Con cerveza y sombreros, trabajadores en CDMX son movilizados para protestar contra el Aeropuerto en Texcoco
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Con cerveza y sombreros, trabajadores en CDMX son movilizados para protestar contra el Aeropuerto en Texcoco

Animal Político acudió a un evento en el Monumento a la Revolución, contra el aeropuerto de Texcoco, en el que a los asistentes se les pasó lista, y en muchos casos no sabían por qué se estaban manifestando.
Cuartoscuro
Por Arturo Daen
24 de octubre, 2018
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Cientos de personas acudieron este martes a una manifestación en el Monumento a la Revolución, en contra de la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, pero además de gritar y mostrar pancartas, en muchos casos sin saber a ciencia cierta por qué estaban protestando, tuvieron que pasar lista y firmar hojas, para comprobar su asistencia.

Animal Político acudió al evento, y comprobó que entre la gente había líderes que, además de repartir cervezas y refrescos entre los asistentes, les pedían que se anotaran. En uno de esos papeles se podía observar un listado de nombres, además de un número de sección, y la alcaldía de donde provenían.

El evento, denominado “foro abierto sobre el NAIM”, fue convocado a las 16:30 horas. En el templete, dando discursos en contra del nuevo aeropuerto, estuvieron la diputada plurinominal del PRD en el Congreso de la Ciudad de México, Paula Castillo, y la diputada local Lety Varela, de Morena, además de algunos actores e incluso luchadores, como Juventud Guerrera.

Detrás de los oradores, se podía observar el logotipo de una organización denominada “Enrédate por tu ciudad”. En su página no se detalla quiénes la integran, pero sí hay diferentes videos donde aparece la diputada Castillo, y a su vez en la web de la legisladora hay un link de Enrédate.

Entre la gente también fueron repartidos algunos folletos, con información en contra del aeropuerto de Texcoco, y a favor del proyecto de Santa Lucía, que en su campaña defendió el ahora presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

En uno de los folletos distribuidos se lee el nombre de la organización Coordinadora Democrática de la Ciudad de México, fundada por Alicia Barrientos, quien fue diputada por Morena en la LXIII Legislatura. Esta organización ha protestado por temas como la remodelación del Cetram Zaragoza.

– ¿Por qué se está manifestando?, se le preguntó a uno de los asistentes.

“La verdad no sé, por el aeropuerto, me parece”, respondió.

– ¿Usted de dónde viene?

– “De Texcoco”.

– ¿De qué parte de Texcoco?

“Así en general, nada más. Yo no puedo darle esa información”.

Otro asistente, cuando se le preguntó por qué estaba ahí, dijo: “Revise el folleto, mejor”.

Con la grabadora encendida, la mayoría de la gente decía que venía de Texcoco. Sin ella, la gente respondió que venía de alcaldías como Coyoacán (gobernada por PRD-PAN), Iztapalapa (gobernada por Morena) y Gustavo A. Madero (también gobernada por Morena).

– ¿Quién les dio esos sombreros?, se cuestionó a una joven asistente, ya que muchas personas tenían el mismo sombrero de palma, para protegerse del sol.

“De las delegaciones, de la 16”, respondió.

– ¿Dónde paso lista, dónde firmo?, se le preguntó a otros, pretendiendo ser una de las personas movilizadas para este evento.

Busca a los de las delegaciones, los líderes, están por ahí, respondieron al menos cuatro personas. En el siguiente video, se puede observar a una de las personas con la lista de asistencia:

Y en este, a personas que repartían cerveza y pedían a la gente esperar a que terminara el evento, para verse en una calle aledaña y firmar:

Consultada, una fuente que trabaja en una alcaldía de la Ciudad de México dijo que gente en gobiernos de diferentes alcaldías pidió a líderes sindicales y jefes de secciones movilizar personas hacia el Monumento a la Revolución, para participar en el evento.

Sobre todo, detalló, en este caso fueron movilizados trabajadores eventuales.

Según la fuente consultada, operadores políticos de alcaldías se encargaron de la logística, de tareas como repartir sombreros en la zona del Monumento a la Revolución, para el evento en que se lanzaron consignas en contra del aeropuerto en Texcoco.

Animal Político llamó al área de comunicación de Gustavo A. Madero, una de las alcaldías mencionadas, y negó haber movilizado gente hacia el evento. También se buscó a las diputada Castillo, para pedirle un comentario, pero no respondió hasta la noche de este martes. La diputada Varela dijo desconocer si hubo el llamado acarreo, y que estuvo en el evento como invitada de la legisladora Castillo Mendieta. “Es una causa en común, el no al aeropuerto en Texcoco”, respondió vía correo electrónico.

En su página web, Castillo Mendieta presumió que al mitin acudieron cerca de 10 mil personas, entre ellas “Concejales de Alcaldías y Consejeros Estatales del PRD”, además de  Octavio Jiménez, a quien identificó como representante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de Atenco.

Este hecho, en el Monumento a la Revolución, se dio a dos días de que inicie la consulta convocada por el equipo de Andrés Manuel López Obrador, para que la gente decida si prevalece el proyecto de Texcoco, iniciado en el gobierno de Enrique Peña Nieto, o el de Santa Lucía.

López Obrador dijo que sería imparcial y que solo daría información a la gente, aunque en diferentes momentos, desde que convocó a la consulta, ha dado datos en contra del aeropuerto en Texcoco.

El Consejo Coordinador Empresarial acusó que la consulta no será imparcial, y que sus resultados no pueden ser el sustento para definir el futuro aeroportuario del país.

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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