Falta de control y seguimiento, las deficiencias en la compra legal de armas que hace el Ejército
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Cuartoscuro Archivo

Falta de control y seguimiento, las deficiencias en la compra legal de armas que hace el Ejército

Datos oficiales se contradicen en cuanto al número de armas que la Sedena adquirió para entregarlas a los estados; se ignora el paradero de miles de rifles y pistolas.
Cuartoscuro Archivo
26 de octubre, 2018
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El Ejército Mexicano ha adquirido miles de armas en el extranjero que generalmente comercializa a las fuerzas de policía de los estados. Esto, con excepciones, es una práctica legal. El problema es que no se sabe en realidad cuántas de estas “armas legales” hay en el país y, en algunos casos, se desconoce dónde están.

Así lo evidencian los propios datos oficiales de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), que la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) obtuvo a través de solicitudes de transparencia, y de la revisión de informes que México presenta ante instancias internacionales como Naciones Unidas.

Entre las irregularidades se encuentra, por ejemplo, una diferencia de más de 50 mil armas que el Ejército dice haber comprado de un año a otro; el cambio de criterio para clasificar como reservada datos de partes y de marcas de armas que antes sí se transparentaban; y el desconocimiento del destino de más de 20 mil armas declaradas oficialmente como “extraviadas”, pero que en varios casos han aparecido en manos de criminales.

Lucía Guadalupe Chávez Vargas, coordinadora de investigación de la CMDPDH, advirtió que al reto que plantea el tráfico ilegal de armas que ingresan a México (y del que tampoco hay claridad de cuántas son) hay que sumar ahora la falta de controles y seguimiento del armamento que sí ingresa legalmente, pero que termina también en manos de delincuentes.

“Muchas de las armas que ingresan legalmente al país se las roban o se pierden. Y el seguimiento de estas armas extraviadas no es puntual ni consistente (…) pero además hay inconsistencia en la información oficial sobre las armas que se compran en el extranjero, sin que haya una explicación del por qué sucede esto en un tema tan importante como este”, dijo Chávez Vargas.

Las armas de fuego tienen un papel central en el incremento de la violencia que se registra hoy en México. Animal Político publicó que en la segunda parte del actual sexenio tanto los homicidios como los casos de lesiones en los que se usan armas de fuego se han duplicado.

Las 50 mil armas que se esfumaron… en el papel

En un oficio fechado en mayo de 2017, con el que se dio respuesta a la solicitud de transparencia folio 0000700075417, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) informó que de 2010 a 2016 había adquirido 305 mil 86 armas de fuego en el extranjero, con el objetivo de comercializarlas en México, o de repartirlas a corporaciones de policía local.

Sin embargo, en otro oficio fechado en febrero de 2018, la Sedena respondió a la solicitud de información 0000700000518 que en este mismo plazo (2010 a 2016) había importado del extranjero 250 mil 839 armas de fuego para su comercialización a terceros en el país.

Es decir, de un año a otro desaparecieron de los registros oficiales más de 50 mil armas de fuego que se habían reportado como adquiridas en el extranjero.

¿Se trata de un error, o en realidad sí hay un faltante de miles de armas de fuego? Chávez Vargas explicó que la información disponible no permite confirmar ni lo uno ni lo otro, pero subrayó que lo que es un hecho es la inconsistencia en los números oficiales de armas de fuego de parte de las autoridades responsables.

Otro ejemplo de esta inconsistencia es la diferencia entre lo que Sedena informa vía transparencia, y lo que reporta a través de la Cancillería en instancias internacionales.

Por ejemplo, la Sedena informó en respuesta a la solicitud folio 0000700000518 que en 2016 había adquirido 35 mil 268 armas de fuego para su venta a policías y a particulares. Por otro lado, y como parte de las exigencias del Tratado sobre el Comercio de Armas (del que México forma parte), el gobierno informó a Naciones Unidas que en el mismo 2016 se habían adquirido 21 mil 977 armas de fuego.

Esto significa una diferencia de más de 13 mil armas de fuego entre las dos cifras oficiales reportadas en 2016.

