1968: Llevan al Campo Militar número 1 a cientos de estudiantes; son brutalmente golpeados
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Archivo histórico UNAM

1968: Llevan al Campo Militar número 1 a cientos de estudiantes; son brutalmente golpeados

En Tlatelolco, fuertemente golpeados y muchos de ellos en calzoncillos, luego de que los militares los obligaron a despojarse de sus ropas, los dirigentes estudiantiles fueron forzados a bajar a la plaza luego de ser detenidos en la terraza del tercer piso o en los departamentos en que buscaron refugio.
Archivo histórico UNAM
Por Viétnika Batres
3 de octubre, 2018
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Nota del editor: Desde el 23 de julio, Animal Político presenta materiales periodísticos para conocer los hechos, nombres y momentos clave del movimiento estudiantil del 68 que se vivió en México.

La cronología se publica en tiempo real, a fin de transmitir la intensidad con que se vivieron esos días y se tenga, así, una mejor comprensión de cómo surgió y fue frenado a un precio muy alto el movimiento político social más importante del siglo XX.

Queda mucho por saber y entender: 50 años después aún no sabemos por qué una riña estudiantil –como muchas que hubo previamente– detonó la brutal represión del gobierno.

Lo que es cierto es que el 68 fue, es mucho más que la masacre del 2 de octubre. Hubo un contexto que lo explica. Y eso es lo que les presentamos aquí: 

Ciudad de México, 3 de octubre de 1968.- Cientos de estudiantes, profesores y asistentes al mitin del Consejo Nacional de Huelga (CNH) en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, fueron salvajemente golpeados y trasladados en vehículos del Ejército al Campo Militar número 1.

Con la ayuda e intervención directa del batallón Olimpia, integrado por policías y militares vestidos de civil que se identificaron con un guante blanco, el Ejército detuvo a la mayoría de los dirigentes del movimiento estudiantil que se encontraban en el edificio Chihuahua y en la plaza adyacente.

Por testimonios, se sabe que los del guante blanco –y otros francotiradores no identificados– dispararon indiscriminadamente contra la multitud desarmada e indefensa.

Apuntó el cronista Carlos Monsiváis: “No hay testimonios de ‘los francotiradores de la población civil’, salvo cinco o seis aventureros que nada significaron con sus pistolillas. Lo otro, lo de la provocación oficial, es avasallador. El fuego es incontenible, con la intervención de ametralladoras y armas de alto poder. Se cierra la Plaza, el batallón Olimpia detiene a quienes están en el Chihuahua. La gente se tira al suelo, los que pueden huyen, los periodistas se identifican para salvarse; a un fotógrafo, un soldado le traspasa la mano con una bayoneta. Se llama a gritos a los amigos y los familiares, el llanto se generaliza, la histeria y la agonía se confunden”.

Pero ante el fuego cruzado, incluso tener un arma no era garantía de nada.

Casualmente, el primero que cayó herido en la plaza fue el general José Hernández Toledo, encargado del despliegue militar en Tlatelolco, hasta que tuvo que ser sustituido de emergencia.

De acuerdo con un cable confidencial elaborado para la Casa Blanca por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), “las bajas sufridas durante la noche y la madrugada incluyen 24 civiles muertos, la mayoría de ellos estudiantes; 137 civiles heridos; ocho soldados asesinados y un número indeterminado de soldados heridos, incluyendo al general José Hernández Toledo, comandante del Batallón de Paracaidistas; tres agentes heridos de la Dirección Federal de Seguridad, al igual que cuatro policías heridos. Hubo más soldados muertos porque ellos estuvieron expuestos a los francotiradores de los pisos superiores de los edificios cercanos. Algunos de los disparos fueron de armas automáticas. Durante el transcurso de la noche del 2 y la madrugada del 3 de octubre personas fueron arrestadas, algunas de ellas ya habían sido arrestadas previamente durante manifestaciones anteriores, pero posteriormente fueron liberadas”.

Golpes, muchos golpes

En Tlatelolco, fuertemente golpeados y muchos de ellos en calzoncillos, luego de que los militares los obligaron a despojarse de sus ropas, los dirigentes estudiantiles fueron forzados a bajar a la plaza luego de ser detenidos en la terraza del tercer piso o en los departamentos en que buscaron refugio.

En la planta baja del edificio había cientos de jóvenes detenidos, la mayoría de ellos empapados, formados en filas contra la pared; “tenían las manos en la nuca; estaban también en calzones, trusas blancas holgadas, grandes”.

