia se resisten a desaparecer”.

De acuerdo con la arqueóloga, del total de los objetos que Jaime Tirso Pérez conservaba en la biblioteca derrumbada, un 10% se perdió o no fue posible recuperarlo, debido a que pudieron comenzar con el rescate hasta un mes después del sismo, cuando contaron con apoyo para remover la losa de la construcción que sepultó el acervo.

El arqueólogo Édgar Mendoza, quien también trabajó como voluntario en el rescate, comenta que eligieron sacar algunas piezas representativas para que “la gente las vea, las conozca y también pueda reconocer si alguna vez sale una en sus terrenos. Es importante que sepan que no hay que deshacerse de ellas o venderlas, porque aunque no son llamativas si tienen un valor histórico importante”.

No hay apoyo para reconstruir centro cultural 

Desde hace un año, Jaime Tirso, propietario de la biblioteca, así como los arqueólogos voluntarios que lo apoyan, han buscado que organizaciones sociales o autoridades gubernamentales brinden recursos para la reconstrucción del inmueble donde se resguardaban los objetos históricos.

Sin embargo, explica Ingrid, hasta el momento no han podido concretar un acuerdo formal con iniciativas privadas o públicas para que se pueda poner en pie lo que esperan será un museo para exponer de manera permanente las piezas rescatadas y contar con una biblioteca en el pueblo, que actualmente no cuenta con ninguna.

Jaime Tirso, propietario de la biblioteca. Foto: Erendira Aquino.

“Queremos acercar la cultura al pueblo, porque desafortunadamente, aunque en San Gregorio hay al menos siete escuelas de educación básica y algunas preparatorias cerca, no hay museos ni una biblioteca que las personas puedan consultar”, expresa.

Es por eso que este fin de semana, homenajearán a las personas que perdieron la vida o su patrimonio en el sismo del pasado 19 de septiembre con actividades culturales y la inauguración de la exposición de las piezas rescatadas.El sábado, en San Gregorio se celebrará una misa para recordar a las víctimas mortales del sismo, se presentará el proyecto de rescate del museo y habrá espectáculos de danza.

Para el domingo, además de la exposición, las personas que visiten el pueblo podrán participar en un taller de cartonería y disfrutar de la proyección del cortometraje “Los Chicuas”, sobre la historia de San Gregorio.

Después de la exposición, explican los arqueólogos, continuarán trabajando en el resguardo temporal de las piezas en la casa del dueño de la biblioteca, Jaime Tirso, recién reconstruida, mientras adaptan el espacio para montar, “al menos, una biblioteca temporal”.

“Se va a adecuar de manera provisional un espacio de la construcción de la antigua biblioteca para resguardar otras de las piezas, y gestionar con algún donante algunos libreros para que podamos acomodar el material para lectura que lleva un año guardado en cajas”, señala Ingrid.

Además de la exposición habrá talleres. Foto: Erendira Aquino.

Ingrid cuenta que espera “que este museo, si algún día se logra reconstruir, además de ser un centro cultural y biblioteca, sea también un monumento para recordar cómo nos levantamos del sismo”.

La exposición y actividades culturales se realizarán en el sitio donde se encontraba edificada la biblioteca original, sobre la calle Insurgentes, a una cuadra de la iglesia principal de San Gregorio.

Para conocer el programa de actividades completo y saber cómo apoyar el proyecto, visita su página web.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.

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