“Con motivo de este tratado el gobierno mexicano está obligado a informar o se comprometió a informar cuántas armas está comprando a otros países. Pero esta cifra que se reporta ante esas instancias importantes es sustancialmente menor a la que nosotros nos han aportado por transparencia. Entonces esto tampoco cuadra mucho, y por lo tanto no tenemos una cifra confiable”, dijo la experta de la CMDPDH.

¿Cuántas armas tienen los militares?

La información respecto a las armas de fuego que tienen en su poder los militares – ya sea porque las adquirieron o porque las han construido en sus armerías – también presenta lagunas y contradicciones importantes.

El Informe “El tráfico legal e ilegal de armas a México” publicado por la CMDPD destaca que de 2010 a 2016 la Sedena dijo haber importado 10 mil 149 armas de fuego cortas y largas para uso propio. Sin embargo, ante la Comisión de Comercio Internacional en Estados Unidos, la Sedena reportó casi 12 mil armas de fuego adquiridas.

“Dicha información sugiere que el gobierno mexicano sólo ha informado de una parte de sus adquisiciones de armas de fuego”, reveló el informe.

La Secretaría de Marina es la otra dependencia del país autorizada para la adquisición de armas de fuego, y al igual que ocurre con la Sedena, sus datos sobre armamento no son claros. Por ejemplo, la Marina informó que en 2015 y 2018 adquirió 410 armas de fuego largas del fabricante estadounidense Sig Sauer, por la cuales pagó 553 mil dólares.

Sin embargo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos informó en el mismo 2015 que el contrato firmado entre el fabricante y la Marina ascendía a 265 millones de dólares, una cantidad notablemente superior a la que reporta la Marina que ha gastado. Lo anterior significa que faltan muchas armas por fabricarse o que su entrega no se ha reportado.

Cabe señalar que México es el país de América Latina al que los Estados Unidos exportan la mayor cantidad de armas y por mucho. En 2017 las ventas a nuestro país ascendieron a 40 millones de dólares. El país que le sigue es Colombia, con menos de 14 millones de dólares en armamento.

La venta de armamento, partes de armas y municiones de Estados Unidos al Ejército en México se ha incrementado sustancialmente, año con año, a partir de 2008 cuando se firmó la Iniciativa Mérida. En este periodo de diez años dichas ventas prácticamente se han cuadruplicado.

Pero Estados Unidos no es el único abastecedor de este equipo bélico. Otros países de Europa le han vendido al Ejército Mexicano licencias y materiales para fabricar armamento. Hasta 2015 la Sedena había hecho público vía transparencia los datos sobre el número de partes de armamento que fabrica, los países de origen de los mismos, entre otros datos.

Pero de acuerdo con Chávez Vargas, en los últimos dos años la Sedena tomó la decisión de clasificar dicha información y no proporcionar los datos. Esta situación obligó a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos a presentar un recurso de inconformidad ante el INAI.

“Hace unos meses ganamos un recurso del INAI para que se informara de las piezas de armamento que se han adquirido. INAI dio la razón pero la Sedena nos dijo que no tenía esta información automatizada, pese a que en ocasiones anteriores sí nos dio parte de la información que le solicitábamos. Entonces nos pide copias por las que hay que pagar 100 mil pesos. Obvio todo esto contribuye a la opacidad”, dijo la experta.

Se “extraviaron”… y nadie las busca

La Sedena reconoció, en otra solicitud de información entregada a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, que tiene registro de poco más de 20 mil armas de fuego que fueron importadas del extranjero y entregadas a corporaciones locales de policía en México, pero que hoy se encuentran oficialmente extraviadas.

La información oficial permite conocer que el “extravío” de dichas armas oficiales se ha registrado en 14 estados: Ciudad de México, Guerrero, Estado de México, Jalisco, Chihuahua, Durango, Veracruz, Michoacán, Sonora, Tamaulipas, Puebla, Baja California, Chiapas y Nuevo León.

¿Pero qué más se sabe de estas armas? Nada. Chavez Vargas, coordinadora de investigación de la referida Comisión, destacó que de inicio ni siquiera hay claridad sobre cuántas de estas armas “extraviadas” fueron robadas a los policías, y cuáles se perdieron por otra circunstancia. Peor aún: no hay un seguimiento de las mismas para tratar de averiguar en dónde están.