Un grupo de soldados, policías infiltrados y policías judiciales tenían la misión de identificar a los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga (CNH) conforme los iban bajando.

Uno de los infiltrados en las asambleas de la Facultad de Filosofía y Letras reconoció a Luis González de Alba, representante de esa escuela universitaria. Lo pasaron a la última fila.

“Un individuo chaparro, civil, con cara de bulldog, corte de pelo al rape”, a quien el propio González de Alba creyó identificar como el jefe policiaco Raúl Mendiolea –cuya destitución exigía el movimiento estudiantil– se detuvo detrás del estudiante. “Traía una porra de goma llena de balines… lo oía pararse a mi espalda, respirar unos segundos, luego me atizaba con la porra en la cabeza. A su regreso hacía lo mismo. Iba y venía, de entre los civiles no aprehendidos, pero agrupados, a los mandos militares. Iba y venía. Y cada que pasaba atrás de mí, lo oía detenerse, respirar como si concentrara furia, y atizarme en la cabeza con la porra de balines”.

Otros de los principales dirigentes también fueron reconocidos, como Gilberto Guevara Niebla, representante de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Cuando los policías lo bajaron se encontró con un cuadro caótico, con “una multitud de soldados que gritaban histéricos, nerviosos, todos muy excitados, seguramente bajo el efecto de narcóticos”.

Lo primero que Guevara Niebla vio fue a un policía rubio que unas horas atrás se había fingido estudiante de derecho para subir a la tribuna. “Al verme, gritó: “¡Ay, hijo de la chingada! ¡Ahí está ese cabrón de Guevara!”. Y lo fue a buscar, atravesando una doble hilera de soldados. “Me alcanzó hasta ahí para golpearme y patearme”.

Lo peor es que cuando el líder universitario se salió de la fila, alguien gritó: “¡Ese del suéter rojo con la franja amarilla es el presidente de debates!”.

Entonces todos los soldados se lanzaron a patearlo y golpearlo. “Me tiraban, me levantaban y volvían a darme. Hasta que logré unirme con los otros estudiantes. En un momento vi también, entre los soldados, al sujeto de baja estatura que horas antes dijo traer un mensaje de Genaro Vázquez. También estaban ahí, ya desembozados, todos los que se habían fingido periodistas” durante el mitin.

A un costado de la plaza, sobre la calle Manuel González, ya había varias filas de camiones militares de transporte de tropa, cubiertos con lonas verdes y bancas a los lados.

Aún se escuchaban dispersos, aislados, disparos lejanos. Los estudiantes fueron arrojados a los camiones y los encimaban unos sobre otros. Se formaban cuatro capas de cuerpos por lo menos, según relató Guevara Niebla. Los soldados iban sentados en las bancas laterales del camión.

Muertos en la morgue. Archivo Centro Cultural Universitario Tlatelolco, UNAM.

Siguiente parada: Campo Militar No. 1

Los estudiantes presos comenzaron a llegar alrededor de la una de la mañana de este jueves al Campo Militar No. 1. Hacía frío. Estaban semidesnudos. Conforme fueron llegando, los formaron en una plancha cuadrada de cemento. Unos 100 detenidos, calculó Guevara Niebla. Y se dio cuenta de que los habían “seleccionado” porque ahí estaban varios de los líderes.

“Me hundió todavía más ver a Luis González de Alba sin camisa, golpeado. Lo mismo que a los otros compañeros. El más golpeado de todos era Florencio López Osuna, representante de la Escuela Superior de Economía del Poli, que estaba en calzoncillos”, contó Guevara Niebla.

Los militares empezaron a interrogar a los estudiantes y les preguntaron su nombre. Algunos, como González de Alba, respondieron con su nombre de pila y los dos apellidos. “Ya está, nos tienen reconocidos a todos. Ya no hay nada más que hacer”, pensó.

A Guevara Niebla le tocó estar en la esquina de la plancha cuadrada de cemento en la que fueron colocados los detenidos. Un soldado muy bajo de estatura “y muy feo de aspecto”, lo vio y lo señaló: “¡Este es del Partido Central Comunista!”, gritó.

Entonces llegaron un oficial y otros dos o tres soldados y separaron al delegado de la Facultad de Ciencias. Volvieron a golpearlo y lo metieron en una hilera de celdas. Los estaban encerrando en los dormitorios conyugales del Campo Militar número 1, unos cuartos pequeños de dos metros de ancho, tres de fondo y dos de alto. Adentro sólo hay una cama con tambor metálico, con un colchón muy delgado. Ni excusado ni lavabo.