“No hay un seguimiento puntual de qué sucede con estas armas. No hemos podido averiguar a dónde van a parar o quiénes las están usando, o en qué circunstancias fueron robadas o extraviadas. No sabemos prácticamente nada”, dijo la especialista.

Son muy pocos los casos en donde se conoce el destino final de las armas perdidas. Uno de esos casos fue el de un lote de rifles de asalto del fabricante alemán Heckler & Koch, que la Sedena vendió a policías locales en varios municipios de Guerrero y que luego se perdieron. El pasado 28 de mayo dichos fusiles reaparecieron en manos de criminales quienes las utilizaron para asesinar a seis agentes estatales.

Cabe señalar que la venta de estas armas y de piezas y refacciones para las mismas derivó en un proceso judicial abierto en Alemania en contra de seis empleados de la empresa fabricante, quienes según la regulación del país europeo no debieron vender armamento que tenía como destino final zonas en conflicto o fuerzas de seguridad cuestionadas, como lo eran las fuerzas policiales de Guerrero.

Para Chávez Vargas el problema de raíz es que en México se ha optado por la militarización de la seguridad pública, que ha traído consigo un crecimiento de la fabricación e importación de armas en México, pero sin que se haya implementado controles adecuados de las mismas.

“Todo esto tiene que ver con la falta de control y seguimiento sobre los usuarios finales de las armas (las fuerzas de seguridad) pero también con la facilidad con la que ingresan las armas en las fronteras. Ha habido una negación del gobierno de México al solo culpar a Estados Unidos, pero aquí tampoco se ha hecho un trabajo efectivo de control en las fronteras”, dijo la entrevistada.

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Perseverance en Marte: por qué sería una buena noticia que no descubriera vida en el planeta rojo

Si la misión no encontrara indicios de vida, muchos lo verían como un fracaso. Sin embargo, disponer de un planeta en el que la vida pudo haberse detenido en sus inicios ayudaría a responder otras preguntas clave, según un experto en astrobiología.
12 de marzo, 2021
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El 18 de febrero de 2021 aterrizó en el cráter Jezero de Marte el rover Perseverance, que estudiará la composición de rocas, el subsuelo y el clima.

Este fue el primer éxito de la misión Mars 2020 y su desarrollo contó con participación española: MEDA es una estación ambiental desarrollada por el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La llegada de Perseverance ha avivado el debate sobre si hay o hubo vida en Marte, y su habitabilidad presente o pasada.

Habitabilidadno quiere decir que los humanos podamos construir una casa allí, sino que define las condiciones geoquímicas y ambientales favorables para el origen y evolución de la vida.

Entre los objetivos de la misión está estudiar la habitabilidad y la búsqueda de evidencias de vida microbiana antigua.

Hoy en día, por lo que sabemos, es improbable que en Marte haya vida. Pensemos en la de nuestro planeta: durante la mayor parte de su historia, la Tierra estuvo habitada solo por microorganismos.

La evolución necesitó unos 3.400 millones de años para que surgieran plantas y animales. Tiene sentido asumir que, de haber existido vida en Marte, esta era microbiana.

En la exploración espacial tomamos como referencia la vida terrestre actual, pues no conocemos otra. El inconveniente es que, si no se ven evidencias de vida marciana (algo probable), nos preguntaremos si es porque no sabemos qué buscar exactamente.

¿Qué evidencias de vida buscamos?

La ubicación del Perseverance no es casual. Si queremos buscar evidencias de vida, debemos ir a un sitio favorable.

En el cráter Jezero podría haber estado ese lugar: el delta de la desembocadura de un río.

Pero, que haya evidencias de que el agua formó paisajes familiares, con sus ríos y valles, no implica que haya habido vida. Hay que buscar las evidencias.

Cauce seco de un río en el cráter Jezero

Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin
Zona de operaciones de Perseverance en el cráter Jezero. El cauce seco del río se ve en la parte superior izquierda, con el abanico de sedimentos del delta en su desembocadura. Mars Express/ESA/DLR/FU-Berlin

Para la búsqueda, el Perseverance está equipado con SHERLOC, un instrumento capaz de encontrar moléculas orgánicas.