“Los soldados que me llevaban quitaron ese colchón y me aventaron ahí. Fue una noche muy fría. Yo traía las ropas mojadas y traté de acomodarme inútilmente”, dijo Guevara Niebla.

Lo que sí tienen los detenidos es un foco encendido día y noche, cubierto por una reja de metal para impedir que lo aflojen y consigan un rato de oscuridad.

Esta noche casi ninguno de los detenidos duerme.

Facilitado por Kate Doyle, del National Security Archive. En https://nsarchive.gw.edu/

González de Alba, Luis, “Tlatelolco, aquella tarde”, Nexos, 1 de noviembre de 2016. En www.nexos.com.mx/?p=30019

Ídem.

Guevara Niebla, Gilberto, “Volver al 68”, Nexos, 1 de octubre de 1993, www.nexos.com.mx/?p=6899

Ídem.

González de Alba, Luis, op. cit.

Ídem.

González de Alba, op. cit.

Guevara Niebla, op. cit.

González de Alba, op. cit.

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Vacuna contra COVID-19: "Ahora mismo no hay evidencia de que funcionen, sólo sabemos que se ven prometedoras"

Paul Offit tiene una experiencia de décadas en el campo de las inmunizaciones; sobre la creación de una vacuna contra COVID-19 cree que necesitamos "ser realistas" y manejar las expectativas.
Getty Images
29 de julio, 2020
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Una persona siendo vacuna

Getty Images
Decenas de grupos de investigación llevan a cabo estudios para desarrollar una vacuna. Esta foto fue tomada en Sudáfrica, donde se realiza un ensayo clínico.

“Ser realistas”, “manejar las expectativas”, “humildad”, son algunas de las ideas que el doctor Paul Offit está tratando de introducir en la conversación global sobre las vacunas contra el coronavirus.

El científico estadounidense no sólo habla sobre la base de su experiencia como director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital de Niños de Filadelfia, sino a la luz del largo camino que recorrió para crear, junto a dos colegas, una vacuna contra el rotavirus, la causa más común de diarrea intensa en niños y bebés en todo el planeta.

En medio de la pandemia de covid-19, que ha causado 15 millones y medio de casos y más de 600.000 muertes en decenas de países, es difícil no emocionarse cuando se escuchan noticias de un nuevo desarrollo en la búsqueda de una vacuna.

Pero Offit, profesor de vacunología y pediatría y especialista en inmunología, hace una advertencia: “Necesitamos ser realistas. En circunstancias normales cuando las compañías fabrican una vacuna no sacan comunicados de prensa en los ensayos clínicos de fase 1, ni para estudios pequeños de rango de dosis de fase 1. Tampoco lo hacen para estudios que involucran a 45 personas”.

“En cambio, esperan hasta llegar a los ensayos de fase 3, el ensayo clínico grande, prospectivo controlado de placebo, que es cuando, de hecho, pueden hacer comentarios sobre si la vacuna funciona”, le dice a BBC Mundo.

“Ahora mismo no tenemos evidencia de que esas vacunas de las que se habla funcionen, sólo sabemos que se ven prometedoras”.

“Debemos calmarnos y esperar hasta ver más información antes de golpearnos el pecho por lo maravillosas que son estas vacunas”.

Offit también es uno de los miembros del comité creado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), conocido como Accelerating COVID-19 Therapeutic Interventions and Vaccines (ACTIV).

Se trata, según el NIH, de una asociación pública y privada que busca establecer una estrategia de investigación que priorice y acelere el desarrollo de los tratamientos y las vacunas más prometedoras para combatir el covid-19 y que reúne a organismos estatales como el Departamento de Salud, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA), entre otros, y a la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), representantes de la academia, organizaciones filantrópicas y varias compañías biofarmacéuticas”.

“Corta vida”

Científicos y compañías farmacéuticas en varios países están trabajando contrarreloj y a toda máquina para desarrollar una vacuna contra la covid-19.

Paul Offit

Frederick M. Brown/Getty Images
El médico Paul Offit tiene una experiencia de décadas en los campos de la inmunología y las enfermedades infecciosas.

En ese contexto, el experto ha dicho que “necesitamos manejar las expectativas”.

¿A qué se refiere?, le preguntamos.

“Pienso que si somos lo suficientemente afortunados podríamos tener vacunas para mediados del próximo año”, indica.

“Es probable que esas vacunas puedan inducir inmunidad”, pero -advierte- puede llegar a ser de “corta vida e incompleta”.

“Con ‘incompleta’ me refiero a que las vacunas protegerán contra la enfermedad moderada y severa, pero podrían no hacerlo contra la enfermedad que se desarrolla de forma leve”.

Y quizás tampoco puedan proteger contra las infecciones que no desencadenan síntomas.

La protección contra la covid-19 que se manifieste de forma moderada o grave podría ayudar a evitar hospitalizaciones y más muertes, explica, pero el virus podría seguir provocando síntomas leves en algunas personas y, hasta cierto punto, causando contagios.

“Pienso que la protección podría durar sólo seis, nueve meses, un año y eso requerirá que la gente sea sometida a una dosis de refuerzo el año siguiente”.

La importancia de la fase 3

De acuerdo con Offit, en términos de seguridad, los ensayos clínicos de fase 3 están planeados para que se realicen en aproximadamente unas 30.000 personas.

Tomando en cuenta ese escenario, la vacuna se le suministraría a unas 20.000 personas y a las otras 10.000 se les daría un placebo.

Una jeringa

NurPhoto via Getty Images
Se calcula que 200 grupos de científicos, en diferentes países, buscan una vacuna contra la covid-19.

Con lo que arrojen las pruebas de las 20.000 personas, asegura el experto, se podría garantizar que la vacuna potencialmente no tendría ningún efecto secundario grave poco común y ese sería un paso fundamental para decidir si se aprueba.

“Pero 20.000 personas no son 20 millones de personas. Creo que cuando vacunas a decenas de millones o cientos de millones de personas, puedes descubrir efectos adversos graves que desconocías”.

Por eso es crucial que haya sistemas y mecanismos en funcionamiento para que se pueda detectar cualquier problema y reaccionar rápidamente.

“No quieres sacrificar seguridad por velocidad y no lo haremos si probamos (la vacuna) en, al menos, 20.000 personas antes de aprobarla”, indica.

De esa manera, el riesgo se puede mitigar hasta cierto punto.

Saltarse etapas

¿Existe algún riesgo de que en el desarrollo de las vacunas contra covid-19 se omitan algunas etapas del proceso que generalmente se sigue?, le pregunta BBC Mundo.

Una calle

Getty Images
El uso de mascarillas, el confinamiento y el distanciamiento social son algunas de las medidas implementadas para evitar los contagios de coronavirus, mientras llega la vacuna.

“El tiempo promedio que lleva fabricar una vacuna es de alrededor 15 a 20 años“, responde.

Y evoca su experiencia con la vacuna de rotavirus que desarrolló junto a los doctores Fred Clark y Stanley Plotkin, conocida como RotaTeq, “que ha sido aprobada para su uso desde 2006”, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

“La vacuna que hicimos en el Hospital de Niños (de Filadelfia) tomó aproximadamente 26 años. (Ese tiempo) no es algo inusual“, añade.

“Ahora estamos intentando fabricar una vacuna en un año y medio. Por definición, habrán etapas que se omitirán o se truncarán”.

Pero eso no necesariamente es algo negativo. Y explica en qué circunstancias “no es peligroso”:

Siempre y cuando se hagan los ensayos clínicos de fase 3, considero que estaremos bien”.

Offit hace referencia a los planes anunciados por algunos investigadores de poner a prueba las vacunas en ensayos que involucren a 30.000 voluntarios.

“Eso nos dará tanta información como la que normalmente se tendría en el proceso (convencional) de (desarrollar) una vacuna”.

Es posible que se salten algunas etapas iniciales, pero una vez las pruebas de la fase 3 muestren datos convincentes, “estaremos, al menos, tan informados como normalmente lo estaríamos sobre una vacuna”, en términos de seguridad y efectividad.

Pruebas en animales

De acuerdo con el docente, no siempre es esencial probar las vacunas en animales.

Un mono en una jaula

Getty Images
A lo largo de la historia de las vacunas, los animales han sido unos aliados.

“Con nuestra vacuna pasamos 10 años trabajando con modelos de animales para intentar demostrar conceptualmente que, de hecho, en animales experimentales la vacuna protegía”.

Pero, reflexiona: ¿ratones o personas?

Y cuenta la famosa frase de un investigador de vacunas: “Los ratones mienten y los monos exageran”.

“Nunca sabrás realmente si algo es efectivo hasta que lo implementas en las personas”.