Sin embargo, debemos diferenciar entre “molécula orgánica” y “biofirma orgánica” o “biomarcador”.

Las moléculas orgánicas podrían ser un indicio de vida, pero, cuidado: en realidad, pocas lo son. A estas las llamamos biomarcadores.

Para entenderlo, pensemos en el petróleo. En los años 1930 el origen biológico del petróleo se debatía, hasta que el químico Alfred Treibs descubrió porfirina en los combustibles fósiles. Esta deriva de la clorofila y no podemos explicar su presencia sin la vida. Así, estudiando los biomarcadores (compuestos cuyo origen solo podemos atribuir a la vida), sabemos que el petróleo es lo que queda de ecosistemas de hace millones de años.

Si SHERLOC encuentra moléculas orgánicas, debe evaluarse si son biomarcadores válidos.

El problema es que ello implica asumir que el metabolismo terrestre es universal. Por ejemplo, si en Marte nunca hubo fotosíntesis con clorofila, nunca encontraremos la porfirina de Treibs como biomarcador.

Los minerales también pueden ser biofirmas:

Cristal de formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos

Gentileza C. Menor Salvan
Formiato de calcio del Lago Alkali en Oregon, Estados Unidos.

Recogimos estos cristales de formiato, un compuesto orgánico, en un lago salino similar a los que pudo haber en Marte.

El (improbable) hallazgo de estos cristales en Marte tendría gran impacto y en las redes sociales se extendería la idea de que hubo vida.

A diferencia de la porfirina, el formiato puede ser abiótico y no es un biomarcador. Sabemos que lo es, porque la verdadera biofirma es el desequilibrio químico con los otros componentes del lago.

El estudio de biofirmas es difícil y requerirá el transporte de muestras a la Tierra.

¿Y si no se encuentran evidencias de vida?

Desde el punto de vista de la publicidad y la financiación, buscar indicios de vida es una buena estrategia. Es menos mediático, pero, que en Marte no haya vida, ni la haya habido, también sería una buena noticia.

Si Perseverance no encuentra indicios de vida, el público podría verlo como un fracaso. Sin embargo, la exploración de Marte siempre es un éxito, tanto por el conocimiento que nos aporta, como por las tecnologías derivadas.

Disponer de un planeta en el que se reunieron las condiciones que (pensamos) propiciaron la vida, pero que esta se haya detenido en su inicio, sería un escenario único para entender el origen de la vida terrestre.

No es una idea descabellada. El rover Curiosity encontró materiales que pudieron ser claves en el origen de la vida, formando un escenario intacto durante millones de años, libre de los cambios provocados por una potencial biosfera marciana.

Rocas de fosfato, meteoritos de hierro y vetas con sulfatos encontrados en Marte por el rover Curiosity

NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS
Rocas de fosfato (A), meteoritos de hierro (B) y vetas con sulfatos (C) encontrados en Marte por el rover Curiosity. Todos juntos son ingredientes para el origen de la vida. NASA/JPL-Caltech/LANL/CNES/IRAP/LPGNantes/CNRS/IAS/MSSS

Es probable que no se encuentren evidencias de vida en Marte, y la pregunta seguiría sin respuesta (la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia).

Pero, si tomamos la idea de que en Marte nunca proliferó la vida, podríamos centrarnos en las condiciones que, pensamos, debieron darse para su origen.

Si lo que encontremos encaja, ¿por qué no evolucionó la vida? ¿Faltaba algún ingrediente? ¿La dinámica de Marte no lo permitió? ¿Proliferó un tipo de vida distinto? Junto con el trabajo de laboratorio y lo que sabemos sobre nuestro planeta, quizá podríamos entender cómo empieza la vida y su evolución.

Si en Marte hubiera existido vida avanzada (y los ecosistemas bacterianos lo son), las preguntas sobre el origen de la vida seguirían abiertas. Sin embargo, un Marte sin vida podría ser la gran oportunidad para conocer nuestro propio origen.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver los vínculos a los estudios científicos y leer la versión original aquí.

César Menor-Salván es doctor en bioquímica y astrobiología, y profesor del Departamento de Biología de Sistemas en la Universidad de Alcalá.


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