“Aunque los modelos de animales te pueden guiar para saber cuán probable es que una vacuna funcione y te pueden orientar para conocer qué parte de la respuesta inmune es la que probablemente predecirá la protección, nunca sabrás sobre una vacuna hasta que se la pones a la gente”.

Una investigadora

Boston Globe via Getty Images
Una de las vacunas cuya evolución se ha dado a conocer es la desarrollada por la compañía Moderna, en Estados Unidos. Esta foto es de una de las investigadoras del laboratorio.

“No sabemos”

Offit ha dicho que es importane que las compañías dejen de decir cuándo “saldrá” la vacuna porque en realidad no lo saben.

“Deberíamos ser humildes sobre cuánto no sabemos”, insiste.

“Cuando este coronavirus surgió por primera vez en noviembre de 2019 en Wuhan, (…) creo que la gente pensó que actuaría como el virus del MERS o el virus del SARS, pero no fue así”.

También se pensó que se comportaría como otros coronavirus humanos, lo que tampoco sucede.

Este virus, explica el doctor, “hace una serie de cosas que ninguno de esos virus hace: se propaga fácilmente durante los meses de verano, afecta el funcionamiento de los vasos sanguíneos y causa una variedad de inflamaciones de los mismos, llamada vasculitis”, por citar dos ejemplos.

También puede llegar a causar una enfermedad inusual en los niños llamada MIS-C (síndrome multisistémico inflamatorio), “la cual, hasta donde yo sé, nunca se ha demostrado que la cause un virus”.

“Simplemente sigue sorprendiéndonos y es apenas el comienzo. Creo que pronto habrá más sorpresas, pues es un virus difícil de caracterizar, de anticipar“.

Y la comunidad científica está tratando de vencerlo de diferentes maneras.

Una de ellas es a través de varias estrategias de vacunas, “que nunca antes se han utilizado y con las cuales no tenemos experiencia, pero de las cuales estoy seguro de que también vamos a aprender”.

“Creo que deberíamos ser lo suficientemente humildes como para darnos cuenta de que el próximo año o en los siguientes dos años, aprenderemos algunas cosas que desearíamos haber sabido ahora”.

Volverla universal

El experto, quien también es autor de varios libros, cree que hay una alta probabilidad de que la vacuna que se desarrolle necesitará de dos dosis.

Vacuna

Getty Images
Otro desafío que se asoma, una vez se haya desarrollado la vacuna contra covid-19, es hacerla accesible a todos.

Hacerla universal será un desafío sin precedentes, no sólo por el número de dosis que se requerirán sino porque cada región del planeta tendrá su propio ritmo de producción.

Offit pone como ejemplo Estados Unidos.

“Si se va a administrar solo a grupos de alto riesgo y se trata de una vacuna de dos dosis, se necesitarán 250 millones de dosis”, calcula.

“Francamente, creo que estas vacunas irán saliendo lentamente durante un período de años antes de que realmente podamos inmunizar a un número crucial de personas”.

Y si se tiene en consideración que la respuesta inmune pudiera ser de corta vida, “hay que ofrecer dosis de refuerzo, lo que se traduce en más dosis”.

La experiencia del rotavirus frente al coronavirus

El doctor explica que la primera vez que se tuvo conocimiento de los rotavirus fue en la década de los años 40 y se identificó como causantes de una enfermedad en los animales (mamíferos).

“Supimos que los rotavirus provocaban una enfermedad en los humanos a inicios de la década de los 70”.

Rotavirus

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“Las dos causas más frecuentes de diarrea moderada a grave en países de ingresos bajos son los rotavirus y Escherichia coli”, señala la OMS.

La primera vacuna contra el rotavirus estuvo disponible en 1998, pero estuvo en el mercado sólo 10 meses porque los científicos la vincularon con un problema intestinal llamado invaginación intestinal, que podía tener consecuencias fatales.

“Era un virus con el que teníamos décadas de experiencia. Sin embargo, nos sorprendió el hallazgo de la obstrucción intestinal”.

“Ahora, estamos ante un virus con el que tenemos menos de un año de experiencia y ya nos ha sorprendido”.

“Creo que es justo decir que podrían haber más sorpresas frente a nosotros y simplemente considero que la gente debe ser más consciente de eso”.

Y hace una última reflexión:

“Esperamos que los avances lleguen sin costo, que los milagros lleguen sin costo, asumimos que no hay curva de aprendizaje, pero siempre la hay”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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